Cómo la música neoclásica ha conquistado Hollywood

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Cómo la música neoclásica ha conquistado Hollywood

En los últimos años, varios compositores asociados al neoclásico contemporáneo han terminado escribiendo música para cine. El trabajo del compositor alemán Max Richter para ‘Hamnet‘ es uno de muchos ejemplos, a los que se suman también otros provenientes de las músicas experimentales y/o electrónicas, como la banda sonora de Kangding Ray para la española ‘Sirat‘.

Muchos de estos compositores ya publicaban música en sellos independientes especializados. El islandés Jóhann Jóhannsson editaba en 4AD, nada menos. El mencionado Kangding Ray, en Raster-Noton. Muchos recordarán el trabajo en solitario de la también islandesa Hildur Guðnadóttir -asociada a Sigur Rós o múm- antes de componer bandas sonoras como ‘Chernobyl’ o ‘Joker‘, tanto con el alias Lost in Hildurness como con su nombre de pila.

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La mayoría de ellos son músicos asociados a la composición de ambientes y texturas. Combinando la música con el diseño sonoro, los directores no recurren a ellos para componer obras sinfónicas dramáticas, sino todo lo contrario. Escuchad la banda sonora de ‘Hamnet’: podría ser un lanzamiento de Erased Tapes o Touch, dos sellos especializados en música neoclásica desde antes de que esta conquistara el cine de masas.

Cuando hablamos de música neoclásica, nos referimos a una variante de la música post-minimalista que fusiona elementos de la música clásica contemporánea con ambient, electrónica, vanguardia, post-rock y otros estilos. Muchos de los compositores modernos que el público escucha hoy en día, como Nils Frahm o, por supuesto, Max Richter, empezaron lanzando discos en sellos pequeños o colaborando con cineastas independientes, y ya entonces su música sonaba a banda sonora. ‘Memoryhouse’, el debut de Richter de 2002, proponía la música de un documental imaginario. Precisamente ‘On the Nature of Daylight’ de Richter, recientemente destacado en los foros de JENESAISPOP por su uso en ‘Arrival’, se ha convertido en todo un clásico de la música neoclásica aplicada al cine. Eso sí, la banda sonora la firmaba Jóhann Johansson, fallecido en 2018.

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Existen precedentes que permiten ubicar este fenómeno. En los años 80, compositores experimentales como Philip Glass ya componían música para películas. La diferencia está en el contexto: mientras Glass escribía música para filmes experimentales e independientes, ahora autores como Hildur Guðnadóttir o Daniel Lopatin, cuyo trabajo para ‘Uncut Gems’ o recientemente ‘Marty Supreme‘ es ampliamente reconocido, trasladan sus texturas ambientales a las grandes producciones de Hollywood, ganando Oscars y Grammys.


El que fuera colaborador de Hildur en Berlín, Jóhann Jóhannsson, es probablemente uno de los pioneros, por su trabajo en largometrajes como ‘La teoría del todo‘ (2014). Previamente había editado trabajos como ‘Fordlandia’ (2008), que parecían bandas sonoras sin serlo. Quizá lo sean en el futuro.

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Es difícil determinar el origen exacto del fenómeno, pero podemos acercarnos recordando la influencia de la banda sonora de ‘La red social‘ (2010). David Fincher encargó esta música a Trent Reznor y Atticus Ross, miembros de Nine Inch Nails, buscando una música textural y tonal que prácticamente se fusionara con las imágenes. Evidentemente, la música de Mica Levi para ‘Under the Skin‘ (2013), de Jonathan Glazer, seguía una línea similar. El enfoque de Denis Villeneuve fue parecido cuando asignó a Jóhannsson la música de ‘Blade Runner 2049‘, afirmando que intentaba «crear una atmósfera donde música y diseño sonoro se unen en uno solo».

El desplazamiento de una música “temática” típica de la banda sonora clásica -como las de John Williams o James Horner durante los 70, 80 y 90- hacia, en los 2000 y 2010, una música que enfatiza la textura, la repetición y la atmósfera, llega a tal punto que compositores como Dustin O’Halloran, conocido por sus trabajos de piano minimalista y colaboraciones con grupos de ambient contemporáneo como A Winged Victory for the Sullen (vinculados a Stars of the Lid), de repente escriben la banda sonora de ‘Bridget Jones: Loca por él’ y también componen música para series de televisión como ‘Transparent‘, corroborando que la música neoclásica está más presente y es más escuchada que nunca.

Hablemos de música neoclásica o de otra más electrónica y experimental, incluso de casos como Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, componiendo bandas sonoras para superproducciones de Hollywood como ‘Una batalla tras otra‘, en todos los ejemplos los une la búsqueda de una sensibilidad sonora ambiental, la creación de una música que no “comenta” necesariamente la escena subrayando la acción, sino que la acompaña sutilmente, sin estridencias ni artificios.

Este fenómeno, por otro lado, es fácilmente vinculable con el auge de la música ambiental en las plataformas de streaming. Las playlists de Spotify y YouTube están inundadas de música de “piano para estudiar” o “ambient para relajarse”, diseñada para escucharse de fondo, evocando la filosofía de Brian Eno. Esta es la “banda sonora” diaria de la vida de millones de consumidores que escuchan música sutil mientras realizan otras tareas y actividades. Los directores de cine saben que esta música conecta con la audiencia, que luego pasará por el cine a ver sus películas.

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