En la última escena de ‘Superestar’, la formidable serie de Nacho Vigalondo sobre el universo Tamara durante los años 2000, ella se encuentra de repente en un gran estadio, cantando ante un público entusiasmado. Vistalegre no es el Bernabéu, la Yurena de hoy convocó a unos 5.000 gays & girls, tampoco hubo holograma de Margarita Seisdedos, pero sí creo que levitó un poco.
Hasta ahora habíamos visto a Yurena actuar en clubs LGTBIQ+ o lo que antiguamente se conocía como gay friendly, sobre todo en Orgullos. Nunca habíamos tenido oportunidad de verla en un recinto de estas características, tan apto para una gran producción, y de ahí el nombre del show ‘El concierto que nunca fue’. Hoy podemos concluir que se ha gastado los dineros hasta rozar -adivino- lo deficitario. La entrada solo costaba unos 30 euros, cuando vimos a docenas de personas sobre el escenario.

Una multitud de bailarines saltaba a las tablas desde el backstage y el foso ya durante esa intro en la que se repasaban críticas realizadas a Yurena. Después, veríamos a otra decena de personas formando una «Yure-ball» para el vogueo, e incluso a un enorme coro entonar ‘No cambié’.
Dos pantallas laterales y una buena producción videográfica se sumaron durante la primera canción, ‘Vuelvo’, con la corte de bailarines portando revistas sobre la artista. Ella se mueve sobre el escenario con un micro de diadema que usa para comunicarse con el público y cierta decisión, dejando las complejas coreografías para los profesionales -más profesionales de lo que se ve en otros conciertos de pop- si bien portando tremendos taconazos.

Siguió ‘Yo soy así’, encaminando un repertorio muy acertado y bien estructurado que incluyó varios temas de su gran disco ‘Superestar’, incluida una versión remozada de ‘A por ti’, una espléndida ‘Superestar’ a un sofá pegada que cambió el último «Tamara» por «Yurena», o ‘La noche’ con una interpolación de ‘Like a Prayer’. Madonna, Kylie o Depeche Mode fueron referenciados en un interludio protagonizado por una niña, en sintonía con el primer capítulo de la serie de Netflix, dando al show cierto sentido narrativo y entrañable.
La narración de Hornella Góngora fue fundamental en ese sentido, de hecho se puede calificar su interpretación de ‘Tiembla Tamara’ en modo balada, casi a capella, como uno de los momentos más emocionantes de la noche, con ese punto de cabaret triste y decadente tan adorado en la comunidad. Y hubo más invitados: La Prohibida se subió en la segunda estrofa de ‘Tú vas a ser mi hombre’, e interpretó un «medley» propio. Papa Topo no faltó en esa versión de ‘Ese hombre’ que pasa de la balada al dance, y en el último tramo dio la gran sorpresa Vicky Larraz para interpretar ‘No controles’. Conocida por todos es la pasión de Yurena por los 80, por lo que la aparición tenía todo su sentido.

Es cierto que tiene delito que las voces de los artistas invitados fueran en directo, cuando Yurena optaba mayoritariamente por pregrabados. También lo es que a la salida del show se escuchó un exceso de cinismo preocupante: alguno se pensaba que venía a un concierto de Björk. Personalmente no espero de un show de esta artista más que de un lip-sync de Drag Race, pero hoy en día existe tecnología suficiente para disimular mejor estas cosas, alternar coros y voces en vivo o al menos, confundir un poco mejor al público. Hasta el enorme coro que interpretó ‘No cambié’ como interludio sonaba algo apagado.
Sin embargo, Yurena supo dejar buen sabor de boca dejando para el tramo final su adorada EDM, capitaneada por el tema ‘Around the World’, y otros highlights. Volvió a integrarse ‘No cambié’, esta vez menos solemne, con Yurena a tope y sobre todo el público, y el equipo de su promotora Locamente le entregaba emocionado un ramo de flores, tras 11 años de trabajo conjunto. Adivino que se podría hacer otra serie con las reuniones de preparación para este espectáculo.
La intro del concierto había terminado con un rótulo que sentenciaba: «ESTO ES JUSTICIA». Yo no sé si la carrera de Yurena dio tanta cantidad de música para tanta reivindicación o como dice Enrique Aparicio, «bastante ha tenido con sobrevivir». La mayor virtud de esta artista tan «no sabe cantar, no sabe bailar, no se la pierdan» es su facultad para diferenciarse de otras. Nadie se parece a Yurena. Por eso lo de anoche sí que será, como ella misma dijo, «inolvidable».

