'Carol' pone del revés los códigos del género haciendo explícito lo que antes era imposible –la homosexualidad, las relaciones sexuales- y sugiriendo lo que en el pasado no importaba desnudar: los sentimientos.
Nemes demuestra que, en ocasiones, es mucho más eficaz mostrar el horror de forma oblicua, sesgada, desapegada, que de manera frontal, subrayada y "sentimentalizada".