Discos de la década: Arcade Fire

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Discos de la década: Arcade Fire

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Arcade Fire son lo más cercano a una stadium band que ha dado el indie en esta década (y eso, aclarémoslo, excluye a Coldplay o The Killers). Lo suyo es usar y abusar del drama y teatralizar su propuesta musical (David Bowie, gran fan de la banda, la definió como «una caleidoscópica y mareante ráfaga que une la primera etapa de Motown con la chanson francesa y los Talking Heads a través de The Cure«) hasta los mismos límites de la parodia. Y eso, pasado el tiempo desde la impactante aparición del grupo, se ha convertido en el mayor reproche de un sector de su potencial público hacia la banda. En 2004 (2005 en Europa) ‘Funeral’ fue el álbum más elogiado del año porque sonaba tocado y cantado con emoción sincera, a flor de piel. Y, aún hoy, este redactor quiere creer que aquello era de verdad.


Hoy día, tras el éxito de su segundo álbum ‘Neon Bible’, Arcade Fire han vendido más de medio millón de copias y son unas verdaderas estrellas, que incluso mantienen pugnas dialécticas con otras estrellas o son elegidas para dar brillo a la próxima película de moda. Pero en el Primavera Sound 2005, en la jornada inaugural, una enorme multitud abarrotaba el escenario Rockdelux. Actuaban Arcade Fire, y a mi alrededor un buen número de personas ignoraba de quién se trataba. Puedo asegurar que absolutamente toda esa turba de gente acabó dejándose la voz y a los pies de los canadienses. Eso fue muy de verdad.

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‘Funeral’ es el primer álbum de este grupo de jóvenes proveniente de Texas y Ontario que se conoce en las calles de Montreal y forma una banda. Win Butler, su hermano William, Régine Chassagne (esposa del primero), Timothy Kingsbury, Richard Parry y Howard Bilerman grabaron este álbum durante «el terrible invierno de 2004», en el que hasta nueve familiares de los miembros del grupo fallecieron. Y dado que la muerte es uno de los temas estrella (perdón por la frivolidad) del álbum no tuvieron ninguna duda de cuál debía ser el título del disco.

Como decíamos, el exceso, la exuberancia, lo teatral y el melodrama son las señas de identidad de unas canciones que, salvo contadas excepciones, cuentan con una instrumentación sobrecargada, especialmente por una sección de cuerdas dirigida, sobre todo, por el genial Owen Pallett (Final Fantasy). Casi la mitad del álbum está vertebrado en la serie ‘Neighborhood’, cuatro canciones con forma de fábula que observan la universalidad del romanticismo, de la muerte o la enfermedad desde el prisma inocente de la adolescencia, lo que les confiere una potencia evocadora imparable. ‘Neighborhood #1 (Tunnels)’ abre el disco con su espectacular crescendo y su pequeña historia sobre un amor grande, sobre jóvenes amantes que huyen de casa a través de túneles excavados en la nieve para encontrarse. ‘Neighborhood #2 (Laïka)’ se basa en un maravilloso e intenso arreglo de cuerdas y en los contrastes de voz de Win y Régine, llevadas al extremo, mientras que ‘Neighborhood #3 (Power Out)’, pieza clave del disco, es un himno bailable que refleja la desesperanza del hombre en los tiempos difíciles, en los que al hombre solo le queda trasladar la energía de su alma a sus manos para salir adelante.

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Casi cada corte en ‘Funeral’ se eleva a la categoría de himno por esa grandilocuencia de la que hacen uso (y abuso) y que a algunos tanto molesta. Pero en contadas ocasiones relajan esa pompa para mostrarse delicados (‘Une Année Sans Lumière’ -donde lucen su francofilia-), exóticos (‘Haiti’ es el homenaje de Régine al país natal de sus padres) o poéticos (el sonido de teteras hirviendo a modo de instrumentos de viento guía ‘Neighbordhood #4 (7 Kettles)’. En un disco de himnos no puede faltar EL baladón y ese es ‘Crown Of Love’, la enfermiza historia de alguien que nunca encuentra el amor porque huye de una a otra persona. La frase «I carved your name across my eyelids / you pray for rain, I pray for blindness» es un devastador retazo.

‘Funeral’ intenta, en fin, dar un pequeño respiro al hombre de esta década, que sobrevive angustiado por la sensación de miedo con la que se le bombardea («People say that you’ll die faster than without water» cantan en ‘Rebellion (Lies)’), abriéndole los ojos («Sleeping is giving in, so lift those haeavy eyelids») y animándole a despertar y a unirse, como «un millón de pequeños dioses causando un millón de tormentas que oxiden» todo a su paso. ¡’Wake Up’!

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Arcade Fire clavaron una enorme bandera de Canadá en el mapa del mundo indie y abrieron paso a una fenomenal generación de músicos de ese país que seguimos descubriendo cada día. Pero, por encima de todo, consiguieron que los indiekids del planeta perdieran por fin la compostura de sus perfectos jerseys de rayas, abrazándose unos a otros para corear juntos esos «oooooo-ooooooooh»s y ser partícipes de aquella contagiosa euforia.

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