Historia del reality show en España: ¿dónde llegaremos?

Por | 26 Abr 15, 11:31

granhermanoEl año 2000 no trajo el fin del mundo como algunos preveían, pero definitivamente sí que resultó ser el fin de una era. Ese año se estrenaba en España Gran Hermano (el jueves 23 de abril se celebró el 15º aniversario del estreno), el programa que marcaría un antes y un después en la historia de la televisión trayendo a las pantallas un concepto totalmente revolucionario que pondría patas arriba el modo de hacer tele en este país. Gran Hermano llegó, vio y venció. Comenzaba la Era de la Telerrealidad.

Ya en 1949 el escritor George Orwell había esbozado el escenario apocalíptico de una vida permanentemente vigilada por un ‘Big Brother’ en su obra maestra ‘1984’. En 1998 la película ‘El Show de Truman’ nos estremecía con un argumento en que el personaje observado se convertía además en el protagonista del programa más visto de la historia, planteamiento que de puro disparatado parecía inquietantemente factible. No pudo ser más premonitorio, porque en su primera temporada Gran Hermano alcanzaba audiencias que constataban la unanimidad en la aceptación del formato por parte de la población española, con índices solo al alcance de otros fenómenos de masas como la irrupción años antes de las telenovelas venezolanas en nuestras parrillas con Cristal (aunque sin llegar a los niveles del todopoderoso fútbol). La primera edición de Gran Hermano, con sus 10 concursantes anónimos, mantuvo al país entero en vilo, consiguiendo ser líder de audiencia indiscutible de principio a fin.

Los productores de Zeppelin TV y los directivos de Telecinco se frotaban las manos. Habían dado con la gallina de los huevos de oro, ya no sólo por el éxito de este programa, sino por la puerta que el mismo abría para otros de formato similar y que, hasta el día de hoy, sigue siendo rentable pese a la oferta de canales infinitamente mayor, en gran parte gracias a ser generadora de contenidos para abastecer el resto de la programación.

No tardaron en aparecer las respuestas de otras cadenas a este fenómeno, como El Bus de Antena 3, copia tan descarada como descafeinada de Gran Hermano, cuyas únicas diferencias eran la rotación de los concursantes y de las ruedas que movían el plató por las carreteras españolas. El país aún estaba aturdido con el puñetazo audiovisual de Gran Hermano y no pudo ni quiso digerir ese sucedáneo. Además, una vez asimilado el impacto de los primeros días, rápidamente empezaron a surgir las voces que señalaban a la telerrealidad como un producto cutre que sólo podía gustar a paletos descerebrados. Con el formato nacía el estigma.

La llegada del talent show

Sólo un año y medio después, otro cataclismo televisivo sacudía las audiencias. El reality puro y duro, que ya empezaba a ser peligrosamente sobreexplotado antes de entender en profundidad las claves de su éxito, marcaba el segundo hito en su historia al incorporar, muy inteligentemente, la competición artística a su fórmula magistral. Nacía así el concepto de talent show, con Operación Triunfo como buque insignia.

Esta mutación conseguía atraer de nuevo a ese público que empezaba a sospechar que algo olía a podrido en esta nueva forma de hacer televisión (el término de nuevo cuño “telebasura” ya se oía con frecuencia). En Operación Triunfo descubríamos que nuestra vecina podía tener una voz portentosa, o que la chica gordita de la pollería era realmente una artista. No había nada de casposo en ver ese programa. Al fin y al cabo esos chicos hacían algo más que retozar en el sofá. Este resurgir triunfal del formato vestido de cazatalentos no sólo le insuflaba vida nueva, sino que era capaz de escindirlo en dos sólidas ramas tan diferenciadas como primas hermanas que han coexistido y evolucionado hasta el día de hoy: reality show y talent show.

Las bases estaban sentadas y las sendas trazadas, pero en ambas había mucho camino por hacer porque el público, ávido de novedades, era tan agradecido como infiel. Todas las cadenas empezaban a lanzar sus contraofensivas y la audiencia se iría con la que ofreciese algo nuevo. La clave era tan sencilla como difícil: eran necesarias más vueltas de tuerca.

Gran Hermano, el gran padre atemporal e inmutable en su esencia, se reinventaba edición tras edición buscando cástings cada vez más pintorescos, incorporando concursantes de toda raza, clase social, nivel cultural, orientación sexual, condición física, profesión, etc., buscando así la identificación con los concursantes de todos los estratos de la sociedad española, tocando a la puerta de cada nicho de población y aprovechando de paso para potenciar el enfrentamiento con concursantes cada vez más polémicos y polarizados.

El talent show, la hermana culta y guapa de la familia, por su parte explotaba sus infinitas posibilidades, unas con más tino que otras. Fama: ¡A Bailar! triunfaba con sus jóvenes bailarines mientras que Estudio de Actores fracasaba con sus aspirantes a estrella de la interpretación. Supermodelo hacía soñar a un puñado de adolescentes con la posibilidad de desfilar en las pasarelas de los diseñadores más prestigiosos, mientras que Masterchef abría la puerta de las cocinas profesionales a unos ilusionados cocineros amateur. Por otro lado, Tú Sí Que Vales o Tienes Talento ejercían de cajón de sastre donde cualquier habilidad, artística o no, tenía cabida si divertía a las masas. Todo ello siempre en paralelo a la explotación de la veta principal: los incontables programas enfocados a las dotes vocales, que parecían no agotarse pese a lo sobado del formato. Para esquivar el aburrimiento, se reinventaban continuamente mediante la introducción de pequeñas variaciones, normalmente dirigidas al jurado o al modo de evaluar el talento de los concursantes, como en Factor X o La Voz, más que a la tipología de concursantes en sí, como en Popstars (sólo chicas) o Pequeños Gigantes (sólo niños).

La reinvención del reality

Por otro lado, los herederos del formato se multiplicaban como setas buscando el más difícil todavía, si bien favoreciendo siempre las situaciones extremas y buscando crear el caldo de cultivo perfecto que hiciese prender la mecha y hacer estallar la bomba de un conflicto que rascase los codiciados puntos de share en un mercado de oferta creciente y cada vez más competitivo. Supervivientes planteaba el interesante punto de vista de sobrevivir en una isla con pocos recursos como un náufrago, aunque en realidad mataba de hambre a los concursantes para que se peleasen entre ellos por un trozo de pescado. La Casa de Tu Vida les hacía trabajar construyendo su futuro hogar conyugal, mientras dinamitaba las parejas desde dentro provocando fricciones y celos, cosa que hacía de una manera mucho más descarada la reivindicada Confianza Ciega. Pekín Express, por su parte, vendía una aventura de superación en equipo, pero también agotaba a unas parejas concursantes que terminaban discutiendo entre ellas y les daba armas para perjudicar a sus competidores y dificultar su convivencia pacífica.

Estaba claro que España demandaba morbo. Ya no bastaba con esa satisfacción blanca de identificarse con los concursantes humildes y gastarse el dinero en votarles, para elevarlos a los altares y sentirse cómplice de ese triunfo compartiéndolo con ellos. En una época de crisis donde todos las pasábamos canutas y la gente se daba de bofetones en cástings infinitos por salir en la tele para ganarse una silla como comentarista de otros realities y poder vivir del cuento, los que seguíamos teniendo que trabajar para vivir empezábamos a cambiar de opinión y a desarrollar un deseo de desidentificarnos con ellos. No queríamos sentirnos igual que ellos, sino superiores; poder mirarlos por encima del hombro; despreciarlos en nuestra red social favorita. Si querían fama, iban a tener que pagarla. Y su imagen era el precio.

Esa vis sádica y vengativa florecida en la sociedad tuvo su rápida respuesta por parte de las productoras. Mientras que los talent shows introducían miembros del jurado agresivos e insultantes como Risto Mejide, o valoraciones denigrantes (véase la opinión de Jordi Cruz sobre el León Come Gamba) que buscaban convertir el plató-academia en un circo romano donde se descuartizase a los concursantes-gladiadores entre los vítores de un público ávido de humillaciones públicas, los realities clásicos optaban por mostrar al espectador la facción más chabacana de la sociedad, con un cásting de concursantes marginales, dándole a la gente la posibilidad de reírse de ellos sin remordimientos y haciendo así más agradable su vida. Curso del 63, Generación Ni-Ni, Gandía Shore… Todos ellos cumplían su función de chivo expiatorio, culpando a sus concursantes ninis y sin valores del devenir errático del país. Las Joyas de la Corona incluso nos proporcionaba el placer extra de sentirnos pigmalión, de ser magnánimos redentores y ayudar a la generación perdida a ser mejores personas, casi tan buenos como nosotros mismos.

En esta misma línea de evolución, gran parte de los formatos existentes empezaron a adaptarse sustituyendo los concursantes anónimos por famosos, por lo general de perfil casposo (Hotel Glam, El Castillo de las Mentes Prodigiosas), para terapéuticamente redirigir nuestras ansias de crítica iracunda contra la casta televisiva. Por fin podríamos ver sufrir, humillar e incluso putear a aquellos personajes que no merecían tener una vida tan fácil sin dar un palo al agua. Era mucho más satisfactorio ver pasar hambre en una isla a Kiko Rivera o a Aída Nízar que a un concursante random o ver el miedo en los ojos y los moratones en la espalda de un Sandro Rey o a una Raquel Mosquera practicando para tirarse al agua desde un trampolín. Aunque no siempre, nos gustaba más Belén Esteban bailando como un pato mareado que un anónimo moviéndose como los ángeles. Y en este punto nos encontramos hoy.

El futuro de la telerrealidad

Con estos antecedentes, ¿qué cabe esperar de este formato? ¿Hacia dónde evolucionará? La respuesta es sencilla, pero a la vez terriblemente volátil: está claro que los realities se adaptarán a los tiempos y a lo que la audiencia quiera. El problema es que la audiencia siempre querrá algo distinto. Por un lado es evidente que nos gusta ver a la gente pasarlas putas (y no solo a los españoles; no en vano existe en un término alemán (Schadenfreude) que define exactamente ese regocijo que sentimos por las desgracias ajenas. Pero por otro lado también es esperable que incluso de eso nos acabemos cansando. O no que nos cansemos, sino que el más difícil todavía alcance un punto que empiece a chocar con el límite de la ética o, si no lo ha hecho ya, incluso se encuentre con el de la legalidad. Hemos visto a parejas casándose sin conocerse (Casados a Primera Vista) e incluso a gente someterse a cirujías masivas para ser más guapa (Cambio Radical) pero no veremos a los concursantes siendo ejecutados en directo por mucho que a alguno le pueda apetecer.

Posiblemente por eso desde hace unos años triunfan tanto los formatos que la cadena Cuatro ha popularizado con programas como Granjero Busca Esposa, ¿Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo? o Un Príncipe Para X. Cierto sector del público empieza a preferir una telerrealidad guionizada y supereditada a la aburrida o previsible del raw footage. Algunos ya no quieren ver la realidad tal cual, sino una versión híper alterada que la haga más divertida, más interesante y más sorprendente, aunque sea flagrantemente falsa.

¿Quiere esto decir que el formato clásico está agotado? Desde luego que no, y los datos de audiencia de la última edición de Gran Hermano España, el más longevo de entre todas sus homólogas en el mundo, lo respalda. Para gustos, colores.

Por todos estos factores coincidentes y contrapuestos es imposible, o al menos imprudente, hacer una predicción fundada del futuro de los realities en España más allá de presuponer que en el corto plazo se importarán los formatos más desquiciados que triunfan en otras partes del mundo, por surrealistas que nos puedan parecer (mascotas muertas clonadas por sus nostálgicos dueños, pastores de distintas confesiones intentando convertir a ateos acreditados, pacientes desesperados compitiendo por un transplante de órganos, etc), de la misma manera que no podemos saber con certeza qué ropa nos gustará ponernos dentro de cinco años o qué música escucharemos. Lo único claro es que la telerrealidad nos mostrará en cada momento el escenario que la sociedad real esté viviendo (o desee vivir) en cada momento. Y así será por muchos años, porque con la contundencia de 15 años de aval, no cabe duda de que los realities han venido para quedarse.

  • Jota

    Fui taaaaaaaan fan de “Confianza ciega”…

  • Héctor Peress

    muy buen artículo!!!

  • Anonimo Tranquilo

    Falta citar uno de mis must… libertad vigilada donde los padres eran casi mas pateticos que los hijos a los que vigilaban.

    Muy bueno el articulo de la chica nueva esta…

  • Joselito Ramone

    Maravilloso artículo, con lo bien que escribe la chica esta seguro que es fea como una puerta.

  • barrentxu

    Es una pena que comentarios como el del tonto de Joselito Ramone no puedean ser denunciables pensalmente. Por machista te metía 25 años en la cárcel y otros 25 por bobo, que a buen seguro lo eres. Escribe bien y a ti se te ocurre preguntarte si es guapa o no. ¿Harías lo mimso conm un chico? Qué vida te espera Ramone, que poco vas a ser en la vida y qué mal lo vas a pasar… Imbécil.

  • Anonimo Tranquilo

    Además el joseramone este tiene pinta de ser de esos que te dicen que si, que se apuntan a algo y luego te dejan tirado cinco minutos antes…

  • Esteve Theque

    Gran repaso al género que, por desgracia (más que nada pq refleja a nuestra sociedad), ha venido para quedarse.

  • No acabo de ver claro si artículos como este aparecen en jnsp porque le parecen interesantes al equipo editorial, o porque atraen audiencia, o por las dos cosas. A mí la historia de los reality shows, en España o en el mundo mundial, me parece de un irrelevante que asusta. Por mí, como si se la pica un pollo a la Belén y compañía.

    Y sí, es cierto: si no me gustan cosas que se publican aquí, ¿para qué vengo? Pues porque hay otras cosas que sí me parecen interesantes. Lo que es incomprensible es ver mezclados en un sitio llamado “jenesaispop” lo de Yurena o esto junto con artículos sobre Sufjan, por ejemplo. Me tenéis muy despistado, lo admito. A mí me gusta la parte que trata sobre música (sobre todo) y cultura moderna, en general. Y me parece lamentable ver contenidos de pachanga y pandereta, que traerán muchos lectores, pero que en mi opinión están fuera de lugar.

  • Warp

    Cuando un programa como Gran Hermano alcanza casi veinte ediciones tras quince años de carrera manteniendo audiencias tremendas (y subiendo) significa que ha entrado en la cultura popular. Tanto da que no te guste, pero millones de personas lo ven, así que sería de cenutrios ignorar el fenómeno de la telerrealidad. Llámalo pachanga, para las cadenas de televisión es un negocio que mueve millones de euros.

    En JNSP se han tratado estos temas desde antes de su existencia, en los añorados tiempos de Supervago. Cada web tiene la línea editorial que le da la gana y publica lo que le interesa. Yo me salto las páginas de deportes en los periódicos, no por ello voy a dejar de leer lo que me apetece leer. Por eso no tienes por qué explicar tus razones para entrar en JNSP. Coges lo que quieres.

    A mi me parece muy sencillo de entender.

  • Warp

    ¿Y “Me cambio de familia”? La lástima es que todo era demasiado cutre. Deberían rescatarlo con montaje al estilo “¿Quién quiere casarse con mi hijo?”

    Con Luján Argüelles ¡por supuesto!

  • Gran Hermano será popular, pero no entra en mi definición de cultura. Y mira que yo no voy de exquisito, ojo; pero es que GH me parece chismorreo de la peor calaña, de las vecindonas de mi pueblo que, como no tenían vida propia, tenían que vivir las vidas ajenas. La definición de telebasura. En mi opinión, claro.

    En cuanto a la libertad de línea editorial: faltaría más, jnsp tiene que publicar lo que le dé la gana. Ellos son tan libres de publicarlo como los lectores de criticarlo. Para eso está la libertad de expresión.

  • Joselito Ramone

    A mí lo que más fuera de lugar me deja es ese tufo de superioridad. No entiendo esta manía de etiquetar lo que a mí me gusta como bueno y lo que no me gusta como malo. Yo leo lo que me interesa, lo que no pues como si no existiera, pero esta manía de hacer notar que tú pasas de tal o cual porque eres más inteligente o porque tus gustos rozan la alta cultura pues la verdad es que aburren y más aún a estas alturas de la película.

  • Joselito Ramone

    Si quieres te paso mis datos por privado y vas gestionando el tema de la denuncia y tal. Ay, Manolete! Si no sabes torear pa qué te metes? Mi comentario es una forma de meterme de manera cariñosa con mi amigo, que es quien ha escrito el artículo, pero tú se ve que eres de la que está en los platos y en las tajás, una Manolita la primera que viene de defensora de los más desfavorecidos.
    En fin, lo dicho, que si necesitas algo para la denuncia para que me metan mis 25 años por machista (que tendrías que ver todo el trabajo en pos del feminismo que he realizado y sigo realizando) y por inducto de conductas (qué leída eres, cariño) y mis otros 25 por bobo, me lo dices. Eso sí, el comeback cuando salga de la cárcel ni el de la Pantoja. Que tiemble España.

  • ¿Dónde exactamente he dicho yo que mis gustos sean superiores? Son los míos, y punto. No etiqueto nada, simplemente opino. Y en ninguna parte he dicho que yo sea más ni menos inteligente que nadie, ni que lo mío sea “alta cultura”. Creo que te debes confundir de persona. En otros sitios me he aburrido de escribir “tastes, tastes” precisamente para hacer ver que todos los gustos son admisibles, en estética. Es más, he dicho antes literalmente que no voy de exquisito, porque es así.

    Dicho todo lo cual, sigo opinando que GH es telebasura pura, por mucho que la Milá y Telecinco nos quisiera vender la milonga del experimento sociológico.

  • Después de leer lo que me decías antes a mí, leo este comentario. Qué gran discurso, qué bien elaborado, y qué capacitado estás para dar lecciones de ética y moral a los demás. Chapeau.

  • Carmelita Fox

    Ella no aprende, ella no

  • Warp

    Pero eso que tú dices no es una definición de “cultura”, es definición de “lo que me gusta”. “Cultura” es la expresión de los puntos que mantienen en común un grupo social, que le identifican. Es cultura popular la telerrealidad, las verbenas de pueblo, la paella, Picasso, Pirandello y los memes de gatos. Aunque no te guste, la gente lo sigue. Pirandello es muy culto, pero sus seguidores son mínimos. Si hasta han hecho cursos de verano sobre Belén Esteban se debe a que es mucho más
    conocida que el presidente del Gobierno y que cualquier político porque
    mucha gente se identifica con ella. Eso es cultura popular.

    Uno puede escandalizarse por el triunfo de Gran Hermano pero al final no hace más que reflejar el sistema de relaciones que tenemos, como tú bien dices: dimes y diretes, cotilleos, envidias, malos entendidos, querencias y desavenencias. Eso es cultura social, por más que se niegue.

    Para mi no hay telebasura. Hay cadenas, programas y mandos a distancia. Mediaset ha cultivado ha sus espectadores para que vean estos programas, se llame el género como sea. Le da dinero y le sale relativamente barato.

  • No, no hablaba yo de “lo que me gusta”. Hay muchas cosas que considero cultura y no me gustan. Según la RAE, “cultura popular” es “Conjunto de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.” En ese sentido, y si incluimos en él lo peor de lo peor de las manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo, pues sí debe ser cultura popular. Pero yo creo que “basura” lo define mejor que “cultura”.
    En cuanto a que no hay telebasura, es el clásico razonamiento de los señores de Mediaset. Sí hay. Y muy rentable, no hay más que ver las cuentas de resultados de Telecinco, y en particular las del Sálvame. Lo que pasa es que da mala conciencia asumir que produces mierda televisada para ganar dinero. Pero la mierda, es mierda.
    Creo que es un sinsentido meter a todo lo que nos “echan por la tele” en el mismo saco, y podemos jugar todo lo que queramos con las palabras, pero en la tele nos “echaron” hace años “Trece noches” y también “Gran Hermano”. Y afortunadamente, lo único que tienen en común ambos programas es que los “echan por la tele”.
    Precisamente ese “totum revolutum” es el que ha llevado a la mala fama de la televisión, como si hubiera algo intrínsecamente malo en el propio medio de comunicación (por contraste con otros, como prensa o radio), en lugar de en los contenidos.
    Y no. En España, y en cualquier país, a poco que se mire, se percibe claramente que se podría hacer televisión de calidad, y sería una gozada. Lo que pasa es que igual no tenía audiencia, y al final poderoso caballero es don dinero.

  • Gonzalo H. Espinosa

    Tremendo trabajazo de artículo. Yo también soy redactor y sé lo que conlleva hacer un artículo de este calibre. Y como consejo personal, te encontrarás con impresentables muchas veces (las cosas de internet) lo más sabio es hacer oídos sordos. Por mi parte darte la enhorabuena. Me ha encantado el artículo. Muy bien informado y muy bien escrito. Mal que nos pese, esto es cultura popular.

  • Fernando

    Pues yo, tras quince años, sigo sin saber que ve la gente en estos programas. Se me escapa

  • Jacinto

    iFAR,te pido por favor que al menos respetes a la gente que ve esos programas,la mayoría los vemos única y exclusivamente para entretenernos,te aseguro que no nos gusta el sufrimiento ajeno. Para mí,los reality shows,por lo general,no son tan malos, de hecho algunos hasta cambian la vida de muchas personas a mejor,y eso es digno de admirar

  • Begoña Bengoetxea

    Mira machito. Todos los que desbarran con el machismo o con la homofobia, cuando les sacas los colores terminan: si yo tengo amigos homosexuales, si yo… Que es justo lo que haces tú. Ahora tienes un dosier amplísicmo en favor de la igualdad y del lenguaje apropiado!!!. Pues, bobo, aplícalo y no dejes dudas en lo que escribes y no ofendas a la mujer. Las bromas, se las haces a ella en privado si te las aguanta, que mal haría.

Playlist del mes

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR