Los mejores discos de la década 2000-2009 (Top 100-51)

Por | 04 Ene 10, 6:28

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100.-Arcade Fire / Funeral: ‘Funeral’ intenta dar un pequeño respiro al hombre de esta década, que sobrevive angustiado por la sensación de miedo con la que se le bombardea (”People say that you’ll die faster than without water” cantan en ‘Rebellion (Lies)’), abriéndole los ojos (”Sleeping is giving in, so lift those haeavy eyelids”) y animándole a despertar y a unirse, como “un millón de pequeños dioses causando un millón de tormentas que oxiden” todo a su paso. ¡’Wake Up’!


99.-Felix Da Housecat / Kittenz & Thee Glitz: Hay un factor que hace del disco una joya como reflejo de la sociedad moderna, en todos los sentidos de la palabra, que nos ha tocado vivir. ‘Kittenz & Thee Glitz’ es un disco sobre la fama, como famosos parecían querer ser los asistentes a las discotecas de pop de la época, cada uno siempre a una cámara de fotos pegado. “Imagina mi cara en una revista”, “algún día podrás visitarme en mi apartamento en una colina, como en ‘Sensación de vivir’” y “un día seré una gran estrella” son algunas de las frases que canta Miss Kittin en la pieza central del disco, ‘Madame Hollywood’, y lo que parecía pensar también la generación Fotolog posando desde sus cuartos de baño.

98.-Vive la fête / Nuit blanche: ‘Nuit Blanche’ es un acierto sin mácula. ‘Touche Pas’, ‘Maquillage’, ‘Maladie D’un Fou’, ‘Mr. Le Président’ o la canción que cierra el disco, ‘Adieu’, son grandiosas. Es innegable que estamos ante uno de los discos más notables que hemos escuchado nunca en relación con aquel movimiento, ahora ya bastante olvidado, el electropop, también gracias al gusto que tienen Vive la fête por cantantes franceses de la era «chanson» como Gainsbourg.

97.-Rufus Wainwright / Want: ‘Want One’ y ‘Want Two’, concebidos como lo fueron originalmente, como un único disco llamado ‘Want’, constituye, por goleada, la obra más barroca del compositor canadiense -aunque ya en ‘Poses’ apuntaba maneras-. Rufus se encontraba en plena orgía compositiva, no paraba de trabajar como un loco y de componer canciones. Y lo mejor de todo: muchas de ellas grandiosas.

96.-The Pipettes / We Are The Pipettes: ‘We Are The Pipettes’, promovido por su guitarrista Monster Bobby (¿será su mano la que sujeta el cartel “we are” de la portada?), fue un brillante debut en el que destacan, sobre unas espectaculares cuerdas soul, el gran himno metamusical ‘Pull Shapes’, canciones sobre cuelgues tan bonitas que parecen canciones de amor y otras sobre pasiones bajas como los celos o el sexo sucio detrás de una apariencia pulcra.

95.-Hercules & Love Affair / Hercules & Love Affair: Las influencias de Andy Butler se remontan a los años 70, de los que saca prácticamente todas las ideas y las pone en práctica con bastante maestría, facturando pequeñas joyas que hay que ir descubriendo poco a poco. ‘Raise Me Up’, por ejemplo, es el típico grower que -tras varias escuchas- termina enganchando como el mejor de los singles. Y lo mismo pasa con las repetitivas ‘Athene’ y ‘Hercules Theme’, en esta última, en especial, consiguiendo que los arreglos de viento destaquen poderosamente incluso por encima de las voces.

94.-Bon Iver / Forever Emma Forever Ago: Esta tremenda obra, un grower en toda regla, consigue trasladarte a través de espeluznantes números como ‘Flume’, ‘Skinny Love’ (ese ‘I told you to be patient’ casi duele), ‘Blindsided’ o ‘The Wolves (Acts I & II)’ a esa lejana cabaña aislada por la nieve, que curiosamente acaba siendo un cálido y confortable refugio para un invierno frío.

93.-The White Stripes / Elephant: El golpe de efecto de ‘Seven Nation Army’ fue el espaldarazo definitivo para el dúo. Todo el mundo admiraba y amaba ya a los White Stripes. Todo el mundo quería escuchar ‘Elephant’ y ‘Elephant’ era mucho más que ‘Seven Nation Army’. Hay quien acusa a la cuidada producción de las guitarras o los coros de ir en detrimento de la frescura y urgencia de sus primeras obras, pero es evidente que todo era en aras de obtener un sonido aún más evolucionado y personal.

92.-Coldplay / Parachutes: En su época, ‘Parachutes’ no era más que una segunda parte de ‘The Man Who’ de Travis. Se dice que básicamente atrae a los fans de los Beatles que sólo escuchan nueva música que se parezca o a los que rechazan a los Radiohead más electrónicos. Con el tiempo, Coldplay demuestran su enorme personalidad y talento en una carrera que, a pesar de los baches creativos, apunta a la grandeza de U2. Lleguen adonde lleguen, en su caso el primero sí que siempre será su álbum con más encanto.

91.-Chico y Chica / Status: “Sea cual sea el tema, siempre acabamos con lo vuestro”, cantaban Astrud en ‘Todo nos parece una mierda’ refiriéndose a El Dúo Estático, esto es, el primer grupo que formó Chico. Fue una norma circa 2005. Como en ‘La naranja mecánica’ y de forma un poco sectaria, hordas de gente modificaban su vocabulario para pasar a citar constantemente frases de Chycha. ¿Cuántos grupos pueden presumir de que sus fans hablen como ellos?

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90.-Lily Allen / Alright, Still: Quizá por su variedad de estilos y de influencias, que pasan por el hip-hop, el jazz, el easy-listening, el reggae y el old ska, y por sus letras, tan atrevidas como románticas, a sus 21 años Lily se convirtió en uno de los mejores “fenómenos MySpace”, gracias a la chispa de singles como ‘Smile’ y ‘LDN’ y un divertido «background» formado por venganzas y relatos de chunguismo en un club cualquiera.

89.-Iron & Wine / Our Endless Numbered Days: Este es, probablemente, un disco imposible de superar por el propio Beam (al menos no lo logró con el posterior, ‘The Shepherd’s Dog’). Su coherencia conceptual, la belleza de sus arreglos, lo evocador de su sonido, la universalidad y Poesía (esa mayúscula no es una errata) de sus textos y la magia de sus canciones, suponen sin duda una de las cumbres musicales de la música folk (y del pop, sin duda) de este siglo.

88.-Múm / Finally We Are No One: Quizá por lo que termina calando tan hondo ‘Finally We Are No One’ es porque es un disco de manual para encerrarte en tu cuarto, ponerte unos cascos y dejarte llevar. Y no por lo relajante que puedan tener los sonidos ambientales de canciones como ‘The Land Between Solar Systems’, sino porque de alguna manera supone un profundo viaje en el tiempo hacia tu pasado o al interior de ti mismo.

87.-The Decemberists / Picaresque: De todos los discos que podamos incluir en este especial, ‘Picaresque’ es uno de los que mejor historias nos ha contado. El tercer álbum de Decemberists venía presentado por un single contra la guerra de Irak, y aunque ‘Sixteen Military Wives’ era un temazo, pobre de aquel que renunciase a oír el resto del disco pensando que iba a encontrarse con una sucesión insoportable de temas protesta. Colin Meloy, cantante y compositor de la banda, tenía muchas más cosas que aportarnos.

86.-Kylie Minogue / Fever: Fuera suerte o no, que da igual, lo indudable es que esta es una de las obras claves del pop de todos los tiempos. Una sucesión de hits excelentemente producida que ya hubieran querido para sí esas Lolitas medio poperas medio underground (por aquello de que no venden nada) del palo de Sophie Ellis-Bextor, Annie o Rachel Stevens.

85.-Patrick Wolf / The Magic Position: Si su primera entrega era una recopilación de las canciones que había escrito de adolescente y la segunda la búsqueda de un hilo conductor que hiciera de su álbum un todo más homogéneo, ‘The Magic Position’ seguía también un concepto. Esta vez Patrick hablaba sobre superar los baches de una relación amorosa y salir victorioso adelante. Con un nuevo tinte y una portada colorida a más no poder, Patrick Wolf enviaba su mensaje más optimista.

84.-Yo La Tengo / And Then Nothing Turned Itself Inside-Out: Tras su brillante etapa eléctrica de mediados de los 90 (que a su vez sucedía a su etapa acústica de finales de los 80 y principios de los 90), Yo La Tengo encontraron su versión más enfocada y heterogénea en ‘I Can Hear The Heart…’, picoteando del noise, el country, la bossa, el electropop, el folk o el funk para concentrarlos en una propuesta perfecta. Su sucesor posee esa misma inquietud por conglomerar muy diferentes sonidos, pero en este caso ‘And Then Nothing…’ lo hace desde una perspectiva tranquila. Es, de largo, su disco más reposado y melancólico.

83.-Bill Callahan / I Wish We Were An Eagle: Bill Callahan, (Smog), Smog o como él tenga a bien bautizarse, es sin paliativos el autor más sólido del rock norteamericano de esta década. Rotundamente. Desde ‘Dongs Of Sevotion’ (que ha pujado duramente en nuestros fueros internos por ser escogido como Disco De La Década en lugar del que nos ocupa), ‘Rain On Lens’, ‘Supper’, ‘A River Ain’t Too Much To Love’, ‘Woke On A Whaleheart’ y, finalmente, este ‘Sometimes I Wish We Were An Eagle’, editado en abril de 2009, se han ido sucediendo estos años unos a otros, constituyendo una carrera sin mácula. Cada álbum de Callahan es un retrato de un momento vital, único y absolutamente coherente. Por eso este último disco es su mejor obra de la década, por ser precisamente el último (topicazo eternamente repetido por los músicos), por ser consecuencia de toda su obra anterior.

82.-Grizzly Bear / Veckatimest: Veckatimest es el nombre de una isla inhabitada frente a Cape Cod, lugar en el que el grupo gestó la forma de estas canciones, en un viejo caserón de la abuela de Droste. ‘Veckatimest’ cumple rotundamente con esa voluntad por sacar brillo a sus canciones que se intuía en esos directos, aunque no es un álbum de digestión sencilla. Y tras varias escuchas uno cae en que ese es precisamente el premio y el fin de tal esfuerzo, aprender a disfrutar de sus rincones, recrearse en sus mil detalles y efectos, en esos sonidos viejos que regalan música nueva y brillante.

81.-The Delgados / Hate: Pocos grupos juegan con las subidas y bajadas en intensidad como lo lograron los Delgados en este disco, además desde un prisma bastante pop. El grupo que la prensa llamó “los primos depresivos de Flaming Lips” supo entregar una de esas obras tristes pero reconfortantes que todo el mundo entiende a la primera, provocando un grado de identificación en su patetismo tal que a veces hasta se te escapa una tímida sonrisa.

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80.-Björk / Vespertine: Sin prescindir de los habituales Mark Bell, Marius DeVries y Guy Sigsworth, el álbum cuenta con un buen montón (una marca de la casa) de excelsos colaboradores para las producciones y programaciones. Martin Gretschmann (Console, The Notwist), Thomas Knak, Matthew Herbert y Matmos fueron los más conocidos nombres del personal técnico a cargo de las producciones, programaciones, bases y mezclas. Dirigidos por la mano astuta de la islandesa, tejieron un bello y espeso manto de bases, clicks & cuts y microscópicos glitches entrelazados con exquisitas orquestaciones, gélidos coros de otro mundo e instrumentos de otro tiempo como el clavicordio, el arpa o las cajas de música.

79.-La Costa Brava / Llamadas perdidas: Quizá no tuvieran el mejor sonido ni las canciones más brillantes, pero La Costa Brava tenían algo que enganchaba más allá de lo que pudieron representar sus componentes en la música de otro momento del panorama musical nacional: portadas bonitas y llamativas, mezcla exquisita del pop de todas las décadas, letras nada convencionales… Un disco que supuso un punto de inflexión en la historia de la ya extinta banda, dejando canciones enormes que todavía hacen vibrar los escenarios.

78.-Chucho / Diarios de petróleo: Chucho fue una gran banda, que aportó una excelsa variedad de matices a las canciones de Alfaro durante sus 10 años de vida, que plasmó toda su pericia, merced a la espectacular producción de Kaki Arkarazo, en estos diarios. Sin perder el genuino carácter que conocimos en Surfin’ Bichos, armonizaron a la perfección en estas 28 canciones la bossa-nova (’Un agujero excéntrico’, ‘Calígula en Río’), el noise (’(San) Juan Autista’), los guiños a la electrónica (’Vapor de alma’) o la canción infantil (’Chapoteosis de chiquillos en la bañera’, ‘El que apaga la luz (Eclipse)’). Pero lo que realmente deslumbra de ‘Los Diarios…’ es ese espectacular pop-rock orquestal que vertebra el Fragmento Principal, de una factura pocas veces oída en este país (y diría incluso que en otros), que enardece el alma y llena de sentimientos positivos.

77.-Dominique A / Auguri: Musicalmente, con la ayuda de Sacha Toorop, Dominique A está aquí más a la altura de las penurias que nunca. Nunca sabremos hasta qué punto Dominique A se inspiró en su ex Françoiz Breut para escribir las letras de este disco. Y la mayoría son lo suficientemente abstractas como para ser interpretadas de manera bastante libre, pero una cosa está clara al prestar atención a lo que nos cuenta ‘Auguri’: su autor las ha pasado y las ha hecho pasar putas.

76.-M Ward / Trasfiguration: Matt Ward logra en estas quince canciones sublimar su fórmula para acercar el folk y el blues de entreguerras al indie pop, sacando petróleo de la baja fidelidad, jugueteando con el ruido ambiente, meciéndonos con su suave y discreta voz, eligiendo los pasajes instrumentales perfectos para cada transición del álbum… Si no es su mejor álbum hasta la fecha, sí es el primero en el que demuestra estar unos palmos por encima del montón.

75.-Jenny Lewis With The Watson Twins / Rabbit Fur Coat: Jenny Lewis había grabado coros para The Postal Service (Jimmy Tamborello protagoniza un cameo en el vídeo de ‘Rise Up With Fists!!’), incluso llegó a aparecer en el vídeo de ‘We Will Become Silhouettes‘ y ha trabajado en otros momentos de su carrera con artistas tan destacados como Elvis Costello, pero nunca ha llegado a emocionar como lo hace en este disco, de raíces americanas, no sólo en su sonido folk y country, sino en sus letras sobre desamor y engaño.

74.-La Mala Rodríguez / Malamarismo: Mala Rodríguez perfiló un estilo, casi único en el mundo, situado a medio camino entre el flamenco y el hip-hop, en ‘Lujo ibérico’ (2000). En ‘Alevosía’ (2003), especialmente en ‘La niña’, quizá su mejor canción, perfeccionó el potencial comercial masivo a lo producciones de Missy Elliott, entre el trallazo rapero y el electro; y en su última entrega hasta la fecha, ‘Malamarismo’, hizo el disco conjunto definitivo, un álbum en el que sin renunciar a sí misma, algo que no ha sido una opción, se mostraba más pop que nunca.

73.-The Field / From Here We Go Sublime: Con casi 66 minutos de duración, ‘From Here We Go Sublime’ es una brillante aproximación al mundo de la electrónica en el que se movía Willner en ese momento. Cientos de capas y repeticiones hacen que el LP se mueva entre diversas corrientes y géneros musicales, entre los que destacan el minimal techno, el trance y el acid. Pero sin embargo, también se trata de una conjunción entre pop, rock y electrónica, porque Willner también samplea (de un modo velado, pero lo hace al fin y al cabo) composiciones de Lionel Ritchie, Kate Bush o My Bloody Valentine.

72.-Robyn / Robyn: Las Sugababes matarían por tener algún día un disco tan completo, coherente y la mitad de bueno que este (un greatest hits no cuenta, es trampa), con guiños al electro, al j-pop, al R&B o, como las grandes, a sí misma. Y no nos linchen, pero nos atrevemos a decir que puede que estemos ante la nueva Madonna, si es que necesitáramos otra.

71.-Kanye West / Late Registration: Los discos de Common, Lupe Fiasco o Gnarls Barkley más o menos coetáneos mostrarían el mismo interés por el sampleo, siempre tan ligado al hip-hop, pero entre todos ellos Kanye West terminaría destacando como el fusilador más moderno y versátil, recurriendo en este segundo disco al blues y al easy-listening, y en el siguiente a música blanca electropopera. ‘Graduation‘ sería también un disco importante en la carrera del hip-hop por abrirse camino a nuevos géneros, pero ‘Late Registration’ sería más exquisito en la selección de samples y en su conjunción con las propias aportaciones de Kanye para dar un sentido muy concreto a las canciones.

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70.-Saint Etienne / Finisterre: ‘Finisterre’ no fue muy bien acogido por los fans, ni por la crítica en general, en lo que es el trabajo más infravalorado de los siempre infravalorados Saint Etienne. Lo que en principio iba a ser la banda sonora para un documental con una visión más realista, más centrada en los suburbios, de Londres, terminó siendo un álbum más del grupo, con el documental publicándose a los dos años por problemas con la discográfica. Y esto despistó a mucha gente. Se creyó que el disco hablaba sobre Londres, que era el particular homenaje que le hacían a su ciudad de la que siempre afirman estar enamorados, pero no dejó ver a mucha gente que las referencias a Londres estaban ahí porque, en verdad, estaban hablando de ellos mismos.

69.-Damien Rice / O: Damien Rice es un llorica. Un cantautor pasado de rosca que añade cuerdas en sus estribillos y en las últimas estrofas grita más que en las primeras. En dos palabras: lo peor. Pero los críticos de música en sus oficinas suelen olvidar que hasta los indies también lloran en los cines viendo películas de Jude Law y Julia Roberts. Y lo cierto es que la música y la voz de Damien Rice llevan a las personas de la mano por donde él quiere. Muy fácilmente respondemos a los estímulos de su música: un quiebro de voz y la piel de gallina, un grito de repente y escalofríos. Paradojas de la vida, el irlandés abandonó su primer grupo, llamado Juniper, porque su discográfica quería que sus composiciones fueran más comerciales.

68.-Carla Bruni / Quelqu’un m’a dit: Producido por Louis Bertignac, todos los temas del álbum tienen algo reseñable: bonitos arreglos de guitarras o piano, una voz que sin ser especialmente bonita -por supuesto, nada prodigiosa- trasmite el descaro, la nostalgia o la sensualidad que requieren sus letras. Éstas, entre el humor y la melancolía, se apoyan en muchos recursos literarios, que para eso están, y con los que se consiguen canciones redondas.

67.-Moloko / Statues: Tras separarse como pareja, Moloko, en lugar de no verse más, tuvieron la genial idea de seguir adelante como grupo. Por supuesto llegaron a grabar un solo disco, pero en la grabación debió de arder Troya, porque vaya disco y vaya letras. No son brillantes por sí solas, pero en compañía de unos arreglos excelentes que aportan y quitan intensidad a continuos reproches y excusas, elevan ‘Statues’ a la categoría de disco de ruptura imprescindible, demostrando que la música electrónica puede ser tan intensa o triste como otra cualquiera.

66.-Carlos Berlanga / Impermeable: La contradicción entre querer ser famoso pero querer permanecer aislado del mundo exterior, entre querer ser querido por la gente pero no confiar en nadie, es una constante en la carrera de Berlanga y también en ‘Impermeable’, la canción. “Estoy cerrado al mundo que me ha traicionado, ya no quiero sufrir más”, canta en este tema. Otras pistas revelan la misma desazón, desilusión, frustración y sufrimiento, pero, salvo alguna excepción como el amarguísimo final de ‘Cul de Sac’ y su letra “Sin remedio vamos a sufrir”, no suelen perder el sentido del humor. Al final ‘Impermeable’ suena alegre. ¿Acaso suena triste el precioso “¿Quién se acordará de él?” de la fantástica ‘Manga por hombro’ final?

65.-The Streets / A Grand Don’t Come For Free: ‘Original Pirate Material’ probablemente es el mejor disco de los Streets, pero hay otra revolución en su carrera que la crítica nunca alabará. La del día en que Mike Skinner acabó para siempre con la concepción del hip-hop como un género pedante, machista y violento para demostrar que también podía ser tierno, emocionante y llorica hasta lo patético. ‘A Grand Don’t Come For Free’, un disco conceptual que trata sobre todo la historia de una ruptura sentimental, estuvo en la lista de los peores discos del año para algunos medios, pero desde que se editó en 2004 es uno de esos álbumes terapia para mucha gente, que nunca se olvidan.

64.-Morrissey, You Are The Quarry: Probablemente sin ‘Morrissey, You Are The Quarry’ (atentos a la coma de la portada), hoy no estaríamos hablando de Morrissey. El disco tiene sus detractores incluso entre sus fans, especialmente entre los que, por edad, tienen muy clavados ‘Viva Hate’ y ‘Vauxhall And I’, o también los que defienden el carácter experimental o más alejado de su sonido de discos como ‘Your Arsenal’. Sin embargo, es innegable que con este álbum Morrissey volvió a conquistar a una nueva generación de fans después de 7 años, que se dice pronto, de «silencio».

63.-Lindstrøm / Where You Go I Go Too: La música de Lindstrøm bebe tanto de las bases disco de Giorgio Moroder como de la música ambiental a lo Vangelis o Jean Michel Jarre. En algunos de sus fragmentos vinculada al minimal de The Field y en otros a la Ibiza de finales de los 80 (un referente musical histórico en todo el globo, qué fuerte), quizá demuestre que ambos medios no están tan lejos. Porque podemos recurrir a lo de siempre, a las formas más espirituales o primitivas de nuestra música, como podría interpretarse parte de la obra de Tangerine Dream, para proyectarnos hacia el exterior, hacia el espacio sideral.

62.-Godspeed You! Black Emperor / Lift Yr. Skinny Fists Like Antennas To Heaven: Ya se sabe que un poco de actitud acorde a tu “producto” puede convertirlo en una obra artística. Y es lo que ha pasado claramente a una banda que nunca se dejó (de)caer en la comercialidad y a la que rara vez le picó el gusanillo de tocar en festivales por unos cuantos miles de dólares. Así, sus guitarras rugientes suenan en todas las pistas más ásperas, sus momentos más minimalistas más desamparados. Adiós, Godspeed. Hola, mito.

61.-Camera Obscura / Let’s Get Out Of This Country: Han pasado los años y han llegado, con la expectación correspondiente, nuevos trabajos con los que se han reforzado como banda y nos han convencido de que lo que hacían iba en serio. Algunos nos sentimos muy afortunados de ser contemporáneos de Tracyanne y los suyos y haber sido testigos en primera fila de la magia de canciones como las suyas, las que perduran toda la vida.

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60.-Miqui Puig / Casualidades: ‘Casualidades’ era el primer disco en solitario de Miqui después de Los Sencillos, a los que está dedicado el álbum en su libreto. Como artistas invitados aparecen Suzette de Les Très Bien Ensemble y Silvia Niza, entre otros, y también Diego Vasallo haciendo coros en ‘Tipo loft’ y Jeanette en ‘La **** canción de amor en la que el chico gana’. El álbum, publicado por Naïve en la misma era en que triunfaban con la edición del primer disco de Carla Bruni, es una exquisita mezcla de los gustos que interesan a Miqui, pero sobre todo un excelente conjunto de buenas canciones.

59.-Cut Copy / In Ghost Colours: Su álbum de debut, ‘Bright Like Neon Love’, data de 2004. Y lo mejor es que el pastiche que creó el trío (entonces cuarteto) australiano fue tal, que para nada nos imaginábamos que su segundo disco, de nombre ‘In Ghost Colours’, sería un acierto del calibre que es. Nada nos hacía presagiar que en pleno 2008, este compendio de electrónica, new wave, synthpop ochentero y acid sonaría arrebatador en las pistas de baile. Y mucho menos que sus quince pistas conformarían un sólido disco de la década.

58.-TV On The Radio / Dear, Science: Pocos álbumes están tan equilibrados en sus influencias y tienen un tracklist tan bien dispuesto como ‘Dear Science’. Temas de sonido más funky como ‘Crying’ o ‘Golden Age‘ van alternándose con otros más agresivos como la inicial ‘Halfway Home’ o el mejor single, la trepidante ‘Dancing Choose‘, de raíces hip-hop, mientras que un tercer tipo de excelente nivel termina de evitar que el disco tenga temas de relleno. Nos referimos, por supuesto, a las baladas, como las bonitas ‘Family Tree’ o la post-triphop ‘Love Dog’.

57.-The Raveonettes / Pretty In Black: ‘Pretty in Black’ llegó en una época en la que la reivindicación de los girlgroups estaba empezando a ser una realidad como lo fue en la década de los 80. Bandas prefabricadas como The Pipettes ya estaban haciendo de las suyas y viejas glorias del género se preparaban para lanzar sus álbumes de regreso. Este álbum no sólo deja patente todo esto con el estilo que desde siempre trabajaron The Raveonettes sino que además lo ratifica con una larga lista de factores que confluyen en el álbum.

56.-Fleet Foxes / Fleet Foxes: La portada del álbum es el cuadro ‘Proverbios Neerlandeses’ del pintor renacentista Pieter Bruegel y seguramente no es una elección casual. Brillante cromatismo, habilidad con los claroscuros, detalles que rozan la exageración, espiritualidad, calidez… Esas características se perciben por igual en la obra del pintor flamenco y en la de estos cinco chicos de Seattle. Su folk tradicionalista está fundamentado en los discos que escuchaban en su adolescencia, la colección de discos de unos padres norteamericanos nacidos durante el baby-boom: Crosby, Still, Nash & Young, Dylan, Beach Boys, Simon & Garfunkel, Joni Mitchell, The Zombies… pero en él también se perciben ecos de música coral, barroquismo (je!), world music o bandas sonoras.

55.-Adam Green / Friends Of Mine: Usando las armas del folk y de lo clásico para hacer un disco de todo menos “folk” y “clásico”, Adam Green renunció al lo-fi de Moldy Peaches para ahora sí, escribir 15 temazos que podían encantar a cualquier fan del folk anglosajón y, por las novedades aportadas, también al que no lo era.

54.-The Go! Team / Thunder, Lightning, Strike: A veces la música negra es la referencia clara en algunos arreglos de cuerda o en las voces infantiles. Otras aparecen guitarras a lo Placebo como en ese principio de ‘Junior Kickstart’, pero siempre se acaba imponiendo el sonido Go! Team, que bebe de muchas cosas para terminar definiéndose a sí mismo. Su fuerza se redondeaba además en los potentes directos de la banda, en los que Ninja canta todas las letras en directo y toma todo el protagonismo sin dejar en ningún momento de pegar saltos y botes de todos los colores.

53.-McNamara / Rock Station: La Movida, esa palabra hoy tan cansina, no siempre fue motivo de sobreexposición. Puede que a lo largo de esta década, con homenaje de la Comunidad de Madrid incluido, muchos se hayan subido al carro de la reivindicación de este período hasta matarnos de aburrimiento, pero en 2001, recién estrenado el nuevo milenio, eran muy pocos los que se atrevían a reconocer públicamente su admiración a semejante referente cultural. La poesía urbana de enredo de McNamara es lo que hace grande a un álbum desenfadado con miles de referencias al mundo moderno homosexual que, por aquel entonces, no se podía mover con la libertad a la que hoy estamos acostumbrados.

52.-Vincent Delerm / Les Piqûres d’Araignée: Vincent decía en una entrevista de la época que si bien sus dos primeros álbumes habían sido escritos canción por canción, para ser tocadas en bares, este tercero tenía por primera vez una sensación de conjunto. Y eso se nota. Por supuesto muchas de las piezas contenidas son dignas de sonar todas las noches en un piano de Montmartre, casi como los mejores temas de Jacques Brel, pero además esta vez existe una sensación de conjunto que despierta el interés por el álbum de estudio al completo y no sólo por unas cuantas pistas.

51.-Broadcast / Haha Sound: Lo que diferencia a Broadcast de otros grupos de Warp es que sus ambiciones experimentales nunca les nublan la vista. La suave voz de Trish Keenan es la guinda de unas melodías sobresalientes. En ‘Valerie’, inspirada en una película checa de terror de los 70, ‘Valerie and Her Week of Wonders’ (el cine es una gran influencia en sus vidas, gracias a un amigo que tiene un videoclub friqui en las proximidades de su casa y no les cobra por alquilar), queda claro que la banda no se dedica a las maquinitas sin más, mientras que ruido y delicadeza se mezclan de forma idónea en ‘Oh How I Miss You’, casi sólo una repetición de la frase titular.

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