Mecandance @ Kapital

Por | 15 Oct 10, 2:10

Dicen que la nostalgia es mentira. Que por su culpa los campos de juego infantiles los recordamos más grandes de lo que eran. Los héroes, los refrescos e incluso los padres permanecen borrosos en una imagen de perfección que nada tiene que ver con la realidad. La nostalgia mola porque ya ha pasado, porque ya no existe. Y si ahí se hubiese quedado Mecano igual hoy estaríamos contando una crónica bien distinta. Lástima que no nos hayan dejado echarles de menos. La nostalgia es mentira, sí, pero la prostitución makinera de sus grandes éxitos no se queda atrás y Nacho Cano se encargó ayer de dejárnoslo muy clarito.


Nadie, excepto él, sabe los motivos que le han llevado a destrozar así su legado. Hay respuestas fáciles que nos vienen a todos a la cabeza. No hay que tirar de hemeroteca para acordarse de que hubo un día en que le prohibieron entrar en su propio musical. Los hay que incluso añoran ese musical. Precisamente para ellos está concebido este Mecandance, que recoge todos los fallos paridos en ‘Hoy no me puedo levantar‘ para condensarlos en un espectáculo discotequero capaz de destrozar dichos populares. Que lo malo, si malo, es dos veces malo.

El lugar elegido para la presentación de este nuevo proyecto, que según el propio Nacho cuenta con el beneplácito del resto del grupo, no fue otro que Kapital, ayer por la noche, más plató de ‘Mujeres y Hombres y Viceversa” que nunca. La ropa ajustada, la ceja depilada, la camiseta con americana y la mecha dominaban entre el público asistente, demostrando que el polígono, como pasa con el programa FAMA, responde cuando se le llama.

Mucha gente y poca copa a la espera de que a un lado del escenario, entre bien de humo, apareciera el mesías Nacho, doble teclado y melena larga, intentando animar una sala que parecía no creer la puesta en escena post-nuclear chic que daba origen a la primera canción de la noche, ‘No es serio este cementerio’, en la que los cantantes se desnudaban y daban palmas delante de unas proyecciones de Frankenstein y otras películas de terror con las letras en karaoke sobreimpresionadas. Lo que temíamos era verdad, y aunque el primer referente que te viene a la cabeza es Rafa Méndez, lo cierto es que lo que está pasando en el escenario se parece demasiado al bochornoso número de ‘Laika/Dali’ que perpetraban en el musical original algunas voces originales de los cantantes originales allí presentes. Lástima que el playback se oiga poco, pero los músculos embadurnados de aceite y los cortes de pelo como de corista de Operación Triunfo tapan los agujeros del montaje de la escena que completa un medley con ‘El 7 de septiembre’ como segunda estrofa.

Continúan con ‘Me cuesta tanto olvidarte’, que abusa del vocoder y se hace dolorosamente interminable, como si de una versión de Marta Sánchez moderna se tratase. No termina de convencer y por allí sólo aplauden, como es normal, aquellos que conocen a algunos de los componentes de esta Mecanada Prodigiosa. Pena que justo sea entonces cuando todos, menos el músculos que no es el de D’Nash, se van a cambiar, momento que aprovecha Nacho para alabar los cuerpos de sus chicos y chicas, y también sus voces, claro, aunque no hayamos podido disfrutarlas mucho. Un par de chistes de circo después aparece una Mónica Naranjo wannabe que por lo visto triunfa mucho en Supermartxe y que canta ‘Hijo de la Luna’ como en un cásting de Factor X o Popstars, es decir, mucho escote y poca tela. Como de Alaska de feria barata. Duelen los oídos hasta que suena ‘La fuerza del destino’, con proyecciones del nuevo vídeo rodado en Ibiza, intercalado con imágenes de Penélope Cruz en el original, así como quien no quiere la cosa. Lo más destacable es que ya no dicen eso de “Tú contestastes que no”. Han quitado la «s», y lo que son las cosas, como que pierde la gracia el tema. A ‘Maquillaje’, la que sigue, ni se la encuentras. Mucho menos después de ver que utilizan como proyección escenas de ‘Moulin Rouge’ y, sobre todo, asistir a una especie de coreografía con espadas de plástico de esas que simulan sables láser que venden en los chinos por 0,60. De hecho, todo es bastante 0,60.

La vergüenza, o la fuerza del respiro, hace que todos se tomen un descanso fuera de escena mientras se proyecta un vídeo en directo de Ana Torroja cantando ‘Mujer contra Mujer’ en el que se intercalan imágenes del Día del Orgullo Gay. Las parejas heteros se ponen mimosas y te sorprendes echando de menos a Ana Torroja. El invento es más peligroso de lo que parecía. Seguimos sin encontrar la coherencia a una puesta en escena que ha estado llena de grititos de “Arriba”, “Vamos” o “Esas palmas” por encima del playback.

La segunda parte, porque todavía no se han ido, se inicia con el rubio de D’Nash cantando, esta vez sí en directo, una versión nueva de ‘Cruz de navajas’ tan aburrida como para hacerte darte cuenta de que Nacho Cano se ha mojado el pelo con agua. El tema no acaba nunca, y se intercala con ‘Un año más’, que decoran tirando una bolsa de confetti, una, al público que llena la pista de la sala. Los ánimos se levantan cuando el músculos moreno canta ‘Una Rosa es una rosa’, sin chistes de rusas como en el musical y, tócate los huevos, es la que mejor suena. También la que más se presta a la chonización absoluta. ‘Ana y Miguel’, ‘Hawaii Bombay’ y ‘En tu fiesta me colé’ cierran esta fiesta digna de una orquesta de Vázquez de Mella. ‘Vivimos siempre juntos’ pone la guinda final y sorprende ver que es la que la gente más corea. Adiós, buenas noches, nos vemos en el Fabrik, gracias. Un chorro de aire frío cae del techo (¿se llamaba orgasmatrón?) y la gente se dispersa con la decepción de haber venido a por pastillas y haberse tenido que tragar un monton de caramelos de a peseta.

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