Ver TV en danés no es tan snob como parece

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Ver TV en danés no es tan snob como parece

Recuerdo la fascinación que sentí por Mireille Enos la primera vez que la vi interpretando a la detective Sarah Linden en ‘The Killing’, que fue casi equiparable a la fascinación que sentí por la serie y por una trama capaz de retorcerse y volver sobre sus propios pasos para dejarte absolutamente anonadado y deseando saber quién demonios es el asesino de Rosie Larsen.

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Por aquel entonces, poco o nada sabía de ‘Forbrydelsen’, la serie original danesa que inspiró esta producción de FOX para la AMC, una serie que se ha emitido a lo largo y ancho de toda Europa (y parte del mundo), empezando por Noruega y Finlandia y luego repitiendo éxito en Suecia, Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Rusia, Portugal, Polonia, Brasil, Japón y hasta España. Aunque el éxito que tiene actualmente ‘The Killing’ (el remake) en el mercado americano viene sobre todo gracias a su emisión en el Reino Unido de mano de la BBC 4, donde alcanzó tal éxito que llegó a superar a ‘Mad Men’ en audiencia, y eso que se emitía en versión original (danés) con subtítulos en inglés.

El estreno de ‘The Killing’ trajo consigo varios artículos del tipo «el original era mejor». Si bien esto normalmente suele ser una obviedad, y los remakes tienden a ser poco más que una reinterpretación de lo mismo (eso cuando no son una copia plano a plano, como la que Haneke se hizo a sí mismo en ‘Funny Games’), nadie ponía en duda que a pesar de todo, la versión norteamericana era muy buena. Jodidamente buena, incluso. Seattle se convertía en la ciudad de la lluvia eterna, Enos era la perfecta policía escasamente preocupada por su feminidad a la que la televisión americana no nos tiene acostumbrados y Brent Sexton y Michelle Forbes convertían sus actuaciones en desgarradas muestras de dolor sincero por la pérdida de su hija, ante las que muchos no hemos podido evitar echar alguna que otra lágrima (o incluso llorar amargamente, sollozos incluidos, como el que suscribe).

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Es por eso que la sola idea de ver la original danesa no terminaba de atraerme: las interpretaciones en ‘The Killing’ son bastante heavies, no te puedes perder ni un solo minuto porque hasta el más mínimo detalle tiene interés y es difícil conectar suficientemente con los actores en un idioma que no solo no entiendes, sino que no te resulta ni vagamente familiar. Porque sí, tras veinte capítulos de ‘Forbrydelsen’, hoy puedo asegurar que el danés es el idioma más parecido al pársel que he oído en mi vida.

Tras desechar todas estas excusas más propias de un vago redomado que prefiere ir a lo fácil, terminé animándome. Fue entonces cuando me encontré con que la serie era prácticamente imposible de encontrar a la venta, y que descargársela con subtítulos era también bastante complicado. Por suerte, Jeff Bezos pensó una vez que no había motivo por el que la cultura de otros países no pudiera llegar a la puerta de tu casa. ¿Nadie va a beatificar a este tipo?

Y así es como empecé a ver esta absoluta maravilla de la televisión, en la que el idioma da poco menos que lo mismo y de la que estoy a punto de empezar la segunda temporada tras haber (literalmente) devorado los veinte capítulos de la primera, a razón de una hora cada uno. Ahora no puedo evitar esconder mi alegría: ambas tramas tienen muchos puntos en común, pero también tienen algunas diferencias (e incluso personajes que no existen en una, existen en otra… y viceversa). Sin embargo, ya nadie me va a quitar de la cabeza que sí, que los gurús televisivos tenían razón: la original es mejor, mucho mejor. Es capaz de hacerte dudar de todos los personajes hasta en dos y tres ocasiones; tiene los tiempos tan medidos que es capaz de desesperarte hablando sobre la vida política en Copenhague hasta el absurdo, y al mismo tiempo mantenerte interesado por lo que sucede; convierte a Bjarne Henriksen y a Ann Eleonora Jørgensen en la pareja por la que más has sufrido en los últimos años y hasta te hace temer en una resolución al estilo ‘Los renglones torcidos de Dios’. Porque a ver quién es el guapo que, hacia el final de la temporada, da un duro por que Sarah Lund (una magnífica Sofie Gråbøl, que todo hay que decirlo) sea capaz de llevar la investigación a término.

Un auténtico hito en la televisión. Hay que verla.

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