‘Argo’, el síndrome Clooney contagia a Ben Affleck

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‘Argo’, el síndrome Clooney contagia a Ben Affleck

Sorprenderse a estas alturas porque un guaperas de Hollywood sea capaz de dirigir bien una película es como quedarse mirando a dos tíos caminando de la mano por la calle. Aun así, siempre que se hable de ‘Argo’ se hablará del título que convirtió a Ben Affleck en el nuevo George Clooney sin pararse a pensar que lo suyo, en el fondo, responde a una vieja tradición.

Y es que décadas antes de que el síndrome George lo inundara todo con sus fantásticas disertaciones sobre la cara más oscura de la política con ‘Buenas noches y buena suerte’ o ‘Los idus de marzo‘, gente como Robert Reford ya demostró con ‘Gente corriente’ que a veces, ponerse detrás de la cámara, compensa. Clint Eastwood, Mel Gibson o Kevin Costner lo confirman, ya que aunque su camino haya tenido distinto final, todos comenzaron en la dirección por el principio: ganando un Oscar.

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Affleck ya lo tiene, pero ganado en los 90, compartido y por un guión, el de ‘El indomable Will Hunting’. Por eso poco importa que haya sido la tercera vez que se cuelga la etiqueta de director la que haga sonar su nombre como uno de los firmes candidatos a ser nominado, que no ganar, la dorada estatuilla. Y eso que esta película lo tiene todo para ser adorada por los miembros de la Academia. ¿O acaso alguien se resistiría a no elevar a los altares una película que demuestra que de vez en cuando tu frívola industria ayuda a salvar vidas?

Porque eso es en el fondo lo que esconde ‘Argo’, un alegato en favor de Hollywood tomando como excusa una operación real de la CIA, desclasificada hace unos pocos años, para intentar sacar de Irán a unos rehenes después del asalto que sufrió la embajada estadounidense en 1980. Una misión secreta en la que había que hacer creer al gobierno de Teherán que aquellos seis diplomáticos americanos eran en realidad miembros de un equipo de cine canadiense encargados de localizar exteriores para el rodaje de ‘Argo’, una película de ciencia-ficción que, evidentemente, nunca se llegó a rodar.

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Un material jugoso que Affleck utiliza para montar un filme de suspense capaz de mantenerte sufriendo y en tensión la mayor parte de su metraje recurriendo a viejos trucos del género como llamadas que parece que no llegan, aviones que nunca despegan o retratos delatores hechos pedazos que se completan al borde de la frontera. Herramientas efectivas pero también efectistas. De ahí que la transición de Affleck a director de culto todavía no esté completa.

Quizás ayudaría que en la próxima ocasión se olvidara de ser también el protagonista, ya que posiblemente por las exigencias de sus obligaciones como director, a su personaje le falte la profundidad que la historia requería. Por suerte se rodea de un elenco que cubre sus carencias interpretativas consiguiendo que el parche apenas se note.

En definitiva, ‘Argo’ se merece el ruido que está generando, pero no tanto porque el trabajo de Affleck sea excepcional, que casi, sino porque detrás de la trama diplomática internacional se esconde un reconocimiento a un grande del cine casi desconocido para el gran público, John Chambers. Un maquillador de efectos especiales responsable, entre otras, de las caretas de la saga ‘El planeta de los simios’ al que se le hace la misma clase de homenaje que en su día hizo Tim Burton en ‘Ed Wood’ al actor Bela Lugosi. 8.

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