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‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’: una ecuación perfecta

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‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’: una ecuación perfecta

The-Imitation-GameTú, que estás leyendo esto, probablemente no sepas que lo haces gracias a un señor llamado Alan Turing. O sí si eres fan de los Hidrogenesse y de su extraordinario ‘Un dígito binario dudoso’; de los perdones póstumos concedidos por la reina Isabel II o, quizás, un experto en la historia de la inteligencia artificial, que de todo tiene que haber en este mundo. En ese caso, perdona el atrevimiento de suponer tu ignorancia. O no, porque incluso los más doctos en la biografía de este matemático extraordinario descifrarán en ‘The Imitation Game’ la incógnita a esa ecuación puramente cinematográfica capaz de convertir al mito en persona.

Después de aquella primera y aséptica aproximación que fue ‘Enigma’, cinta de 2001 que en esencia narraba lo mismo que esta pero transformando a Turing en un héroe heterosexual al uso (no era el momento de reconocer que la II Guerra Mundial se ganó gracias al trabajo de alguien al que el gobierno británico condenó por maricón), esta versión ofrece por fin un retrato más fiel, humano y, sobre todo, poliédrico del personaje.

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Un héroe hasta hace bien poco anónimo cuyo triste final podría haber servido de excusa para entregarnos la típica oda plana y sentimentalista que arrasa en los Oscar (aunque bastante de eso tiene, no lo vamos a negar), pero que se salva de ello gracias a Benedict Cumberbatch, cuya interpretación llena de silencios, enfados, miradas y borderías es capaz de construir a un Alan Turing que se sale del papel para cobrar vida azotado por sus luces y sombras. La incógnita resuelta: la homosexualidad del protagonista no es la excusa para rodar la historia, solo un dato más para explicar la compleja personalidad de su protagonista.

Claro que tratándose de un biopic todo podría haberse quedado ahí, en el lucimiento del actor principal tal y como le pasó a Meryl Streep con ‘La dama de hierro’. Pero en esta ocasión el conjunto funciona más allá de la soberbia actuación de Cumberbatch y, una vez más el cine británico demuestra que cuando se hace bien no tiene quien le tosa: un guión que salta adelante y atrás en el tiempo sin que nos perdamos; un director sueco que parece inglés de toda la vida y que encima es capaz de entregar bajo un mismo título un thriller apasionante, un drama sobrecogedor y una comedia ácida; un reparto que funciona aunque parezca sacado del especial navideño de ‘Downton Abbey’; una música que emociona sin llegar a subrayar la lágrima; mi reconciliación con Keira Knightley…

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¿Que la propuesta podría haber sido más arriesgada todavía? Sí. ¿Qué la estructura huele demasiado a fórmula maestra de cine premiable? También. ¿Que cada conflicto, giro y sorpresa están estratégicamente ubicados en la historia para manipular nuestros sentimientos? Desde luego. Pura matemática narrativa. ¿Y qué? Insisto, el secreto no es conocer la ecuación, sino saber resolverla. 9.

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