‘Insidious 3’: no era necesario

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‘Insidious 3’: no era necesario

insidious_chapter_three_No es cuestión de ponerse en plan cuñado y decir que las secuelas y precuelas en el cine de terror no valen la pena. Porque no es verdad. Vale, existen varias sagas que de tanto estirar el chicle acabaron perdiendo la gracia (‘Pesadilla en Elm Street’, ‘Halloween’, ‘Paranormal Activity’), pero casi tantas como las que supieron reinventarse en cada entrega para que el espectador no se sintiera estafado porque le estaban contando la misma historia solo que más sangrienta y más larga. ‘Rec’ o ‘Scream’ son buenos ejemplos.

Con ‘Insidious’ parecía que el camino estaba claro. La primera llegó en un momento en el que el miedo cinematográfico estaba copado por cintas clónicas basadas en el «found footage», así que su éxito residió no tanto en contar con buen guión, porque no lo tenía, como en haber sido la película que recuperó los modos del género en los años 70. Una década en la que la música, el sonido y el susto efectista estaban siempre al servicio de la historia. ‘Insidious’ tenía fallos, pero muchos más aciertos, así que era normal y necesario que James Wan aprovechara el tirón y se lanzara a rodar una secuela.

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El problema es que antes de volver a este universo se embarcó en ‘Expediente Warren’ con tan mala suerte que, esta vez sí, lo clavó. Imposible superarse. ¿Qué hacer entonces con la segunda parte planeada? Muy sencillo: volverse loco, dar una vuelta de tuerca disparatada y entregarnos una cinta mucho más libre, enrevesada, humorística y divertida que su predecesora. Y también mucho mejor. Lejos de decepcionarnos, con este culebrón de posesiones y travestismo James Wan confirmó que sabía manejar como nadie las reglas del género. Así que cuando anunció que estaba preparando una tercera parte, no había motivos para desconfiar. ¿Qué es lo peor que podía pasar? Pues justo lo que acaba de estrenarse.

Vale que en este ‘Capítulo 3’ ha cedido el testigo de director al debutante Leigh Whannell, pero eso no es excusa para no haberse preocupado de que algo medianamente decente no cayera en desgracia. Y no es cuestión de que no de miedo (hay un par de escenas que te hacen pegar un brinco en la butaca como Dios manda), sino que tanto en forma como en fondo esta entrega, planteada como una precuela, no da la talla: su historia no aporta nada a la mitología, no tiene ningún hallazgo estilístico digno de aplauso y ni siquiera hay posibilidad de alabarla en plan «guilty pleasure». Nada. Porque en el título pone ‘Insidious’ y hay cuatro actores que repiten de anteriores entregas, que si no, podrían haberla estrenado con el título de ‘Papá me persigue un fantasma’ y no habría pasado nada. 3.

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