Los Planetas nos empujan p’arriba el viernes de Santander Music

Por | 05 Ago 17, 15:27

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¡Susto! ¡Tras su irrupción en el escenario, el micro de Gabriel de la Rosa no funcionaba! Afortunadamente, se arregló al momento. Porque el punto fuerte del encanto de Shinova reside en su vocalista. Su voz escapa de ese registro algo engolado que últimamente abunda tanto en el pop español gracias a su toque jondo; sus maneras son las de un cantante llenaestadios; gesticulante, algo afectado, pero sin empalagar. El resto de la banda le pegó duro y se tragó un poco su voz. Pero todo lo demás salió redondo. El concierto estuvo centrado completamente en ‘Volver’, su último disco, y reflejó su épica doméstica teñida de sentido del humor. Gabriel reclamó la aproximación del público desperdigado por el recinto (y tuvo bastante éxito), pidió palmas en ‘Viajero’, colaron ‘Baker Street’ por el medio, lograron recordar a U2 en ‘Doce meses’… No tuvieron demasiada asistencia, pero sí entregada, y Gabriel consiguió que todos le devolvieran el estribillo de ‘Para cambiar el mundo’. La mar de entretenidos.

Juro que una vez vi un concierto regular de Triángulo de Amor Bizarro. Y ni siquiera fue cosa de ellos, sino de un recinto mal sonorizado. Pero es que anoche estuvieron especialmente tremendos. Empezaron con algo de adelanto sobre el horario previsto con ‘Desmadre estigio’, arrancando la apisonadora y el ruidaco ensordecedor. ‘Un rayo de sol’ arrancó con una introducción densa y peligrosa. Rezumó sensualidad y amenaza; la remataron con toda su maquinaria bélica para encadenarla con ‘Amigos del género humano’, aunque a Rodrigo se le escuchaba más bajo que a Isa, lo engullía la artillería sónica, aunque viéndole botar como un poseso en ‘Robo tu tiempo’, sospecho que fue un efecto buscado. ‘El espíritu de la transición’ me enajenó, ‘Estrellas místicas’ resultó extrañamente emocionante, nos abatieron con tormentas sónicas en ‘Ellas se burlaron de mi magia’… ¿sigo? Brutal, hasta culminar con la locura de enganchar ‘Barca quemada’ con ‘De la monarquía a la criptocracia’ con todo lo que conlleva; pogos dementes, insanía, muerte por gozo. Cincuenta minutos para enmarcar. Los más grandes.

El de Los Planetas fue un concierto particularmente conmovedor, sabiamente estructurado en varios segmentos diferenciados. El primero, el de la psicodelia jonda. Abrieron, como viene siendo habitual, con ‘Islamabad’, un himno emocionante, coreada como el clásico que ya es. El problema es que empezaron con diez minutos de adelanto y me llevó mi tiempo huir de esa parte del público a la que no le interesan las partes lentas. Pero una vez bien situada, todo gloria. Qué bien sonaron y cómo me transportaron: ‘Soleá’, ‘Ya no me asomo a la reja’… La atmósfera crecía, Florent dibujaba filigranas con la guitarra, Erik golpeaba sin piedad. A continuación, el viraje al pop melancólico marcado por ‘Porque me lo digas tú’, hermosamente acompañada por colchones de sintetizadores. ‘Corrientes circulares en el tiempo’ fue el primer gran karaoke de la noche, seguida por el arranque a los Smiths de ‘Libertad para el solitario’. La placidez se rompió en el final de ‘Montañas de basura’, cuando Erik reventó las baquetas, para que entrara la artillería pesada de ‘Una semana en el motor de un autobús’ con ‘Parte de lo que me debes’. J se desgañitaba. Nosotros también. La preciosidad de ‘Amanecer’, que J nos presentó como unos fandangos del pueblo de su madre, marcó el final de la sección “pop calmo”. Porque entonces llegaron los hits. ‘Santos que yo te pinte’, ‘Segundo premio’ (tremendas ambas, para variar), ‘Un buen día’, ‘David y Claudia’… aunque también colaron ‘Espíritu olímpico’ o la hermosísima ‘Zona temporalmente autónoma’. Parecía que iban a cerrar con ‘Alegrías del incendio’ tras más de hora y media. Pero no. Enseguida regresaron para rematarnos con ‘Pesadilla en el parque de atracciones’ y ‘De viaje’, inapelable, aunque en esta gira los hits parecen tener menos empaque que las canciones más nuevas. Quizás porque ya los tenga demasiado oídos, lo cierto es que en el concierto lograron catapultar ‘Zona temporalmente autónoma’, que es un buen disco, a otra dimensión.

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Tras ser arrollada por TAB y después de que Los Planetas me robaran el corazón, me enfrenté con ánimo melancólico a The Vaccines, una banda que, precisamente, no se caracteriza por la melancolía. Lo suyo es proporcionar diversión, sin dudar ni un momento en saquear a quien sea, de los Ramones a The Wedding Present, para conseguir una canción resultona. Y bien, resultones lo son, y mucho. Justin Young ejerció de frontman chulesco-pero-rijoso, divertidamente autoparódico. Solo se pusieron brevemente seriotes en ‘All in White’. Por lo demás, todo osciló entre hits como ‘Post Break-Up Sex’ (“¡cantadla si la sabéis!”, nos grita Justin), el pop ochentero y espitoso de ‘Handsome’ y el deje a lo Lighting Seeds de ‘All I Know’. Todo iba tan acelerado que Justin nos pide “paciencia” ante un cambio de guitarra que apenas dura diez segundos. El cierre, pletórico, llegó con su canción más famosa, pegadiza y efectiva ‘If You Wanna’, que generó saltos y algarabía, y se fueron en lo alto con la breve y espídica ‘Nørgaard’. Intrascendentes quizás, pero divertidísimos.

El chirimiri hizo acto de presencia coincidiendo con Delorean. Con su arsenal de sintetizadores, arrancaron con la tranquilidad de ‘Stay Close’, para acabar dándole a las percusiones y subiendo los bpm, sin perder de vista la calma estival. Los juegos de luces se hicieron primordiales, se crecieron en ‘Muzik’ y nos presentaron un nuevo tema, ‘Giro’. Pero la humedad ambiental iba ganando y, finalmente, decidí emprender una prudente retirada.

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