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‘Que no salga la luna’ es la obra maestra no tan obvia de ‘El mal querer’

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‘Que no salga la luna’ es la obra maestra no tan obvia de ‘El mal querer’

‘Que no salga la luna’ tiene una posición privilegiada en la secuencia de ‘El mal querer‘ de Rosalía. Es la pista 2, por lo que suena después de ‘Malamente’, pero no parece haber habido hacia ella tantos halagos como hacia ‘Bagdad’ o ‘De aquí no sales’. No hay una sola mención a ‘Que no salga la luna’ en las valoraciones de Rolling Stone y Pitchfork, The Needle Drop la menciona en su crítica pero no para bien, The Guardian simplemente para elogiar la voz de Rosalía y el tema no aparece entre los destacados por mi compañero Raúl Guillén en su reseña del álbum, aunque sí es uno de los analizados. Por lo menos el público sí parece haberse decantado por ‘Que no salga la luna’ más que por otras canciones del álbum como demuestran sus cifras en Spotify, aunque si los rumores son ciertos, el próximo vídeo de ‘El mal querer’, rodado en los molinos de Campo de Criptana, no será para esta canción sino para ‘De aquí no sales’.

Basada en ‘Mi canto por bulerías’ de La Paquera de Jerez, con Manuel Moreno a la guitarra y los coros y jaleos de Los Mellis, Las Negris más Lin y Nani Cortés, ‘Que no salga la luna’ suena sin embargo como una canción completamente nueva desde el primer segundo al último. En cuanto arrancan los guitarrazos y entra el épico aullido de Rosalía, se postula como la canción más impactante de ‘El mal querer’ con mucha diferencia. Después de ‘Malamente’, que es una canción inspirada por el flamenco, pero no es una canción de flamenco, como ha reconocido la propia Rosalía, ‘Que no salga la luna’ es la canción más “tradicional” de todo el disco, además de la más larga, lo que solo puede entenderse como una declaración de intenciones por parte de la cantante y un aviso de que lo que nos vamos a encontrar en el álbum no va a ser ni mucho menos parecido a ‘Malamente’. De hecho, así ha sido y ‘El mal querer’ ha sorprendido, pese a su carácter experimental y electrónico, por su tradicionalidad.

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Como ‘Pienso en tu mirá‘, ‘Que no salga la luna’ está interpretada desde el punto de vista de un hombre maltratador. Es el capítulo de la boda. En la letra, el hombre recuerda el resplandor de los ojos de la novia en su pedida de mano (“como las hojas de un cuchillo, brillaban los sacais suyo’ cuando le di el anillo») y el tema incluye una parte narrada por Rosalía en la que parece escoger una joya de diamantes, eufórica. Sin embargo, la violencia se impone en la historia desde el principio, cuando el novio declara que “si hay alguien que aquí se oponga, que no levante la voz”, al que le responden unos coros llenos de misticismo que susurran “que no lo escuche la novia, que no salga la luna”, pareciendo un hechizo que amenaza a la protagonista de la canción incluso en sus momentos más felices.

Evidentemente, la “tradición” en ‘El mal querer’ está pasada por mil filtros y en sus recientes stories sobre el análisis de Jaime Altozano, Rosalía comparaba la producción de ‘Que no salga la luna’ con la de una canción de electrónica, afirmando que la canción es tan hipnótica porque está basada en un “loop” y que usa un “recurso muy recurrente” en el género, el “hecho de filtrar frecuencias” que hace que a veces la “guitarra esté más escondida y otras no”. Esto da lugar a una composición realmente cinematográfica, en la que la presencia más o menos marcada de los instrumentos parece emular los espacios y escenas diferentes presentes en la letra. De hecho, el guitarrazo que sigue a la parte de “quiera o no quiera, va a estar conmigo hasta que se muera” parece deshacerse de un plumazo de todo lo que ha ocurrido antes en la canción, como si buscara despertarnos de un sueño o de una alucinación.

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La portada de ‘Que no salga la luna’, inspirada en el cuadro de Frida Kahlo, ‘Las Dos Fridas’, que la artista mexicana pintó tras su divorcio de Diego Rivera, presenta la canción dentro de un marco de simbolismo fiel a la letra. Ya no son dos Rosalías sino la novia y el novio los que se dan de la mano en esta obra de Filip Cústic que parece representar un matrimonio marcado por la oscuridad, pero de la que quizás siga habiendo tiempo de salir.

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