El erotismo de la masculinidad tradicional según Marco Berger

Por | 19 Sep 20, 12:48

Cuando Perfume Genius dice que se «avergüenza de sentirse atraído por la masculinidad tradicional» bien podría referirse al cine del director y guionista argentino Marco Berger. Si lo conoce lo debe de odiar… pero seguro que le gusta un poco. No verás en las películas de Berger a un hombre hablando en femenino, ni maquillado ni mencionando siquiera el género no binario. Su cine retrata de manera obsesiva y constante a hombres atrapados en el concepto de masculinidad tradicional e incapaces de asumir su homosexualidad. Beben cerveza, tienen novias, en algunos casos hijos y quedan para ver el fútbol, mientras el director filma su despertar sexual al otro lado en una especie de “locura enfermiza por el hetero curious” en la que cada mirada vale su peso en oro. Berger, que dice que no hace pelis para el público gay, de la misma manera que asociar Woody Allen a Nueva York le parece reduccionista, es el director homenajeado en Fire!, el ciclo de cine LGTB+ que está ofreciendo Filmin estos días. Pueden verse todas las películas del artista en esta plataforma excepto ‘Hawai’ (2013), si bien hay que destacar que las dos últimas serán retiradas mañana domingo 20 de septiembre, que es cuando termina el ciclo.

‘Plan B’: la prometedora ópera prima

En los tiempos en que tanto se hablaba de mumblecore, Marco Berger despuntó con esta ópera prima de corte amateur, cocinada muy a fuego lento, en la que dos jóvenes humildes que nunca han tenido una experiencia gay se van arrimando tras conocerse en un vestuario. Dónde si no. Incapaces de expresarse a sí mismos y a duras penas de hablar entre sí si no es con una carta de por medio, sufren en silencio y se niegan la realidad, como tantos otros homosexuales a lo largo de los siglos. En su retrato, ‘Plan B’ (2009) es la clásica película en la que nunca pasa nada hasta que cuando pasa se te queda para siempre, si bien no le habría venido mal un poco de tijera, no solo en su deriva sobre lo que significa «neverland», sino por el desinterés que genera su forzado triángulo amoroso. 7.

‘Ausente’: un acercamiento al thriller

Tras el éxito de su primera película, Marco Berger cambia de tercio, pasando a narrar la incómoda relación entre un alumno menor de edad y su profesor. El director abusa de la música de misterio -su cine es mejor cuanto más silencio se guarda en general- para advertirnos que esta no puede ser una historia de amor, y a medida que el metraje avanza, parecemos estar viendo todo un precedente de la brutal ‘La caza’, algo posterior a ‘Ausente’ (2011). En la última media hora, en cambio, hay volantazo. El título nos da una pista de lo que sucede en un desenlace ambiguo y experimental, más cercano al universo de los coetáneos Carlos Vermut y Alain Guiraudie. 6,5.

‘Mariposa’: el amor entre hermano y hermana

La que parece la película más heterosexual de Marco Berger es un retrato coral de los últimos años de adolescencia, donde el director se resiste a adentrarse en la mente de los personajes femeninos, como apunta en un principio: al final le pueden las ganas de añadir una trama gay, secundaria, que no pinta demasiado. El mayor reclamo de ‘Mariposa’ (2015) es el juego con el tiempo y el espacio para mostrar la vida de unos jóvenes que se sienten diferentes. Y no porque tengan un póster de los Beatles por acá y un vinilo de Bowie por allá, de hecho se agradece que el director no utilice apenas música pop, pues para eso ya tenemos ‘Élite’ y su sobredosis de la misma, y a Dolan, sino por el modo en que osa adentrarse en lo incestuoso. Más comedida que la citada serie de Netflix pero menos trascendente que Éric Rohmer, ‘Mariposa’ se queda en un punto medio que puede hacer poca pupa. 6,5.

‘Taekwondo’: fantasía en el vestuario

El cine de Marco Berger se caracteriza en gran medida por lo que sugiere, por no mostrar, por mantener la tensión durante prácticamente toda la extensión de la película. Esto último permanece a lo grande en esta cinta, en cambio generosa en enseñarnos hasta el último centímetro de un grupo de amigos deportistas que pasan un fin de semana juntos. Si normalmente el director tarda 3 o 4 minutos de metraje en enfocar un paquete, si es contrapicado mejor, en esta le lleva eso más menos hacer un primer plano de un pene. Pese a lo poco creíble y lo abiertamente pajillero, contaba que quería mostrar con naturalidad el comportamiento observado en algunos grupos de amigos cuando no hay mujeres de por medio (la entrada de una en una escena es un verdadero cuadro, muy realista, por otro lado). Descarada en su oda a la masculinidad hasta rozar lo tóxico, ‘Taekwondo’ (2016) es más que nada una recreación estética de los hombres, casi más ardiente que ‘Learning’, la película argentina de porno gay que también debería aparecer en Filmin dadas sus ínfulas alternativas. 7.

‘Un rubio’: el amor en pareja (casi)

La que se puede considerar la mejor peli de Marco Berger de momento es aquella en la que se anima a dar un pequeño paso más en el retrato de una relación entre un hombre y otro hombre. Si en sus películas la tensión tiende a contenerse durante todo el guión, como decía, en este caso se quita antes de encima ese conflicto y nos ofrece otra cosa: una relación entre dos hombres que tratan de aceptarse a sí mismos en un entorno hostil que les hace sentir «vergüenza» de su orientación sexual incluso entre los más allegados. En principio sugerente como ‘Brokeback Mountain’ y después casi tan explícita como ‘Shortbus’, la película se sustenta en la química entre Gaston Re («Un rubio») y Alfonso Barón («Un moreno»). La primera vez que este consigue tocar a aquel -por encima de la ropa- y su cara de satisfacción inmediatamente después, forman parte de la historia del erotismo cinematográfico. La inocencia del idealizado Gaston devora la escena final. 7,5.

‘El cazador’: haciendo el mal

En la estela de ‘Ausente’, Berger vuelve a la adolescencia en esta historia que parece hablarnos en un primer momento del primer amor para después contarnos más bien de qué manera el mismo nos pervierte, hasta el punto de hacer a los demás exactamente el mismo mal que hemos recibido. Algo más moderna en el enfoque de la aceptación de uno mismo -al fin llegamos a 2020-, la película incluye subtramas como la explotación infantil y la deep web, sin mostrar ella misma demasiado interés al respecto. 6,5.

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