Lana del Rey sigue sin hacer disco malo: sus álbumes del mejor al peor

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Lana del Rey sigue sin hacer disco malo: sus álbumes del mejor al peor

Fer García Jaime Cristóbal Jordi Bardají Mireia Pería Pablo Tocino Raúl Guillén Sebas E. Alonso Sr John Ránking
Born to Die (2012) 8,5 9 8,5 7,5 8,5 8,4 8,5 8,5
Paradise (2012) 7,5 7 8,8 7,6 7,5
Ultraviolence (2014) 9 7 7,6 9,1 8,2 9 6
Honeymoon (2015) 7 7,5 7,4 7,8 7,5 7 7,5
Lust for Life (2017) 7 8 8 7,5 8 7,8 7,8
Norman Fucking Rockwell! (2019) 9 8,5 7,8 8 9 8,4 8 8
Chemtrails Over the Country Club (2021) 8 9 8,4 7,6 8,5 8
Blue Banisters (2021) 8 6,5 7 7,7 7,7 6

Actualizamos el artículo publicado en 2019 sobre la discografía de Lana del Rey incluyendo sus dos últimos álbumes, con aceptación desigual: ‘Chemtrails Over the Country Club’ asciende hasta el tercer puesto; ‘Blue Banisters’ en cambio queda el último lastrado por la ausencia de 9 y la presencia de un par de 6 por parte de la redacción. Aun así, su media es excelente, por encima de 7,1. Nada mal para un supuesto peor álbum: la artista continúa sin lanzamiento mediocre.

En el artículo original, planteábamos si ‘Norman Fucking Rockwell’ es la verdadera obra maestra de Lana del Rey, como proclama parte de la crítica, o lo fue ‘Born to Die’, ese disco capaz de pasar más de 300 semanas en el Billboard 200. A lo primero apuntan medios como NME o Pitchfork… ante la reticencia de gurús como Alexis Petridis de The Guardian. Con la participación de Mireia, la diferencia resultante entre ‘Born to Die’ y ‘Norman Fucking Rockwell’ se reduce a una décima (una media de 8,4 frente a una media de 8,3), finalmente a favor de ‘Born to Die’, pese a que este fue un disco maltratado por la crítica a su salida. Pitchfork lo llamó «un orgasmo fingido, repleto de torch songs sin fuego». Popmatters, «una reflexión profundamente fallida sobre el amor, la imagen y la fama en el siglo XXI». Rolling Stone afirmó que «considerando su imagen chic, es sorprendente lo gris, monótono y carente de pop que es ‘Born To Die’». Rockdelux, «una chorrada preadolescente absolutamente pueril»… y así sucesivamente.

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No lo fue en cambio por nuestro site, que había apostado por Lana desde mayo de 2010, esto es, casi dos años antes. Raúl Guillén lo definía como «un disco imperfecto, como también lo eran (lo son) ‘True Blue’, ‘Faith’, ‘Appetite For Destruction’, ‘Slippery When Wet’, ‘Loud‘ o ‘Born In The USA’» y a la vez como «música pop de calidad y con un potencial comercial extraordinario, con esa capacidad para el disfrute inmediato tan difícil de explicar». Cuando lo incluíamos entre lo mejor de 2012, destacábamos el posible carácter crítico de los topicazos utilizados: «Lana Del Rey debe de ser consciente de que no ha inventado nada con esa mezcla de épica orquestal tan cinematográfica, clasicismo melódico y recursos rítmicos del hip hop, que a menudo evoca durante su escucha al trip hop más comercial, el de Hooverphonic, Morcheeba y Sneaker Pimps. Sin embargo, se ve beneficiada por sus logros estéticos, donde toman un papel fundamental sus letras, plagadas de nostálgicas referencias a las viejas estrellas del Hollywood en blanco y negro, mujeres fatales con su lado tierno, lolitas, caza-millonarios y otros topicazos sobre el american way of life que, de tan obvios, nos llevan a preguntarnos si Lana lo que busca es, más que enaltecerlos, ponerlos en evidencia».

En segundo lugar ha quedado ‘Norman Fucking Rockwell!’. Nuestra crítica del mismo, puntuada con un 7,8 por Jordi Bardají, tuvo una respuesta feroz por parte de nuestros comentaristas. Bardají defendía que este «podría haber sido el primer álbum verdaderamente perfecto de Del Rey, pero la cantante, muy fan de hacer álbumes largos, ha decidido ampliar su contenido con una serie de canciones que no encajan con la estética general del disco o que simplemente son muy inferiores». Apuntaba que si bien el disco contiene «algunas de las mejores cosas que ha firmado Del Rey jamás», flojeaba en «su tramo medio», el que va de la versión de ‘Doin’ Time’ a ‘The Next American Record’. En otras partes de la crítica subrayaba la magnitud de sus puntos álgidos («¿Cuál fue la última vez que un álbum de Lana Del Rey reunía tal cantidad de canciones excelentes? ¿’Born to Die‘?»), pero insistiendo en la necesidad de tijera: «Con tijera y más enfoque, ‘Norman Fucking Rockwell!’ sí sería la “obra maestra” que algunos medios ya se están apresurando en anunciar. De momento, lo que llega al mercado es otro importante capítulo en la carrera de uno de los mayores iconos pop del siglo, irregular pero cuyas cumbres son brillantes, cuando no simplemente insuperables».

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Pablo Tocino le contradice, situando de hecho ‘Cinnamon Girl’ entre lo mejor del disco. Dice Tocino: «La irregularidad en los discos de Lana tiene dos excepciones: una es ‘Ultraviolence’ y otra es ‘NFR!’. Evidentemente hay cortes mejores que otros, pero es que ni siquiera los “menores” (‘Bartender’ y ‘Doin’ time’ para mí) sobran: varias se cuelan ya entre lo mejor que ha hecho Lana (“Mariners”, ‘Venice Bitch’, ‘Love Song’, ‘hope is…’, ‘The Greatest’ o ‘Cinnamon Girl’), además de las preciosas ‘California’, ‘Happiness is a butterfly’ o el tema que da título al disco. Sus sonidos y su capacidad como compositora se van perfeccionando y, junto al cable que echa Antonoff, dan aquí un excelente álbum, de los mejores de la cosecha 2019».

El tercer lugar es ahora para «Chemtrails», que Mireia Pería defendía así: «En ‘Chemtrails Over the Country Club’ Lana ha ido a buscar, definitivamente, el clasicismo de gran autora de los 70. Quiere ser Joni Mitchell o Carole King. Y no tanto porque su música «recuerde a», sino porque Lana pretende que su obra alcance esas cotas de inmortalidad. Quizás no podrá aspirar a la popularidad que ambas tenían en su época, porque su concepto de canción está muy a la greña con las playlists y la falta de paciencia actuales. Un arranque espectacular suele ser la norma en los discos de Lana, antes de que el asunto desfallezca. Pero esta vez sortea el tedio con hermosa facilidad. En la zona media del disco hay delicias absolutas como ‘Not All Who Wander Are Lost’, con un pie entre el country y la canción de los 50, referencias a su tendencia a los amoríos complicados en ‘Tulsa Jesus Freak’ o ‘Let Me Love You Like A Woman’, actos de reafirmación como ‘Wild at Heart’, clásica, pegadiza y aparentemente leve, hasta que llega el crescendo que nos retrotrae a Angel Olsen. O ‘Dark but Just a Game’. Esa oscuridad es la fama que amenaza en engullirla, pero Lana deja claro que no lo permitirá, mientras se sitúa, musicalmente, en un espacio entre John Lennon y Radiohead. Aunque entre todas, quizás me quedo con la delicadeza de ‘Yosemite’, en que Lana rememora a Nick Drake».

Baja al cuarto lugar ‘Ultraviolence’, que de hecho para varios redactores es el mejor disco de Lana del Rey, quizá el que mejor representa los tiempos decadentes que nos tocaba vivir en su década, y con la asistencia casi olvidada de un Black Keys, Dan Auerbach. Contaba Jordi Bardají en su crítica: «Lana ya tenía terminado el disco cuando conoció a Auerbach y se dio cuenta de que lo que necesitaba el álbum de verdad era una atmósfera más flexible, honesta y cruda; más rock ‘n roll. Convencida de ello, Grant regrabó todo el álbum de nuevo junto a Dan utilizando “micrófonos baratos” para darle al disco un “espíritu más casual y californiano”, grabando cada toma vocal una sola vez. Lana, Auberbach y su banda y orquesta y nada más, eso es ‘Ultraviolence’. Solo hay que escuchar el hermoso bonus ‘Flipside’, conducido principalmente por una pantanosa guitarra eléctrica, para entender el cambio. Adiós, Hooverphonic; hola, Mazzy Star».

El álbum fue todo un «dark horse» en nuestra redacción y terminó posicionado como el 2º mejor disco de 2014 para JENESAISPOP a los puntos, pese a no ser el favorito de nadie en particular. Fer García está entre sus mayores defensores: «‘Ultraviolence’ siempre me ha fascinado; para mí supuso la confirmación del sonido de Lana como una de las grandes artistas en activo, alejándose de su debut y a la vez añadiendo su inconfundible sello. Mediante guitarras eléctricas, melodías melancólicas y letras oscuras, su universo se expande con una fuerza arrolladora. Es un álbum cinematográfico: un deprimente viaje en carretera por Estados Unidos lleno de alcohol, drogas, romances atormentados, almas heridas, ocasionales femme fatales y sugar daddies. Aquí encontramos muchas de las mejores canciones de su carrera como ‘Cruel World’, ‘West Coast’ o ‘Brooklyn Baby’».

Jaime Cristóbal está entre quienes han rebajado su nota y sostienen que ‘Born to Die’ sigue siendo el mejor disco de la artista: «‘Ultraviolence’, sin ser para nada flojo, palidece ante ‘Born to Die’: excesivamente redundante, un disco después, en las letras sobre novios malotes, y a pesar de su interesante expedición hacia los sonidos de guitarras, a nivel de melodías me resulta más flojo en conjunto. El -levísimo- bache lo remontaría con ‘Honeymoon’, en el que las temáticas se abrirían un poco más (referencias a T.S. Eliot y Nina Simone incluidas) y las melodías recobrarían un poco más de inspiración».

Para encontrar ‘Honeymoon’ tenemos en cambio que irnos hasta el 7º puesto, el penúltimo para la redacción, principalmente porque nadie se atreve a darle el 8 sobre 10, por lo que era el único disco de Lana que no ha llegado a nuestra lista de lo mejor del año hasta ahora. Jordi lo definía como «un trabajo ecléctico, sólido y con identidad» pero con altibajos. «Momentos de belleza espectacular como ‘Honeymoon’, que presenta cuerdas esplendorosas y una melodía hermosa como un sol; la plañidera ‘Terrence Loves You’ o ‘God Knows I Tried’, una de sus baladas más emocionantes, se suceden con otros más derivativos e intrascendentes como ‘Religion’, que no habría desentonado en ‘Born to Die’… entre el relleno, o ‘The Blackest Day’. El mismo problema presentan letras, brillantes por momentos (ese “las mentiras pueden comprar la eternidad” de ‘Music to Watch Boys to’), ridículas por otros (‘Salvatore’ parece una autoparodia)». Fer García está más o menos de acuerdo, pero con matices: «Al igual que ‘Ultraviolence’, ‘Honeymoon’ también es un álbum muy coherente en su sonido, pero siempre disfruto más de sus canciones escuchándolas sueltas que en su conjunto. Y me parece un buen disco, pero claramente hay canciones mucho más inspiradas que otras. ’24’ o ‘Religion’ están lejos de joyas como, por ejemplo, ‘The Blackest Day’ o ‘Terrence Loves You’».

En el 5º lugar queda ‘Lust for Life’, para Jordi Bardají, el segundo mejor disco de Lana, pues cree que fue «un álbum en el que incluso canciones tan irrelevantes como “God Bless America” contaban dentro de la unificada y subyugante experiencia que ofrecía el álbum». Así lo defendía Pablo Tocino en su crítica de 2017: «Una de las primeras impresiones que surgen tras escuchar el nuevo de Lana del Rey de principio a fin es que supone el mejor atado de su discografía. Y ha sucedido a pesar de que se ha rodeado de un equipo en el que se mezcla gente con la que ya ha colaborado (Emile Haynie y Justin Parker, a quienes no veíamos desde la época ‘Born to Die‘, y Rick Nowels, en la producción de todo su material anterior) con nombres totalmente nuevos en su discografía (Max Martin, Benny Blanco, Metro Boomin, Boi-1da), además de los featurings de Stevie Nicks, The Weeknd, Sean Ono Lennon, A$AP Rocky y Playboi Carti. ¿Es una repetición de ‘Born to Die’? No. ¿Los feats acaban comiéndose su personalidad? Tampoco. Sumando singles, colaboraciones y el atractivo de las canciones con las que se cierra, estamos ante su trabajo más interesante en cuanto a lo que reúne y las posibilidades que se abren».

Pablo es a su vez responsable de alzar ‘Paradise’, aquel EP incluido en la reedición de ‘Born to Die’, hasta el 6º puesto, pues temas como ‘Ride’ o ‘Cola’ están entre lo más icónico de su discografía. Raúl Guillén argumentaba en su crítica que las canciones del EP «constituyen un notable epílogo a ‘Born To Die’. Compuesto y producido en su gran mayoría por el mismo equipo del álbum (Emile Haynie, Rick Nowels, Tim Larcombe, Justin Parker…), canciones como ‘Ride‘ (producida por el afamado Rick Rubin), ‘American’, ‘Bel Air‘ o ‘Cola’ (la de la célebre línea sobre el supuesto sabor de su vulva) vuelven a triunfar en su magnética mixtura de hip hop, cuidadas ambientaciones, angelicales arreglos clásicos (que evocan directamente a ese paraíso que titula el disco) y notables ganchos».

Y en último lugar, aunque, insistimos, sin ninguna mala nota, queda ‘Blue Banisters’, un disco que presenta temas tan sobresalientes como ‘Arcadia’ junto a descartes de otras eras y rarezas como ‘Dealer’. Decía Sebas E. Alonso en su crítica: «El álbum mantiene la magia y da más alas a la artista en la categoría de leyenda, ¿pero no habría sido mejor pasar 2021 debatiendo hasta qué punto era bueno «Chemtrails» que esperando otro disco que no terminaba de llegar y que nadie demandó tan pronto? Realmente, ‘Blue Banisters’ habría sido una sorpresa muy grata como disco lanzado esta Navidad sin previo aviso. Como disco hypeado durante meses hasta el punto de ensombrecer y anular por completo un álbum tan sublime y bien redondeado como «Chemtrails», la estrategia no se entiende tanto. Su línea artística es tan vacilante que hasta uno termina interpretando que su yerro es parte del encanto de Lana del Rey: un alma que vuela libre ajena a toda lógica de la industria musical».

Como epílogo podemos hablar del prólogo: recordar que el disco ‘Lana del Ray’ llegó a ser subido a iTunes en su día solo para ser fulminado después, siendo considerado por algunos obviamente su verdadero debut. Llegamos a reseñar también aquel álbum en 2011 calificándolo con un generoso 7,6, apuntando que «encontrábamos dos tipos de canciones junto a la ya mítica falta de ortografía “Lana del Ray”: las que han llevado a Lana convertirse en la voz de moda entre penumbras que recuerdan a la explosión trip-hop post-Portishead y a la imaginería cinematográfica de David Lynch; y también los tropiezos que pudieron propiciar que este disco fuera retirado del mercado. Entre las canciones que no tienen nada de qué avergonzarse, y en sintonía con ‘Video Games’, el single ‘Kill Kill’, construido a base de sugerentes susurros con ese decadente estribillo que repite “estoy enamorada de un muerto” y su cara B en un EP de 2009 ‘Yayo’. Entre las no tan buenas, la guitarrera ‘Queen of the Gas Station’, demasiado popi y quizá algo boba, y sobre todo el inapropiado número bailable ‘Brite Lites’, que parece un descarte de Miss Kittin».

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