Conocimos a Sarah Kinsley hace unos años por su éxito viral ‘The King‘, aunque nosotros recomendamos también su espectacular single ‘Lovegod‘, muy representativo del estilo de pop orquestal que después encontramos en su debut de 2024, ‘Escaper’.
El perfil de Kinsley en el pop es especialmente interesante por dos motivos. El primero es su formación clásica. El segundo, su papel como productora de toda su música. Después de un 8 de marzo en el que varias mujeres artistas, como Alba Morena, han reivindicado el papel de las mujeres productoras en la música, Sarah Kinsley también tiene cosas que decir.
Nos las cuenta a raíz de la publicación de su EP ‘Fleeting’, donde, junto a su colaborador Jake Aron, evoluciona hacia un sonido más pop y electrónico que en cortes como ‘Truth of Pursuit’ remite claramente a la Kate Bush más viral.
Tu EP ‘Fleeting’ acaba de salir, y no ha pasado tanto tiempo desde tu debut ‘Escaper’. ¿Cuáles son tus sensaciones después del lanzamiento? ¿Están relacionados de alguna forma?
En realidad este es el quinto EP que publico. Me encanta el formato EP para lanzar música porque es más accesible para la gente. Estoy muy contenta: la recepción está siendo muy buena. Como compositora, normalmente no sé exactamente de qué tratan mis discos hasta que los termino. Este EP fue tomando forma durante muchos meses, y solo más tarde me di cuenta de que hablaba sobre el deseo y los anhelos, sobre todo cuando la gente empezó a señalar que esos eran los temas que aparecían en las canciones.
No sé si concebiste este EP como una simple colección de canciones o como la destilación de una visión concreta que querías expresar, pero de forma condensada.
Simplemente escribí canciones, como estallidos de emoción y de expresión basados en cosas que estaban ocurriendo en mi vida. De manera casi inconsciente, el EP fue tomando forma por sí mismo.
Aquí parece que exploras sonidos más sintéticos que en tu trabajo anterior. ¿Intentabas alejarte un poco del sonido de tu debut?
Mi colaborador Jake y yo fuimos mucho más audaces con nuestras decisiones, inclinándonos por sonidos de sintetizador que realmente destacan. La producción musical es complicada porque tienes que crear espacio dentro de una canción para que todo encaje. Cuanto más audaz eres, más riesgo corres de perder algunos de los elementos más sutiles, los que son más difusos o más difíciles de escuchar. En canciones como ‘Lonely Touch’ intentamos llevarlo lo más lejos posible para que se convirtiera en algo realmente grandioso. Hacía tiempo que no asumía ese tipo de riesgos, pero también se trataba de experimentar y divertirse.
¿Qué significa para ti ‘Truth of Pursuit’?
Esta canción trata sobre estar completamente atrapada por una persona. Creo que la infatuación es un sentimiento muy poderoso porque se disfraza de amor, pero en realidad no tiene intención de convertirse en amor. Ese estado emocional es muy intenso, y es algo que he experimentado muchas veces. Estaba escribiendo sobre la verdad de perseguir a alguien o algo y descubrir que, aun así, puedes acabar sintiéndote muy sola y vacía. La primera parte de la canción habla de quedar atrapada en ese sentimiento, y la segunda trata sobre la toma de conciencia de lo perjudicial que puede llegar a ser.
¿Cómo ha influido tu formación clásica en tu carrera como compositora?
Cuando era más joven nunca pensé que sería posible para mí convertirme en cantante. Cuando creces tocando música clásica hay caminos muy definidos: ir al conservatorio, tocar en una filarmónica, convertirte en directora, compositora, profesora o investigadora musical. Es un mundo muy lineal, y yo seguí ese camino durante los primeros 18 años de mi vida.
Luego fui a la universidad y de repente me encontré rodeada de músicos completamente distintos a mí. Eran mucho más libres en su forma de pensar: tocaban en sótanos, en iglesias, en conciertos DIY bastante salvajes. Me fascinó ese mundo. De pronto tenía delante dos caminos totalmente opuestos.
Al principio sentía que tenía que renunciar a quien era para convertirme en la artista que quería ser. Incluso me sentía un poco ridícula, porque toda mi formación clásica no me ayudaba realmente a entender cómo escribir canciones. Entendía la melodía y la armonía, pero estaba atrapada en todas las reglas y los binarios de la música clásica: qué acordes eran correctos, qué intervalos funcionaban… No sabía cómo conectar con la emoción. Estaba empezando a abrazar cosas que me habían enseñado a evitar, y con el tiempo me di cuenta de que esos dos mundos estaban mucho más entrelazados de lo que pensaba. Pero me llevó un tiempo entenderlo.
¿Te acercas a la composición intentando romper las reglas y expectativas que te dejó tu formación clásica?
Lo intento. Si me siento al piano, mi cerebro ya conoce todas las combinaciones posibles de lo que podría tocar para que suene bien, y a veces odio eso porque siento que no hay verdadera libertad frente a mi formación. Las progresiones de acordes “correctas” que tengo en la cabeza son muy occidentales y muy específicas. Así que ahora intento ser más libre con mi intención: quizá tocar algo que no esperaba o moverme en una dirección que mi yo más joven nunca habría tomado. Intento sorprenderme a mí misma, aunque no siempre es fácil.
¿Qué música escuchabas cuando crecías? ¿O solo escuchabas música clásica?
Tocaba música clásica todo el tiempo, pero en realidad no la escuchaba demasiado. Escuchaba mucha música de los años 70 y 80. Mi padre me ponía mucho U2, ABBA, The Carpenters o Foreigner… También había por ahí una cinta de Madonna.
Hay un vídeo viral de Mary J. Blige en el que se queja de que algunos colaboradores -entre ellos Diddy, pero vamos a ignorarlo- le quitan el alma a su música con la mezcla y la producción. ¿Cómo afrontas tú la producción intentando preservar esa emoción de la que hablabas antes?
Estoy bastante de acuerdo con lo que dice. Cuando trabajas con cien tomas de voz y muchas capas, se pierde mucha crudeza. Puedes salir del estudio completamente agotada después de trabajar así en una canción, toda la energía artística que tengas se te va en eso. Creo que al final todo se reduce a la intuición y a saber qué es lo que se siente correcto para ti, sin caer del todo en lo que se considera “presentable” o en lo que dicen tus colaboradores.
Pero tampoco sé si existe algo como ser demasiado crudo. Uno de mis músicos favoritos es Nick Drake, y todas sus grabaciones son imperfectas de alguna manera. Pero precisamente eso es lo que las hace perfectas para mí. La instrumentación es muy mínima y las canciones son muy íntimas, y eso es exactamente quien era él. Capturó el sentimiento porque se alejó de la perfección.
El porcentaje de mujeres productoras sigue siendo muy bajo. ¿Sientes una responsabilidad de ser visible en ese espacio?
Creo que es más importante que nunca. Incluso en el caso de alguien como Addison Rae, que solo tenía dos productoras mujeres, eso todavía sorprende a mucha gente. Yo siento una responsabilidad conmigo misma, pero también soy muy perfeccionista y muchas veces simplemente quiero hacerlo yo misma. Es un equilibrio complicado entre el tokenismo y la representación real.
«El 95% de los compositores que estudiaba en la universidad eran hombres blancos que habían muerto y que procedían de Europa del Este o de Inglaterra»
Catherine Anne Davies, que publica como The Anchoress, dice que gran parte de su trabajo como productora es actuar como una especie de terapeuta, y que las mujeres abren la vulnerabilidad en los artistas de una forma que los hombres no siempre consiguen. ¿Te sientes identificada con esa idea?
Estoy de acuerdo con esa idea de ser un poco terapeuta. De hecho, algunas de las personas con las que he trabajado también han acabado siendo casi mis terapeutas. No puedes hacer una canción con un artista sin entender realmente de qué trata y qué hay detrás.
¿Crees que la gente entiende realmente el trabajo de un productor?
Creo que las definiciones pueden ser confusas porque el papel del productor cambia mucho de un disco a otro. Yo trabajo con Jake y a veces llevo canciones que ya están bastante desarrolladas. En otros casos, el productor es prácticamente el cerebro detrás de todo. A veces el artista es la voz y el vehículo, mientras que los productores construyen todo lo demás.
También creo que a veces se le da demasiado crédito a alguien que no es el artista, pero si no estás dentro de la sala realmente no sabes quién tomó cada decisión. Dependiendo del caso puede infravalorarse o sobrevalorarse. A mí me gusta pensar que, la mayoría de las veces, es un proceso bastante equilibrado. El productor puede encargarse de encontrar el sonido, pero depende mucho del artista.
¿Por qué crees que hay tan pocas mujeres en roles de producción? ¿Qué haría falta para que la industria se pusiera al día?
Esto ocurre en muchas industrias, no solo en la música. Simplemente no se presenta como una opción. Cuando yo era más joven, si quería ser músico, lo que veía en películas o en los medios era que tenía que ser cantante, intérprete o una especie de vehículo para las ideas de otros.
El 95% de los compositores que estudiaba en la universidad eran hombres blancos que habían muerto y que procedían de Europa del Este o de Inglaterra. Hace cien años ni siquiera era una opción.
Creo que el hecho de que todavía sorprenda ver bandas femeninas o equipos deportivos femeninos dice mucho. El día en que deje de sorprendernos será cuando las cosas hayan cambiado de verdad. Se trata de animar y dar espacio sin tratarlo como algo excepcional: las productoras existen, y cada vez hay más que hacen su propia música o trabajan en otros proyectos como productoras o mezcladoras. Yo, al menos, me siento esperanzada y optimista de que las cosas van a cambiar en el futuro.
