Música

Varios Artistas / Help(2)

Uno de los discos más vendidos del año 1995 fue ‘The Help Album’, una macro-colaboración de artistas fundamentalmente británicos que recaudó 1,25 millones de libras para la ONG War Child. El atractivo de oír al supergrupo que reunió a Paul McCartney, Paul Weller y Noel Gallagher o la primicia de escuchar ‘Lucky’ de Radiohead dos años antes de ‘OK Computer’ sumado al deseo de ayudar a la infancia en zonas de guerra (en aquel momento en Bosnia y Herzegovina) lo convirtió en un superventas que además causó un impacto de concienciación muy positivo.

Pues bien, tres décadas después el mundo sigue en guerra y el número de niñxs en la misma situación a nivel global es todavía mayor (incluso más que durante toda la Segunda Guerra Mundial), así que War Child ha vuelto a impulsar un proyecto similar, de nuevo contando con muchísimas primeras figuras del indiepop británico, más tres ilustres invitados transatlánticos (Big Thief, Cameron Winter de Geese, y uno de los cebos más inteligentes del proyecto, Olivia Rodrigo).

‘The Help Album’ se grabó en un día con Brian Eno de productor. En esta ocasión War Child encargó el trabajo a James Ford, quien reservó Abbey Road durante una semana, en la que los cinco estudios del edificio funcionaron simultáneamente, permitiendo a distintos artistas mezclarse e incluso colaborar.

El resultado es este disco doble que es curiosamente coherente, seguramente debido a la proximidad física, temporal y sobre todo en cuanto a intenciones de lxs participantes: la energía altruista y el deseo de ayudar –pero también denunciar– se percibe a lo largo de todo el disco, a veces explícitamente (la “divertida cruzada de la supercomputadora” del tema de Arctic Monkeys que abre el álbum trae a la mente los recientes ataques de EE.UU a Irán), otras de manera más sutil (la versión simple y desarmante de ‘The Book of Love’ de los Magnetic Fields a cargo de Olivia Rodrigo, que lo cierra).

Se nota también para bien el esfuerzo de aportar composiciones nuevas por parte de la gran mayoría de artistas para hacer el producto lo más atractivo posible, porque al final se trata de recaudar dinero para una causa noble. En ese apartado destacan claramente The Last Dinner Party y su ‘Let’s Do It Again’ –otro brillante ejemplo de su fórmula Siouxsie-Glam– la preciosa ‘Relive, Redie’ de Big Thief o Arlo Parks con el atmosférico pop de ‘Nothing I Could Hide’. Mención especial también para ‘Naboo’ de Sampha o ‘Parasite’ de English Teacher con Graham Coxon, una colaboración en la que encajan como un guante.

En algunos casos hasta lxs artistas se ha preocupado de que esas composiciones propias tengan un contenido político o social, añadiendo un extra que las acomoda especialmente bien en el espíritu de este álbum. De alguna manera causa mucho más impacto escuchar a Young Fathers cantar sobre un eufórico fondo distorsionado “A la juventud no se la combate / porque la juventud ve lo que a ellos se les escapa” que “he estado dándome una vuelta por Hackney / Pillando comida griega con Alice” (¡perdona, Arlo! Que tu canción en realidad me encanta…).

Pulp entran en esta categoría con un tema extraño (‘Begging For Change’) que no es particularmente redondo en lo musical, pero sí brillante en unas letras muy Jarvis (“I wanna change my way of life, the temperature, the way things are / I wanna change my hair, my name (…) the carpet”), que denuncian que “tú pagas con tu vida, ellos con sus tarjetas de crédito” y anuncian que “es el final de Occidente, lo cual quizá sea lo mejor, y no me importa nada”.

Curiosamente durante la grabación de la canción Jarvis se encontró saliendo del baño a Damon Albarn, Johnny Marr, Kae Tempest y Grian Chatten de Fontaines D.C. y les invitó a cantar la intro. En correspondencia, Cocker se unió a ellos como corista en ‘Flags’, que es otra de las piezas con un mensaje más claro, una colaboración entre Albarn, Chatten y Kae pero en la que también figura un Johnny Marr no acreditado a la guitarra y hasta coros de Carl Barat. La parte estrella son los versos siempre emocionantes de Kae: “Cuando sea mayor, lo haré de otra manera / Intento cambiar el mundo con mis deseos / Si pudiera tenerlo todo, lo que quisiera / Solo quiero que todo el mundo esté bien / Para tener un pequeño respiro de todo esto, noche tras noche / Coso una lágrima a mi oración y la aprieto con fuerza”.

Greentea Peng es mucho más directa en su brillante reggae junto a Ezra Collective: “Los que creemos que somos libres / Hace tiempo que cambiamos nuestra libertad por comodidades / Una falsa sensación de seguridad, recibiendo órdenes de la bestia / Lavado de cerebro para el té de esta tarde / mientras observamos la vida desde nuestras pantallas”.

En el apartado de versiones hay un poco de todo: desde lo decepcionante (el ‘Sunday Morning’ de Beth Gibbons, demasiado azucarado para una canción sobre la paranoia, cuya melodía necesita un contrapeso amargo) hasta lo completamente sorprendente: quién iba a imaginarse que el himno hippy antibelicista ‘Universal Soldier’ de la cantautora Buffy Sainte-Marie escondía el potencial para una adaptación tecno-pop tan brutalmente buena como la de Depeche Mode. Una reinvención de tonos siniestros que es de lo mejor del disco.

Por encima de la correcta ‘Say Yes’ de Elliott Smith a cargo de Beabadoobee destaca una muy emocionante revisitación del ‘Black Boys On Mopeds’ de Sinéad O’Connor. Oír aquí su canción nos trae una lágrima al darnos cuenta de que esta vez su participación es imposible, a diferencia de 1995 con aquella versión de ‘Ode to Billie Joe’. Y sin embargo está presente en esos versos con tanta fuerza sobre la injusticia del mundo con los necesitados (“Young mother down at Smithfield / 5 AM, looking for food for her kids / In her arms she holds three cold babies / And the first word that they learned was «please») o el odio hacia quien alza la voz (“Remember what I told you / If they hated me they will hate you”). Fontaines D.C. hacen un excelente labor sacando rabia de la canción sin restarle su elegancia indignada original.

En mis escuchas de este vinilo doble la Cara D ha terminado siendo mi favorita particular. Comienza con Wet Leg en modo ultra íntimo y acústico, una melodía deliciosa la de ‘Obvious’ (quizá la mejor del disco), compuesta por Rhian. Sigue la preciosa ‘When The War Is Finally Done’ de Foals, triste y solemne. Los versos “¿Me despertarás cuando la guerra haya finalmente acabado? / Avísame cuando nuestrxs niñxs estén a salvo de la amenaza de las armas” la convierten en la pieza que más directamente aborda el motivo del álbum. Por esa razón transiciona tan bien a la siguiente canción, la hermosísima ‘Carried My Girl’ de Bat For Lashes, con sus duras imágenes de refugiados. Cuando Natasha Khan canta “I carried my girl across the desert / Yet not one person noticed her dead / I carried my girl to the ocean / Yet not one person lifted their head” se le rompe la voz, una imperfección propia de la espontaneidad de este proyecto pero que añade un toque de humanidad muy adecuado a una música inspirada en imágenes terribles que todxs hemos visto en nuestras pantallas.

Siguiendo con el tono acústico y atmosférico, Anna Calvi borda su composición propia ‘Sunday Light’ junto a Ellie Rowsell, Nilüfer Yanya y Dove Ellis, para concluir con ese monumento de Stephin Merritt titulado ‘The Book of Love’ versioneado con delicadeza –y el apoyo de un Graham Coxon no acreditado– por Olivia Rodrigo. Una canción metamoderna, mitad ironía mitad verdadero amor, que en voz de la estadounidense suena mucho más sincera y literal, perfecta por tanto para un disco que quiere propagar un poco de amor en un mundo hecho un asco.

La edición física, por cierto, es un gatefold bonito, sin grandes alardes, pero con el diseño elegante de Jonathan Glazer y un single de 7” sorpresa en el interior: Oasis en directo haciendo ‘Acquiesce’ el pasado año. Por unos 30 euros merece mucho la pena, y la aportación económica tiene mucho más sentido que las centésimas de euro de las escuchas digitales.

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