Abel Tesfaye lleva 4 años con la gira After Hours Til Dawn. Fue una de aquellas directamente afectada por la pandemia, pensada originalmente para centrarse en el maravilloso ‘After Hours’ y viéndose obligada a retrasarse e irse actualizando con el paso de los años y los lanzamientos de ‘Dawn FM’ y sobre todo ‘Hurry Up Tomorrow’. El artista canadiense ha llegado hasta el punto de de dejar caer que será el último tour bajo el pseudónimo de The Weeknd. En este sentido, su regreso al Riyadh Air Metropolitano de Madrid sí se siente como la espectacular culminación de toda su trilogía. Quizás, incluso, de toda su carrera.
El show comienza con las llamas envolviendo la imponente estatua dorada de Hajime Soroyama que se erige sobre el centro del escenario, dividido de nuevo en tres secciones: la tarima principal, con restos de una ciudad totalmente arrasada; el paso intermedio y el escenario B, pensado exclusivamente para fomentar la cercanía con el público. Unos figurantes con túnicas rojas y máscaras doradas abren las puertas de la «ciudad». Modo secta total. The Weeknd no protagoniza una entrada triunfal. Más bien, el público se da cuenta de que está ahí, portando una máscara con los ojos iluminados de rojo. Debe ser lo único no grandilocuente de este concierto.
Desde el principio, sin importar que todavía fuese de día, todo se inunda con láseres, luces, fuego (mucho fuego) y absolutamente cualquier elemento digno de aparecer en una superproducción de este calibre. Es casi abrumador durante el estribillo de ‘São Paulo’, que desplegó la mayor cantidad de llamas que había visto nunca en un concierto. Hasta unos minutos después, cuando ‘The Hills’ la superó totalmente. Si bien el concierto se mantiene totalmente fascinante a nivel visual, concluyendo con una traca final en la que los fuegos artificiales se suman a la mezcla en ‘Moth To A Flame’, los efectos especiales casi nunca van ligados a una narrativa. Para eso, hace falta un concepto. Ya ocurría en su anterior versión de la gira. Aunque en algún momento aparezca un agujero negro en la pantalla y la estatua empiece a humear, aquí lo importante son las canciones.
En esto, The Weeknd no defrauda. El setlist se recibe como un recorrido a través de todas sus eras y sencillos, con las canciones desperdigándose y fluyendo sin descanso a lo largo de dos horas de show que se pasan absolutamente volando. Hay una atención especial puesta en su último disco, como es obvio, y pasa muy de puntillas por ‘Kiss Land’, incluyendo un snippet de ‘Professional’ durante el turno de ‘Save Your Tears’. Lo único que me faltó fue ‘In Your Eyes’, una de sus mejores canciones. Y no es que Tesfaye la incluyese en otras fechas. Su setlist es rígido. El tío hizo 5 fechas en Wembley y no cambió ni una coma.
El sonido, por raro que parezca, acompañó. La voz del artista deslumbró desde el inicio con ‘Baptized In Fire’ y ‘Open Hearts’, pero sobre todo se benefició de los momentos más tranquilos del espectáculo. El canadiense se luce, realmente lo da todo, durante ‘Given Up On Me’ y ‘Niagara Falls’, así como en la sucesión de hits protagonizada por ‘I Feel It Coming, ‘Die For You’, ‘Wicked Games’ y ‘Call Out My Name’. Sin embargo, lo que consigue con su voz no lo llega a replicar del todo con su personalidad, siendo totalmente aséptica. The Weeknd hace lo que debería hacer una superestrella de su nivel, básicamente. Ser correcto.
Sí que Abel tiene el poder cómico de cantar lo que sea de forma angelical, recurso que utiliza en varias ocasiones y que siempre es muy efectivo. ¡Y no es el único momento gracioso del show!. Alguien de su equipo ha sido muy inteligente al inventarse algo que resulta natural, divertido y viral a la vez, como es la sección en la que Tesfaye baja a cantar ‘Out Of Time’ con alguien del público. Él canta maravillosamente la primera mitad del estribillo y la otra persona no da ni una nota. Perfecto. Sin embargo, la sensación de que The Weeknd vive en otro plano de la realidad es bastante presente durante el resto del show.
Ya sabíamos que él no es el artista más carismático ni el más elocuente, y desde luego ya hemos visto sus habilidades actorales. Es por esto que los instantes en los que asegura que «la primera noche es la más importante y tenemos que asegurarnos de que sea mejor que la segunda y la tercera» o repite que ama a Madrid por décima vez se sienten algo más falsos de lo normal. Aunque parece que ha mejorado ciertos aspectos respecto a la versión anterior de la gira, sigue habiendo una enorme necesidad de sensibilidad por su parte. Es una pena que no exista ningún tipo de peso emocional relacionado con su destructivo álter ego. Irónicamente, y acorde a sus letras, lo único que le falta a The Weeknd para tener un show de 10 es un corazón.
