Air, desde el principio de su carrera, se han movido (levitando, eso sí) en una frontera estrechísima entre el ensimismamiento arty o la emoción analógica, entre aburridas postales o bellos paisajes, entre sintonías de relleno o canciones eternas. Entre el pan sin sal o el pan tumaca. ¿Y qué les hace ser/parecer unas cosas u otras? Siendo claros, la diferencia entre el coñazo y la gloria es que tu amiga Sofia Coppola te regale un videoclip en ‘Lost In Translation’, o toda una película (‘Las Vírgenes Suicidas’). ¿O soy el único al que aquellas escenas de Tokio le cambiaron la forma de apreciar ‘Talkie Walkie’?
A falta de otra película que les ampare, ‘Pocket Symphony’ contiene de lo mejor y lo peor de Air, introduciendo como única (pequeña) novedad una mayor presencia de guitarras acústicas y la de un par de tradicionales instrumentos japoneses. Entre lo mejor están el single ‘Once Upon A Time’, ‘Leftbank’, ‘Napalm Love’ y, sobre todo, las dos colaboraciones estelares del disco: ‘Somewhere between waking and sleeping’, una evocadora y bonita canción escrita a la medida de la voz de Neil Hannon, y ‘One Hell Of A Party’, el drama de la resaca contado cantado por Jarvis Cocker (amigo y residente en París) entre acordes de koto, un ancestral instrumento japonés que Godin ha aprendido a tocar. Por otra parte, rozan la obviedad cansina con la temática nipona tanto en el vídeo de ‘Once Upon…’ como llamando a un tema ‘Mer du Japon’ (vaya tela, tíos). E incluyen dos o tres temas (demasiados) muy insulsetes (‘Mayfair Song’, ‘Redhead girl’) cuya aportación a su bagaje es cero. Un disco que, escuchado en el momento y en el lugar adecuados, puede ser muy bonito. Si no, pasará por tu cabeza sin dejar apenas huella. 6,5





Gracias a 
Todavía no me he recuperado del susto. Animado por las afirmaciones de los periódicos, al más puro estilo «este programa es como la San Miguel, que donde va triunfa», me decidí a poner el lunes el estreno del nuevo concurso de las tardes de Cuatro: ‘Mon€y, Mon€y’. Y yo sólo digo que este programa puede hacer que aumenten las visitas a los loqueros de este país, porque hay que ver cómo está el patio.





El nuevo disco de Hidrogenesse ya está a la venta en tiendas como CD Drome, Discos Castelló, Charada y El Garaje. En algunas de ellas se vende al módico precio de 10 euros y en breve llegará a la Fnac. El grupo presentará además el disco en 
Mira que hay gente en el mundo con 


Están los buenos, los malos, los discos de moda que con cada escucha van perdiendo el brillo y los que van creciendo, conocidos como «growers». Discos, claro. Si los últimos trabajos de 
‘I’ve gotta get up to get down and start all over again / (…) / Keep those white mice and black dogs out / Keep those white mice and baboons out / Keep those baboons and all the motherfuckers out and… / Get it on, get it on, on the day when you got born’
Poco que decir del concierto de 


Esta señora –vamos, no me digáis que no está ya postmenopáusica por muchos arreglos que se haga en la cara y mucha ropa de quinceañera con la que nos torture- podría tener una subsección para ella solita dentro del ‘Look de la semana’ porque cada una de sus apariciones en la prensa conlleva un aspecto de lo más indescriptible. Lo cierto es que a veces lo pone tan fácil (chaqueta de chándal, shorts vaqueros, zapatos Manolo Blahnik, bolso de Gucci y gorra de leopardo es uno de sus modelitos favoritos) que yo he decidido fijarme en los pequeños detalles, esos que dicen tanto de las personas y donde se encuentra realmente el quid de todas las cuestiones. 
Conocí a Broadcast por un tema llamado ‘Poem of dead song’. No es su mejor canción, pero sí fue la que consiguió que me acercara al sonido del grupo, entre Gainsbourg, Stereolab, Portishead y vamos a decir los primeros Goldfrapp y Lali Puna por popularidad aunque sean posteriores o paralelos. Esa canción siempre he seguido recordándola y siempre me ha rallado tenerla en un mp3 suelto, ya que hasta ahora no estaba incluida en ninguno de sus discos oficiales. Pero todo el desorden de EP’s y singles editados por el grupo se ha acabado con ‘The Future Crayon’, una recopilación de rarezas que Broadcast ha editado recientemente.



Tenía serias dudas entre dos clásicas, Aitana Sánchez-Gijón y Maribel Verdú, pero al final me ha podido esta ola de clasicismo que me invade últimamente y he optado por la primera. Aitana debe haber hecho un pacto con el diablo porque nunca en toda su vida ha estado tan joven, tan delgada, tan guapa ni ha sido tan elegante. No hay nada mejor que dejar de ser Presidenta de la Academia para que te cambie la cara (o si no, que se lo digan a esa desconocida con cara de amargada que leyó un discurso que partió toda la gala y que se hace llamar «Presidenta»).

