A favor
Hay que reconocer que Perdidos, que esta noche estrena su segunda temporada en La Primera, engancha, y mucho. No ha habido ninguna serie ni ningún programa de televisión que me haya obligado a levantarme a las 2 de la mañana un día de diario para poder descargarme el primer capítulo de la segunda temporada, porque era incapaz de dormirme después de ese final apoteósico de la primera. Si bien es cierto que en la segunda temporada los secundarios aparecen por doquier, también es cierto que el más perdido de todos los ‘Perdidos’ es el espectador. Pensar en cómo pueden acabar estas tramas, en qué personajes ganarán protagonismo en detrimento de otros y qué demonios sucede en esta isla; nos trae a todos locos y a muchos incluso por la calle de la amargura, pero ayuda a que no nos relajemos. La verdad es que esa sensación de no saber qué pasa, de obsesionarse hasta tal punto con la trama de una serie, es desconocida en muchos de los que no vimos ‘Twin Peaks’. Eso sí, espero que el final esté tan bien guardado como el secreto de la Coca-Cola. Tan sólo encuentro una pega a la serie: ¿cómo es posible que La Primera haya dilatado tanto la emisión de la segunda temporada? Si yo fuese espectador de esta serie en esta cadena, ya me habría plantado con un rifle en Prado del Rey. Farala.
En contra
No es que el primer capítulo de la segunda temporada de ‘Perdidísimos’ sea tan bueno que después de él sólo quepa la decepción. Es que los siguientes son tan malos que parece mentira que estés viendo la misma serie. Toda la tensión, el ritmo y las sorpresas que te dejan boquiabierto en este episodio decepcionan en los siguientes o, como mínimo, alternativamente, en un episodio aceptable y otro infumable. Vale que no todos los capítulos tengan que ser igual de trepidantes, pero es que la repetición, especialmente en los flashbacks, llega a ser insultante. ¿Qué puede ser peor, viendo un drama de acción, que quieras darle al botón de Fast Forward porque lo que estás viendo ya lo viste la temporada anterior? Por si fuera poco, a medida que avanzan los capítulos, aumenta la sensación de que los guionistas no saben realmente qué pasa en esta isla de náufragos y que se lo están inventando sobre la marcha, porque las incoherencias parecen cada vez más consistentes y difíciles de aunar. ¿Se lucirán en el último capítulo o nos parecerá un timo? Una pena que una serie con tan buenos planteamientos no haya durado un año y esté resultando extendida tan artificialmente por sus altos índices de audiencia (en USA). ¿Quién quiere enterarse de lo que pasa en la isla dentro de 4 años? ¿Cuánta gente morirá sin conocer el dichoso misterio? Bah, qué angustia!! Supervago.














Sólo incluimos actos de Madrid. Si quieres recomendar algún evento de otra ciudad, te invitamos a hacerlo en los comentarios.




Ya era hora de irle viendo la cara a lo que Isabel Coixet ha denominado como “la niña Jesús de la Cienciología”. Al final resulta que la hija de Tom Cruise y Katie Holmes, llamada Suri, ni es invisible ni nada por el estilo. Y es que, de hoy en adelante, la vamos a ver hasta en la sopa. 
Sin muchas ganas y por hacer algo, fui a ver ‘Alatriste’ al cine completamente predispuesta a que no me gustara nada. Como rectificar es de sabios (o de gente como yo, con demasiados prejuicios) salí de la sala sorprendentemente contenta a pesar de haber salido de ver una película -glups- española; después de la rachita que llevamos de fiasco tras fiasco. Unos días después, con la película bien rumiada, concluyo que está bastante bien aunque, como todo, tiene sus cositas.
Después del interesante aunque pelín aburrido ‘Alphabetical’, la banda gala Phoenix entregó hace unos meses su nuevo álbum de estudio. Autoproducido por ellos mismos, el grupo ha buscado un sonido mucho más directo, huyendo de la pátina de electrónica-a-lo-Air de su anterior entrega y que les valió el sambenito de grupo «soft-rock».

Después de haber editado cinco álbumes en menos de tres años (incluyendo ‘EP’, un recopilatorio de caras b’s y rarezas que para mí es, curiosamente, su mejor obra), los hermanos Friedberger han demostrado ser una de las bandas más prolíficas del momento, con desiguales resultados, y han cosechado tantos fans como detractores. De hecho, creo que incluso sus fans se tornan detractores en determinados momentos y al revés, y que su ecléctica forma de concebir el pop como un remedo experimental de rock-blues-disco-pop-electro-ópera (art-pop, dicen los listos) busca abiertamente ese amor-odio por parte del oyente.

Sólo uno de cada 100 artistas descubiertos en Myspace merece la pena y una de las afortunadas es 






¿A qué se dedicarán los Franz Ferdinand en sus ratos libres cuando una noche duermen en Gotemburgo y la siguiente en Bolonia, para dos días después volar a Melbourne? Yo suponía que a descansar, pero hay uno de sus miembros que ha encontrado una vía de escape a esas giras por todo el mundo, a esas promos interminables y a esa vorágine que les acompaña desde 2004. Me refiero a Nick McCarthy, el guitarrista (y algunas veces voz), ese chico tan bailongo y sonriente a la derecha de Kapranos que desde 2005 tiene un proyecto alternativo a FF junto al alemán Alexander Ragnew llamado 
