Joaquín Sabina / Lo niego todo

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Joaquín Sabina / Lo niego todo

sabinaniegotodoSabina ha saltado a la palestra durante las últimas semanas por tres motivos: uno bueno, otro malo y el tercero regular. El bueno es haberse posicionado en contra de las webs de reventa de entradas . El malo, la polémica en torno al machismo de sus letras. El regular es este disco.

Imagino que sus fans estarán contentos de tenerlo de vuelta con material nuevo pero, lamentablemente, el Sabina personaje ha fagocitado una vez más al Sabina cantautor. Música y letras remiten al tópico sabinero más manido. ‘Lo niego todo’ ni siquiera posee el encanto del reencuentro, porque no suena a reencuentro, sino a cliché. Es cierto que su música nunca ha sido imaginativa; Sabina ha transitado unos caminos muy trillados de hard-rock-blues, con pinceladas latinas y guiños a Serrat, Dylan y Cohen. Pero todo ello cultivado con particular gracejo. Nos pueden gustar más o menos sus versos canallas, podemos deplorar el punto misógino que se gasta, pero hay que reconocerle su carácter único, su cancionero personalísimo y repleto de himnos, que le han convertido en objeto de masiva adoración. Pero de todo aquello que lo encumbró apenas resiste nada… salvo la misoginia y su característica garganta de lija, cada vez más desgastada; ni temas señeros ni frases memorables. Aún nos queda Olga Román, imprescindible, tratando de salvar los muebles en casi cada canción. Tarea en vano. Se suponía que la producción de Leiva debería haber refrescado a Sabina. O que la participación de Benjamín Prado en la escritura de las letras tendría que haberles dado nuevo brillo. Pero nones. Desde ’19 días y 500 noches’ el bardo de Úbeda está en caída libre.

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Y el disco no arranca mal, ojo. ‘Quien más quien menos’ es un blues con vocación polvorienta, hermosos punteos a lo Ry Cooder e inusitados coros infantiles, aunque en la letra ya aparezca algún elemento chirriante. ‘No tan deprisa’, homenaje a JJ Cale, es otro blues bastante majo, entre lo trotón y lo melancólico, lo mejor del conjunto, aunque la gloria haya que atribuírsela a Ariel Rot. A partir de aquí, la cuesta abajo. ‘Lo niego todo’, supuesto baladón a piano, es esa típica letra en que Sabina medio se dedica a la autohagiografía, medio se confiesa, enumerando todo eso-que-no-es (Dylan seguro que no). Ya la hemos escuchado antes… y mucho mejor: ‘A mis cuarenta y diez’ o ‘Tan joven y tan viejo’. ‘Postdata’ es una melodía farragosa, a pesar de ese aire alegre de ranchera, que narra opuestos en una pareja liquidada y ahonda en la leyenda del Sabina truhán-pero-sensible. ‘Leningrado’ marca una nueva sima al relatar otra relación finiquitada, con excusa rusa y nula chispa, imitando esta vez a los Beatles circa ‘Abbey Road’; temáticas calcadas a las de ‘19 días y 500 noches’ o ‘Con dos camas vacías’, sólo que aquí no se encuentra ni por casualidad ese estupendo equilibrio entre chulería y romanticismo arrastrado del que solía hacer gala.

Pero aún hay más; ripios ensuciando los momentos en que se trata de remontar el vuelo, como ese “Camarero, ponme un par de Dry Martínez” en ‘Canción de Primavera’, una aportación de Pablo Milanés, que otorga algo de clase y belleza. ‘¿Qué estoy haciendo aquí?’, un inusual reggae (inusual para Sabina, porque como reggae es canónico), luce un estribillo que se engancha cosa mala (punto positivo) para explicar una insustancial historia en plan ‘Vidas cruzadas’, rematada con el canturreo de ‘No Woman No Cry’, no sea que alguien se despiste y no se dé cuenta de que esto es –efectivamente- un reggae. Pero el punto más bajo es ‘Churumbelas’, una especie de ¿homenaje? a artistas gitanos que da vergüenza ajena. Del desastre se salva ‘Por delicadeza’, la balada a dúo con Leiva que cierra el disco, que es la que la única que transmite algo de emoción creíble.

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Mis expectativas no estaban demasiado altas, confieso. Obviamente, a estas alturas no iba a pedir a Sabina un álbum rompedor, ni esperaba que retornara siquiera brevemente al fulgor de los noventa. Pero sí que le exigía algo más que esta retahíla de topicazos, melodías inanes y cháchara insulsa. Vana esperanza.

Calificación: 4/10
Lo mejor: ‘No tan deprisa (homenaje a JJ Cale)’, ‘Por delicadeza’
Te gustará si: eres fan irredento de Sabina.
Escúchalo: Spotify

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