Mad Cool no aprovecha al 100% la noche de jueves sin lluvia

Por | 07 Jul 17, 12:38

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El año pasado titulaba una de las crónicas de Mad Cool «Mad Cool no fue Mad Pool pero sí Mad Cold«. La misma estupidez de titular podría repetir este año. Si en 2016, el público del festival asistía con el temor (ahora sabemos que infundado) de que el suelo del recinto cayera sobre un estanque de agua bajo sus pies, ayer llovió a lo grande -en serio- en Madrid durante todo el día… hasta que llegaron las 20.00 y después no cayó ni una sola gota. Fotos: Mad Cool, Sergio Albert.

Solo un par de artistas, Warpaint entre ellos, tuvieron que actuar bajo el aguacero (los que las vieron terminaron como una sopa, eso sí), y sin embargo Mad Cool fue incapaz de aprovechar la ausencia de lluvia para rematar con un servicio a la altura y terminar de consolidarse como uno de los grandes festivales del país, que por cartel ya es. De nuevo, el agua no fue la protagonista, en contra de lo esperado, pero volvió a hacer frío (en serio, vaya gafe) y dejó frío en muchos sentidos. Lo mismo del año pasado: camareros agradables pero lentos, sin experiencia, completamente ineficientes; barras insuficientes, larguísimas colas para pedir un agua o una cerveza (el vino sí era más accesible, aunque algo calentorro) y, lo peor, una zona de comida accesible solo entre empujones y también con larguísimas colas para pedir, que nos hicieron desistir de poder llevarnos a la boca cualquier tipo de alimento sólido, una bolsa de chips aunque fuera. Había puestos desabastecidos de comida a la 1 de la mañana. Hay que decir que hay un escenario cubierto en esa zona de comida, y que así podías escuchar a WAS, por ejemplo, mientras te peleabas con cientos de personas por un trozo de pizza o hamburguesa, ¿pero es tan difícil calcular cuántos puestos de comida y cuánta comida van a necesitar 45.000 personas?

En lo musical, hubo de todo. Quique González grababa un disco y DVD en directo en uno de los escenarios de Mad Cool, y por su bien espero que en la mesa pertinente para esta grabación los cables estuvieran mejor enchufados que los que tenían que provocar que su sonido llegase al público. Al menos durante los primeros minutos de su show, las idas y venidas del audio hacían que fuera muy poco atractivo quedarse para verlo. Además, al mismo tiempo tocaban Foals, aunque ofreciendo el mismo show visto ya en demasiadas ocasiones y que repite en el FIB la semana que viene. Sus viejos punteos de aquello que se llamó math-rock y la voz medio ahogada, desesperada, del solvente frontman Yannis Philippakis emergiendo entre ellos, conforman un combo de lo más atractivo. Pero no terminan de casar al 100% sus momentos más pop del principio (‘My Mountain at My Gates’, ese ‘My Number’ que nunca será celebrado lo suficiente, interpretado en tercer lugar) con los más introspectivos (encabezados por ‘Spanish Sahara’), que ocupan demasiado tiempo. ¿Lo mejor? El final jevi con el pelotazo de ‘Inhaler’ y el ‘What Went Down’ final, cuyo «want cha» solo puede ser escupido. También tuvo su gracia que tocaran ‘Night Swimmers’: no suelen hacerlo y, efectivamente, hacia las 9 de la noche, no sabíamos aún si anoche terminaríamos como «nadadores nocturnos» en alguna charca cercana.

jagwarma

Fue un acierto programar Jagwar Ma al mismo tiempo que Foo Fighters, porque se adivina a sus públicos realmente antagónicos. Era muy apetecible la idea de quedarse a ver a los primeros, con un show de psicodelia de corte electrónico a lo Primal Scream que estaba funcionando incluso mejor de lo que mi compañero Raúl Guillén recientemente contaba con respecto a Vida Festival, constituyendo una alternativa más que digna para los grandes cabezas de cartel. E incluso una amenaza: Foo Fighters no llenaron sonoramente el escenario grande como saben hacerlo, por ejemplo, los siempre atronadores en vivo Queens of the Stone Age, y en la parte de atrás, se oían demasiado los graves de la banda australiana.

foo-fighters_sergio-albertNo decepcionaron, por lo demás, Foo Fighters, al menos durante la primera hora y media de las tropecientas que tocaban. Dave Grohl salió dando verdaderos alaridos, sobre los que volvía una y otra vez entre y durante canciones, hasta el punto de retar al público a practicar un concurso «a ver quién iba a perder la voz antes». «It ain’t me», bromeó, sin referirse -que sepamos- al mayor hit de Selena Gomez. Hablando de hits, no se andaron con chiquitas, deshaciéndose enseguida de ‘Everlong’ y ‘The Pretender’, con un buen sonido -como decía- que hubiera agradecido un pelín más de volumen aún y/o el uso de las pantallas laterales para una mayor integración de las últimas filas. ¿Acaso estarían apagadas a causa de la lluvia que había caído horas antes?

Quizá los fans llevaban todo el día imaginando un concierto más salvaje por parte de la banda y quizá por ello parecía algo apagado también, pero Foo Fighters fueron muy hábiles luchando contra la posible monotonía de su repertorio, tocando en la primera mitad una cuasi balada acústica, preciosa, de su primer disco, ‘Big Me’; y por supuesto logrando que el público coreara los irresistibles «Never wanna die» de ‘Walk’ o los «eeeeeooooo» entre canción y canción, de homenaje a Freddie Mercury. Tenía sentido que ‘My Hero’ lo petara poco después.

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No era una opción perderse a Belle & Sebastian y el grupo de Stuart Murdoch no decepcionó pese a verse muy de vez en cuando invadido por el sonido de fondo del final de Foo Fighters, sobre lo que por supuesto su líder bromeó en un par de ocasiones, dedicándoles uno de sus temas más rockeros. Las deliciosas ‘I’m a Cuckoo’ y ‘Seeing Other People’ estuvieron entre los momentos cumbre de la primera mitad, con Stuart manteniendo sus brincos twee por el escenario como seña de identidad, y sorprendiéndose de que la gente joven de las primeras filas se supiera las letras de ‘If You’re Feeling Sinister’. «Los chicos jóvenes sois demasiado listos», confesó, asustado, en sintonía con las letras aparentemente naíf pero muy inteligentes que este gran genio ha desarrollado siempre.

Stuart, que también contó haber probado el Metro de Madrid (le gustaron mucho «los trenes», aunque nos ha pillado con la línea 5 cortada), no dejó de lado el episodio de subir a fans del público -sobre todo chicas, para furia y envidia de los chicos- y, a medida que terminaban Foo Fighters, fue convirtiendo su set en una fiesta colectiva coronada por ‘The Party Line’ y ‘I Didn’t See It Coming’. No faltaron canciones siempre maravillosas como ‘Another Sunny Day’ o ‘Judy and the Dream of Horses’, pero, ay, cómo eché de menos ‘Get Me Away From Here, I’m Dying’, ‘Sleep the Clock Around’, ‘Like Dylan in the Movies’, ‘I Want the World to Stop’… Se les agradece cambiar de repertorio a diario, porque nunca sabes lo que te vas a encontrar, pero entonces, ¡que vuelvan todos los meses!

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De nuevo Mad Cool acertó al confrontar dos artistas sin nada que ver: Kurt Vile y su excelente banda, con una manera envidiable de masajear melodías folk de forma que a la 1 de la mañana no se haga aburrido (de los sonidos mejor ecualizados que se oyeron anoche); y de otro el show de UNKLE, que están de regreso. Voces y pianos muy trip hop sobre proyecciones en slow motion y poliédricas protagonizaron un show en formato quinteto (si la iluminación y la distancia no me engañaron), algo macarrilla pero muy correcto. Al término del set, se mostró un mensaje que dedicaba todo el show a Gavin Clark, colaborador de la banda y músico fallecido en 2015.

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Muy atractiva era la idea de cerrar la noche de mano del concierto de Trentemøller, oscuro, siniestro, orgánico, 200% elegante, que tuve la suerte de presenciar al completo en We Are Murcia hace dos meses; pero más atractiva era la idea de cenar (cosa que logré en casa) cuando seguía con el estómago totalmente vacío a las 2 y media de la madrugada. Aun así, bastante hipnotizantes los bajos a lo Joy Division de ‘Never Fade’, esa vocalista que parece en todos los sentidos su colaboradora Jehnny Beth de Savages pero no lo es, la imprescidible y muy celebrada ‘Shades of Marble’ y bastante elegante la manera de arengar a las masas del danés.

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