¿Es justa la acusación de «antigitanismo» hacia Rosalía?

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¿Es justa la acusación de «antigitanismo» hacia Rosalía?

En las últimas horas, al menos en los foros de nuestra web, ha causado bastante revuelo un hilo de tuits de una tuitera llamada Noelia Cortés, de etnia gitana, que arremete despiadadamente contra Rosalía por su impostura como cantaora flamenca, en lo que ella considera «apropiacionismo» de la cultura gitana: “si siente que el flamenco es tan suyo como nuestro, por qué se falsifica tanto a sí misma para parecer una de nosotros”; “que siga cantando y disfrutando oportunidades pero que no nos robe ni nos invisibilice más, que respete a los que han mantenido vivo el arte gracias al cual come y que pare de aprovechar su privilegio tanto económico como racial pa intentar ser una versión «pura» pero de plástico nuestra”, dice, rescatando solo algunos de los mensajes.

La airada reacción de Noelia, pese a que reconoce que Rosalía “al principio” –recordemos que hace poco más de un año que presentó ‘Catalina’, su primer single en solitario– le gustaba mucho, responde al parecer a una respuesta –quizá no muy clara, hay que reconocerlo– de la artista en una entrevista que ofreció al periodista Luis Alemany para El Mundo el pasado agosto. “Ya estamos las clases medias quedándonos con la cultura marginal.Se nos da bien, ¿eh?”, pregunta Alemany con ironía, a lo que Rosalía responde “Eso de la apropiación cultural… Ya todo está tan mezclado con internet, en las ciudades… Yo puedo escuchar mil discos de flamenco, puedo elegir crecer en la cultura flamenca.¿Me estoy apropiando de ella? No lo veo muy claro”. En el mismo sentido se expresó también en la entrevista que concedió a JENESAISPOP hace solo unas semanas, con un titular que denota el profundo respeto que tiene hacia esta música: “El flamenco es una de las músicas más profundas que existen; es como si contuviese mil vidas de miles de personas”.

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Hay que decir que justo en la respuesta anterior Rosalía admite que en su casa nunca hubo un disco de flamenco y que eso hace que lo suyo “no sea lo de una cantaora que viene de una saga”, pero que lo que le interesa es que logra explicar “el flamenco desde códigos que entiende otra gente”. Y también que el debate abierto por Noelia tiene un matiz interesante y sano, que al final solo pide justicia para una cultura vilipendiada por el grueso de la sociedad española salvo cuando, como ocurre con el caso del cante y el baile flamenco, es bonita o amable. Sin embargo, ni tiene razón en todos sus argumentos ni cabe culpar a Rosalía de todos los males del pueblo gitano.

Más bien al contrario, lo que está logrando Rosalía con su, eso sí, personal y controvertida aproximación al flamenco es servir de puerta de entrada a la cultura flamenca y gitana, como en otros momentos de la historia lo lograron payos tan ilustres como Paco de Lucía –Camarón de la Isla no tuvo el más mínimo problema en que fuera su tocaor, por cierto–, Pepe Marchena, Miguel Poveda o el propio Enrique Morente, por citar algunos ilustres. No está claro aún si las acusaciones de “impuros” hacia ellos tenían más que ver con su raza o con su visión no-ortodoxa, desafiante, del flamenco, pero lo que sí es cierto es que el tiempo les ha dado la razón en sus intentos de dignificar la cultura gitana, no tanto de aprovecharse de ella. ¿Hasta qué punto revierten sus trabajos y esfuerzos en el pueblo romanó, que permanece al margen de las instituciones y la sociedad? Ahí sí, Noelia, está la cuestión, pero no se trata de un debate que implique exclusivamente a Rosalía.

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¿Quizá hay cierto machismo en elegir a Rosalía como objetivo, en lugar de, por ejemplo, Niño de Elche? No lo creemos, porque Noelia olvida –o quizá desconoce– que otra mujer paya como Rocío Márquez, ganadora de la prestigiosa Lámpara Minera al Cante en 2008, ha publicado este año un disco menos popular que ‘Los ángeles’ pero igualmente –o más, desde mi personal punto de vista– valiente y didáctico, como ‘Firmamento’. Un disco que reivindica el flamenco como fuente de cultura popular en la manera que lo veía Lorca –otro señorito payo, pensará Noelia– y lo conecta con el folclor de otros puntos de la península, como el asturiano o el leonés, rebatiendo esa “propiedad andaluza” que reivindica la joven gitana en sus tuits.

Y es que tampoco son ciertos los supuestos de que el flamenco es una exclusiva de la cultura romaní. Aunque es evidente que sí, el pueblo gitano, como nómada que es, extendió su música por toda Europa, es notorio y patente que a su vez el flamenco tiene también componentes del folclore del norte de África, como también es reconocido que la jota castellana y aragonesa son una de las bases sobre las que se construyen palos tan enraizados como las alegrías, mientras que la rumba, la milonga o la guajira son «cantes de ida y vuelta», cultivados en los viajes a ultramar por los colonos españoles.

Otro de sus argumentos fallidos es cuando recalca que las letras de su disco debut no son suyas: a estas alturas supongo que es público y notorio, pero, por si acaso, en esto tampoco tiene la exclusiva la intérprete de ‘De plata’. Cualquier aficionado al flamenco sabe que la transmisión de letras de unos cantaores a otros es algo intrínseco al género, tanto como enseñanza como homenaje. Que hoy día se sigan cantando letras de hace casi un siglo es algo honroso y hermoso que debemos a cantaores como todos los antes citados, Rosalía incluida.

En fin que Noelia ha abierto un debate enriquecedor aunque algo caduco, pero centrarse en Rosalía como símbolo del apropiacionismo flamenco parece errado. Más allá del carácter didáctico que pueda tener el trabajo de la barcelonesa, buscar el reduccionismo de una música en lugar de la apertura solo podría privarnos de emociones. ¿Qué hubiera pasado por ejemplo, como le responde otro tuitero, si Raimundo Amador no hubiera introducido el blues en su toque o Camarón no hubiera abierto los brazos al rock y el funk –apropiacionismo de la cultura afroamericana, siguiendo su línea argumental– y no hubieran existido ‘Veneno’ o ‘La leyenda del tiempo’? Pues que el mundo sería más pobre y mucho más triste, sencillamente.

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