25 años de ‘Girls and Boys’ de Blur: la edad de oro del britpop se engendró de vacaciones en Magaluf

Por | 07 Mar 19, 10:55

Magaluf es un paraíso hedonista para adolescentes noreuropeos que buscan melopeas y sexo rápido, fácil, barato y en la mayor cantidad posible… desde hace décadas. Aunque su nombre quizá se haya hecho más popular de manera global en la última década, ya desde los años 80 era una Meca profana, perfecta para que los mozalbetes liberaran sus hormonas y picores al sol. Y eso no excluye a aquellos que luego se convirtieron en estrellas del pop, como por ejemplo Damon Albarn y su novia de la adolescencia y más tarde cara visible de los fugaces Elastica, Justin Frischmann.

De hecho, podría decirse que la edad de oro de aquello que conocimos como britpop y que capitalizó la atención de público y medios musicales en la segunda mitad de los 90 y primeros 00 nació en uno de aquellos festivales etílicos en el área turística más vilipendiada de la isla de Mallorca. Tal y como Albarn explicó al periodista Daniel Rachel para su libro ‘Isle of Noise: Conversations with Great British Songwriters’, las primeras líneas le vinieron instantáneamente a la mente estando allí, en una suerte de “viaje antropológico” con su chica en Magaluf. Esas que dicen “Street’s like a jungle, so call the police / Following the herd down to Greece on holiday” (“La calle es como una jungla, llama a la policía / Siguiendo a la manada hasta Grecia, de vacaciones”). ¿Por qué Grecia, entonces? Simple, porque rimaba fácilmente con “police”. “Pero joder, había policía, es España”, decía Albarn a Rachel, “quiere decir siguiendo a la manada a Magaluf, el espíritu es el mismo”. La letra no deja lugar a dudas: sexo desenfrenado ensombrecido por el miedo las enfermedades venéreas (“Love in the 90s / is paranoid”) cuando no por los embarazos no deseados (“Nothing is wasted / only reproduced”) como escape a un trabajo alienante… cuando lo había (“Avoiding all work, ‘cause there’s none available”).

De aquellos polvos, nunca mejor dicho, llegaron aquellos lodos: Blur lanzaron ‘Girls and Boys’ un 7 de marzo de 1994 como primer single de ‘Parklife’, el álbum que, tras ‘Leisure’ y ‘Modern Life Is Rubbish’ (un par de trabajos interesantes pero no matadores en los que daban una vuelta al sonido shoegazing de finales de los 80), prendió la mecha. La mecha, sobre todo, de una auténtica revolución mediática (es evidente poco unía a grupos como Oasis, Pulp, Suede, Sleeper, Elastica o The Auteurs más allá de su nacionalidad, por más que la prensa británica se encargara de vendernos todo el pack, junto con una caterva de grupillos de medio pelo) que sirvió para olvidar el luto por el grunge. ‘Parklife’ fue un exitazo, el disco que marcó a aquella generación de músicos sobre todo por sus ventas –se estima que acumula unos 5 millones en todo el mundo, fue 4 veces platino en UK–, pero también porque contenía esa mezcla de autoparodia y orgullo tan británicos que se inspiró deliberadamente en The Kinks. En la valoración coral que hicimos en JENESAISPOP de la discografía del Blur, también fue elegido como el mejor de su carrera.

Y el detonante de la explosión fue ‘Girls and Boys’: se convirtió en el primer top 5 del grupo –no llegó, en cambio, al top 1, que sí alcanzarían después ‘Country House’ y ‘Beetlebum’– y desató el furor por el grupo en todo el mundo, convirtiéndose en el punto álgido en las noches de los clubs de indiepop de nuestro país, sin ir más lejos, que muchos bailamos hasta la náusea (literal) no ya durante aquel año, sino diría que durante todo el lustro siguiente, hasta el cambio de milenio. Y es que la fórmula es tan simple como explosiva: como resumiría el propio Alex James en la biografía del grupo escrita por Martin Power, ‘The Life of Blur’, la canción se compone de “batería disco [Nde: para oprobio de Dave Rowntree, ejecutada originalmente por una caja de ritmos], guitarras sucias [Nde: especial mención para ese reconocible efecto «flanger», imitando el despegue de un avión con destino Palma de Mallorca, que aplica Graham Coxon] y un bajo de Duran Duran”.

Todo coronado por ese estribillo-trabalenguas que todos (creo) hemos conseguido aprendernos con el tiempo, que denota una suerte de visión sobre el sexo libre (que hoy podríamos entender como una predicción de cómo entienden hoy la sexualidad las nuevas generaciones). Un tratado sobre la promiscuidad que, de manera hilarante, alguien tuvo la ocurrencia de recoger en este gráfico, en el que la conclusión final es esa que siempre te dijo tu mamá: «que siempre sea con alguien a quien ames de verdad». En suma, un cóctel de apariencia facilona pero terriblemente infecciosa que hoy sigue funcionando como el primer día. No en vano nunca ha desaparecido de los setlists del grupo –tampoco en la gira de su último disco de estudio ‘The Magic Whip’ (2015)–, siendo aún el momento álgido de sus shows recientes, con permiso de ‘Song 2’.

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