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‘Los muertos no mueren’: un Jarmusch menor pero entrañable

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‘Los muertos no mueren’: un Jarmusch menor pero entrañable

Jim Jarmusch fue uno de los pioneros en el auge del cine independiente americano a principios de los años 80, y desde entonces no ha dejado de hacer un cine absolutamente personal y de lo más ecléctico. Desde road movies a dramas íntimos sobre vidas mundanas, pasando por historias sobre vampiros románticos a westerns. Ahora es el turno de los zombis. El Festival de Cannes siempre ha protegido su obra apoyándole e impulsándole desde sus inicios, y por ello, que ‘Los muertos no mueren’ fuese la película que inauguró este año el Festival no supuso ninguna sorpresa, incluso tratándose de una cinta menor en su filmografía.

Ambientada en la localidad ficticia de Centerville, la policía descubre que los acontecimientos extraños que están sucediendo son causa de una epidemia zombi que amenaza con invadir el pueblo por completo. Bajo esta premisa, Jarmusch intenta aplicarlo al mundo en que vivimos criticando a una sociedad en la que cada vez todo está más automatizado y donde la tecnología está, en parte, apoderándose de nuestras vidas. Pero aunque las intenciones de meter este subtexto sean las de dotar a la película de más empaque, lo cierto es que, por su obviedad, acaba resultando la parte menos interesante.

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Lo más valioso de ‘Los muertos no mueren’ es su entregado reparto. El director se ha juntado mayoritariamente con amigos que ya han colaborado con él a lo largo de su trayectoria, como Bill Murray, Tilda Swinton, Adam Driver, Iggy Pop o Tom Waits, y tienen pinta de habérselo pasado en grande rodándola. La energía positiva que transmiten trabajando juntos es contagiosa al otro lado de la pantalla. Se nota que los actores confían plenamente en el divertido texto de Jarmusch -plagado de autorreferencias, guiños meta ficcionales y repeticiones-, recitando cada línea de diálogo con verdadera gracia, incluso cuando el tercer acto es un absoluto delirio, que poco tiene que aportar a lo demás. Todo el reparto brilla, especialmente unas Chloë Sevigny (en su primera colaboración con el director) y Tilda Swinton (poniendo acento escocés) graciosísimas. También Selena Gomez en un papel más discreto está muy convincente.

A pesar de ser una autoconsciente gamberrada, no es el típico entretenimiento fácil. ‘Los muertos no mueren’ sigue siendo tan de autor como cualquier otra de sus obras. Su ritmo pausado y esos diálogos tan marcianos pueden espantar a ese espectador despistado que no sepa muy bien lo que va a ver. Aunque si entras en su particular sentido del humor, probablemente pases un rato agradable. No es una gran película, y parece que tampoco pretende serlo, pero supone un bienvenido soplo de aire fresco en la cartelera veraniega pasar un tiempo con estos entrañables personajes al ritmo de Sturgill Simpson. 6.

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