Sufjan Stevens / Seven Swans

Por | 23 Sep 20, 21:06

Ensombrecidos por su obra maestra ‘Sufjan Stevens Invites You To: Come On Feel the ILLINOISE‘ (2005), los cuatro álbumes anteriores de Sufjan Stevens a veces dan la sensación de no existir. Sin embargo, y teniendo en cuenta la longitud de «Illinoise», y el detalle de la historia del estado de Illinois que oculta, todavía ‘Seven Swans’ (2004) es una buena manera de acercarte a este artista. Quizá incluso la mejor. Sobre todo si nunca has reparado en su discografía o si te da igual cuáles sean sus mejores discos, y lo que necesites saber es cuál es el más accesible. Sin ser un álbum de pop, ‘Seven Swans’ puede ser una respuesta por su concisión, por la resplandeciente belleza de un par de sus canciones, y a su vez por el antecedente clarísimo que es de ‘Illinoise’ en más de un sentido. Mucho se habla de que existió un disco de Sufjan Stevens dedicado a un estado, el de ‘Michigan’ (2003), antes de ‘Illinoise’, pero poco de cómo ‘Seven Swans’ también estaba relacionado en su grado de documentación o incluso musicalmente.

Antes de que llegaran ‘Carrie & Lowell‘, el complejo ‘The Age of Adz’, la banda sonora de ‘Call Me By Your Name‘ y otros hitos como el cabreo de Tonya Harding (poca broma), ‘Seven Swans’ contenía las que podían ser las dos canciones de Sufjan Stevens más importantes hasta aquella fecha: ‘To Be Alone With You’ y la propia ‘Seven Swans’.

La primera es una de sus pistas más populares, una de esas canciones de este disco en las que, como apuntaba nuestra compañera Mireia Pería hace unos años, no sabes si Stevens está hablando de su amor por Jesucristo o por otra persona. De sacrificio o placer. «Nunca he conocido a un hombre que me quiera», era la última frase de este tema que deja muy claro qué vio Luca Guadagnino en Sufjan. Son 3 minutos de sobria canción de hoguera en la escuela de Nick Drake, lo que nos lleva a la canción titular del álbum y a este ensayo de «teología y cultura» en el que el autor Andy Barnes vinculaba ‘Pink Moon’ de Nick Drake y ‘Seven Swans’, pese a estar separados por más de 30 años, por su relación con el apocalipsis.

El número 7 es por excelencia el número bíblico y religioso, y esta persona notaba que Sufjan se dispone a repetir la frase «Cause He is the Lord» 7 veces, «pero cuando llega la 5ª, nota que no puede más y empieza a incorporar el coro «seven swans, seven swans, seven swans», presentando «al juez y al destructor a un lado y a los 7 cisnes y al creador en el otro, complementándose, pues el terror se complica con la belleza y la belleza se complica con el terror».

La composición está sostenida por un banjo rasgueado, al que se van incorporando un piano y los coros de Megan Smith acariciando muy en segundo plano, hasta que se despliega el clímax del minuto y medio final, con el citado contraste en tono de los dos coros: el angelical y el turbio. Si los 6 minutos de ‘Seven Swans’ se hacen cortos, lo mismo podemos decir de los 6 minutos de ‘Sister’, que no son precisamente una travesía por el desierto. La canción está dividida en dos mitades, y es la primera e instrumental la más excitante, un viaje en el que la brisa probablemente remita a algún recuerdo infantil, pues esta es una composición efectivamente dedicada a una de sus hermanas. Una cometa, un sombrero, una referencia a una cicatriz están entre los recuerdos citados que cualquiera podemos entender.

‘The Transfiguration’ juega con el pop de cámara, el folk anglosajón británico de los últimos años 60 y el punto teatral de Anthony Newley que tan importante fue para el primer y desconocido David Bowie. La canción ni más ni menos que avanza la melodía de ‘Chicago’, la gran obra maestra de Sufjan Stevens, que saldría un año después. En sintonía con el final de los citados 60 en ocasiones emergen unos teclados psicodélicos, como en ‘We Won’t Need Legs to Stand’, en ‘A Good Man Is Hard to Find’, que se pone en la boca de un asesino inspirada por ‘Un hombre bueno no es fácil de encontrar’ de la escritora Flannery O’Connor, o la menos interesante ‘He Woke Me Up Again’.

Las referencias bíblicas son en cambio las más habituales, de manera tan evidente como en el sobrio corte llamado tan sólo ‘Abraham’ o en la primera pista, ‘All the Trees of the Field Clap Their Hands’, en cita a un pasaje del libro de Isaías en el que se nos habla de música. «Porque con alegría saldréis, y con paz seréis vueltos; los montes y los collados levantarán canción delante de vosotros, y todos los árboles del campo darán palmadas de aplauso» decía el texto bíblico, logrando esta composición absolutamente celestial servirle de muy digno homenaje: hasta el ateo sucumbe ante su enorme belleza formal. ¿Todo un bosque al ritmo de una canción de Sufjan Stevens? Sí, por favor.

Belleza que aparece expuesta de manera sencilla en canciones como ‘The Dress Looks Nice on You’ o la susurrada ‘Size too Small’, esta última sobre una vieja amiga, una boda y alguien que no cabe en un esmoquin demasiado pequeño; y de manera más rica en ‘In the Devil’s Territory’, otra de las canciones clave de la era pre-‘Illinoise’. Sobre una secuencia de dos inquietos acordes que parecen huir en zigzag, Sufjan nos habla de «dragones» y «brujas», mientras el estribillo representa la liberación, la señal de que podemos derrotar a todas esas «bestias». «No tengo miedo a morir con tal de verte, encontrarte, verte al fin», canta triunfal mientras algo parecido a un theremin y el crescendo nos elevan. A él, su fe. A nosotros, su música.

Clasificación: 8,5/10
Lo mejor: ‘Seven Swans’, ‘To Be Alone With You’, ‘In the Devil’s Territory’, ‘Sister’, ‘All the Trees of the Field Will Clap Their Hands’
Te gustará si te gusta: Nick Drake, Elliott Smith, Arthur Russell
Youtube: ‘To Be Alone with You’

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