Woody Allen rinde homenaje a los clásicos del cine de autor en ‘Rifkin’s Festival’

Por | 30 Sep 20, 23:59

En una escena de ‘Rifkin’s Festival’, la nueva de Woody Allen que se estrena este viernes, vemos a su nuevo alter ego -interpretado aquí por Wallace Shawn- hablar sin que ni su esposa ni su supuesto fan le escuchen en absoluto. Casi parece una metáfora de la deriva del director al que Amazon cancelaba un contrato el año pasado y que ha tenido dificultades para ver publicada su ‘Autobiografía’, al reavivarse las acusaciones de abusos que recibió en los años 90 de su hija adoptiva Dylan Farrow. ¿Está dispuesto el mundo a ver, a escuchar, lo nuevo de Woody Allen o incluso sus seguidores han decidido «cancelarle» como Stella Donelly?

Su alter ego es, como es habitual, un ex profesor que trata de acabar una novela que nunca termina de llegar. En un viaje al Festival de Cine de San Sebastián al que acude con su esposa (Gina Gershon), que presenta una película junto al joven y guapo director de moda (Louis Garrel), se desencadena el típico conflicto de celos y traiciones que conocemos y hasta cierto punto esperamos de Woody Allen. Cae la baba cada vez que aparece en pantalla Elena Anaya en esta comedia que tiene sus más y sus menos.

No está realmente muy conseguida la carcajada en las escenas de celos: el enredo no es tal, no llega a haber tensión alguna, ni mucho menos cuando aparece Sergi López, y el jaleo en Spanglish recuerda demasiado al ya oído en ‘Vicky Cristina Barcelona‘. La buena noticia es que el pasado verano Woody Allen no se trasladó a Donosti únicamente para buscar bonitas postales de la playa de la Concha, como antes había hecho con Roma, entre otros lugares. El director ha aprovechado el contexto del festival de la ciudad -que la cinta inauguraba hace unos días- para hacer una crítica del esnobismo y la pedantería, cameos incluidos. Aquí hay una reflexión sobre la deriva de los festivales de cine, una crítica a los a veces vacuos directores de moda, y otra a la obsesión con forzar los guiones a lo político cuando puede que no haya nada de trasfondo que decir.

Allen pone los puntos sobre las íes no solo mediante el guión sino mediante un tratado estético que permite diferenciar ‘Rifkin’s Festival’ de otras películas en esta vorágine que tiene, o tenía, de sacar una cada año. Como ‘Midnight in Paris‘, esta logra ofrecer algo más: homenajes en blanco y negro al cine de Ingmar Bergman (‘Persona’, ‘El séptimo sello’), François Truffaut (‘Jules et Jim’) y Orson Welles (‘Ciudadano Kane’), entre otros. Ahí sí aparece toda la vis cómica que en este caso falta en la «realidad» de estos personajes que a veces -sí, muy bien traído- presentan el carisma de un dibujo animado hecho por Jordi Labanda.

‘Rifkin’s Festival’ es por tanto un homenaje al cine de Woody Allen, muy especialmente al cine de autor europeo por su riesgo, al que hay que agradecer que ocupe además el lugar justo dentro del metraje. Las oníricas escenas inspiradas en clásicos del cine pueden ser lo mejor de la cinta, pero ocupan un adecuado puesto secundario: nunca entorpecen el cometido de lo que es ante todo una de sus típicas películas ligeras. 6,5.

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