Joe Crepúsculo se va a un hangar a bailar el fin del mundo

Por | 11 Nov 20, 12:51

Supercrepus II‘ de Joe Crepúsculo es uno de los discos destacados del año y, por lo tanto, uno de los mejores en la carrera de este incansable artista que sigue sin conocer artísticamente techo alguno.

En este trabajo de 18 pistas que iban a ser 20 en un principio despuntan el jangle-pop de ‘Discoteca en ruinas’, el rock nuevaolero de ‘Hoy no sale el sol‘, la experimentación de ‘Comiendo shawarmas’ o la rumba castellanizada de Roxette (‘No sé si es amor‘ con Tomasito), pero también merece destacar la primera de todas por mucho que después quede camino por recorrer en el disco. ‘Calaveras negras’ es, por estilo, parecida a ‘Hoy no sale el sol’, recuerda especialmente al sonido de Gabinete Caligari hasta el punto de que el propio Crepus suena un poco como Jaime Urrutia aunque no haya sido en absoluto intencionado, y, en cualquier caso, es un temazo de pop-rock apocalíptico que triunfará en los conciertos de presentación del álbum que Crepus ofrecerá, si todo va bien, a finales de este mes de noviembre.

En una entrevista reciente, Crepus nos ha contado que es un gran aficionado a la ciencia ficción, y la historia de ‘Calaveras negras’ transcurre en un mundo en guerra en el que una sociedad de robots se dispone a destruir a toda la humanidad. «‘Calaveras negras’ antes se llamaba ‘Terminator II’ porque habla de un momento en el que la humanidad está luchando contra los robots y va perdiendo», explicaba el artista. «En la canción, la humanidad lleva mucho tiempo en guerra y está a punto de desaparecer. Entonces, en un día de luna llena, los humanos deciden hacer una fiesta, y durante esta fiesta aparecen unos drones que empiezan a atacar (a la población). El protagonista solo quiere salir de fiesta y en lo único en que está pensando es en besar a una chica. Podría decirse que la canción habla de amor, pero lo importante en este caso es el escenario».

De sonido ultra clásico situado en el pop-rock new-wave de los 80, con ese ritmo de batería bailable y esos punteos de guitarra tan Blondie, ‘Calaveras negras’ nos lleva directamente a una fiesta que transcurre dentro de un hangar, ese lugar dentro de los aeródromos donde se guardan y mantienen aeronaves de grandes dimensiones. Un escenario industrial que cobija a Crepus y a todos los presentes de la guerra que acontece ahí afuera. A medida que la canción avanza, también lo hacen los robots en la historia hasta el punto de que el «fuego» de sus armas «empieza a quemar». Así, una declaración como «los robots se acercan, no sé si quieren bailar, todo el mundo se dispersa, la alarma empieza a vibrar» llega a producir escalofríos por lo inminente de ese final trágico que Crepus conocerá bailando, entregado a la música… y en busca de ese beso.

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