Oneohtrix Point Never esconde en el final de su disco una de sus mejores baladas

Por | 30 Dic 20, 11:35

Oneohtrix Point Never ha publicado este año un disco que no ha vuelto a ser uno de los mejores de su carrera. ‘Magic Oneohtrix Point Never‘ pretende ser un repaso a los sonidos que ha explorado Daniel Lopatin a lo largo de su trayectoria, un retrato de lo mucho que «ha evolucionado» a lo largo de los años desde que dejara a su público absolutamente embobado con las producciones basadas en el sample de discos como ‘Replica‘ o ‘R Plus Seven‘. Sin embargo, especialmente las incursiones de ‘Magic Oneohtrix Point Never’ en el pop no dejan demasiada huella ni siquiera cuando cuentan con músicos invitados del tamaño de The Weeknd.

Sin que a nadie le pueda sorprender demasiado, las mejores canciones de ‘Magic Oneohtrix Point Never’ vuelven a ser las más abstractas, las que suenan menos absorbidas por esa necesidad de crecer comercialmente que Daniel Lopatin ha satisfecho en los últimos tiempos con sus diversos pasos en el mundo de la banda sonora. Como ya sucedía en ‘Age Of‘, vale la pena adentrarse en el universo de ‘Magic Oneohtrix Point Never’ solo para descubrir las diversas gemas que esconde su secuencia hasta llegar literalmente al final de la misma.

‘Nothing’s Special’, la última pista de ‘Magic Oneohtrix Point Never’, la número 17 nada menos, puede ser una de las mejores canciones jamás grabadas por Lopatin. Es una balada de formas abstractas, pero una balada al fin y al cabo, con cara y ojos, que pasará desapercibida por el público generalista pero que merecería una aparición en cualquier banda sonora en la que Lopatin trabaje próximamente. ¿No pegaría por aquí su amiga Rosalía? ‘Nothing’s Special’ es otra producción del músico estadounidense que suena como surgida en el final de los tiempos, una vez la tormenta del apocalipsis ha pasado. Podría haber sonado en la escena final de ‘Blade Runner‘.

El universo sonoro que propone ‘Nothing’s Special’ dibuja una especie de balada pop clásica erosionada por el tiempo. Las capas ambientales provocan intriga y desolación y las texturas digitales corrompidas se comen la voz por momentos. «No me molesta que el viento y la lluvia lleguen a la orilla, no me confunde que la luna y las estrellas se tornen frías y ya no vuelvan a ser oscuras nunca más», canta Lopatin en la canción como si fuera el espectro de un «crooner» que vaga por los vestigios de una ciudad futura ya desierta debido a la extinción de los seres humanos. «Ya nada me sorprende, pero me sigue sorprendiendo lo especial que se vuelven las cosas cuando te las quedas mirando», reflexiona. Más adelante se incorpora el sonido de un clavicordio y una voz femenina transmite el mensaje «creo que esto es todo». Lopatin entonces parece desenchufar la música para dejarnos flotando en la infinidad del espacio.

En Apple Music, Lopatin ha explicado el concepto de ‘Nothing’s Special’, desvelando lo engañoso de su título: «Ha sido un año muy duro para todo el mundo. Algo que me suele dar esperanza cuando estoy deprimido es darme cuenta de que me he convertido en una persona sin ilusión. Y lo que me puede devolver esa ilusión, como diría Philip K. Dick, es aprender a apreciar que todo es divino de alguna manera, que todo es interesante, incluso el ruido blanco que suena cuando pasas de una estación de radio a otra. Quería que el álbum terminara con un espíritu de esperanza, y esta es la razón por la que ‘Nothing’s Special’ llega a su cumbre cuando la letra expresa algo así como que no importa lo desolador que parezca el futuro porque sigo siendo de capaz de ilusionarme con las cosas más mundanas».

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