‘Everybody else is doing it, so why can’t we?’ (1993): Mucha gente en España aún cree que el primer disco de los Cranberries es el de ‘Zombie’, pero si hay una razón para adorar al grupo es este primer disco, ‘Everybody else is doing it so why can’t we?’, prácticamente conceptual, sobre el rechazo, la soledad y la decepción de descubrir lo cruel que es el mundo y que el amor duele. Ideal para adolescentes, las canciones van de la esperanza de ‘Dreams’ a la desesperanza de ‘Linger’, una canción que según Dolores resume lo que se siente «besando a un soldado», pero que en realidad habla sobre una de las situaciones más dolorosas de una relación, ese punto en que es obvio que las cosas no van a seguir adelante pero te niegas a admitirlo. ‘Not sorry’, ‘Sunday’, ‘Put me down’, ‘I will always’ y casi cada una de las canciones suenan frágiles y bucólicas, entre las guitarras a lo Johnny Marr (Stephen Street les produjo) y las oscuras tormentas irlandesas. 9.
‘No need to argue’ (1994): Con ‘Zombie’, la paradoja. Por un lado, sería una de las canciones más exitosas compuestas en exclusiva por una mujer de la historia. Por otro, el modo naïf de tratar el terrorismo provocaría todo tipo de ridiculizaciones. Por un lado, el trallazo grunge que nadie esperaba teniendo en cuenta lo «blando» que sonaba el primer disco, podía parecer oportunista. Por otro, el giro de sonido no dejaba de significar un riesgo. Pero más allá de ‘Zombie’, que en este momento no sé si me gusta o la odio, ‘No need to argue’ es una obra maestra de las grandes pasiones. De esas otras 12 canciones que completan el disco, 8 ni siquiera tienen un estribillo definido. Se limitan a desarrollar la decepción y la sensación de vacío iniciadas en el primer disco. ‘Everything I said’ habla del miedo a morir solo, ’21’ sobre el miedo a crecer, ‘Disappointment’ sobre el miedo a partir de cero. ‘Empty’, con una orquestación perfecta, sobre el dolor en sí. De fondo, se adivina un paralelismo con el poeta William Yeats, de quien se recita un poema en una de las canciones. 10.
‘To the faithful departed’ (1996): El disco es la consecuencia de vender 20 millones de copias con 22 años y no tener un productor ni un mánager que te diga lo que tienes que hacer con tu carrera. Odio a la fama, miedo a la muerte (ciertamente estilo Imperio) y rock de carretera (no se les ocurrió otra que contar con el productor de Aerosmith, que en paz descanse, para el disco) conforman la primera de las grandes decepciones del grupo. Hay temas que no suenan a casi nada que tenga por casa (‘Will you remember’, ‘Electric Blue’, ‘Forever yellow skies’), pero el buen gusto cede lugar a una Dolores histérica que, como no sabe cómo comportarse en la vida, grita y lo recarga todo con arreglos grandilocuentes (coros de niño, cajas de música, tambores militares). Melódicamente y a pesar de los bombardeos tan subyugantes como obvios sobre las drogas, JFK, Kurt Cobain, Rusia, Sarajevo, Vietnam y 1000 cosas más, ‘Salvation’, ‘When you’re gone’ y ‘I’m still remembering’ no están mal. Está cantado (con gorgoritos) que Dolores no puede más y se retira por tiempo indefinido, entre rumores de anorexia. Años después reconocería que en esta época sólo ingería café, alcohol y cigarrillos. 5.
‘Bury the hatchet’ (1999): Siguiendo la vena «uncool» que siempre ha rodeado al grupo, la felicidad de ser madre devuelve a Dolores las ganas de componer. A pesar de la ausencia de un productor con un poco de mano (‘Promises’ por ejemplo gana mucho en directo), ‘Bury the hatchet’ alterna los sonidos pop y rock del grupo con bastante acierto, mientras que las letras parecen al fin algo más elaboradas. De todas las canciones me quedo con 2, la folkie y alegre ‘What’s on my mind?’ y la sobrecogedora ‘Shattered’. La expresividad celosa de Delilah («Te voy a partir la cara»), la ridiculización cervecera de ‘Desperate Andy’ y radioformulera de ‘Copycat’ son perfectas como relleno. 7.
‘Wake up and smell the coffee’ (2001): A pesar del éxito masivo de ‘Bury the hatchet’ en gran parte de Europa, el disco resultó un fracaso rotundo en UK y Estados Unidos. No se sabe si desesperados por recuperarse o aburridos de sí mismos, el grupo calca ‘Dreams’ en ‘Analyse’ y ‘Zombie’ en ‘This is the day’. Por supuesto les sale mal y ‘Wake up and smell the coffee’ supone el hundimiento definitivo. Hay algún coqueteo electrónico (‘Wake up’, ‘The Concept’) pero sólo a modo de coitus interruptus. De nuevo las mejores canciones se encuentran en sus momentos más inofensivos, ‘Every morning’, ‘Do you know’ y ‘Carry on’. En general, el eterno «más de lo mismo pero peor». 5.
‘Mono Band’ (2005): El disco del guitarrista de los Cranberries en solitario, publicado bajo el nombre ‘Mono band’, no es la bomba porque tiene experimentaciones a lo ascensor como el single ‘Brighter sky’, pero hay temas que fueron una sorpresa. ‘Waves’ y ‘Release’ son sencillamente adorables. ‘Hollow man’, una mezcla entre folk electrónico y folk a lo Doves, o ‘Why’, cuyos sintes ciertamente pertenecen a Radiohead, funcionan también. Hay momentos rock un poco chuscos, como ‘Run wild’, pero queda bastante rastro de esa persona que, obsesionada con el pop independiente inglés de los 80, construyó los acordes de temazos como ‘Linger’ o ‘Dreams’. La que más puede recordar a aquella Dolores inicial que cantaba a lo Liz Fraser es ‘Crazy’, una canción sobre dos ex-amantes que se reencuentran y quedan encerrados en un ascensor, para escuchar en repeat. 6.
‘Are you listening?’ (2007): Todo la maestría con que los Cranberries construían melodías buenísimas y canciones tiernas y preciosas se las tuvo que ver con un gusto bastante espantoso al sobrexplotar la voz de su cantante y una vagancia total para componer letras, que siempre terminaban rimando «cry» con «die». El primer disco en solitario de Dolores O’Riordan, ‘Are you listening’, que se publica en mayo en una compañía independiente, Sanctuary, PIAS en España, tiene los mismos defectos y virtudes de siempre.
Lo bueno es que Dolores se ha preocupado de rodearse de productores un poco más modernos (Dan Brodbeck, Youth, Richard Chycki), que a veces introducen pequeños guiños electrónicos y excitantes (‘Ordinary day’, ‘Black widow’). Lo malo es su empeño en acercarse a derroteros semimetaleros y semigóticos (la misma ‘Black widow’, la infame ‘In the garden’). Ella es muy fan de Metallica pero por alguna extraña razón termina sonando más a Evanescence. Esos estribillos que irrumpen, tan agresivos, en medio de ‘Stay with me’ o ‘Angel fire’, no convencen, mientras que su acercamiento a la música irlandesa en ‘Human spirit’ después de lo verdes que puso a los Corrs, no tiene nombre. Para mayor desgracia, las letras de esta mujer, a sus 36 años, entre mensajes «carpe diem» más vistos que el TBO y clichés de todo tipo, no terminan de madurar.
¿Nos quedamos con lo bueno en honor al adolescente que todos llevamos dentro? ‘When we were young’ es uno de esos himnos tremendamente pegajosos que no te puedes sacar de la cabeza ni aunque te lo propongas in every possible way, y que ya quisieran Alanis o La Oreja para sí. ‘October’, a lo Coldplay, (nunca entenderé por qué este grupo sí y los Cranberries no) simplemente pone todos los pelos de punta. ‘Loser’ tiene un pequeño aire Morrissey prepotente, triunfal-chincha-rabia que me encanta. ‘Ordinary day’, como single, define «grower». ¿Nos queda la sensación de que con lo mejor del disco en solitario del guitarrista de Cranberries (ver más abajo) y Dolores habría salido el tercer mejor disco de la historia de los Cranberries? 6.
Nota: Este artículo fue escrito en 2007. Posteriormente, la banda publicaba ‘Roses‘ y ‘Something Else‘. Tras la muerte de Dolores O’Riordan, publicábamos un artículo sobre las 40 mejores canciones de Cranberries y Dolores.



El último libro de la escritora belga Amélie Nothomb (de la que ya reseñamos, en su día, 
The Gothic Archies es otro de los muchos proyectos que tiene ese tío pequeño y con tan mala leche, al que al menos un 50% de JNSP admira, y que se llama Stephin Merritt. Merritt es amigo de Daniel Handler, un pavo que tocó el acordeón en ’69 Love Songs’ pero que además está forradísimo porque es el escritor de la serie ‘A Series Of Unfortunate Events’ bajo el pseudónimo de 












El nuevo disco de Yoko Ono que está en boca de todos, ahora con el apodo de una empresa de telecomunicaciones, Ono, parece un disco de colaboraciones pero no lo es. Artistas alternativos, modernos y modernuquis han sido invitados a reinventar algunas de las canciones de la mujer de John Lennon, pero al contrario que, por ejemplo, el disco de duetos que publicó Jane Birkin hace un par de años, en este caso los grupos se han limitado, principalmente, a coger la pista vocal original (los Flaming Lips ni eso) y han rehecho las canciones. Vamos, que el simpático ‘Yes I’m a witch’ es en realidad un disco de remixes.
Como una corriente eléctrica que ilumina la vida de sus personajes y el pegamento que los une, el sexo es el eje central de esta curiosa película, ‘Shortbus’, la segunda de John Cameron Mitchell, a quien recordamos por la celebrada ‘Hedwig and the angry inch’. 
Qué alegría que ‘Out of the Woods’ nos devuelva a una Tracey Thorn espléndida que no veíamos desde hace más de 10 años. Everything but the girl no es uno de esos grupos más que pasa desapercibido. Durante dos décadas se ha distinguido por hacer canciones emotivas y personales (maritales), bien acercándose a la bossa o al folk, bien al trip-hop o al mejor dance. Este segundo disco en solitario de su cantante tiene un poco de cada cosa, y es bastante superior a ‘Temperamental’, el último de la pareja inglesa, que además hace ya 8 años que salió.






Hace dos años, recibíamos la triste noticia de la separación de Mercromina. La gira de reencuentro de Surfin’ Bichos atenuó un pesar al que se sumaba también el final de Chucho. Pero, ya por entonces, intuíamos que ni Joaquín Pascual ni Fernando Alfaro se quedarían en casa con los brazos cruzados. La música corre por sus venas. 
Un asistente que prefiere mantenerse en el anonimato, bailando Dover.