Los Estanques combinan a Otis Redding y Deep Purple en la frenética ‘La aguja’

Por | 13 Jul 20, 14:08

Este próximo viernes, 17 de julio, se publica ‘IV’ –que sí, es su cuarto disco, pero no se lee «cuatro» sino literalmente «iv»– de Los Estanques. Un disco que, tras el excelente ‘Los Estanques‘ y su exitosa gira de presentación, llega con mucho más hype que aquel. Máxime cuando se sabe que es un disco que estaba listo para publicar cuando, al salir de un bolo, algún desalmado sustrajo a Íñigo Bregel el ordenador portátil en el que tenía ese (y mucho más) material listo para publicar. Lejos de venirse abajo, el joven artista cántabro se rehizo y decidió volver a grabar cada una de sus canciones tal y como las recordaba, o, en algún caso, modificando sus arreglos. Así nos lo ha detallado en una entrevista que publicaremos en los próximos días coincidiendo con la salida del álbum que es, además, nuestro Disco de la Semana.

‘IV’ («i» + «v», recuerdo) es un disco singular por otras cuestiones, además: se trata de lo que podríamos denominar como un álbum conceptual que desarrolla un personaje en cada canción –a razón de sus 12 cortes–, convergiendo todos juntos en el último tema, explícitamente titulado ‘Reunión’. Personajes que conforman un universo particular, que no es otro que el que descubrió Bregel en su barrio al llegar a Madrid y que, por tanto, pueden resultar familiares a muchos. Uno de esos personajes que ya conocemos es el de «el fiestero de pura cepa», que protagoniza ‘La aguja’, segundo adelanto del disco (tras la sugerente ‘Flor de limón‘) presentado hace unas semanas y que es nuestra Canción del Día.

Una canción realmente espectacular desde su mismo comienzo, con ese Hammond acompañando a unos coros típicamente soul –irresistibles desde el primer compás– propulsados a un ritmo frenético por una base muy cañera, próxima al hard rock que, citando a Otis Redding y Deep Purple como referentes (aunque en realidad conecta con proyectos más cercanos en el tiempo como The Lemon Twigs), lleva su pop psicodélico progresivo a una nueva cima y un nuevo gancho (ese «voy a ver si enebro, si enebro la aguja»). En la descripción del tema, Íñigo revela que «la canción viaja por senderos viciosos y nocturnos. Senderos que la misma noche nos incita a seguir», en compañía de «un sujeto sin nombre, un varón cuyo rasgo más característico es la dedicación e implicación que nos muestra por esos momentos de lujuria y desenfreno típicos de la vida nocturna, en este caso, madrileña». Su clip, bastante apañadete para haber sido filmado en confinamiento, retrata en imágenes los devaneos tóxicos del personajillo en cuestión.

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