Bright Eyes / Down in the Weeds, Where the World Once Was

Por | 26 Ago 20, 18:00

Todo el mundo daba por hecho que, aunque nunca lo manifestaron abiertamente y hayan mantenido su amistad todo este tiempo (de hecho, Conor Oberst y Mike Mogis siguen siendo vecinos en su natal Omaha), ‘The People’s Key‘ era el último disco de Bright Eyes. No hubo declaraciones grandilocuentes que buscaran la complicidad con la robusta base de fans que construyeron, en los márgenes de lo underground y lo comercial, en el extraño panorama musical del cambio de siglo. Simplemente cada uno siguió su camino: Oberst, con sus numerosos discos solo o en compañía de otros (Monsters Of Folk, Better Oblivion Community Center); Mogis, con sus producciones para First Aid Kit o el Dev Hynes pre-Blood Orange, y sus bandas sonoras de películas indies con Nate Walcott, la tercera pata del trío. Y, casi con la misma tranquilidad y ausencia de dramatismo, ahora, cuando cumplen 25 años como banda, vuelven sin más y publican un nuevo disco.

A los tres les iba bien –especialmente a Oberst– como estaban, así que ¿por qué volver? Conor confiesa que fue una especie de ataque de nostalgia, instigado por varias cosas diferentes: la situación de confusión, miedo y desapego de su país por la era Trump, fue una; la separación de su ya ex-mujer, Corina Figueroa Escamilla, tras siete años de matrimonio, la otra; y la tercera fue la muerte de su hermano Matthew en 2016 (tenía 42 años) debida a una ingesta excesiva de alcohol. Todo el disco está dedicado a él, y simboliza la salida de una etapa personal muy difícil para Oberst (plasmado en el tándem ‘Ruminations‘/’Salutations‘)en la que el primer paso fue su disco del año pasado con Phoebe Bridgers. Su búsqueda de cosas más sencillas le llevó a reunirse con Mike y Nate para grabar un nuevo disco… aunque confiesa que su acuerdo con Dead Oceans incluye otro más, por lo que este tampoco será el último de Bright Eyes.

Esa nostalgia del pasado se traduce musicalmente en ‘Down in the Weeds, Where the World Once Was’, este nuevo disco, como un recorrido por las múltiples facetas de Bright Eyes a lo largo de los años. La psicodelia de ‘The People’s Key’, la tradición orquestada de ‘Cassadaga‘ (2007), la electrónica expansiva de ‘Digital Ash in a Digital Urn’ (2005), el folk setentero de ‘I’m Wide Awake, It’s Morning’ (2005), la imprevisibilidad entre lo íntimo y lo iracundo de ‘Fevers and Mirrors’ (2000)… todo ello tiene su cuota de protagonismo en el décimo disco de estudio del trío. Pero, en este caso, esas facetas fluyen sin barreras entre sí. En ese sentido, sorprende encontrar que el disco con el que mayor conexión presenta ‘Down in the Weeds, Where the World Once Was’ es el extraño y a la vez complaciente ‘LIFTED Or the Story Is in the Soil, Keep Your Ear to the Ground’ (2002).

‘Down in the Weeds, Where the World Once Was’ parte –como ocurría en aquel disco con ‘The Big Picture’– con un punto insólito, sorprendente. En este caso, una intro lisérgica –y no es un decir: la canción contiene un diálogo entre Corina y la madre de Conor, ambas puestas de setas– titulada ‘Pageturners Rag’: presentada en español por su ex, introduce la actuación de un grupo llamado Your Most Vivid Nightmares («Tus más vívidas pesadillas») y, entre pianos jazzísticos, supone un homenaje al bar de música en directo que Conor co-fundó en Omaha y que la Covid-19 se ha llevado también por delante. A partir de ahí, la cosa se pone seria con ‘Dance and Sing’, una canción de folk rock marca de la casa Oberst que, entre preciosos y envolventes arreglos de cuerda (la parcela de Walcott), banjos, épicos coros fantasmales (Jesca Hoop es una de las voces más recurrentes) y truquitos tecnológicos varios (cosa de Mogis), alude a la asunción de la pérdida y de que, ante la crueldad de la vida, «todo lo que se puede hacer es bailar. Y cantar».

Salvo casos muy puntuales –la coqueta indietrónica de ‘Pan and Broom’ –cuya melodía, de forma insospechada, evoca por momentos a la de ‘Yo no te pido la luna’– y el minimalismo pianístico de la esquiva ‘Hot Car in the Sun’–, esa es la constante estilística de un álbum que tiende a lo compacto en lo sonoro, una homogeneidad en la que tiene lo suyo que ver el hecho de que hayan ejercido como base rítmica en la grabación del álbum nada menos que Flea (sorpresa: la conexión está en que Walcott es músico para Red Hot Chili Peppers en sus giras) y Jon Theodore (batería de Queens Of The Stone Age). Su contundencia sobresale en unos cuantos momentos, como ese puente desbocado, entre metales, de ‘Mariana Trench’. Apenas se desmarcan de esa línea y, así las cosas, apuestan todo a la inspiración de Conor.

Por momentos se impone la espectacularidad formal a la capacidad para emocionar: ‘Forced Convalescence’, ‘Just Once in the World’ o ‘Comet Song’, siendo objetivamente buenas canciones, no son particularmente memorables, llevándose la palma el crucial opus ‘To Death’s Heart (In Three Parts)’: lo sublime y el arqueo de cejas se suceden por segundos, si bien congela la referencia a los atentados de París de 2015 («Hay cuerpos en Bataclan y música en el aire»). Pero en general Oberst, sin duda uno de los autores más personales y dotados de su generación, vuelve a dar muestras de su talento con canciones tan inapelables como ‘One and Done‘, ‘Stairwell Song’, ‘Persona Non Grata‘ (pocas veces uno se había alegrado tanto de escuchar gaitas en una canción) o la maravillosa ‘Calais to Dover’, una canción de esas que ponen un nudo en la garganta. El regreso de Bright Eyes les muestra imaginativos y en buena forma, y, como ha sucedido con la mayor parte de sus adelantos, ‘Down in the Weeds, Where the World Once Was’ crece con las escuchas pese a cierta frialdad inicial.

Calificación: 7,3/10
Lo mejor: ‘One and Done’, ‘Calais to Dover’, ‘Stairwell Song’, ‘Mariana Trench’, ‘Persona Non Grata’
Te gustará si: creciste con el indie rock de los 2000, pero has evolucionado.
Escucha:Mariana Trench

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