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Especiales ‘Euphoria’: las rayadas navideñas de Zendaya y Hunter Schaffer

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Especiales ‘Euphoria’: las rayadas navideñas de Zendaya y Hunter Schaffer

‘Euphoria’ (HBO) fue una de las series revelación de 2019, un crudo retrato de la generación post-millennial lleno de inventiva estilística e incisivo discurso social. Una ficción que confirmó a Sam Levinson (‘Nación salvaje’) como uno de los creadores más interesantes de la actualidad. Aun así, ‘Euphoria’ tenía un problema. A partir del “eufórico” cuarto episodio, sin duda la cima expresiva y narrativa de la serie, la historia decaía como un largo domingo de resaca. El comportamiento de algunos personajes resultaba muy poco verosímil y su deriva hacia el thriller bastante forzada.

Estos dos capítulos especiales funcionan como aperitivo de la segunda temporada (aún sin fecha de estreno), y como epílogo de la primera. Dos interludios navideños que ayudan a aclarar las dudas que había dejado el final de la serie y preparan al espectador para continuar la historia.

‘Euphoria: Las rayadas no son eternas’

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Rue prepara una raya, se la mete y… Sorpresa: nada de Zendaya subiéndose por las paredes, con luces parpadeantes y música narcótica. Todo lo contario: una hora de conversación entre Rue y Alí, su tutor en las reuniones de rehabilitación, sentados frente a frente en una cafetería; una larga charla en plano-contraplano, solo interrumpida para “echar un cigarrito”, mirar los mensajes del móvil y hacer una llamada mientras suena ‘Me in 20 Years’ de Moses Sumney; un sorprendente cambio de ritmo, que demuestra el talento de Levinson para adaptar la puesta en escena a las exigencias de la narración y para hacer trizas las expectativas del espectador.

Con un ojo puesto en la célebre secuencia del diner de ‘Moonlight’ (2016) y otro en ‘Nighthawks’, la conocidísima pintura de Edward Hopper, el director recrea el ambiente perfecto -triste y sosegado- para narrar un emocionante relato acerca de la adicción, la culpa y el vacío existencial. Un subidón dramático lleno de sinceridad emocional (quizás tenga que ver el pasado como adicto del director), que funciona extraordinariamente bien gracias a la fabulosa planificación del montaje (en la segunda parte los personajes están encuadrados prácticamente en primerísimos primeros planos, incrementando así el impacto dramático de sus palabras), y a la interpretación de los actores: una fabulosa Zendaya y un inconmensurable Colman Domingo. ‘Las rayadas no son eternas’ es un melancólico cuento de navidad, y uno de los mejores episodios de la serie. 9.

‘Euphoria: Los perfectos a m*marla’

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Es el capítulo necesario de esta serie. Jules ha estado a la sombra de Rue durante ocho episodios. Casi todo lo que sabemos de ella ha sido a través del punto de vista del personaje interpretado por Zendaya. Por eso, algunas de sus decisiones y comportamientos no se entendían bien o resultaban poco verosímiles. En este segundo episodio especial el director sienta a Jules en el diván de la psicóloga para que se explique a gusto, para que (nos) abra su corazón. Otra charla, otra larga conversación llena de reveladoras confesiones, aunque sin la brillantez formal y narrativa de la primera.

Y eso que empieza muy bien, con un plano del ojo de Jules donde vemos resumidos los momentos vividos por el personaje mientras suena el ‘Liability’ de Lorde. A partir de ahí, Jules verbaliza sus miedos más profundos. La psicóloga toma nota de cuestiones tan interesantes –y suponemos que desarrolladas en la siguiente temporada- como la construcción de la feminidad trans, las consecuencias de la vulnerabilidad afectiva o la compleja naturaleza de las relaciones sociales a través de internet.

Sin embargo, comparándola con la anterior, su tratamiento visual y narrativo resulta algo decepcionante. La conversación no tiene la suficiente fuerza dramática como para mantenerse por sí sola, por lo que el director opta por “agujerearla” a través de varios flashbacks. Algunos son interesantes, como los que describen el estado mental de Jules o la relación con sus padres. Pero otros, como en el que suena ‘Lo vas a olvidar’ de Rosalía y Billie Eilish, resultan excesivamente relamidos e insustanciales. Da la impresión de sobrecarga estilística, de que el director se ha quedado sin mucho más que decir y necesita alargar el capitulo a través de un poco de purpurina visual y sonora.

‘Los perfectos a m*marla’ funciona mejor como adelanto, como enunciación de lo que parece estar por venir (un mayor protagonismo de un personaje tan interesante como Jules y un mayor desarrollo de los temas asociados a ella), que como capítulo independiente con entidad propia. 6,5.

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