La electrizante Jehnny Beth desafía a los titanes Foo Fighters en Mad Cool

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La electrizante Jehnny Beth desafía a los titanes Foo Fighters en Mad Cool

Hace ya diez años de la primera edición del Mad Cool. Desde entonces, el festival ha ido poco a poco consolidándose como uno de los eventos musicales más importantes a nivel nacional. El camino no ha estado exento de errores, pero a juzgar por el éxito organizativo de los últimos años, parece que por fin han encontrado la manera de contentar a (casi) todo el mundo. El recinto en Villaverde vuelve a ser cómodo, y lo más importante: la entrada y salida de allí resulta bastante sencilla. Lo que no fue nada fácil en la jornada del miércoles (que congregó a 57.000 personas) era decidir qué ver. Casi todos los conciertos grandes se solapaban unos con otros, por lo que la mejor opción era ir picando un poco de aquí y un poco de allá.

El caso de Foo Fighters, el gran reclamo del día y quienes congregaron a un mayor número de asistentes, no acabó siendo tan dramático. Coincidían con Moby, pero como la banda ofreció un espectáculo de dos horas y media, perderse un poquito para ver al experimentado productor electrónico no sentó tan mal. Los de Dave Ghrol llenaron el escenario principal, aderezado con dos pantallas enormes a los lados, en uno de esos conciertos que son toda una muestra de veteranía desde el minuto uno. Con el pelo empapado cubriéndole toda la cara y mascando chicle, el cantante se entregó al público desde los primeros acordes de ‘All My Life’, que abrió el set con energía. Siguió con ‘The Pretender’, uno de los mejores momentos del concierto. Ghrol sabe de sobra lo potente que resulta su estribillo, así que lo repitió al menos dos veces más de lo previsto. Después de eso anunció que nos esperaban más de dos horas de puro rock and roll. Y no mentía: la exhibición de temazos de la banda fue inmensa y la entrega de ambas partes (asistentes y ellos mismos), enorme.

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Andrés Iglesias

Grohl recordó varias veces que llevan ya 31 años como banda y, por ello, había muchas canciones preparadas. Además, llevaban sin pisar Madrid unos cuantos años, por lo que había que recuperar el tiempo perdido. No solamente sonaron temas de Foo Fighters, también, en un acto muy noble por su parte, el cantante presentó a su banda, haciendo que cada uno de sus miembros tocara una parte de una canción de antes de pertenecer al grupo. Puede que haya a quien le parezca una disrupción innecesaria del ritmo del concierto, pero es una manera preciosa de hacer que sus compañeros también brillaran. El público en las primeras filas parecía pasárselo en grande haciendo pogos.

Tras este momento, Grohl volvió a su catálogo con ‘Monkey Wrench’, muy querida entre todos los allí presentes. Nuevamente, el estribillo se repitió en varias ocasiones. Entre medias, la banda dejó de tocar y le pidió a la gente que gritara lo más fuerte que puedieran. Después el turno fue para el cantante, que a gritos con estilo no le gana nadie. En este último tramo del set sonó ‘Aurora’, una canción que cantan siempre en honor al antiguo batería del grupo Taylor Hawkins, fallecido hace cuatro años. La voz de Grohl va desde lo gutural a lo melódico, y es en momentos más calmados donde realmente se aprecia su gran talento como vocalista.

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Para poner el broche final a la velada llegaron dos de sus grandes éxitos: ‘Best of You’, a la que siguió una larga coda instrumental, y ‘Everlong’, donde el líder del grupo aprovechó otra vez para crear comunidad haciendo el icónico estribillo más veces de las que suena en la grabación. Así culminaban Foo Fighters, que dieron exactamente lo que prometieron (y un poco más). Ni más ni menos que un gran concierto de rock and roll.

Andrés Iglesias

Al mismo tiempo, Moby llevaba su espectáculo al segundo escenario en importancia. Rodeado de coristas, una violinista, una chelista y un batería, el productor electrónico sorprendió con un concierto realmente divertido y dinámico. En las pantallas se proyectaban todo tipo de imágenes psicodélicas sobre las que aparecían los propios músicos en un croma un poco cutre, pero irresistiblemente camp. Entre los temas, que iban desde el techno hasta el house, el artista se dirigió al público varias veces. Una de ellas, nada más comenzar, donde decía orgulloso que había aprendido una nueva expresión. Cuando dijo en su español macarrónico “que se lloda Trump” hubo más confusión que otra cosa, pero al traducirlo al inglés ”Fuck Trump” todo cobró sentido. Por aquí estamos de acuerdo, por supuesto. Que se “lloda” Trump. Más tarde contó fue que le parecía bonito tocar al mismo tiempo que Dave de Foo Fighters. Ambos empezaron más o menos a la vez en la escena hard punk de la costa este en los 80, con diferentes proyectos. Ahora, 40 años después, volvían a actuar a la vez. El romanticismo de la anécdota desembocó en su tema ‘In This World’, interpretada con pasión por una de las cantantes.

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Andrés Iglesias

Otro de los mejores conciertos del día fue el de Wolf Alice. La banda británica sonó fantástica bajo el sol inmisericorde del verano madrileño. La cantante Ellie Rowsell inauguró el espectáculo haciendo gala de su gran voz con ‘Bloom Baby Bloom’, de su último disco, al que dedicaron buena parte del set. ‘Just Two Girls’ era presentada como una canción para beber vino con una amiga. “Algo que muchos vais a hacer esta noche viendo a los Foo Fighters”, bromeaba la cantante. ‘The Sofa’, el gran sencillo de esta nueva era, fue un gran momento onírico para levantar los brazos al aire y cerrar los ojos. Una energía totalmente opuesta ofreció ‘Yuk Foo’. Rowsell apareció empapada y sustituyó el micrófono por un megáfono. A lo largo de la canción, tan pronto hacía la croqueta en el escenario, como se ponía a gritar como una loca o se bajaba a interactuar con el público.

Bajando la intensidad, nos acercamos a ver a The War On Drugs, uno de esos grupos para dejarse llevar escuchándolos. Sus deliciosas jams guitarreras mientras el sol bajaba crearon una atmósfera acogedora, como si cada uno de los instrumentos te abrazara y te sacara a bailar. La experiencia, sin embargo, se vio algo emborronada por un público que no dejaba de hablar. Los de Adam Granduciel no son el tipo de grupo a los que les beneficia tocar en un festival. O al menos, no en uno tan ecléctico. Aún así, si uno lograba abstraerse de todo lo demás y centrarse en la música, llegaban momentos preciosos, como la nostálgica ‘I Don’t Live Here Anymore’ o ‘Strangest Thing’. A medida que se iba acercando la hora de Foo Fighters, la espantada hacia el escenario principal fue masiva y allí nos quedamos los que realmente queríamos verlos. La diferencia con respecto a la primera parte del set fue abismal. De repente, uno podía zambullirse a gusto en la música, apreciar el sonido del saxo, de los sutiles toques de percusión o de la calidez del bajo. ‘Under The Pressure’, muy celebrada por los que allí quedábamos, y ‘Who’s That’ cerraron el concierto por todo lo alto.

Paco Poyato

El primer show de la jornada fue el de Jehnny Beth en el escenario Loop, cubierto por una carpa. Lo bueno, es que el sol de las 19h no te daba en la cabeza, pero el calor que se reconcentraba bajo esa lona era algo duro de asimilar. Con todo, la ex de Savages no hizo que se nos olvidara el sudor que nos caía a borbotones por la frente, pero casi. Ella estaba igual. De hecho, en torno al final dijo que estaba muy mareada. Aunque, totalmente entregada a su público, siguió con sus planes y se bajó al foso e incluso hizo crowdsurfing. Ver a la cantante encaramada en los brazos del público y mirándolo desafiante, totalmente empapada y exhausta, fue una de las mejores imágenes que nos dejó la jornada. Antes de eso, hizo flexiones en el escenario (e invitó a una fan a hacerlas también), lanzó un mensaje feminista al grito de “mujeres al frente” y cantó una versión de ‘Army of Me’ de Björk. Casi nada.

En mitad de todos estos conciertos, solo pudimos acercarnos a The Last Dinner Party unos minutos. Si son una de las bandas revelación de los últimos años, es por algo. Con lazos rojos en sus micrófonos, subiendo y bajando de las plataformas que tenían en el escenario, las británicas derrocharon energía y buen rollo. Entre sus mejores temas destacó ‘Sinner’, dedicada a los “gays and theys”.

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