Kanye West en Madrid: por qué siempre se sale con la suya

-

- Publicidad -

Kanye West en Madrid: por qué siempre se sale con la suya

Los fans más longevos de Kanye West conocen de sobra lo que es la decepción. Al contrario que en el escenario o en el estudio, el indefendible y visionario artista siempre se supera a sí mismo: cuando le arrebató el micrófono a Taylor Swift en los fatídicos VMAs de 2009, cuando desechó los potencialmente mejores álbumes de su carrera, cuando se declaró trumpista y aseguró que la esclavitud fue «una elección»… La lista es larga.

Empecé a escuchar su música en 2019, aprendiéndome su discografía enterita a tiempo para vivir en directo su conversión al cristianismo en ‘JESUS IS KING’. Aquello fue una decepción a nivel musical, pero nada comparado con lo que vendría después. Nos quejábamos de sus angelicales misas de góspel con el Sunday Service, pero éramos felices y no lo sabíamos.

- Publicidad -

Su siguiente movimiento, allá por 2022, fue empezar a alabar a Hitler, promocionar merchandising con la esvástica estampada, inundar las redes de antisemitismo, machismo y tonterías, y dedicar violentos e hirientes comentarios a sus colaboradores más cercanos. Si el episodio misógino con Taylor pareció olvidarse a favor de su indiscutible obra maestra, su deriva nazi le catapultó al número 1 de las listas estadounidenses con ‘Vultures’. Kanye siempre se sale con la suya.

Los oyentes de Ye entonces se dividieron en pre y post-‘Vultures’, con los segundos representando el porcentaje más joven de su público. Por la energía con la que se recibió el mediocre hit número 1 de ‘CARNIVAL’, gran parte de los asistentes del concierto también pertenecía a este grupo. Me gustaría pensar que, al igual que para mí, para muchos este deplorable capítulo no fue uno más, sino un antes y un después. Mientras Kanye se jactaba de su impunidad publicando teasers de canciones tituladas ‘Heil Hitler’ o ‘Gas Chambers’ -irónicamente, esta se convirtió después en la pegadiza ‘ALL THE LOVE’-, era difícil seguir sintiendo la misma inspiración y motivación que desprendían sus primeros trabajos.

Estadio Riyadh Air Metropolitano.

- Publicidad -

Tras pedir perdón y atribuir sus acciones a un trastorno bipolar, cuyo origen sitúa en el accidente de coche que sufrió en 2002, Kanye anunció su primer show en España en 20 años por el lanzamiento de ‘BULLY’. La víspera del concierto fue extraña. Sentía una falta de hype que parecía impensable hace 5 años, producto de un sentimiento de traición directa a los ideales promovidos en discos tan esenciales como ‘The College Dropout’ o ‘Graduation’. A lo tonto, llevaba casi 2 años sin ganas de escuchar la voz de Kanye.

Mi malestar moral no fue la única consecuencia de las insensatas palabras del estadounidense. Así, 40.000 asientos del Metropolitano se llenaron ayer con los extranjeros náufragos de la cancelación de la gira en Francia, Polonia, Suiza, Italia y Reino Unido, con cada territorio citando como motivo directo el agresivo antisemitismo de West. Los españoles, por otro lado, puede que no se enterasen ni de que había concierto porque la promoción del espectáculo había sido totalmente nula. Para cuando Kanye pisó la lona, todavía quedaban cientos de entradas disponibles.

- Publicidad -

La relación tóxica que tenemos los fans pre-‘Vultures’ con Ye es de estudio. Mostrándose perezoso, soso y distante, de alguna manera consiguió que durante el show no pensásemos en ninguna de las múltiples carencias que este presentaba. La media bola del mundo sobre la que se pasea, el autotune de André Troutman, las luces y la pirotecnia (espectacular, todo sea dicho). Esto es todo lo que tiene que ofrecer uno de los artistas más importantes de nuestra era. El show no tiene más. Las canciones, con muchas de ellas siendo acortadas abruptamente («Tengo otras 100 como estas»), son las que sostienen totalmente un concierto que también se siente corto.

Estadio Riyadh Air Metropolitano.

El catálogo de Ye es uno de los mejores que cualquier artista puede tener y, por difícil e injusto que parezca, es capaz de provocar el olvido más profundo: el caos y la euforia de ‘On Sight’ y ‘Blood On The Leaves’, la doble ración de ‘All Of The Lights’, el desfile de clásicos con ‘Jesus Walks’ o ‘Flashing Lights’, la trascendental ‘Ghost Town’… Tuvimos la suerte de que Kanye priorizó los mejores discos de su carrera, de ‘MBDTF’ a ‘Yeezus’, dejando a ‘Vultures’ y ‘BULLY’ como meras anécdotas. El concierto fue totalmente irregular, pero la música nunca decayó.

A la vez que la amnesia invadía nuestras mentes, el recuerdo de por qué Kanye significa tanto para muchos de los que estábamos allí se hizo notar cuando rapeó la fundamental ‘Through The Wire’ de principio a fin o cuando desempolvó su MPC para ‘Runaway’. Prácticamente, ninguno de nosotros habíamos visto a Ye en directo y momentos como estos representaban la razón por la que habíamos asistido a la cita. Esta fue una de las frases más repetidas al salir del concierto: «Era ahora o nunca».

Mis acompañantes y yo estuvimos de acuerdo en todo lo que no nos gustó del concierto, desde el horrible sonido -sobre todo en las canciones construidas con samples-, hasta el anticlimático y desaprovechado escenario. Uno de mis amigos preguntó si alguno se sentía decepcionado. Todos dijimos que no. Una vez más, Kanye se sale con la suya.

Lo más visto

No te pierdas