Cuando la credibilidad pasa por hacerte country: en defensa del pop guarro

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Cuando la credibilidad pasa por hacerte country: en defensa del pop guarro

kesha-praying¿Buscas credibilidad? Deja la electrónica y cuélgate una guitarra. Lady Gaga lo ha hecho. Harry Styles también. Y Kesha. A todos les ha ido bien. Ahora Miley Cyrus busca distanciarse de su pasado de niña mala que le perreaba la cebolleta a Robin Thicke y posaba con penes de látex y para su nuevo disco ha dejado la marihuana (se entiende que también el éxtasis y que ya no se plantea volver a tomar ayahuasca) y se ha puesto un gorro de “cowgirl”. Ya no hace hip-hop porque no se siente identificada con este estilo y con su obsesión con las chicas y los coches; en su lugar ahora suena a Sheryl Crow, por no decir a Colbie Caillat, hace baladas ñoñas, imita a Elvis Presley y monta un baile “honky tonk” en su nuevo vídeo y en los MTV, donde ahora los culos que aporrea no son de bailarinas negras sino de abuelas. Cyrus finalmente se ha encontrado a sí misma… ¡y resulta que siempre ha sido Hannah Montana!

La fórmula está clara: el público quiere lo de siempre, ahí están Adele y Ed Sheeran vendiéndolo todo, así que hay que darle lo que quiere. Y si ‘ARTPOP‘ no vende lo esperado y recibe críticas regulares a pesar de ser un disco cachondísimo, divertido y lleno de buenos momentos, la solución es sacar un disco de jazz con Tony Bennett y explotar la fórmula más todavía en ‘Joanne’, un disco con influencias de los Beatles, Bruce Springsteen y Elton John cuya canción titular parece un clásico perdido de Dolly Parton. Entre disco y disco, dejas de dar la nota con tus vestidos y optas por explotar tu papel más clásico, de modo que te curras un popurrí de ‘Sonrisas y lágrimas’ en los Oscar, colaboras con Diane Warren, eres nominada precisamente a un Oscar y además ganas un Globo de Oro. ¿Dónde está la Lady Gaga que conocimos? No se sabe, pero por lo menos ahora es creíble.

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One Direction siempre han sonado medio folkis y AOR, sobre todo en su última etapa, donde parecían imitadores de Bryan Adams, aunque su sonido ha sido sobre todo popero y al fin y al cabo ellos han sido un grupo adolescente. Harry Styles se jugaba por tanto la credibilidad del público generalista en su primera aventura en solitario, de modo que su primera estrategia comercial ha sido vestirse de David Bowie y sacar una canción de seis minutos que parece de Billy Joel. Puede que a tus fans viejos no les guste, pero ahora te diriges a un público adulto, que es el que sigue comprando discos, por lo que tu debut ha de convencerlos y, por tanto, necesita resultar familiar. ‘Harry Styles’ contiene estilos clásicos de rock alternativo, rock and roll y folk de cantautor. Da igual que no se escuche al verdadero Harry Styles por ninguna parte, el disco es bueno y obtiene un aprobado clarísimo en credibilidad artística. Naturalmente, se vende muy bien.

El caso de Kesha es especialmente interesante. Ella se hace famosa a un Autotune pegada y a través de canciones de pop bailable y suciete como ‘Tik Tok’ o ‘Blow’, pero sus problemas legales con Dr. Luke le obligan a distanciarse radicalmente de su sonido original y adoptar otro distinto. A romper con su pasado. Por supuesto se pasa al country. Kesha crece en Nashville y durante años reivindica su adoración por Bob Dylan y por los clásicos del rock, llegando a colaborar con Iggy Pop en su segundo largo. ‘Rainbow’ se entiende por tanto como una evolución natural en su carrera que iba a tener lugar tarde o temprano. El producto es presentable, tiene country, rock clásico, un dueto con Dolly Parton, soul viejo, baladones al piano… La crítica está ahora con Kesha cuando nunca lo había estado. “El mejor disco de su carrera”, se lee por ahí. Da igual que su aproximación al country no pueda ser más de manual, puesto que ahora sí puedes compartirla con tus amigos.

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Lo que ha pasado con todos estos artistas es sintomático de la alergia que se tiene al producto pop, digamos, vulgar (entendido como no elegante) tanto en los medios como en las listas de éxito y en los paneles de premios. A nadie se le escapa que ‘Perfect Illusion’ es una canción feísta, con mucho más que ver con el “trash metal” de Iron Maiden que con Springsteen, y sin embargo el primer single de ‘Joanne’ fracasó estrepitosamente. Kesha se hace millonaria con canciones de producción basurera, nada elegantes y sofisticadas, pero divertidísimas, como ‘We R Who We R’ o ‘Take it Off’, que además están llenas de personalidad en su obsesión con el autotune -que hasta la misma Kesha llega a parodiar– pero la cantante tiene que pasarse al country para que la crítica se la tome en serio y diga que su música es “impresionante”. ¡Si ‘Warrior’ estaba lleno de temazos! ¿Alguien me explica porque no vendió lo mismo que ‘Born this Way‘? O más importante, ¿alguien cree que ‘Born this Way’ habría ganado el Grammy a Disco del año de no haber existido ’21’?

Asociarse a los sonidos americanos clásicos ha sido el salvavidas de estos artistas. El as de la manga de ‘Joanne’ no ha sido otro que el baladón clasicote ‘Million Reasons’, que ha salvado los muebles de su disco a pesar de ser completamente impersonal. Claramente hoy Gaga es una artista respetada, muchísimo más que cuando hacía vídeos con referencias al arte contemporáneo, se presentaba con vestidos voladores o anunciaba que iba al espacio [NdE: al final no se fue]. ‘Joanne’ le ha devuelto la credibilidad que ‘ARTPOP’ le arrebató a pesar de ser un disco con mucha más personalidad. Y tanto Harry Styles como Kesha “molan” ahora gracias a sus discos puros, clásicos y “atemporales”. Está por ver si el público le compra a Miley su reinvención country, que en mi opinión no podría ser más cínica y oportunista, pero lo que está claro es que la cantante ha tenido que volver a ser Hannah Montana y renegar de su paso asociado al twerking, el hip-hop y las drogas para ganar credibilidad (y probablemente para creerse a sí misma). Ahora hasta dice que se sintió sexualizada en ‘Bangerz’. Sí, la Miley de ‘Jolene’ siempre fue la mejor Miley, pero también lo era la que lamía martillos subida a una bola de demolición… por mucho que ella diga que no.

Y ahora es Taylor Swift, TAYLOR SWIFT, la novia de América, que precisamente se ha hecho famosa haciendo country, quien busca distanciarse completamente de su pasado… pasándose al electroclash, un estilo asociado al underground estadounidense, a los clubes nocturnos y de mala muerte de Nueva York y Detroit (aunque también europeos), a las canciones guarrindongas de Peaches y Chicks on Speed, para convencernos de que ya no es la de antes. Su renovación electroclash constituye prácticamente una reinvención “punk” por radical y las críticas a la canción están siendo generalmente nefastas. Así, Swift mata a la “antigua Taylor Swift” y todos sabemos qué hará para recuperar su “reputación” una vez se haya cansado de hacer malabares con su propia carrera: volverá al country, recuperará su credibilidad y todo será como antes. Porque así es como el mundo, o por lo menos el mundo del pop, quiere que sean las cosas. Qué pereza.

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