Manel ha sido durante años una de las bandas más exitosas de España a pesar de cantar en catalán. Desde 2011, todos y cada uno de sus discos han entrado en la primera posición de la lista de álbumes española. La excepción es su debut de 2008, que funcionó a modo de «sleeper».
Sus costumbristas historias y sus grandes canciones han sellado a Manel en la historia del pop nacional. Pero, después de ‘Els millors professors europeus‘ (2008), ‘10 milles per veure una bona armadura‘ (2011), ‘Atletes, baixin del escenari!‘ (2013), ‘Jo competeixo‘ (2016) y ‘Per la bona gent‘ (2019), Guillem Gisbert, vocalista y letrista de Manel, necesitaba que «corriere el aire» y, valiéndose solo de sí mismo, tomar nuevos e inexplorados caminos.
Resultado de esta exploración es ‘Balla la masurca!‘, primer disco de Guillem Gisbert en solitario. La mezcla de géneros y la narración de historias vuelve a dar vida a las nuevas canciones de Gisbert en un trabajo que toma inspiración de los campos de composición estadounidenses. Me reúno con Gisbert en un bar del barrio del Born, en Barcelona, para descubrir la creación del Disco de la Semana.
La mazurca es un tipo de baile de salón típico de Polonia. ¿Cuál es tu relación con este baile o con esta palabra? ¿Qué sentido tiene en el disco?
La mazurca es una construcción metafórica que utilizo para hablar en el disco de un personaje que se sube encima de un escenario. En la canción ‘Balla la masurca!’, la palabra que me parece clave es “complacer”. En la canción, esa persona que sube a un escenario tiene la pulsión de complacer a una autoridad, en este caso una autoridad o pseudoautoridad paterna y, en la segunda estrofa, esa autoridad es más bien social. Y después es él quien se convierte en esa autoridad que es complacida por sus criaturas. La canción habla de esa necesidad que tenemos los seres humanos de complacer a otros, una necesidad que puede ser un motor como cualquier otro. Esto se da mucho en el oficio del artista, que es muy extraño si te paras a pensarlo, te subes a un escenario para que la gente te aplauda. Pero la cosa de complacer nos pasa en otros ámbitos de la vida.
El público también busca satisfacer una necesidad de ser entretenido, ¿no? Dices que tu oficio es raro, pero es natural que cuando nos aburrimos, busquemos una distracción.
Claro, es una cosa diferente dependiendo de dónde pongas el punto de vista. Evidentemente la persona que se sube a un escenario no lo hace solo por complacer a los demás. Tiene que ver también con hacer aquello que le gusta y que se le da bien. El público también busca ver algo que le interese, entretenerse un viernes por la noche.
En la canción mencionas a un “viejo de Varsovia”.
Es el universo en el que se sitúa la canción. Es importante tener claro el escenario en el que suceden las letras. A veces te estancas escribiendo porque en tu cabeza no tienes claro lo que está pasando o dónde está pasando. Tener claro el escenario ayuda a construir las imágenes. Es tener claro el tema de la canción, la idea principal y el envoltorio que le pones. En este caso es una historia situada en la Europa del este, en la posguerra, protagonizada por un personaje que aparece en un pueblo con una mano detrás y otra delante y es adoptado por un viejo desagradable que le obliga a bailar por cuatro duros. Me ha inspirado la película ‘Cold War’ (2018) del director polaco Paweł Pawlikowski. El primer acto de la película se centra en las compañías de baile que en la época inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, en una Polonia ya completamente sumida en la influencia de la Unión Soviética, intentaban generar un nacionalismo yendo de pueblo en pueblo promoviendo los bailes folclóricos del país. La película me fascinó.
El disco está poblado de personajes. ¿Te inspira observar personajes y vidas ajenas?
Me fijo en una emoción concreta, en una emoción experimentada, que proviene de algo que me ha pasado y, a partir de ahí, busco la manera de construir la canción, de generar el artefacto. Y dentro de este artefacto aparecen los personajes. Pero creo que es importante no perder de vista la emoción que estás buscando transmitir. A veces no es tanto una emoción lo que busco expresar, sino un tono. Por ejemplo, la canción ‘Les aventures del general Lluna’ es un cuento, no tiene una emoción concreta, pero es una historia contada en viñetas, en la que ocurren muchas cosas, y en la que para mí no pueden faltar ni el humor ni la fantasía. A partir de aquí ya entro en una cosa que no se compra ni se vende, que no sé explicar, que es la manera de confiar en uno mismo y en el instinto propio para que a la canción no le falte lo que necesita.
¿Te inspira leer?
Cuando llevas 16 años escribiendo canciones, para mantenerte, tienes que alimentarte de muchas otras manifestaciones artísticas que no son solo la música. En este sentido no puedes abandonarte, tienes que estar cultivando tu sensibilidad todo el rato, tienes que mantenerla afinada y preparada para el momento en que algo te inspire. Esto pasa en cualquier disciplina artística.
¿Por qué te lanzas en solitario ahora? ¿Viene de un anhelo creativo, de buscar tu marca personal de alguna manera?
Diría que no viene de ninguna de las dos cosas que mencionas. Artísticamente, con Manel, me siento muy realizado con todo lo que hemos hecho. Y la marca de Manel la siento tan propia como de mis compañeros. Tiene más que ver con que somos cuatro seres humanos que hemos trabajado juntos desde que somos muy jóvenes, de una manera muy íntima. El acto de creación exige volcar mucha energía en el proyecto, y llega un punto en que esa energía, a medida que te haces mayor, muta. Llegó un punto en que notamos que nos convenía que corriera el aire y buscar otras cosas a nivel individual, cada uno de lo suyo. A mí hacer este disco me ha ayudado a ponerme en una situación más extrovertida, descubrir nuevas maneras de trabajar, almorzar con gente nueva. Es una ampliación del oficio. Por mucho que quieras no te puedes aferrar a los tres compañeros de siempre.
«Beyoncé canta y baila maravillosamente, y después es capaz de gobernar toda una industria. Eso también es un arte»
En el disco has trabajado con muchos productores diferentes, incluso dentro de una misma canción. ¿Cómo le has dado unidad a todo?
Podríamos debatir si esa unidad existe, de hecho. A mí me apetecía colaborar con diversos productores porque pensaba que el disco quedaría bien de esta manera, pero también porque me aportaba de manera personal picotear con diferentes personas. Por un lado trabajar así era arriesgado. Por otro, hacía que la experiencia fuera más enriquecedora. Sabía que trabajando con diferentes productores el disco sería variado, pero confiaba en que el disco mantuviera cierta unidad siendo yo el denominador común en todas las canciones.
Hay discos muy variados que logran una coherencia, y otros que no.
Son cosas que ves con el paso del tiempo, pero no me quita el sueño si el disco tiene unidad o no, porque a mí lo que me interesan son las canciones. No me importa que una canción suene pastiche o no. De hecho, se puede argumentar que el disco flirtea con el pastiche. Tiene sonidos más digitales y electrónicos, pero ‘Estudiantina’ es una tuna. No me preocupa la unidad.
Esa variedad define el pop de hoy.
Una cosa que me interesa de la industria comercial yanki, en el mejor de los sentidos, es que es una industria tremendamente musculada y poderosa. El libro ‘Song Machine’ de John Seabrook explica la manera en que Rihanna hace un disco. Es una industria que junta a beatmakers y creadores de “hooks” y les hace trabajar en una habitación. Y del talento de toda esta gente pueden salir apenas segundos de música que después se utilizarán en una canción o no. Es esa cosa de trabajo en equipo, de colaboración, la que me interesa. Porque de toda esta gente colaborando después sale un trabajo que necesariamente es de una calidad máxima porque ha dependido del talento de muchas personas. En España no tenemos una industria que se me permita esto ni de lejos, pero el disco lo hecho yo cogiendo el teléfono y hablando con gente. Me hacía gracia generar una ficción de esa industria en mi disco.
Me hablas de los campos de composición.
Me apasiona. Como persona que se dedica a componer canciones, es un mundo que me interesa muchísimo. Me parece fascinante que una industria sea capaz de controlar a tanta gente y conseguir que cree algo que valga la pena. En España esto no se puede hacer. Quizá es envidia.
En los créditos, etre tantos nombres, el autor desaparece un poco. Beyoncé es líder de toda una industria que trabaja para ella y, en los créditos, su nombre es uno entre cincuenta.
De la misma manera que la crítica al pastiche no me interesa, la “autenticidad” tampoco. Este concepto de artista que trabaja solo me da igual. Lo que me interesa es que los discos estén bien. Los discos de Beyoncé están muy bien. ¿Qué importa que lo hagan entre dos o tres personas? Ella es una artista increíble encima del escenario, canta y baila maravillosamente. Y, después, es capaz de gobernar toda una industria. Eso también es un arte. Y creo que ella lo hace estupendamente. Se dice de Taylor Swift que es diferente porque escribe las canciones, pero eso me da igual. Taylor Swift también me encanta. Esta diferenciación se hace por márketing. Lo que me interesa es darle al play y que la canción mole.
«Yo canto en catalán y no me puedo imaginar trabajar en una industria como la de Estados Unidos»
¿La industria no se aprovecha de esta supuesta distinción entre pop star y cantautora?
Son relatos diferentes de cada artista pero no son incompatibles. El mito de artista que lo escribe todo y se lo hace todo me da lo mismo. Si se lo hace todo él y la canción me gusta, genial. Si la canción surge de una colaboración de talentos, también genial. Por supuesto de este sistema también salen truños, pero estamos hablando de la primera división en la industria musical.
¿Te da envidia este sistema? ¿Te gustaría que existiera en España?
Lo digo desde el humor. Yo canto en catalán y no me puedo imaginar trabajar en una industria como la de Estados Unidos. El caso es que en el disco he buscado crear con una estrategia diferente.
En el disco me gusta que termina con la canción más larga y la más corta. Creo que esto narrativamente tiene sentido, ¿te preocupa?
Nace del instinto. Los discos suelen cerrarse con las canciones largas si te fijas. En mi cabeza “General lluna” es el final del disco y ‘Estudiantina’ ejerce de epílogo. ‘Estudiantina’ está relacionada con otra canción del disco que habla del mundo estudiantil, ‘Miracle de Les Planes’. Hablan de esa época en que no tienes claro qué estudiar ni qué quieres hacer en la vida, y de ese castillo que nos construimos llamado vocación. En mi cabeza las dos son la misma canción hecha de dos maneras diferentes. El tema es el mismo pero cambia el envoltorio. Durante mucho tiempo pensé que en el disco irían juntas, pero las separé para que no empalagara tanto estudiante. Pero, en el vinilo, cada una cierra una cara del disco.
Tus letras se pueden leer perfectamente como historias y cuentos. ¿Cómo encuentras el equilibrio entre escribir una letra narrativa e instrumentarla de manera que tenga sentido?
Yo nunca escribo una letra sin tener clara la melodía antes. Necesito que ambas cosas vayan juntas. Después cuando tienes la canción construida lo puedes cambiar todo, pero, en el proceso de composición, tener claros no solo la melodía sino también el tipo de arreglo o ritmo, para mí es importante.
¿Eres artista pop y poeta?
Yo no me siento poeta, me siento compositor de canciones de pop. Por lo tanto, escribo letras de canciones. Todo mi mundo y mi manera de pensar tienen que ver con hacer canciones. Y, en mi cabeza, este es un oficio que, en sí mismo, ya tiene un rango muy elevado.
























