Inicio Blog Página 256

RFTW: Taylor Swift, Sofia Kourtesis, Azealia Banks…

12


Hoy 27 de octubre se edita el esperado nuevo disco de Sofia Kourtesis que llevamos hypeando todo el verano. También es el turno de la “Taylor Version” de ‘1989’, el álbum más popular de Taylor Swift, presentada por la inédita “Slut”.

Entre los discos que se publican en nuestro país, hay grandes lanzamientos como Alberto Iglesias, María José Llergo, Sidonie, PUTOCHINOMARICÓN, El Buen Hijo, The New Raemon, Remate, Niña Polaca, airu o Nil Moliner. Entre los discos internacionales, OMD, Duran Duran, King Gizzard & The Lizard Wizard, James Blunt y un EP de Sigrid.

Puede que el lanzamiento de Swift haya desanimado a otras popstars, así que las novedades internacionales son más bien de corte medio underground, como Azealia Banks, Poppy o ashnikko. También hay nuevos temas de gente como Future Islands, Yard Act o The Big Moon.

En nuestro país hay nuevos singles de Delaporte con Alice Wonder, Paula Cendejas, TRISTÁN! o trashi, así como de Miss Caffeina, que presentan el bonus track de su último EP, que sale en vinilo. Además, Javiera Mena y Depresión Sonora continúan con el juego de versiones mutuas de artistas gestionados por Sonido Muchacho, y Triángulo de Amor Bizarro lanzan nuevo single de su disco ‘SED’.

Lady Gaga canta varias canciones con U2 en Las Vegas

0

Lady Gaga está sacando a pasear su afición por el rock en sus últimas apariciones públicas. Hace escasos días ha actuado en directo con los Rolling Stones para cantar por primera vez en vivo su tema conjunto ‘Sweet Sounds of Heaven’, que aparece en el nuevo disco de los Stones, el decepcionante ‘Hackney Diamonds‘ (y no por este tema precisamente).

Esta noche, Gaga ha sido la artista invitada en el concierto de otro grupo de rock veterano, U2. Los de Bono están metidos de lleno en la ejecución de su residencia en Las Vegas, ‘U2: UV Achtung Baby Live’, donde repasan su mítico disco de 1991, y Gaga, que acaba de completar la última parte de su propia residencia en la ciudad del pecado, ‘Jazz & Piano’, se ha pasado a saludar.

Vestida de cuero, Gaga ha cantado con U2 dos temas del repertorio de la banda británica, ‘All I Want is You’ y ‘I Still Haven’t Found What I’m Looking For’, y de su catálogo propio, con la ayuda de U2, ha recuperado su éxito ‘Shallow’.

Presentando a Gaga al escenario, Bono ha dicho que es «la mujer más audaz y vivaz en cualquier lugar en que esté» y la ha llamado «divina». Siguiendo con las analogías religiosas y místicas, Bono, además, ha declarado que Gaga es la «virgen vestal de Las Vegas».

Lady Gaga, muy presente este año (o más bien su nombre), gracias al hit de Peso Pluma, no publica single propio desde 2022. ‘Hold My Hand’, su canción para ‘Top Gun’, recibió sendas nominaciones a los Oscar y los Globos de Oro. Recientemente, Gaga ha sido vista saliendo de un estudio de grabación en Nueva York, pero no parece que el sucesor de ‘Chromatica‘ (2020) vaya a llegar muy pronto.

Beyoncé anuncia la película del Renaissance Tour

0

Si hace tan solo unas semanas conocíamos que Beyoncé estrenaría en diciembre una película sobre su Renaissance Tour, hoy se han confirmado nuevos detalles respecto a su estreno y se ha desvelado el póster oficial.

Beyoncé anunció la película de su gira en mitad de su último concierto en Kansas City a principios de este mes, donde también mostró el tráiler. La película, que contendrá principalmente actuaciones de la artista, incluirá imágenes de los visuales de ‘Renaissance’, de su gira, así como imágenes documentales detrás del escenario.

La película de la gira del que para JENESAISPOP fue el segundo mejor álbum de 2022 también llegará a España. Según se ha podido saber hoy, la película se estrenará en todo el mundo el 1 de diciembre, con entradas a la venta a partir del 9 de noviembre.

Beyoncé sigue el acuerdo que Taylor Swift, con el estreno de la película de su The Eras Tour, hizo con la cadena de cines AMC Entertainment. Ignorando a las grandes distribuidoras como Universal, Disney o Paramount, la película se estrenará directamente en las salas de cine sin pasar por intermediarios.

Para conocer más detalles sobre la película habrá que esperar hasta las dos premieres que ya hay programadas. La primera de ellas tendrá lugar en Los Angeles el 25 de noviembre, posiblemente en el mismo edificio de AMC en el que Taylor Swift hizo su premiere con la propia Beyoncé como invitada. La segunda, el 30 de ese mismo mes en Londres.

‘Mil veces’ es el mejor single reciente de Anitta

6

Fuera ya de Warner, y fichada por Republic Records, Anitta está publicando música a saco. Su intención parece ser construir un nuevo repertorio basado en los ritmos del funk carioca que la dieron a conocer allá por 2017, pero que no renuncie a probar diferentes sabores.

Disponible desde hace días, ‘Mil veces’ puede ser el mejor de los singles recientes de Anitta. Aún apegado a un animado groove de favela funk, ‘Mil veces’ sabe ser tan «envolvente» como ‘Envolver’… e igual de «radio-friendly». Suma ya cerca de cinco millones de streamings, y seguro que su videoclip, protagonizado por Anitta y Damiano de Måneskin, ha tenido algo que ver.

Previamente a ‘Mil veces’, Anitta ha lanzado una serie de singles que ha agrupado en un EP llamado ‘Funk Generation: A Favela Love Story’. El principal, ‘Funk Rave’, ha llegado con un sonido contundente diseñado para los clubs. ‘Used to Be’ ha sido el apañado single posterior, que sin ser igual de bueno que ‘Mil veces’, no está mal. El más flojo es ‘Casi casi’, que se queda a medias de igualar los méritos de los singles previos.


Curiosamente, ninguno de estos singles es el más escuchado de Anitta en este momento. ‘Back for More’, su colaboración con la banda de k-pop TOMORROW X TOGETHER, ocupa la primera posición de los temas más escuchados de Anitta en Spotify.

Silvana Estrada lanza su oda a un amor no correspondido

0

Silvana Estrada ha publicado nuevo single. ‘Qué problema’ es su oda a un amor no correspondido, y adopta una forma de balada conteniendo influencias del jazz y el folk americano. «Cuando dos personas se quieren pero solo una tiene la voluntad de probar… es una situación difícil de manejar, las personas no somos claras, vamos y venimos», cuenta la mexicana sobre ‘Qué problema’. «Nos hacemos mucho problema por no decir las cosas. Este fue mi intento por decirlas».

‘Qué problema’ es uno de varios singles publicados por Estrada en 2023. Antes ha sido posible escuchar ‘Milagro y desastre’. El tema indaga en la idea de que «los grandes acontecimientos que te cambian la vida siempre son milagros y desastres al mismo tiempo», y muestra una evolución en su mismo desarrollo musical, pasando de la nana tocada con un piano eléctrico, a la entrada de unas cuerdas y, a continuación, de unas animadas percusiones. «En esta canción quise reivindicar todas las caras del amor, incluso del amor que duele cuando acaba», relata la cantautora. «Pienso que la relación milagro y desastre es pendular y el movimiento de la vida siempre va de un extremo a otro. Ahí está su magia y la magia del tiempo».

Curiosamente, Estrada ha lanzado también este año dos interesantes versiones. Por un lado, su cover de ‘Tom’s Diner’ se ha sumado al cánon de adaptaciones de este famoso a cappella escrito y cantado por Suzanne Vega. Al contrario que DNA o Giorgio Moroder, Estrada ha optado por una interpretación completamente basada en un juego de voces, fiel a la original.

Más sorprendente ha sido la versión de Estrada de ‘Forever‘ de CHVRCHES, adaptada al español con el título de ‘Para siempre’. Estrada transforma el hit synth-pop de CHVHRCHES en una cancioncilla folk que ya no puede desentonar dentro de su repertorio propio.

Marchita‘, el primer álbum de Silvana Estrada, fue uno de los mejores de 2022 para JENESAISPOP. Después llegó el EP ‘Abrazo’.

Cher / Christmas

¿Cómo te imaginabas el disco navideño de Cher? Había 2 vías posibles: por un lado, un regreso a sus inicios de los 60, algo clásico, cercano al sonido de Phil Spector en su disco ideado para estos fastos, el mítico ‘A Christmas Gift for You from Phil Spector’. Al fin y al cabo, ella trabajó con él. Y por otro, un récord Guinness de Auto-Tune en cascada, en forma de canon, cayendo en todas sus formas, grandes y pequeñas, como esas bolas de Navidad que alguien ha puesto rápidamente en la portada de quien ahora parece llamarse CHIER.

Algo hay de los dos. También mucho más. Hay una adaptación de Phil Spector que por supuesto está en la parte buena del álbum, ‘Christmas (Baby Please Come Home)’ junto a Darlene Love. Y en esa línea retro también podríamos hablar del baladón 50’s ‘Please Come Home for Christmas’, del puro rock’n’roll de la adaptación de Chuck Berry ‘Run Rudolph Run’, o del dúo con Stevie Wonder, ‘What Christmas Means to Me’. Tema que ya había cerrado el álbum navideño de Stevie Wonder… de 1967.

Mención aparte merece la colaboración con Cyndi Lauper. Escucharlas juntas siempre es una fantasía y, además, ya una canción de country fue lo mejor del álbum anterior de Cher, ‘Closer to the Truth’ (2013): la olvidada pero divertidísima ‘I Walk Alone’. La nueva colaboración de Lauper y Cher es ‘Put a Little Holiday in Your Heart’, y tiene bastante más garra que el dúo con Michael Bublé, por mucho que este, el rey de la Navidad, se lleve todos los streamings.

En cuanto al mundo moderno (o su intento), el primer single del disco ha sido ‘DJ Play a Christmas Song’. Sin embargo, no es la grabación más conseguida de todo esto, pues ni con subida de medio tono al final logra resultar ni camp ni especialmente divertida. Mucho menos el dúo rapero con Tyga. Es el electro de ‘Angels in the Snow’ donde percibimos a Cher más cómoda siendo Cher. O en la efectivamente Auto-tuneada ‘Christmas Ain’t Christmas Without You’, con una cadencia cercana al villancico de Mariah Carey, a punto de dar un campanazo como todos los años.

Con composiciones tan cucas como ‘I Like Christmas’, y una versión más de la sobada ‘Santa Baby’ que nadie pidió, y mucho menos desde que Kylie Minogue viralizó la suya, el disco de Cher se mueve entre lo enternecedor y el skip total. En una de estas canciones la artista nos asegura que la «Navidad es su época favorita del año» y sin embargo se ha quedado a medias a la hora de convencernos. «El disco ha salido. Creo que es bueno», posteaba tan genial como siempre en X, durante el día de salida, autocuestionándose.

Pangaea se crece con el rompepistas de ‘Installation’

1

Pangaea es el alias de Kevin McAuley, productor de Inglaterra que lleva más de una década en activo. McAuley dirige el sello discográfico Hessle Audio junto a Ben UFO y Pearson Sound. Hessle Audio es el sello en el que James Blake publicó sus primeros lanzamientos, y que acaba de editar un nuevo EP en solitario de Olof Dreijer, mitad de The Knife.

Desde 2010, Pangaea ha publicado música sin prisa pero sin pausa. En 2012 llegó su primer EP, ‘Release’, y en 2016 liberó su primer larga duración, ‘In Drum Play’. Y, desde hace apenas unas semanas, es posible escuchar su nuevo trabajo, ‘Changing Channels’.

Curtido en festivales, donde ha pinchado ritmos de UK garage o happy hardcore, Pangaea ha publicado un disco en el que confluyen sus diferentes influencias. ‘Changing Channels’ trae destellos de house, drum ‘n’ bass, eurodance o trance. En el largo, Pangaea desarrolla un sonido mimado y elaborado, lleno de detalles y colorido como su cubierta.

Entre los grandes atractivos de ‘Changing Channels’ se encuentra el single ‘Installation’, un tema que tiene el potencial de romper las pistas de todo el mundo. Es la Canción del Día de hoy.

‘Installation’ es el bailable tema que abre el disco. Basado en un imparable ritmo de house, ‘Installation’ se convierte en un pepinazo gracias a las voces corta-pegadas que suenan disparadas a lo largo de la canción. Por debajo, un zumbido sordo por un lado y una colorida línea de sintetizador por otro agregan dimensión a esta divertida grabación.

airu buscan el futuro en un culo en ‘Verte de espaldas’

2
Haizea Ogueta

airu, la banda de Bilbao compuesta por Irune Vega, Erik González, Patricia Echanove y Jon Gómez, publica su primer disco este viernes 27 de octubre a través del sello Oso Polita. ‘Con lo bueno y con pena’ incluye los cinco singles que airu ha lanzado a lo largo de 2023, estos son, ‘Coloco los pies’, ‘Es todo un encierro’, ‘En el más allá’, ‘Bailar sobre mi espalda’ y ‘Es por tu bien’.

En este disco conformado por 12 cortes se encuentra, también, el sexto y último single. ‘Verte de espaldas’ sigue la línea habitual de los temas de airu y, basándose en una agradecida -y melancólica- mezcla de guitar-pop y dream-pop, se dedica a observar un culo.

Como si el culo de la persona amada fuera un… oráculo que predice el futuro de una relación, algo así como la bola de cristal de Alaska, pero convertida en un par de nalgas, airu observa el trasero de la persona amada y anticipa la llegada de una respuesta que aclare sus dudas románticas. «Verte de espaldas me da tanto que pensar / Eso es lo bueno de verte marchar / No creo que esté tan mal mirar / Echarte un ojo y saber qué esperar», canta Irune en el estribillo.

El vídeo de ‘Verte de espaldas’, dirigido por Nora O. Testori, y que estrenamos hoy en JENESAISPOP, juega con la temática de la canción. Su historia gira en torno a la búsqueda de un culo, la cual incluye el casting, la persecución y el interrogatorio, y finalmente el reencuentro amistoso.

Rodado en las playas de la Arena (Muskiz) y Gorrondatxe (Getxo) y en la urbanización de Sopelmar (Sopela), así como en Neguri (Getxo), Azkorri (Getxo) y Rontegui (Barakaldo), el vídeo de ‘Verte de espaldas’ juega con la idea de lo ridículo tanto por la narrativa como por lo visual.

The Rolling Stones / Sticky Fingers

‘Sticky Fingers’ es la cumbre de los Rolling Stones. Supone su tercer disco producido por Jimmy Miller (perfeccionando la fórmula) y el primero grabado sin Brian Jones, y ya con Mick Taylor en total simbiosis guitarrística con Keith Richards, lo que supone el nacimiento del sonido de los Stones como se conocería desde entonces y hasta la actualidad. A partir de este punto cada nuevo disco de la banda (incluyendo ‘Hackney Diamonds’) no miraría ya más atrás de 1971 para encontrar su molde básico, algo que se entiende perfectamente al escuchar el álbum de espectacular portada de Andy Warhol.

De entrada, todas las canciones son redondas, perfectas, después de discos anteriores excelentes pero no completamente excelsos. La perfección se alcanza con ‘Sticky Fingers’, que como ya es costumbre a estas alturas de su discografía, se abría con el número más impactante y directo.

Brown Sugar’, con su controvertida y cuestionable letra, es quizá la cima de sus “rockers”, esa deslumbrante lista de canciones canónicas de los Stones: ‘Jumpin’ Jack Flash’, ‘Street Fighting Man’, ‘It’s Only Rock and Roll’, ‘Start Me Up’… Y otro de esos temas que recuerdas potentísimos y cuando los escuchas otra vez te maravillas de cómo sólo dos guitarras eléctricas y una acústica pueden tener tanta fuerza; que ese cañonazo tenga tan sólo tres o cuatro elementos. Pero se entiende cuando detrás está esa batería de Charlie Watts, con su groove y pegada inimitables (literalmente), ensamblada con Bill Wyman. Un contoneo rítmico irregular que Wyman explicaba que consistía en “tocar un nanosegundo por detrás de Keith”, y que convierte el “sonido Stones” en algo imposible de imitar cuando añades a la ecuación la simbiosis letal de Taylor y Richards con su afinación abierta de sol.

Por encima de todo eso Jagger canta maravillosamente una letra que mezcla problemáticamente referencias históricas a los dueños de las plantaciones usando a las esclavas como objetos sexuales y el disfrute del sujeto de la canción por practicar sexo con alguien de raza negra (“azúcar morena, ¿cómo puedes saber tan bien?”). En su contexto histórico la canción se toleró, simplemente porque cantar sobre sexo y tener un número uno era todavía una osadía, algo culturalmente subversivo. Pero aunque prácticamente nadie se lo cuestionase, sí hubo críticas, aunque minoritarias, especialmente del feminismo radical, igual que para con otras de sus canciones misóginas. Desde 2021 los Rolling Stones ya no interpretan ‘Brown Sugar’ en directo.

‘Sway’ ahonda maravillosamente en sonidos americanos, con el añadido espectacular de un arreglo de cuerda a cargo de Paul Buckmaster (un habitual de Elton John) que añade dramatismo a una letra sobre drogas, muerte, relaciones quebradizas y otros lúgubres asuntos: “No pienso derramar lágrimas en el suelo polvoriento / Por mis amigos en el cementerio (…) Simplemente ocurre que la mala vida me tiene atrapado”.

Solos de guitarra y temática rockera aparte, la esencia musical de ‘Sway’ se acerca mucho a eso que hoy llamaríamos Americana, y es interesante señalar que desde este lado del Atlántico los Stones fueron quienes más contribuyeron a construir ese término que tanto utilizamos décadas después, gracias a la normalización que ejercieron del sonido “roots rock” dentro de un contexto de pop y listas de éxito. Si en la actualidad cuesta bastante ver el legado de los Stones en su faceta “rockers” -más allá de nichos como el garage-rock- en canciones como ‘Sway’ se puede ver la antesala de un tipo de canción que grupos como Wilco o Big Thief todavía hoy en día mantienen viva.

Lo mismo, en un plano más acústico, con canciones como ‘Wild Horses’. De nuevo, la “balada de los Stones” es algo completamente único, un tipo de canción cuyos ecos pueden resonar actualmente en canciones de Jess Williamson o Angel Olsen, en su modalidad romántica (‘Wild Horses’) o existencialista (ver ‘Sister Morphine’ más adelante). Evocando sentimientos de pérdida y separación, la canción nació como una nana para el hijo de Keith Richards, que Jagger completó con material emocional de su propia cosecha y relaciones. La voz que entona ese legendario “ni unos caballos salvajes podrían arrastrarme lejos de aquí” tiene una delicada fragilidad, que los micrófonos del mítico estudio Muscle Shoals Sound en Alabama distorsionaban bellamente cuando Jagger pasaba a fraseos más intensos. Completa la magia el piano del gran Jim Dickinson.

La cara A continúa con el habitual paseo por distintos palos estilísticos: ‘Can’t You Hear Me Knocking’ te hace maravillarte de cómo a partir de un riff de guitarra de tres o cuatro notas se pueden crear un groove tan apasionante, que los Stones inteligentemente prolongan hasta más de los 7 minutos gracias a la contribución en los interludios instrumentales de Billy Preston al órgano, y Bobby Keys al saxofón. Lo más fascinante es que el grupo siguió tocando por puro placer, imaginando que la canción acabaría en un fade-out.

La pasión por el blues rural de los Stones adolescentes -vigente aún cuando ya eran músicos veinteañeros- deja como testamento ese precioso ‘You Gotta Move’, un antiguo espiritual negro recreado con amor, pero también precisión. Igual que pasaba con ‘Prodigal Son’ en ‘Beggars Banquet’, el grupo es capaz de recrear el género pero aportando su propia impronta.

‘Bitch’ abre la cara B, otra excelente pieza de rock de sonido eminentemente negro, esa convergencia estilística en la que se habían encontrado e influido mutuamente con artistas como Ike y Tina Turner, y que en ‘Sticky Fingers’ rubrican con especial estilo (el propio Little Richard versionearía ‘Brown Sugar’ ese mismo año). Contrasta con la hermosísima ‘I Got the Blues’, quizá la pieza del disco más influida por el sonido del estudio Muscle Shoals Sound, pero que irónicamente se grabaría en Londres. Es una balada de southern soul de guitarras arpegiadas, sección de viento totalmente Stax, órgano de Billy Preston una vez más, y Jagger cantando con esa voz que imita las inflexiones de un cantante negro pero elude los clichés y no puede evitar sonar… a Mick Jagger cantando con el corazón roto: “Cada noche que ya no estás / me he sentado a rezar para que estés a salvo / En los brazos de un tipo / Que te devuelva la vida y no te hunda abusando de ti”.

Se ha especulado si tantas letras del cantante sobre desamores (‘I Got the Blues’, ‘Wild Horses’) tenían una inspiración directa en su ruptura con Marianne Faithfull. Especulaciones aparte, ‘Sister Morphine’ sí tiene una relación directa con la artista, porque fue coescrita por ella con Jagger y Richards y de hecho su versión fue la primera, en 1969. Quizá por su influencia la pieza no suena nada americana, es más bien un tipo de folk existencialista que contrasta fascinantemente con el resto de ‘Sticky Fingers’ pero que ejerce de pieza indivisible del resto, enlazando con los temas de adicción y atrapamiento desde una perspectiva más ocre. «Aquí yazco en mi cama del hospital / Dime, hermana Morfina, ¿cuándo vas a volver? / No creo que pueda esperar tanto / Ya ves que no soy tan fuerte”.

El muy apropiadamente austero arreglo es una réplica de la producción original de Jagger para la versión de Marianne, hasta el punto de que volvieron a contar con Ry Cooder a la guitarra slide y Jack Nietzsche al piano. El resultado es de una enorme belleza espinada, con Mick cantando, interpretando, con quebradiza voz de desesperación y el piano envuelto en un opresivo eco en varios de los interludios, expresionismo sonoro para otra de las cumbres del álbum.

Algo tan funesto sólo podía seguirse en la secuencia de canciones por la increíblemente deliciosa ‘Dead Flowers’. Descompresión por vía de una canción de country pop llena de humor pero (¡por fin!) de redonda composición. Aunque los Stones de 1971 ya eran “rock royalty”, funciona perfectamente esta diatriba contra una mujer de clase alta que desprecia al protagonista de la canción, prefiriendo seguir “en su silla forrada de seda hablando con algún tipo rico que conoces” antes que relacionarse con “mi harapienta compañía”. La cosa toma un heroinómano giro con ese “Yo estaré en el sótano con una cuchara, una aguja y otra chica para olvidar mis penas”, todo ello envuelto en esa modalidad de country rock tan Gram Parsons. El estribillo (de lo más gloriosamente coreable de todo el disco) concluye con los legendarios versos “sé que te crees la reina del underground / Así que puedes mandarme flores muertas cada mañana / Manda flores muertas a mi boda / Y yo no olvidaré poner rosas en tu tumba”.

No hay mejor cierre posible que con ‘Moonlight Mile’, que como ‘Sister Morphine’ se aleja del Americana (slides aparte) para recordar a la niebla mística del Van Morrison de ‘Astral Weeks’, con un extra de aroma oriental. Una pieza acústica magistral que el arreglo orquestal de Paul Buckmaster eleva a los cielos, mientras Jagger canta agotado en una letra que alude a la alienación de la vida en la carretera y el exhausto alivio al terminar: “Otro loco día más en la carretera, mis sueños se desvanecen vía del tren abajo / Al llegar a casa he hecho un montón con mi ropa de pedrería / Voy a calentar mis huesos / En mi radio… silencio. / Que fluyan las ondas de aire / Estoy durmiendo bajo cielos extraños”.

Igual que ocurre con los Beatles, los Rolling Stones son una anomalía musical inglesa históricamente irrepetible. Si los de Liverpool partiendo de una selección de ingredientes básicamente americanos (rock and roll de los 50, girl groups de los 60, pop del Edificio Brill y música soul) fueron capaces de crear algo nuevo, singular a base de recombinarlo (todo el mundo sabe a qué suena algo si “suena a los Beatles”), los Stones hicieron lo mismo con elementos más “roots” (rock and roll, blues, country, o soul sureño) creando también su particular singularidad.

Tras los devaneos persiguiendo el pop de los Beatles a mediados de los 60, es en ‘Sticky Fingers’ donde la poción de los Stones alcanza la mezcla perfecta, y aparece pues por primera vez el “sonido de los Rolling Stones”, que se perpetuaría a partir de entonces como marca de la casa y hasta estereotipo: una variedad de “roots rock” totalmente basada en lo americano, pero que en América no hacen exactamente así.

Se puede argumentar que esa perfección sónica y conceptual la alcanzarían al año siguiente, con ‘Exile on Main St.’, pero personalmente (y siendo el «Exile» otro extraordinario disco) creo que no hay comparación: ‘Sticky Fingers’ creó el molde, y lo estableció mediante diez concisas y perfectas canciones. Incluso el legendario logo de los labios y la lengua apareció por primera vez en el inserto de ‘Sticky Fingers’, sellando metafóricamente el comienzo de la era definitiva del grupo.

Gracie Abrams cierra gira en Madrid, fiel a su sencillez

2
Oscar Lafox

Gracie Abrams no ha necesitado mucho para convertirse en una de las artistas más prometedoras del panorama actual: tan solo su voz y sus letras. La cantante, autora de su propia música, ha optado por un pop alternativo que destaque sus narraciones. Alejándose también de cualquier tipo de extravagancia, su primera gira hace una perfecta representación de ello.

The Good Riddance Tour ha llevado a Gracie Abrams a recorrer Estados Unidos y Europa con su disco debut, ‘Good Riddance’. Por caprichos del destino, la última parada de la misma tenía lugar en Madrid, en un WiZink al que acudieron unas 5.000 personas. “Este es el mayor concierto que he dado jamás”, decía Abrams emocionada encima del escenario. «Mil gracias a todos», repetía en inglés constantemente mientras hacía gestos a los asistentes con la mano.

El escenario destacaba por su simplicidad: apenas un piano, una guitarra, una batería y algunas bombillas decorativas rodeaban a la estadounidense. El espectáculo, sin embargo, lo ofrecía la iluminación. Los focos de la parte superior del escenario cambiaban de color conforme Abrams repasaba su todavía pequeña discografía, que se sintió más oscura y sobria que nunca.

Las letras de Abrams giran, la mayoría de las veces, en torno al desamor y la oscuridad de una relación fallida. Es esta oscuridad, característica en temas de ‘Good Riddance’ como ‘Where do we go now?’, la que se aprecia durante el concierto llegando incluso a protagonizarlo. Quien tuviera dudas sobre la crudeza de canciones como ‘I should hate you’, la interpretación que hizo bajo su silueta (pues apenas se podía ver el rostro de la artista) las habrá acabado de disipar. El juego de sombras daba vida a las canciones en tanto que se las quitaba para volverlas más devastadoras.

Oscar Lafox

El concierto final de su paso por Europa tampoco quedó exento de sorpresas. Gracie Abrams cantó ‘Delusional’, tema inédito que acababa de escribir junto a su amiga Audrey, a quien contactó por videollamada en directo para que no se perdiera la presentación de la canción. Gracias al silencio de los asistentes, fue una de sus actuaciones a guitarra más íntimas.

Se tiende a pensar que las canciones que se convierten en himnos son aquellas cuya producción rebosa tanta energía que te hace querer cantarlas a todo pulmón. Sin embargo, Gracie Abrams demuestra que para conseguir esto último no hace falta lo primero. El mashup de ‘Rockland’ y ‘Will you cry?’, la interpretación a piano de ‘I miss you, I’m sorry’ o la casi divertida pero enfadada ‘Mess It Up’ tenían a la multitud enloquecida y supusieron uno de los mejores momentos del concierto. Las tristes ‘Amelie’ y ‘Camden’, los más emocionantes con las linternas de los móviles encendidas.

Gracie Abrams es fiel a su sencillez en su primer concierto en Madrid. «Creo que estoy más viva de alguna manera / Me siento yo misma ahora», canta la artista en el último tema de la noche, ‘Right now’. Si pretendía abrirse tal y como lleva haciendo todo este tiempo en su música, ha superado su objetivo con creces.

Oscar Lafox

Víctor Erice regresa al cine por todo lo alto con ‘Cerrar los ojos’

Con tan solo tres películas, Víctor Erice ya contaba con una de las mejores y más importantes filmografías de la historia del cine español. ‘El espíritu de la colmena’, ‘El sur’ y ‘El sol del membrillo’ figuran como pilares fundamentales de nuestro cine. Por diversos desacuerdos con la industria, Erice dejó la dirección de largometrajes con esta última en 1992 y solo volvió a ella en 2002 con un bello cortometraje llamado ‘Alumbramiento’.

‘Cerrar los ojos’ supone el regreso del maestro a la gran pantalla y es, sin lugar a duda, el acontecimiento cinematográfico más importante del año. En ella, Erice se sirve de sus propias experiencias como cineasta, ofreciendo un ejercicio de constante autorreflexión fílmica. Es una película extraña en el mejor sentido de la palabra, una película que nunca deja pisotearse por las dinámicas cinematográficas contemporáneas y tampoco se deja llevar por una nostalgia caducada.

El filme comienza con una magnífica secuencia rodada en celuloide y ambientada en los años 40, aunque nada más termina, Erice corta abruptamente a otra cosa. Ahí es donde se establece el primer choque entre lo moderno y lo antiguo, una dicotomía muy presente en la narrativa interna de sus tres horas de metraje. ‘Cerrar los ojos’ presenta a Miguel Garay, un cineasta que lleva sin rodar una película desde los 90, un proyecto que nunca llegó a terminar porque el actor protagonista y gran amigo suyo, Julio Arenas, desapareció sin dejar rastro. En 2012, Miguel recibe una llamada de un programa de televisión, ‘Casos sin resolver’, para hablar sobre aquel suceso.

Si ‘El sur’ o ‘El espíritu de la colmena’ estaban más preocupadas por transmitir un tono o un estado de ánimo, ‘Cerrar los ojos’ es la obra más narrativa de Erice, ya que es siempre la trama la que impulsa el transcurso de la película. El cineasta compone un doloroso y melancólico tratado sobre la memoria, el discurrir del tiempo y las complejidades de las relaciones humanas. Lo hace a través de los ojos cansados de un excelso Manolo Solo, aquí alter ego de Erice, a quien utiliza también para indagar en el misticismo de su filmografía y en el significado y poder del propio cine. Erice regala a Ana Torrent, aquella niña de mirada inolvidable de ‘El espíritu de la colmena’, un papel precioso con el que cierra un círculo. También, el cineasta rueda por fin en ese prometido y adorado “Sur”.

Siguiendo en el plano interpretativo, tampoco se puede obviar la superlativa presencia de José Coronado, quien se mimetiza con su personaje hasta un punto irreconocible, ni las breves y divertidas intervenciones de la gran Petra Martínez.

En ‘Cerrar los ojos’, Erice compone una bellísima búsqueda del recuerdo, un poderoso manifiesto contra el olvido y un viaje en el que perderse en pasados idealizados, presentes duros y futuros inciertos. La experiencia que ofrece aquí el cineasta sacude con la intensidad con la que solo lo hacen las grandes películas mediante su mirada cristalina y sabia. Es la mirada de alguien que comprende, escucha y observa con atención el misterioso fluir de la vida.

Daft Punk niegan que vayan a actuar en los JJ OO de París

12

El medio francés Le Parisien ha informado en las últimas horas de que Daft Punk se encuentran en negociaciones para reunirse y actuar en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París, que se celebra el próximo mes de junio de 2024.

Le Parisien ha citado palabras de Thomas Jelly, director artístico de los Juegos Olímpicos, que durante una entrevista de radio ha aludido a una posible reunión de Daft Punk. Jelly ha dicho que «no puedes no pensar en Daft Punk cuando piensas en un ejemplo de grupo francés internacional y de éxito» y ha declarado: «he mentido sobre Daft Punk, en realidad ya los tenemos, no están negociando».

Le Parisien confirma que esas negociaciones de los Juegos Olímpicos con Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homem-Christo han existido y que los músicos son «duros para las negociaciones». Sin embargo, Jelly no ha querido dejar que la noticia de una posible reunión se salga de madre, y ha negado que Daft Punk vayan a participar en la ceremonia.

«Mis comentarios han podido llevar a confusión y han generado muchísimas expectativas», ha escrito Jelly en X. «Debo aclarar que, después de negociar su posible presencia en la ceremonia, el grupo ha tomado la decisión de no participar. Respeto su decisión y me disculpo por la ambigüedad de mis comentarios».

Una reunión de Daft Punk era muy improbable dado que no hace tanto desde que el grupo anunció su separación, en el invierno de 2021. Actualmente, Thomas y Guy-Manuel se encuentran concentrados en la promoción del décimo aniversario de ‘Random Access Memories’, su disco final. La versión «sin percusiones» del álbum verá la luz en noviembre.

Yard Act también buscan una «Utopia» en su nuevo disco

0

Yard Act, el último grupo de post-punk que ha conquistado las listas británicas, y también al panel del Mercury Prize, con su primer disco, ‘The Overload‘ (2022), vuelve. ‘Where’s My Utopia’, su segundo larga duración, se pone a la venta el próximo 1 de marzo de 2024. Remi Kabaka Jr., de Gorillaz, lo ha producido mano a mano con el cuarteto de Leeds.

El primer single, ‘Dream Job’, llega dispuesto a animar festivales con un ritmo inspirado en la música disco de principios de los 80. Los Kool & The Gang de ‘Celebration’ parecen una influencia clara en el tipo de melodías y percusiones y en todo el espíritu de la canción.

‘Dream Job’ habla de la relación de James Smith con la industria musical. «Me burlaba de mí mismo por ser un mocoso quejica e ingrato, a la vez que trataba de abordar cómo la industria musical es una bestia incontrolable que avanza a toda velocidad sin pensar y en la que cada una de las personas implicadas desempeña su papel», cuenta el músico.

Smith relata que ha intentado «articular la complejidad de sus emociones» en la música de su nuevo single, y que la «gravedad» con las que sentía esas emociones «no tenía cabida». No ha tenido más remedio que hacer una canción divertida. «Intenté plasmar (esas emociones) en una canción pop que dura menos de tres minutos una vez que la niebla se despejó un poco».

El repertorio de ‘Where’s My Utopia’ incluye una colaboración de Katy J Pearson, autora de uno de los discos destacados de 2022, ‘Sound of the Morning‘. Así queda el tracklist oficial:

1. An Illusion
2. We Make Hits
3. Down By The Stream
4. The Undertow
5. Dream Job
6. Fizzy Fish
7. Petroleum
8. When The Laughter Stops (ft. Katy J Pearson)
9. Grifter’s Grief
10. Blackpool Illuminations
11. A Vineyard for the North

Trevor Horn saca brillo a 11 clásicos con Tori Amos, Rick Astley…

3

Trevor Horn, el superproductor que «inventó el sonido de los ochenta», como se le suele describir, gracias a su trabajo con Yes, Frankie Goes to Hollywood, Grace Jones, Malcolm McLaren o Dollar, publica nuevo proyecto en diciembre. En ‘Echoes – Ancient & Modern’, Horn ha recuperado 11 clásicos (de los ochenta y posteriores) y los ha regrabado con la colaboración de diferentes estrellas invitadas y arreglos orquestales totalmente nuevos.

El propio Horn canta el clásico de Roxy Music, ‘Avalon’ y produce a Marc Almond, Tori Amos, Rick Astley, Andrea Corr, Steve Hogarth, Lady Blackbird, Jack Lukeman, Iggy Pop, Seal y Toyah Wilcox & Robert Fripp en temas interpretados originalmente por Pat Benatar, The Cars, Depeche Mode, Frankie Goes to Hollywood, Billy Idol, Joe Jackson, Grace Jones, Kendrick Lamar, Nirvana y Yes. Entre las curiosidades, Tori Amos versiona a Kendrick, o Iggy Pop a Depeche Mode.

‘Echoes – Ancient & Modern’ sale a la venta en CD, vinilo y digital el 1 de diciembre, acompañado de un libreto que incluye una entrevista con el productor realizada por su viejo amigo y colaborador Paul Morley.

De ‘Echoes – Ancient & Modern’ han salido ya tres singles. ‘Slave to the Rhythm’, original de Grace Jones, se transforma en un baladón con la voz de Lady Blackbird. Después, Seal canta ‘Steppin’ Out’ de Joe Jackson dejándose empapar de ritmos propios del easy-listening y la bossa nova. Y, desde hace unos días, es posible escuchar ‘Love is a Battlefield’ de Pat Benatar cantada por Marc Almond, que se desmarca del resto de sencillos por su sonido decididamente synth-pop y electro.

Así queda el tracklist de ‘Echoes – Ancient & Modern’:
01 – Swimming Pools (Drank) feat. Tori Amos
02 – Steppin’ Out feat. Seal
03 – Owner Of A Lonely Heart feat. Rick Astley
04 – Slave To The Rhythm feat. Lady Blackbird
05 – Love Is A Battlefield feat. Marc Almond
06 – Personal Jesus feat. Iggy Pop
07 – Drive feat. Steve Hogarth
08 – Relax feat. Toyah Wilcox & Robert Fripp
09 – White Wedding feat. Andrea Corr with Jack Lukeman
10 – Smells Like Teen Spirit feat. Jack Lukeman
11 – Avalon


Miles Kane anuncia gira española para 2024

0

Miles Kane actuará en cuatro ciudades españolas en la primavera de 2024. La primera fecha será el 5 de marzo en la Sala Bóveda de Barcelona, la segunda el 6 de marzo en el Kafe Antzokia de Bilbao, la tercera el 7 de marzo en Jaguar Club de Madrid y la última el 8 de marzo en 16 Toneladas de Valencia. Las entradas saldrán a la venta este viernes 27 a las 10 horas a través de la página web de Last Tour.

El motivo de la gira de Miles Kane es por supuesto ‘One Man Band’, su último disco, publicado el pasado mes de agosto. Para grabarlo, Kane regresó a Liverpool: «Hacer el álbum en Liverpool con mi familia me ayudó mucho a sacar esto de mí», ha declarado el músico. «A veces hay que retroceder para avanzar, y este proyecto me ha ayudado a redescubrir por qué cogí una guitarra».

Kanes es conocido por su carrera en solitario, pero también por su trabajo en The Last Shadow Puppets (junto a Alex Turner de Arctic Monkeys) o The Rascals. En solitario, Kane ha publicado ya cinco álbumes de estudio. Antes de ‘One Man Band’ llegaron ‘Change the Show’ en 2022, ‘Coup de Grace‘ en 2018, ‘Don’t Forget Who You Are’ en 2013 y ‘Colour of the Trap’ en 2011.

‘Si no estás’ de Iñigo Quintero arrasa… ¿pero lo merece?

28

Parte de la redacción evalúa ‘Si no estás’ de Iñigo Quintero, actual número 1 global de Spotify.

«En el artículo de El País sobre Íñigo Quintero apuntan al cansancio del reggaeton como uno de los motivos del monstruoso éxito de esta canción. Aunque tengo mis dudas sobre lo orgánico de lo ocurrido, sí que es cierto que hay una sobredosis de «pollachochoculometerla», y que canciones como ésta no pueden ser más distintas; ya esté dedicada a Dios o a ¿otro hombre? (no es incompatible), ‘Si no estás’ es bastante linda, la letra se mueve entre el amor y el existencialismo de manera accesible, y la voz de Quintero no está nada mal, ayudando aquí a realzar el carácter dulce de la canción.

Es curioso también lo «rara» (entiéndase) que es para lo que podría parecer a simple vista: no hay un subidón de estribillo épico (la primera vez que la escuché pensé que en cualquier momento salían Morat cantando «cómo te atreves a volveeeer»), el estribillo de hecho solo suena como tal solo una vez, se apoya mucho en las estrofas arrastrando las palabras casi con desesperación, teniendo pegado incluso el outro (la única palabra que se repite, «amor», está aquí), y a lo largo de la producción, tanto vocal como de los instrumentos, hay como cien ideas al mismo tiempo. Y, frente a la moda de dos minutos o incluso minuto y medio, ¡’Si no estás’ dura tres minutos!. Alabado sea el Señor, supongo». Pablo Tocino

«El éxito de ‘Si no estás’ es un milagro para la música independiente que se contará en los libros de historia, pues, salvo que se demuestre lo contrario, y a pesar de lo que nos gusta elucubrar en redes sociales como si fuéramos investigadores de la CIA, detrás del lanzamiento de Íñigo Quintero (sorry pero las minúsculas me dan alergia) no se encuentra ninguna discográfica multinacional detrás, sino la distribuidora Acqustic, por la que ha pasado un sinfín de talentos salidos del underground en los últimos años. Le podría haber pasado a Aren, le podría haber pasado a García Picasso, le podría haber pasado a ilsen, le podría haber pasado a Franc, a PauByChance, a JADDØ… pero le ha pasado a este muchacho gallego que ha sido tocado por la mano de Dios TikTok y ha acabado plantándose en el número 1 global de Spotify. Me imagino a Bad Bunny rascándose la cabeza, a Dua Lipa buscando «WTF is Acqustic» en Google, a Ed Sheeran preguntándose qué está haciendo mal.

Aún así, soy absolutamente incapaz de hallar méritos suficientes en esta composición baladesca que me suena a una maqueta de James Arthur a la que le faltan unas cuantas vueltas para equipararse a una canción buena de James Arthur. Más que «rara», me parece que le falta músculo compositivo y que la producción, con diversos trucos, trata desesperadamente de animar una canción en realidad melódicamente flácida e insulsa. Iñigo Quintero la canta con sentimiento, pero me parece que vuelca emoción donde en realidad no hay nada. El debate sobre si ‘Si no estás’ es una canción religiosa o no me interesa menos en los tiempos en que Rigoberta Bandini le puede dedicar un disco entero al «Señor» y nadie se rasga las vestiduras, sobre todo porque Iñigo se ha preocupado por que ‘Si no estás’ sea ambigua y parezca otra canción romántica más. Pero no veo más allá en esta canción y las cifras que está haciendo me alejan cada vez más de comprender su éxito». Jordi Bardají

¿Merece 'Si no estás' el número 1 global?

Ver resultados

Cargando ... Cargando ...

The Rolling Stones / Hackney Diamonds

La llegada de un nuevo disco de los Rolling Stones en este tramo final de su carrera siempre va a ser juzgada desde las expectativas. Si son muy bajas, la recepción será seguramente entusiasta a nada que haya un par de chispazos de calidad. Por otro lado, si se espera algo comparable a lo mejor de su excelente legado, la decepción está asegurada. Así, muchas de las reacciones y reseñas de los pasados días orbitan alrededor de estos dos polos.

En mi caso, lo que más me ha decepcionado de ‘Hackney Diamonds’ no es tanto el irregular nivel de composición de las canciones (algo esperable de un grupo que no ha sido capaz de hacer un disco nuevo en 18 años), sino aspectos problemáticos de su envoltorio sonoro. Tras la desagradable sensación al oír el tratamiento vocal en el muy digno single de adelanto ‘Angry’, el nuevo álbum al completo confirma el mal augurio: no se trataba de un capricho aislado, sino que ese detalle de producción se extiende por la buena parte del disco cual hongo cordyceps. Y no se trata sólo del poco disimulado corrector de afinación -que con unos ajustes más discretos ni se habría notado- sino de un ultratratamiento de la voz de Jagger a base de una fea distorsión que aplasta la voz hasta convertirla en una papilla sonora realmente irritante.

Nada en contra de los efectos en la voz de Mick: ha ocurrido a menudo en la discografía de los Rolling Stones, casi siempre con afán de experimentación. Pero en este caso la idea de Andrew Watt (productor de recientes discos de Dua Lipa, Iggy Pop o Pearl Jam) es dotarla de más agresividad, o quizá se trate de un intento de emular las voces saturadas de los Strokes. Sea como fuere, lo cierto es que ese tratamiento estropea buena parte de la experiencia ‘Hackney Diamonds’, convirtiendo muchas de las pistas vocales en extrañamente artificiales. Basta con comparar la voz de algunas de ellas (‘Get Close’, ‘Depending on You’) con, por ejemplo, ‘Driving Me Too Hard’ (donde el tratamiento de la voz es más natural), para comprobar lo desnaturalizado del resultado final. En las canciones donde ocurre es muy perceptible especialmente en las secciones con pocos instrumentos, como este momento de ‘Whole Wide World’, donde el Jagger real podría casi pasar por uno generado por IA.

El problema se agrava cuando los coros y armonías vocales caen presa también de ese tratamiento sobremasajeado, hiperprocesado con plug-ins digitales, que produce estribillos en los que todas las voces en combinación se aplastan en una sobreestilización con cierto brillo barato de bisutería. Elección estético-musical muy respetable sin duda, pero lo último que necesitan los Rolling Stones es acabar sonando como Aerosmith o Bon Jovi. Que es lo que acaba ocurriendo en casi la mitad del disco, especialmente combinado con una producción que a ratos coquetea con los excesos de las “guerras del volumen”.

Por otro lado, es justo decir que ‘Hackney Diamonds’ también tiene cualidades, y obviando (quien pueda) la producción vocal intermitentemente desagradable, supone una colección razonablemente aceptable de canciones de Stones de período tardío. Por ejemplo, hay unos cuantos “rockers” bastante dignos: ‘Angry’ no deja de ser pegadiza a pesar de esos giros hard-rockeros 90s que Watt imprime con su producción. La guitarras en estéreo de Keith y Ron se distinguen bien, suenan excitantes, con mención especial a una letra que normaliza que alguien que es bisabuelo desde hace diez años reivindique su vida sexual.

‘Bite My Head Off’ también funciona, con su sorprendente descarga de rabia en la que Paul McCartney cobra especial protagonismo haciendo un increíble bajo con fuzz que recuerda al ‘Birthday’ de los Beatles pero en clave punk rock. Resulta una agradable sorpresa que una colaboración no se quede en simple formalidad y realmente imprima carácter a la canción. Mientras, Jagger canta entre la diversión y la rabia versos como “si fuera un perro, me patearías… pero no llevo correa”, y un cómico “You think I’m your bitch / I’m fuckin’ with your brain” que suena convincentemente provocativo. Claramente la presencia de un invitado (como veremos más tarde) consigue sacar lo mejor de Mick.

‘Driving Me Too Hard’ es la joya de la parte más rockera del disco: suena en un momento, cerca del final de la cara B, donde desaparece por fin el molesto condón vocal, a tiempo para que el grupo borde una canción en la que cada parte está en su sitio y las musas de Jagger/Richards les regalan por fin una excelente melodía. Preciosos tonos de guitarra, y slides para redondear una canción que sí podría pasar tranquilamente a la parte interesante de su legado. Quizá la única del disco, pero hey, son 60 años de carrera. Es en raros momentos como ese en los que se percibe que funcionan los trucos de producción de Watt, como dotar al disco de mucho “low end” (banda de graves) para actualizar su sonido.

En cuanto al apartado de cortes aburridos hay espacio para unas cuantas canciones también: ‘Get Close’ falla a sus prometedores estrofas con un estribillo totalmente plano, además de la opresiva producción. En ‘Whole Wide World’ el ultraprocesado sónico se vuelve por momentos insoportable con unas melodías bastante mediocres, incapaces de levantar ese riff resultón. Son pasajes del disco en los que se evidencia que los Stones necesitan grasa, suciedad e imperfección, caos y desorden, y no una hiperestilización con extra de esteroides.

Tampoco entusiasma ‘Live by the Sword’, que contiene el bonito detalle de reunir (en diferido) a Charlie Watts y los chicos con Bill Wyman (una idea que hay que agradecer a Andrew Watt) pero no ofrece mucho más que un atractivo groove rocanrolero que incluye a un Elton John haciendo un piano por desgracia casi inaudible. Cosas como esa, o el hecho de que el exagerado filtro de eses (de-esser) haga que por momentos parezca que Jagger cecea, son detalles que te sacan fácilmente de la canción.

En el apartado de los tiempos medios, hay cosas dignas: ‘Depending on You’ ofrece otra buena melodía, en melancólica coherencia con una letra de fracaso sentimental que Jagger consigue alejar del piloto automático: “Las marcas de tus dedos en la oscuridad / Tu pasado y presente se enredan en mis brazos / Nuestros secretos, sellados en nuestras cicatrices / Compartiendo un pitillo en los escalones de un bar / Estaba convencido de que tenía tu corazón en mis manos”. También es correcta ‘Mess it Up’, la otra canción recuperada de anteriores sesiones con Charlie Watts, con su saltarín estribillo de toque disco y estrofas de inconfundiblemente Stones, impulsadas por jubilosos acordes de guitarra, y un buen post-estribillo con ribetes de funk.

Por supuesto no habría disco de los Stones sin una balada o medio tiempo cantado por Keith Richards, y ‘Tell Me Straight’ tiene un interesante tono aciago, en melodía y letra: “Todo el mundo tiene preguntas, y yo tengo una o dos / ¿Está todo mi futuro en el pasado? / Sólo necesito un poco de tiempo para aclarar mis pensamientos / Y averiguar si es cierto”. Nunca habíamos oído a Richards con un deje tan existencialista, que aporta aquí otro de los buenos momentos líricos del álbum.

Además es una canción que enlaza ‘Driving Me Too Fast’ con los dos cortes de cierre, formando una sólida recta final de cuatro canciones que salvan en cierto modo el disco. Porque tras ella llega ‘Sweet Sounds of Heaven’, otra pieza moldeada a semejanza de viejos clásicos del grupo en clave de himno (‘You Can’t Always Get What You Want’, por ejemplo, con cuya melodía comparte algunas similitudes), aunque aquí con un carácter gospeliano más marcado, y guitarras arpegiadas muy soul sureño (al estilo de aquella vieja ‘I Got the Blues’ de ‘Sticky Fingers’).

En ella, la presencia de Stevie Wonder y sobre todo Lady Gaga dan una inusitada vida a la interpretación, hecha en directo, casi medio improvisada, incluyendo esa coda final en la que todo el grupo brilla majestuosamente. Gaga no es Merry Clayton (ella la mencionó, no nosotros), pero consigue el milagro de que Mick produzca su mejor interpretación vocal del disco: solemne, emocional, divertida en esos intercambios finales. Y por supuesto (sí, voy a volver a decirlo) sin absurdos filtros. Lamentablemente hay que esperar al final de cada cara del disco para oír la estupenda voz sin aditivos de Jagger.

Porque además de ‘Sweet Sounds of Heaven’ las dos caras se cierran con sendas piezas acústicas de excelente calidad: ‘Dreamy Skies’, preciosa, recuerda completamente al Dylan más reciente, con esa exquisita y rugosa voz de country blues. Ron y Keith otra vez magistrales, el uno con dobro y el otro trazando sus riffs perfectamente imperfectos, que hacen pensar lo poco que se le nota la artritis (frase que puede parecer una broma pero no lo es). Se completa con una letra en favor de un bucolismo frente a lo moderno (“Voy a tomarme un respiro de todo / Donde no haya un alma a cien millas a la redonda / Cortaré leña, y una vieja radio AM es todo lo que tendré / Sólo suenan canciones de Hank Williams y algo de honky-tonk malo”). Un bonito alegato poético anti-tecnología que ya podría haber incluido los plug-ins digitales de Andrew Watt.

El final de la cara B cobra especial sentido simbólico: es una versión de la canción que les dio nombre hace seis décadas, el ‘Rolling Stone Blues’ de Muddy Waters. Cantada magníficamente por Mick y tocada con brutal belleza por Keith con una vieja guitarra Martin de los años 30, un flashazo de talento anciano verdaderamente insuperable. Si la discografía de los Rolling Stones acabase finalmente de esta manera resultaría un muy poético cierre de un ciclo musical que abarca la friolera de 60 años.

Floating Points juega a ser Giorgio Moroder en ‘Birth4000’

8

Floating Points se ha involucrado en proyectos cercanos a la alta cultura. Su trabajo con el ya difunto Pharoah Sanders apareció en todas las listas de lo mejor de 2021. Recientemente interpretó aquel ‘Promises’ en un Hollywood Bowl agotado reuniendo a gente como Shabaka Hutchings, Kieran Hebden (Four Tet), Dan Snaith (Caribou), Kara Lis Coverdale y Hinako Omori, con Miguel Atwood-Ferguson como director. Este año ha estado componiendo su primer ballet para orquesta sinfónica y electrónica. ‘Mere Mortals’ será interpretada por el Ballet de San Francisco y se estrenará en enero de 2024.

Pero lo que nos ha presentado entre las novedades de este viernes es una grabación completamente diferente. Se trata de ‘Birth4000’, un regreso en toda regla a la pista de baile más desenfrenada. Con trazos de electro y el disco más sofisticado y futurista de finales de los años 70, podríamos considerarlo su pequeño ‘I Feel Love’ particular. Estoy seguro de que el vinilo white label que se ha puesto a disposición del público en Bandcamp -donde también figura una versión extended con una intro más «ambient»- consiente su mash-up con el gran clásico de Giorgio Moroder. Sobre todo porque, yendo de menos a más, parece que va a incluir la voz de Donna Summer en cualquier momento.

‘Birth4000’, nuestra Canción del Día hoy, se ha hypeado durante los últimos meses, pues su equipo parece muy consciente de sus posibilidades. Fue interpretada por Four Tet en su set de Finsbury Park, además de adornar la araña industrial de Arcadia cuando la interpretaron Shepherd y Caribou b2b en el Festival de Glastonbury de este año. También apareció en sets de festivales de Peggy Gou, Ben UFO, Call Super y Palms Trax, entre otros.

Nicki Minaj retrasa ‘Pink Friday 2’

9
PinkFriday2

La fecha de lanzamiento del disco de Nicki Minaj se acercaba, pero ya no. La cantante ha decidido retrasarlo unos días, pasando ya a diciembre y quedando excluido de lo que serán las listas con lo mejor del año.

‘Pink Friday 2’, que iba a salir antes de Black Friday, el 17 de noviembre, pasa al 8 de diciembre. Del disco en principio conocemos tan solo 2 singles y no el tracklist. En primer lugar, ‘Super Freaky Girl’, editado el año pasado; y en segundo, la balada ‘Last Time I Saw You’, editada el 1 de septiembre.

Este tema alcanzaba el puesto 23 en Estados Unidos y el puesto 46 en Reino Unido, quedando fuera de todas las listas europeas, por lo que su impacto ha sido limitado. Se desconoce si el retraso se debe a un cambio en la estrategia o de reorganización del álbum. En verdad, el tema de Nicki Minaj que continúa en listas es ‘Barbie World’ para la banda sonora de ‘Barbie’.

Madonna se «celebra» como icono y mujer libre en una de sus mejores giras

50
Live Nation

«¿Película o gira mundial?», preguntaba Madonna hace unos meses en sus redes sociales. La artista trabajó durante 2 años en un guión para un film sobre su vida, que finalmente no va a ver la luz, parece que por una falta de acuerdo con Universal Pictures en la duración del mismo. El proyecto, dirigido por ella, pintaba endogámico, y sus fans votaban claramente por la gira.

Y eso que el tour podía ser un problema, también. Madonna sufrió una lesión de cadera y otra de rodilla durante la gira pre-pandemia por teatros de ‘Madame X’, que nunca ha explicado más allá de una radiografía en su segunda casa, Instagram. Cierta actitud errática en esta red o en TikTok, y sobre todo una presentación totalmente desnortada junto a Maluma en un concierto especial en Medellín, nos hacían preguntarnos si Madonna estaba en condiciones de llenar estadios. El comienzo de ‘Celebration Tour’ certifica que sí: técnicamente el show es un bombardeo muy bien armado de vídeos icónicos, vestuarios más icónicos todavía, y hits de todas las épocas. A veces, el exceso de coreografía y autoexigencia evidencia más lo que ya no es capaz de hacer sobre un escenario, que lo que aún sí es capaz de hacer, pero en general y a pesar del miedo que dan esa rodillera y algunos riesgos innecesarios, luce estupenda.

También estamos ante una de las mejores direcciones artísticas que ha ideado en su vida esta gran maestra sobre cómo montar una gira. ‘Blonde Ambition’ fue la pionera, con su división en bloques narrativos. ‘Confessions’, la perfección. Pero ‘Celebration’ es la primera que reivindica totalmente su legado, que ya asciende a los 40 años, en una persona en general alérgica a revisitar su pasado. De hecho, Madonna ha rizado el rizo: ni después de haber sido hospitalizada este verano, esto es un tour de «greatest hits» como el que podrían haber hecho U2, con quienes comparte mánager. La mitad de sus temas más populares en Spotify ni aparece en el setlist. De las 10 canciones que me parecían seguras para el set, solo acerté 5.

Más bien asistimos a una narración muy personal sobre sus 40 años de carrera, en la que la selección de cada una de las canciones esconde un sentido muy concreto. La proporción entre canciones que conoce todo el mundo y canciones que no son tan populares pero sí son especiales para ella por un motivo u otro ronda el 50%. Es trabajo del público adivinar qué significa cada una… y también aquellas que suenan tan sólo durante unos segundos, que son muchas.

La sucesión de los temas no es cronológica, pero lo parece. Si casi todas las giras de Madonna han tenido una presentación, un nudo y un desenlace ligeramente definidos, en esta, por fin, el sentido es más evidente. No podemos adivinar si el show ha cambiado muchísimo después de que la artista pensara que podía morir este verano, pero el modo en que se dirige a la audiencia, la versión que escoge, ese momento en que en Amberes -esta crónica corresponde al show del 21 de octubre- rompió a llorar guitarra en mano, agradeciendo haber tenido una segunda oportunidad, lo ha resignificado todo. Porque el concierto celebra sus momentos más festivos, populares y de comunión con el público, pero también aparecen los más polémicos, los menos agradecidos, los más sufridos, aquellos que la deprimieron. Y es esta parte la que quizá no va a comprender el público generalista, pero la que nunca olvidarán sus fieles seguidores. Pasemos a los spoilers.

Lo primero que escucha el público en este tour es cristalino: «Cuando era muy joven, nada me importaba realmente, excepto hacerme feliz a mí misma. Yo era lo único que había. Ahora que he madurado, todo ha cambiado. Y nunca volveré a ser la misma, gracias a vosotros». Ese vosotros se refiere claramente a sus hijos y a sus fans. Las primeras personas en que pensó -en ese orden- cuando despertó hace unos meses de un coma inducido. En cuanto a sus hijos, tocan y actúan en el show. En cuanto a lo segundo, sus fans habían lloriqueado desde siempre porque ciertas canciones relevantes de Madonna nunca habían sonado durante una gira de la artista. Este tour recupera muchas de ellas, y sabe hacerlo generando una narrativa tan imponente que de repente ‘Nothing Really Matters’ parece la canción más importante que jamás haya escrito Madonna, por mucho que a duras penas la recordaras.

Tras lo que podemos considerar esta introducción, y según la narración de Bob The Drag Queen, el concierto continúa recordando los inicios de la artista: suenan cosas como ‘Everybody’, ‘Into the Groove’ o ‘Burning Up’, esta última con algún problema de sonido pero sobre unas proyecciones alucinantes tipo collage inspiradas en el CBGB de Nueva York y el arte pop de Andy Warhol. ‘Open Your Heart’, con la recreación del vídeo de Mondino, y ‘Holiday’ continúan la fiesta… que se rompe literalmente para retratar el drama que supuso el sida en los 80 para artistas y amigos. Fotos de fallecidos se despliegan durante ‘Live to Tell’ mientras la cantante vuela sobre el público mirando instantáneas de seres queridos y personas anónimas, tras un arduo trabajo de documentación fotográfica realizado por The Aids Memorial. Probablemente es lo más bonito que jamás haya hecho Madonna sobre un escenario, desde el recuerdo de su mejor amigo, Martin Burgoyne, con quien compartió piso, fallecido a los 23 años, hasta el reconocimiento de Freddie Mercury.

Madonna reza a continuación una “oración” por todos ellos, ya podéis imaginar con qué canción, y si digo que hasta los 20 segundos de cada tema recuperado tienen su sentido, es porque la artista solo sabe levantarse de ahí mientras suenan unos acordes de ‘Living for Love’, la canción de su «caída» oficial. Pero es mucho mejor aún el recuerdo somero de ‘Papa Don’t Preach’ a continuación. En otro de los momentos impactantes del show, Madonna revisita el icónico número de la masturbación femenina de ‘Blonde Ambition Tour’ tocando ‘Erotica’ y ‘Justify My Love’ -entre los pocos playbacks, en general luce bastante bien de voz-, y ‘Hung Up’ con y sin Tokisha. Con esos segundos de “Papa”, Madonna está recordando que nunca se dejará intimidar por una figura masculina.

Es llamativa la ausencia casi absoluta de canciones de amor. No esperes ‘True Blue’ para Sean Penn, ni siquiera ‘Love Spent’ para Guy Ritchie. La «película» de Madonna es la historia de la muerte de su madre, de su lucha feminista, de sus éxitos y fracasos, jamás la de los hombres con que se ha casado o que la han dejado. Cuando recupera, por ejemplo, ‘Crazy for You’, es para dedicársela a su yo treintañero, aquella mujer que arriesgó con canciones tan adelantadas como ‘Human Nature’. «No soy tu puta, así que no me tires tu mierda», decía esta letra antes de que supiéramos mencionar siquiera a una rapera o hablar de maltrato psicológico.

En muchos de los momentos más teatrales y vistosos del show, Madonna habla, abraza, agradece a una bailarina disfrazada de ella misma, dirigiéndose a ella con cariño y reconocimiento. El que muchas veces no tuvo por parte de nadie: por algo ‘Erotica’ y ‘Bedtime Stories’, sus primeros grandes baches comerciales, son dos de los discos más revisitados. No hay que echarle mucha imaginación para tratar de averiguar por qué recupera uno de sus temas menos exitosos, ‘Bad Girl’. Madonna sigue siendo esa “chica mala” que conoció la muerte en el vídeo de David Fincher, debido a sus pecados, y encima, ahora, bebe alcohol sobre el escenario. La culpa, la religión, siguen siendo temas favoritos en su set.

Otro tramo del concierto se dedica claramente a su cuasi muerte y renacimiento, y a cuáles han sido sus pensamientos al respecto, desde la broma de ‘Die Another Day’ al recuerdo de su madre en ‘Mother and Father’, pasando por la advertencia de que nunca parará por mucho que tú le supliques que no se suba a una silla (‘Don’t Tell Me’) y de que hay que aprovechar el momento (versión de ‘I Will Survive’). Finalmente el show habla de espiritualidad y maternidad, con el remix ‘Ray of Light’ o el número de ‘Bedtime Story’ que recuerda a su reciente trabajo sobre nuevas tecnologías, ‘Mother of Creation‘.

Que Madonna haya recuperado esta faceta espiritual, que sus hijos sean tan importantes para ella, es un alivio para los que siempre quisieron que volviera la artista madura, reflexiva, que «se-comporta-acorde-a-su-edad». A menudo sus propios fans gays lucen como sus nuevos verdugos masculinos. Por suerte para quienes nunca quisimos una sucesión de “rays of light” y contenemos en nuestro interior insoportables contradicciones, diferentes etapas, cambios de opinión y realidades más poliédricas, la artista cierra el show con ‘Bitch I’m Madonna’ y de fiesta, como siempre recordaremos a la intérprete que se lo montó ella sola en un escenario de MTV cantando ‘Like a Virgin’.

Muy poco antes se ha proyectado un dúo imaginario con Michael Jackson usando dicha canción, en uno de los momentos más cuestionables del set. También lo es el final definitivo con ‘Celebration’ y ‘Music’, que debería durar 10 minutos en vez de 1, o el modo en que se recupera ‘Don’t Cry for Me Argentina’, con la de cosas que quedan fuera. Pero es la reivindicación de Michael el movimiento más incómodo ahora mismo, teniendo en cuenta que él está cancelado en ciertos sectores. La idea parece querer poner en relieve la unicidad, la singularidad, lo irrepetible de los dos. A Madonna aún le interesa equipararse a Michael Jackson solo para recordarnos qué tipo de artistas no se ven todos los días. Ella ya solo saca discos cada 4 o 5 años… y cada 5 años, comprobamos que los nuevos reyes del pop son cada vez personas completamente diferentes.

The Rolling Stones / Beggars Banquet

‘Beggars Banquet’ supone un hito en la evolución artística de los Rolling Stones por diversas razones. Por un lado es el primer disco sin contribución creativa significativa de Brian Jones (que aguantaría sólo un disco más en la banda, para morir poco después de su expulsión en 1969). Por el otro, supone la primera colaboración del grupo con Jimmy Miller, el productor americano con quien establecerían una estrechísima relación durante casi una década, y que definiría el sonido de su fase imperial de 1968 a 1972 (‘Beggars Banquet’, ‘Let It Bleed’, ‘Sticky Fingers’ y ‘Exile on Main St.’).

A nivel estilístico es además un disco que equilibra muy certeramente un alejamiento de los experimentos psicodélicos de sus dos discos anteriores en favor de canciones más “roots”, pero sin abandonar sus ganas de seguir explorando instrumentos y ritmos nuevos. Un hecho que se percibe desde esa apabullante declaración de principios con la que ‘Sympathy for the Devil’ abre el álbum: la canción que sellaría definitivamente su imagen de chicos malos y satánicos es una de las canciones más icónicas del final de los 60, pero sigue sonando inusitadamente fresca en 2023.

En ella, sobre un hipnótico ritmo entre afro-caribeño y funk, Jagger canta en boca de Lucifer sobre todas las grandes matanzas de los que es responsable (la crucifixión de Cristo, la Revolución Rusa, el “Blitzkrieg” nazi, los asesinatos de los Kennedy…). Por aquella época el músico estaba saliendo con Marianne Faithfull, quien le influyó en muchos aspectos culturales, descubriéndole por ejemplo la novela ‘El maestro y Margarita’, que narra una visita a Rusia de un aristocrático diablo. Inspirado por él y con ganas de escribir una letra de corte épico con referencias históricas a la manera de Bob Dylan, Mick creó ‘Sympathy for the Devil’.

Durante la grabación en los estudios Olympic de Londres, Keith Richards sugirió un cambio de ritmo, que propició ese mítico groove que anticipaba el ritmo «baggy» del sonido Manchester con veinte años de antelación. Buena parte de estas sesiones fueron exquisitamente documentadas por Jean-Luc Godard (en el vídeo se ve hasta la parte en la que graban los legendarios “uh uh”, Marianne Faithfull incluida).

Además de su inventivo ritmo, su muy moderna duración (casi siete minutos), un extraordinario solo furioso, y unos versos macabramente brillantes que eran de lo mejor que había escrito Jagger hasta entonces (“Así que si me encuentras, sé cortés / Sé empático, muestra algo de gusto / usa tu bien aprendida educación / o mandaré tu alma al infierno”), ‘Sympathy for the Devil’ estaba sintonizada -casi como una profecía- con las malas vibraciones que pronto empezarían a oscurecer el sueño hippy de los 60: el desgraciado asesinato durante el concierto de los Stones en Altamont, la muerte por ahogamiento de Brian dos días después, y pocos meses más tarde eventos como la horrible masacre de la Manson Family.

‘No Expectations’, acústica y pastoral, ofrece bucólico respiro después del torbellino satánico, además de ser prácticamente el canto del cisne de Brian Jones… es verdaderamente la única canción del disco en la que aportó algo distintivamente suyo, esa excelente guitarra «slide» que había brillado en tantas piezas de blues y rhythm and blues en los primeros años del grupo, y que aquí reaparece narcotizada pero preciosa, perfecta, en esta bellísima joya de Stones acústicos con notas de despedida (“Llévame a la estación y ponme en un tren / No tengo expectativas de pasar por aquí de nuevo”). En su sencillez, también es una de las más bellas y sentidas interpretaciones vocales del disco, con la capa de oro añadida por el piano del gran Nicky Hopkins.

Tras ‘Dear Doctor’ y su delicioso pastiche country (así reconocido en numerosas ocasiones por Jagger y Richards), que versa sobre una boda anulada en el último momento (una nota decía “cariño, estoy en Virginia con tu primo Lou, hoy no habrá boda”), siguen las letras ambientadas en los EE.UU. con ‘Parachute Women’: en Dallas, Nueva Orleans y Carolina Jagger reclama -en un doble sentido sexual muy poco sutil- que las mujeres paracaídas aterricen encima suya y practiquen sexo oral con él. La canción es un blues al mejor estilo del grupo, influido por Muddy Waters pero con excelentes efectos de eco para añadir un extra de amenazante psicosis.

Sigue ‘Jigsaw Puzzle’, que aporta un cierre muy conceptual a la cara A, ejerciendo como de hermana de ‘Sympathy for the Devil’: melodía en la misma onda, similar duración larga, y otro ejercicio de estilo dylanita a cargo de Jagger, del que sale bastante bien parado. El hecho de que también esta canción tenga otra excelente melodía -sustentada en preciosos acordes suspendidos en tensión- y que las piezas de ese puzle empasten tan bien entre sí (músicos, melodías, arreglos, producción) es otra muestra del altísimo nivel de ‘Beggars Banquet’.

Aún más: la cara B se abre con otro cañonazo, en este caso en el estilo más reconocible de los Stones: si de las sesiones de este disco había salido meses antes el inmortal single ‘Jumpin’ Jack Flash’, en la misma onda está este otro megaclásico del grupo: ‘Street Fighting Man’. La canción es fascinante por varias razones: inspirada por los sucesos de Mayo del 68 en París y las protestas contra la guerra del Vietnam, su letra no llega a comentario, es una simple fotografía de un tiempo de turbulencia política… pero como testimonio pop de un momento en la historia es perfecta: a veces es todo lo que puede hacer una canción, de pop o de rock. El propio Jagger lo corrobora (“pero ¿qué puede hacer un pobre chico como yo, excepto cantar en una banda de rock and roll? / Porque en la somnolienta Londres no hay sitio para el luchador callejero”).

Pero sobre todo funciona porque a nivel musical es increíblemente excitante, además de encerrar secretos cautivadores: por ejemplo, que a pesar de su sonido indiscutiblemente rock, todas las guitarras que suenan son acústicas. Keith Richards las grabó en un cassette Phillips y después las reprodujeron a través de potentes altavoces para distorsionarlas (mismo truco usado en ‘Jumpin’ Jack Flash’, por cierto). Junto a la voz doblada de Jagger, el bajo tocado por Keith (único instrumento eléctrico de la grabación) y una curiosa batería de tamaño minúsculo tocada por Charlie Watts pero pasada por generosa reverb, ‘Street Fightin’ Man’ suena gloriosa.

‘Prodigal Son’ nos devuelve a los Stones acústicos más «roots», una pieza fascinante que es a la vez un respetuoso e informado homenaje al country blues blanco de los años 30 de gente como Frank Hutchinson, pero que a la vez es empujado hacia el rockabilly, como si fuese una breve lección de historia de la música americana. A continuación, ‘Stray Cat Blues’ es otra de esas piezas con groove funk, rica en riffs, actitud, y guitarras y pianos entrelazadas que los Stones empezaban a perfeccionar y que influenciarían irónicamente en la aparición del rock sureño como concepto (recordemos que los Allman Brothers, primer exponente del concepto moderno de ese estilo, surgirían algo después y tenían una significativa influencia de los grupos ingleses de los 60).

‘Factory Girl’ y ‘Salt of the Earth’ concluyen el disco en admirable e inspirada magia acústica. La primera aúna folk de inspiración irlandesa (mandolina, fiddle) con sonido de tabla india. Unas hechuras célticas que en realidad les sientan maravillosamente: algo lógico en una banda tan acústica, y tan inspirada en ese folk americano que originalmente no era otra cosa que música celta introducida en el nuevo continente a través de los Apalaches por inmigrantes escoceses e irlandeses.

En cuanto a ‘Salt of the Earth’, supone una de las primeras canciones del grupo cantadas por Keith Richards, a quien más tarde se une Mick. La voz rasposa del primero pone un contrapunto de cierre y final extrañamente emotivo, con ese canto a “la sal de la tierra”, los desposeídos, trabajadores y gente sin suerte (“Bebamos por la gente de baja cuna, por la gente que trabaja duro”). Como ocurre a menudo con los temas de cierre en los Stones, la íntima premisa inicial va creciendo poco a poco, con el añadido del brillante pulso rítmico de Charlie Watts, el piano de Nicky Hopkins, y el coro góspel de Los Angeles Watts Street, hasta llegar a un momento final casi extático, sellando así otro excelente disco de la era dorada del grupo inglés.

Estas dos últimas canciones ponen también de relieve la figura tristemente menguante de Brian Jones, ausente de ellas y demasiado despistado, perdido y sin inspiración durante buena parte de las sesiones, metido de lleno en una espiral de problemas personales, como si fuera el único miembro que se hubiese tomado literalmente esa decadencia plasmada en la foto doble de la carpeta ‘gatefold’ del disco, con la banda disfrazada de decrépitos pordioseros en una degenerada comilona.

Green Day carga contra el sueño americano en su nuevo disco

12

Green Day está de vuelta. La banda de rock ha anunciado su próximo disco, ‘Saviors’. Se trata de la continuación de ‘Father of All Motherfuckers’, álbum que publicaron en 2020 justo antes del comienzo de la pandemia. También han sacado ya uno de sus temas: ‘The American Dream Is Killing Me’.

Para este nuevo trabajo, la banda ha vuelto a colaborar con el productor Rob Cavallo, quien ya lo hiciera en anteriores álbumes como ‘Dookie’, ‘Insomniac’, ‘Nimrod’, ‘American Idiot’ y ‘Bullet in a Bible’. Saldrá el 19 de enero de 2024, sin todavía confirmación acerca de la cantidad de canciones que conformarán el tracklist.

En cuanto al primer single del disco, Green Day ha anunciado que ‘The American Dream Is Killing Me’ es el segundo tema del álbum. Sin embargo, confiesan que se trató de una de las últimas canciones que finalizaron. “En cuanto la terminamos, dijimos: ‘Vale, esta es la que publicamos primero”.

El single es un tema completamente rock que grita sin tapujos ante la vida americana. De hecho, el repetitivo «el sueño americano me está matando» del estribillo es una queja abierta ante el estilo de vida corriente. No faltan los versos en contra de las redes sociales, mencionando directamente a TikTok, y el torbellino que supone la política por sus «dobles discursos de conspiración».

El videoclip de la canción, además, no puede ser más apropiado para la fecha que se avecina: el 31 de octubre. Optando por una temática de Halloween, la banda ambienta su vídeo musical en un mundo a lo The Walking Dead, protagonizado por zombis. ¿Sobrevivirán lo suficiente hasta su próximo single?

Massive Attack lamentan la muerte de su guitarrista

2

Massive Attack han comunicado en sus redes sociales que su guitarrista Angelo Bruschini ha fallecido. Tenía 62 años y ya se había hecho público que sufría un grave cáncer de pulmón.

Angelo Bruschini, que había pertenecido a una banda de la escena de rock de Bristol llamada Blue Aeroplanes, empezó a colaborar con Massive Attack a mediados de los años 90, cuando ya habían grabado sus dos primeros álbumes, el seminal ‘Blue Lines’ y ‘Protection’.

Bruschini tocó en la grabación del que sería el disco más popular de Massive Attack, ‘Mezzanine’ (1998) y también en el siguiente, ‘100th Window’ (2003). Además, ha sido miembro de su banda en directo durante todos estos años, formando parte del que ha sido uno de los mejores shows que se podían ver de manera internacional durante dos décadas.

Massive Attack han escrito en redes sociales que era un “talento excéntrico y brillante” y han considerado que es “imposible cuantificar su contribución” a la trayectoria de la formación.

Los artistas escriben distintas cartas a Joe Biden sobre la guerra en Gaza

0

El conflicto entre Israel y Hamás no ha dejado indiferente a nadie en Occidente, y la tensión va creciendo a medida que los países se posicionan. En la industria musical ya se están viendo reflejadas las consecuencias, como la cancelación de los MTV EMAs que iban a tener lugar la próxima semana.

Por ende, bastantes son los artistas que han querido tomar postura en el asunto y romper su silencio. Aparte de los comunicados personales que se han ido emitiendo desde el comienzo del conflicto el 7 de octubre, en las últimas horas se han enviado varias cartas colectivas al presidente de Estados Unidos, Joe Biden. En ellas, diversos grupos de artistas, destacando cantantes y actores, han querido dejar su firma en apoyo a su respectivo mensaje.

La primera de estas cartas expresa lo siguiente: «Pedimos que, como Presidente de los Estados Unidos, solicite el alto al fuego en Gaza e Israel antes de que se pierda otra vida. Más de 5.000 personas han sido asesinadas en la última semana y media. Un número que cualquier persona de conciencia sabe que es catastrófica. Creemos que toda la vida es sagrada, sin importar la fe o la etnia y condenamos el asesinato de civiles palestinos e israelíes».

Esta carta, además, recalca que «hasta el momento de escribirse, más de 6.000 bombas han sido lanzadas sobre Gaza en los últimos 12 días, lo que ha provocado que un niño muera cada 15 minutos». Concluye así: «Nos negamos a contar a las generaciones futuras que nos quedamos aquí y no hicimos nada. La historia está mirando». Entre los artistas que la firman, Caroline Polachek, Diplo y Dua Lipa.

La segunda de las cartas enviadas recientemente a Joe Biden, sin embargo, le agradece su liderazgo y le pide la liberación de todos los rehenes de Hamás: «Gracias por su inquebrantable convicción moral, liderazgo y apoyo al pueblo judío, que ha sido aterrorizado por Hamás desde la fundación del grupo hace más de 35 años, y a los palestinos, que también han sido aterrorizados, oprimidos y victimizados por Hamás durante los últimos 17 años que el grupo ha estado gobernando Gaza».

«Todos queremos lo mismo: que israelíes y palestinos vivan en paz. Libertad frente a la violencia brutal propagada por Hamás. Y, lo más urgente en este momento, la libertad de los rehenes. Instamos a todos a no descansar hasta que todos los rehenes sean liberados», continúa la carta. «Ningún rehén puede quedar atrás». La carta ha sido firmada, entre otros, por Katy Perry, Lana Del Rey y Rita Ora. De esta forma, cada vez son menos los artistas que deciden guardar silencio ante esta guerra.