El nuevo disco de Harry Styles es mono. El único problema es que en su portada había una bola de espejos. Y el álbum nos ha dado muy poco de eso. El álbum se llama ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally‘, pero nunca imaginamos que lo de «occasionally» sería tan ajustado.
Se ve en ‘One Night In Manchester’, el directo que se ha subido este domingo a Netflix dos días después de grabarse en la ciudad británica. Harry Styles salta al escenario con planos cerrados, nada generales, con el montaje en principio incluso ocultando las dimensiones del arena para 20.000 personas donde el concierto tiene lugar. Por momentos la realización quiere convencernos de que estamos ante una grabación íntima, que incite tanto a la introspección como ‘Aperture’, primer single y, ejem, tema de «apertura».
Harry Styles interpreta el disco en orden, en principio sin concesiones al pasado. Antes del concierto nos advierte de que este no va a ser el montaje de su próxima gira. Es decir, vamos a ver algo escenográficamente muy austero. Simplemente es una interpretación con banda de todas las canciones de ‘Kiss All the Time. Disco, Occasionally’, aunque en un mundo dominado por el playback, lo de «simplemente» debería ir entrecomillado. La versión intimista de ‘Coming Up Roses’, del piano a las cuerdas, está entre los momentos destacados de un set 100% orgánico, muy cuidado en coros e instrumentación, gran parte de ella a cargo de mujeres.
Styles es un frontman encantador, que destaca por su elegancia y sus peculiares movimientos. Recuerda ser consciente de que es un privilegiado, parece saber muy bien dónde está, más tarde apelará a la necesidad de amor y bondad en un mundo «caótico» lleno de guerras. «La bondad es poderosa», reclamará en los últimos minutos del show, y ese es el mensaje que apuntar de todo esto.
El gran pero del concierto es la batalla que las nuevas canciones van a tener que lidiar con las viejas, que aparecen a modo de bis. «You know it’s not the same as it was» es un estribillo llamado a volverse en contra de Harry Styles. Nada puede equiparar a la locura que ‘As It Was’ todavía desata entre el público. El artista se arrodilla y calla cuando llega el momento de «Harry, you’re no good alone». También destacan los vientos en ‘Watermelon Sugar’. O la épica sublime de ‘Sign of the Times’, la canción con la que empezó todo (sorry, One Direction).
Como para tratar de que ‘Aperture’ tenga una oportunidad de acompañarlas en su setlist a través de los tiempos, Harry Styles la vuelve a interpretar por segunda vez, dando al show una bonita estructura circular. Y después, ‘Aperture’ suena una tercera vez mientras acompañamos a Harry entre bambalinas y aparecen los nutridos créditos del concierto. Hacer sonar un tema 3 veces en 90 minutos eran trucos radiofónicos para asentar un tema que estaba peleando por hacerse un hueco. Ahora tenemos los especiales de Netflix.
«Me he permitido crear desde el disfrute, hacer los géneros que me gustan y que yo misma consumo». Esta es la máxima del segundo álbum oficial de Bad Gyal: hacer un disco «disfrutón» y publicarlo en los tiempos en que asoman los primeros rayos de sol de la temporada primavera/verano.
‘Más cara’ no es tanto un álbum que lleve a Alba Farelo a otro nivel artístico, como uno al que recurriremos mucho más de lo que en su semana de lanzamiento nos pensamos. Exactamente lo mismo que ocurrió con ‘La joia‘, aún en la lista de ventas española tras 100 semanas de permanencia, y certificado como disco de platino.
El segundo álbum de Bad Gyal empieza a tope, con un primer cuarto de vértigo en el que encontramos el nuevo single homónimo; ‘Un coro y ya :)’, que recupera el sonido R&B de finales de los 90 y principios de los 2000, asistida por un bajo espléndido; el hit ‘Da Me’, de vídeo excelente y rimas divertidísimas, algunas elípticas; o el merengue de ‘Noticia de ayer’. Una bomba rítmica y melódica en la que Farelo pasa página de alguien que la jodió, tirando de calle.
También en ese tramo encontramos un reggaeton old school vibrante llamado ‘Te daré’ que nos lleva a los tiempos de pioneros como Don Omar y Daddy Yankee.
Lo malo es que después el disco se va entregando a un sonido más genérico, rara vez sorprendente. Hay fórmulas agotadas en un disco de 19 pistas para cuando llegan cosas como ‘Perro’ y ‘Gatitas’. Ojalá más merengue, R&B y guiños a otros ritmos, pero la guaracha de ‘Fuma’ -uno de los dos temas co-producidos por Danja- es una excepción en un océano de producciones latinas algo básicas para situarse en 2026.
Los dúos se los goza, eso sí, especialmente los hechos con chicos -dice que necesitaría un manual para ser bisexual-. Tanto ‘Choque’ con Chencho Corleone (producida por Luny Tunes), como ‘La iniciativa’ con J Alvarez y ‘Última noche’ con Ozuna están entre lo mejor de ‘Más cara’. La química con todos ellos es evidente y no es de extrañar que Bad Gyal se sienta en su «prime» cantando sobre «condones» y «hierba» junto a un miembro de Plan B. Ese es el cometido de esta artista en este mundo.
Sus barras, además, están donde siempre. Los anhelos ultra «horny» de ‘De por vida’ («Mi única relación es con el alcohol»), los lemas de ‘Fa$hion Killa’ («Comprar caro no da clase») y los juegos «de to, tototó, tototó» de ‘De to’ hacen difícil averiguar cuál, de todas estas, será nuestra canción del verano particular. Y es que con Bad Gyal nunca se sabe. Mientras ‘Chulo pt 2’ sigue pegada, otros no hemos superado aún lo del culo empapao en Don Julio.
Russian Red ha desvelado más detalles de su nueva era, ‘Rojo relativo’, que engloba el nuevo material musical de Lourdes Hernández y también la celebración de una serie de conciertos concebidos para recintos pequeños que formarán parte de una mini residencia. Este espectáculo se ha diseñado a imagen de «cabaret místico, elegante y surrealista». De momento se han confirmado 6 fechas en total entre el Café Berlín de Madrid y en El Molino de Barcelona.
El nuevo concierto de Russian Red se basará en el repertorio de ‘Rojo relativo’, que Hernández irá publicando por volúmenes, «canción por canción». Curiosamente, la nota de prensa oficial no habla tanto de álbum, como de «proceso musical» ligado al nuevo show.
El primer adelanto de ‘Rojo relativo’ recibe el título de ‘Mentirosa’ y ya puede escucharse. La sensual balada evoca el sonido ensoñador, melancólico y romántico de la primera Jeanette, pero en realidad se basa en ‘Se te olvida‘, el famoso maricahi de Javier Solís de 1960, el cual es una referencia melódica transparente en la grabación de Russian Red. Aunque, en ‘Mentirosa’, el tratamiento de la producción evoca una estética lynchiana y decadente, mientras Lourdes se define a sí misma no como embustera, sino como «increíble». «Yo no sé mentir, solo imaginar», canta la artista.
*Residencia Madrid – Café Berlín*
Sábado, 21 de marzo (estreno)
Sábado, 18 de abril
Sábado, 23 de mayo
Sábado, 13 de junio
*Residencia Barcelona – El Molino*
Viernes, 29 de mayo
Sábado, 30 de mayo
Citando el ‘Romance sonámbulo’ de Lorca, Lola Indigo ha revelado las fechas de su nuevo show, ‘Romance de 1 Noche de Verano’, compuesto mayoritariamente por sus conciertos programados en festivales para 2026. “Nuevo año, nuevo show, nuevo tour”, ha escrito la artista.
Aunque Mimi Doblas no ha confirmado que la llegada de este nuevo espectáculo implique nueva música, parece que, al menos, la era Dragón queda definitivamente atrás, tras la celebración de ese Metropolitano que tantos dolores de cabeza le dio.
En total son 17 fechas para este nuevo show de posible inspiración gitana, aunque EuropaFM indica que faltan fechas por anunciar.
El ‘Romancero sonámbulo’ es el que incluye los versos «Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas» y que Lola Indigo ha adaptado recientemente en directo, basando en la versión del Manzanita.
Romance de 1 Noche de Verano:
Tecate Emblema – México – 17 de mayo
GRX La Feria – Granada – 30 de mayo
Siente La Plaza – Almería – 6 de junio
Sevilla Icónica – Santalucía Sevilla Fest – Sevilla – 11 de junio
Los Conciertos del Parque – Asturias, Gijón – 19 de junio
O Son Do Camiño – Santiago de Compostela – 20 de junio
Bigsound – Valencia – 27 de junio
Rock in Rio – Lisboa – 28 de junio
Granca Live Fest – Las Palmas – 3 de julio
Bigsound Barakaldo – Bilbao – 4 de julio
Cook Music Fest – Tenerife – 16 de julio
Share Festival – Barcelona – 24 de julio
Doñana Music Experience – Huelva – 7 de agosto
Marenostrum Fuengirola – Málaga – 14 de agosto
Concert Music Festival – Cádiz – 15 de agosto
Concert Music Festival – Cádiz – 16 de agosto
Los Conciertos de la Muralla – Alcalá de Henares – 5 de septiembre
Franz Ferdinand se han declarado «asqueados» y «furiosos» después de que las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) hayan usado su canción de 2003, ‘Take Me Out’, en un vídeo propagandístico que muestra imágenes de aviones de combate, explosiones y a un soldado israelí celebrando los ataques del país contra Irán, que han dejado ya cientos de muertos. La leyenda de la publicación dice “Operación León Rugiente: así se hace”.
Ha sido Alex Kapranos, vocalista de Franz Ferdinand, quien se ha pronunciado sobre el perverso uso de su canción en el vídeo, señalando: “Estos asesinos belicistas están usando nuestra música sin nuestro consentimiento. Esto nos provoca tanto náuseas como furia. Aunque, en realidad, es algo bastante típico, ¿no? Llegar pavoneándose y tomar lo que no es suyo con una arrogancia vil…”
Es efectivamente «bastante típico» que tanto la Casa Blanca como las IDF usen canciones de pop en sus vídeos, dándoles inquietantes segundas lecturas. Recientemente, Kesha ha condenado a Trump por usar su éxito ‘Blow’ en un vídeo y una frase sobre «ser esposada» de ‘Big Boy’ de SZA servía a la Casa Blanca también para promover al ICE y sus detenciones.
Otros artistas víctimas de las malas artes de la Casa Blanca han sido Radiohead y Sabrina Carpenter, quienes han criticado duramente el uso que se han realizado de sus canciones y tomado medidas legales contra ello. SZA ha sido una de las pocas artistas que ha ido un poco más allá, señalando la intención «rage bait» de este tipo de publicaciones, es decir, su uso como «anzuelo» en redes para que los artistas piquen y comenten los vídeos, ampliando sus visualizaciones.
A raíz de las palabras de Kesha contra el «depredador» Trump, el jefe de comunicación de la Casa Blanca, Steven Cheung, se burlaba de los artistas por seguir «picando» a las provocaciones del presidente de Estados Unidos, pero lo cierto es que tienen dos opciones, o pronunciarse o quedarse callados.
La mayoría de los artistas ha firmado contratos con discográficas que autorizan la licencia de sus catálogos a plataformas como TikTok o Instagram, lo que permite que cualquier cuenta -incluida la del ejército israelí- use sus canciones sin autorización previa y con intención maliciosa. Por eso, incluso Taylor Swift, que es dueña de los másters de sus propios temas, no pudo impedir que la Casa Blanca utilizara ‘The Fate of Ophelia’ en un video “patriótico”.
Por eso, a artistas como Kapranos, Kesha o Radiohead solo les queda expresar públicamente su repudio e indignación al uso que el ICE o las IDF realizan de sus canciones, con esa “arrogancia vil” a la que Kapranos precisamente alude. Al menos Sabrina Carpenter logró que la Casa Blanca borrara un vídeo del ICE tras tacharlo de «vil y asqueroso», pero esto desgraciadamente no suele ser lo habitual.
Tras las recientes presentaciones de Geese, Cardi B y Mumford & Sons en Saturday Night Live, este sábado ha sido el turno de Gorillaz. El grupo de Damon Albarn ha actuado en el programa estadounidense para presentar su nuevo disco, ‘The Mountain‘. No es solo la primera vez que una banda virtual pisa ese escenario, sino también la primera vez que lo hace Damon Albarn. Oasis no puede decir lo mismo, ya que el dúo de hermanos Gallagher actuó en Saturday Night Live en 1997.
Durante la noche de Gorillaz hubo un gracioso cameo de Harry Styles, que ha publicado disco este viernes, durante el monólogo de Ryan Gosling, quien fue también la persona encargada de introducir a Gorillaz antes de cada canción. Styles apareció sentado en las gradas para recordar que participará en el show la semana que viene como artista invitado y presentador.
Volviendo a Gorillaz, el grupo tocó un tema nuevo, ‘The Moon Cave’, y un clásico del año 2000, ‘Clint Eastwood’, y ambas actuaciones sumaron decenas de músicos sobre el escenario, porque, además de artistas invitados, en ‘The Moon Cave’ participaron coristas y un ensemble de cuerdas. ‘The Moon Cave’ contó con Asha Puthli, Black Thought y Anoushka Shankar, y ‘Clint Eastwood’ con el rapero Del the Funky Homosapien, quien aparecía en la grabación original hace más de dos décadas. Mientras Homosapien rapeó, Albarn tocó la melódica, una especie de teclado soplado similar al acordeón.
“Nunca estarás solo en Barcelona” es uno de los títulos del disco de 2charm, el dúo de dos “encantadores” chicos australianos que se ha dado a conocer en el último par de años con un sonido que se debate entre el indie-techno-pop, el EDM de los 2010s y el hyperpop. Tim Nelson y Sam Netterfield, naturales de Brisbane, crean música inspirada en artistas como Skrillex o SOPHIE, y que colaboren con figuras como Ninajirachi tiene todo el sentido al escuchar sus canciones.
Cualquiera que esté versado en pop australiano recordará que Tim y Sam fueron integrantes de la banda Club Sport, cuyo disco ‘Jesus at the Gay Bar’ (2023) alcanzó el número 1 en la lista de álbumes australiana. Hablando de cosas gays, Tim y Sam están casados.
Su nuevo proyecto, aparte de su matrimonio, es 2charm, con el que lanzan pegadizas y desenfadadas canciones de pop electrónico que coquetean con diversos estilos modernos, incluyendo el dubstep, el house y el baile funk. Su disco ‘star scum city’ se puede escuchar desde finales de febrero e incluye temas de ecos indie-house como ‘pregorative’, ‘invisible wings’ o el citado más arriba.
Aunque el verdadero single que debes conocer de 2charm es ‘boyfriend’, que supera ya el millón de escuchas porque es el mejor que han publicado hasta ahora. Por eso es la Canción Del Día para hoy lunes.
‘boyfriend’ sitúa a dos personas coqueteando en una fiesta, inseguras de si la otra está interesada: “No sé qué decir, tú empiezas a acercarte a mí, mis ojos me delatan, te miro con ternura”. La producción musical tiene una clara inspiración house-pop, pero las voces están subidas de tono, pareciendo emitidas por el dibujito animado que decora la portada del álbum.
Una mujer de 30 años ha sido detenida como sospechosa de haber efectuado alrededor de diez disparos contra la casa de Rihanna en Beverly Hills (Los Ángeles) desde su vehículo, según informan medios como The Guardian o TMZ.
El tiroteo se produjo el domingo y las autoridades respondieron al aviso a la 1:21 PM, momento en el que detuvieron a la sospechosa. Según fuentes policiales, los disparos se realizaron desde el otro lado de la calle, frente a la entrada de la propiedad.
Rihanna se encontraba en el interior de la vivienda durante el incidente. De acuerdo con medios locales, una de las balas llegó a atravesar una de las paredes de la casa, aunque no se han reportado heridos.
Por el momento se desconoce si su pareja, el rapero A$AP Rocky, y sus tres hijos estaban con ella en el momento del suceso.
‘Malas ideas’ es un curioso relato documental sobre el grafiti y el arte urbano callejero. Ya se percibía un estilo propio en el primer trabajo de Juncosa, ‘Carmen de Mairena. Un intento de biografía’, y aunque ‘Malas ideas’ es su tercer trabajo, es el primero que se presenta en formato gráfico al 100%. En ‘Malas ideas’ la autora recurre a dos recursos para moldear el relato: por un lado a las entrevistas, y por otro a su experiencia personal en la Barcelona de los años 90. Ambos caminos permiten reflexionar y proporcionar recuerdos bastante divertidos a los grafiteros más ilustres; y a los profanos, un paseo lleno de conocimientos muy jugosos.
En su contra, un dibujo poco llamativo, que recuerda al de Liv Strömquist y que puede que espante a los más prejuiciosos. A favor, un sentido del humor y una habilidad para hacer accesible un tema que podría resultar árido, lo que es de agradecer y nos deja atentos a futuros proyectos. 7,5.
‘Santa carencia’, por Cecilia Vårhed
Es justo reconocer a La Granja Editorial esta primera publicación de la sueca Cecilia Vårhed. Entre otras cosas, por la audacia de retratar a una nueva generación pletórica de sensibilidades. Sin tintes autobiográficos, recoge cómo interactúan un grupo de amigos, cómo deambulan en el ámbito social y sentimental, donde las vivencias individuales se convierten en colectivas.
‘Santa carencia’ nos habla de citas fallidas y procrastinar, de cierta dependencia entre colegas. Entre los personajes, un experto en citar podcasts y marcas deportivas sin interesarle el deporte lo más mínimo. Una flipada en internet que dice que tirar comida “le da glamour”. Una amante poliamorosa que decreta lo que es feminista y lo que no. Y Amor, la protagonista, una veinteañera que busca trabajo y acaba de romper con su novio. Con humor y nostalgia, presenciamos situaciones absurdas y otras que producen vergüenza ajena.
Es inevitable la conexión, en cuanto a chispa narrativa, con Simon Hanselmann, sin llegar a su alto voltaje. Y en cuanto a la paleta de colores, con la reciente ‘Fungirl’ de Elizabeth Pich. Pero su carta ganadora es sin duda su potencial gráfico: la utilización de las deformaciones corporales exageradas de sus protagonistas, los paisajes psicodélicos, la luz en precisos encuadres y los referentes al manga convierten ‘Santa carencia’ en gracia bendita. 8.
‘En vela’, por Ana Penyas
La valenciana Ana Penyas, Premio Nacional del Cómic 2018 por ‘Estamos todas bien’ -por primera vez entregado a una mujer tras 11 entregas anteriores masculinas– busca dar respuesta en esta nueva entrega a una pregunta que siempre nos ronda: ¿Qué nos quita el sueño?
Cerca de un episodio de ‘Equipo de Investigación’ por Glória Serra, la autora trata la precariedad laboral, la hiperconexión digital, las desigualdades económicas y por supuesto el consumo de barbitúricos por la sociedad actual. Lejos de un titular de prensa amarilla, ‘En vela’ aborda todas esas problemáticas con pocos textos y viñetas sutiles, porque la imagen vale más que mil palabras. Evita así la sobrecarga de testimonios, manteniendo al lector conectado con la historia.
El trabajo de Penyas está estructurado en seis noches y un día. Entre medias, dos páginas mudas nos muestran cómo dormían nuestros antepasados o distintas capas sociales. Las representaciones visuales de los personajes demuestran un dominio milimétrico del medio, a la par que innova y evoluciona respecto a su obra anterior ‘Todo bajo el sol’. El uso de tonos oscuros le dan un punto único, y los momentos oníricos sirven para desatar la experimentación y la creatividad de la autora. 8,2.
Ir a la escuela de cine no siempre resulta en una profesión tras las cámaras, pero estar rodeado de gente con inquietudes artísticas propicia la creación, incluso si esta no está particularmente relacionada con la disciplina que estás aprendiendo. En ese contexto surge paco te quiero, cuando cinco amigos estudiantes de cine en Barcelona deciden probar a hacer un grupo de música. Algo más tarde, se incorporaría un sexto miembro. Lo que empezaba como un mero divertimento sin mayores pretensiones, se ha acabado convirtiendo en un proyecto con una identidad propia, que tras varios EPs, ha desembocado en un álbum debut titulado ‘hay un pez naranja en el suelo del metro’, que ilusiona, y mucho, tanto por lo que ofrece, como por el enorme potencial que se vislumbra.
El primer disco de la banda barcelonesa presenta un sonido tan sólido que pareciera que llevaran muchos más años tocando juntos. Manejan unas referencias muy claras: el indie-rock de los 90 (viene a la mente Teenage Fanclub, por ejemplo) y el power pop de finales de los 2000 y principios de los 2010s como The Pains of Being Pure at Heart o Alvvays, con quienes comparten especialmente su gusto por las melodías dulces acompañadas de distorsiones instrumentales.
Pero lo que realmente resulta refrescante en el proyecto es que han sabido adaptar estas influencias a su propia realidad. Nunca parece que lleven un disfraz ni que se estén esforzando por imitar a ningún grupo en particular. Si paco te quiero suenan así, es porque ahora mismo no podrían sonar de otra manera.
Buena parte del mérito lo tienen unas letras que saben dar con la tecla perfecta para ser emocionales y profundas cuando tienen que serlo, pero también para ser divertidas cuando conviene. A veces todo dentro de una misma canción. Es particularmente brillante el contraste entre la preocupación real de la narradora ante el círculo en el que se mueve una de sus amigas y la sátira que se hace a cierto tipo de individuos cuarentones depredadores de chicas veinteañeras en ‘tus amigos’. “Tus amigos van de aliados, pero después de un gintonic se han olvidado” es una de las grandes frases que cantan Gloria y Lucía, con un tono entre lo socarrón y lo dramático que le sienta de maravilla a la ya de por sí excelente composición, cargada de capas y capas de sonido distorsionado. “Creo que te equivocas cuando dices que los tienes calados”, culminan, dejando a la producción en punto tenso.
Muchas de las canciones reflejan las experiencias propias de tener veintitantos en una gran ciudad y en un mundo que cambia muy deprisa. Las relaciones frustradas y complejas se reflejan en canciones como ‘600,000’, donde se narra la imposibilidad de olvidar a alguien. El tema nos traslada mediante un insistente teclado y un eufórico estribillo rockero, a un entorno muy concreto de gente con tote bags que bebe vino comentando la última película que han visto en la filmoteca. En ‘te quiero, te quiero’ se exploran los celos sobre un atmosférico manto de instrumentos enmarañados. Mientras que la batería de ‘qué más da’ impulsa unos versos que retratan el hastío existencial provocado por una relación fallida, hasta explotar en un estribillo cargado de sentimiento.
El cansancio vital ante las imposiciones de la vida moderna está reflejado en ‘cansada’, una canción dividida en dos, con una primera parte guiada por una sugerente línea de guitarra y una segunda en la que acaba por entregar otro efectivo número de power pop. La crítica a la gentrificación aparece en ‘cuando despierto’, en una ciudad donde desde la ventana ya no se ve el parque en el que la protagonista jugaba de pequeña, ahora solo se ven enormes bloques de hormigón. Esta melancolía, que tiene un espacio importante en el disco, a veces también se presenta con mucho sentido del humor, como en la estupenda ‘lo olvidarás’: “Me cogías la mano y me la apretabas en un pogo del Chavalada, al salir del Helio fumábamos mil cigarros, nos pedían fuego los indie-guarros”.
Dos de los mejores momentos aparecen juntos en la mitad de la secuencia. Por un lado, la oscura ‘iPhone’, una canción sobre el vacío que pueden provocar los líos de una noche, engalanada en una instrumentación densa e inquietante; y por otro, la majestuosidad shoegaze de ‘sólo contigo’, el corazón del álbum. Una canción que transporta a otra época, como si alguien la hubiera guardado en un cajón en los años 90 y no se hubiera descubierto hasta ahora. Muy en la línea de Slowdive, Drop Nineteens y otras bandas de dream pop de la época, que enfocaban el género hacia lugares más melódicos que, por ejemplo, My Bloody Valentine.
En ‘hay un pez naranja en el suelo del metro’, paco te quiero logran una labor muy complicada. Su música es abiertamente referencial, pero su personalidad sobresale en cada una de las canciones que lo conforman. Los temas que se tratan y su manera de acercarse a ellos logran capturar de manera brillante las preocupaciones de la gente joven de hoy en día, sin olvidarse nunca de ser divertidos. Como resultado, les ha quedado un primer disco precioso.
Rosalía recupera el número 1 de JNSP con ‘Reliquia’ con el 37% de los votos, frente al 32% obtenido por Martin con ‘Otro verano’ en la final de Instagram. La entrada más fuerte es la de Nebulossa, seguida de la de Bruno Mars. Ava Max y los noveles 1111 también logran colarse en el top 40, pese a no tener la promoción que está obteniendo ‘Risk It All’.
Si preguntas a Curro de qué quiere hablar, el joven artista transmite su entusiasmo recurriendo a Cádiz y al flamenco. Sobre todo porque no se considera parte del movimiento, aunque sepa dar un par de lecciones sobre el mismo, recordando que este género se cuece en la calle, no en los tablaos; o que «hacer todo por rumbas o fandangos», no te convierten en flamenco.
‘Dios dirá, Dios proveerá‘, publicado en una fecha tan rara para un debut en castellano como es un 28 de noviembre, no se concebía, por tanto, como un álbum de neo-flamenco. Hay palmas y guiños, y sobre todo cierto duende, pero tampoco es un disco de pop al uso. Ahora, acaba de completarse en plataformas, con bonus como ‘Ojos que no ven‘, el cual se entrega a un solo de saxo en su tramo final.
Lo que más se aproximaba a una canción de pop del disco era ‘A toro pasao’, presente en nuestra lista de Mejores Canciones de 2025. Pero también hay que destacar la rítmica ‘Que x bien no venga’ o las texturas jazz u orientales de ‘Lo dejé para mañana’, que contiene una bonita reflexión sobre salud mental: «quiero disfrutar, reírme conmigo / mandar a la mierda a los demás / y quedarme tranquilo si algo yo no lo he hecho mal / y no tengo testigos, entrar por fin en paz mental».
La calidad de nuestra Canción del Día hoy confirma que Curro no había necesitado los featurings de artistas afines o próximos, como Queralt Lahoz o un par de miembros de la familia Morente, que aparecen en su disco.
No voy a hacer un chiste sobre si se oye más a Estrella Morente en ‘Ningún mar’ o la concesión al inglés de la letra, porque no voy a salir bien parado de hacer leña del árbol caído. Solo diré que, digan lo que digan los streams, lo mejor de este álbum es Curro.
Las listas globales de este viernes estaban marcadas por la llegada del nuevo disco de Harry Styles, ‘Kiss All The Time. Disco, Occasionally‘, de carácter mucho menos comercial que el anterior. Justo cuando ‘Risk It All’ de Bruno Mars lograba saltar al número 1 del Global de Spotify tras varios días de escalada, Harry Styles le desplaza hasta el puesto 5. ‘American Girls’, que tiene nuevo vídeo, llega al número 1 del Global de Spotify (también de Apple Music) y Styles sitúa otros 3 temas en el top 5. Y ojo, ninguno es ‘Aperture‘.
1 American Girls — 8.305M
2 Ready, Steady, Go! — 6.122M
4 Are You Listening Yet? — 5.668M
6: Taste Back — 5.557M
8 Coming Up Roses — 5.209M
9 Aperture — 5.008M
10 The Waiting Game — 4.984M
11 Pop — 4.916M
12 Season 2 Weight Loss — 4.827M
15 Dance No More — 4.477M
19 Carla’s Song — 4M
22 Paint By Numbers — 3.976M
Como veis, todas las canciones del 4º álbum de Harry Styles llegan al top 22 del Global de Spotify. Esa suerte, alimentada sobre todo por el éxito en países Reino Unido, no tiene correspondencia en España. En nuestro país ‘American Girls’ solo llega al puesto 23 de Spotify, aunque es cierto que todo el disco aparece entre los 115 primeros puestos.
En España estamos más con ‘Más cara’ de Bad Gyal. Las 19 canciones del álbum de Alba Farelo llegan al top 200. Destaca ‘Más cara’ en el número 2, eso sí, por detrás de ‘Ni borracho’, el hit del momento de Quevedo, que no está dispuesto a dejar ir el número 1.
Así han quedado los temas de Bad Gyal en Spotify España:
2 (E) Más cara
4 (23) Choque, con Chencho Corleone
12 (E) Un coro y ya :)
21 (98) Da Me
27 (E) Te daré
29 (E) La iniciativa
30 (E) Noticia de ayer
40 (E) Tic Tac (Hour Love)
49 (E) Mi debili
61 (E) De por vida
64 (E) Fa$HION kILLA
66 (E) Muñeca, con De La Rose
83 (E) Hoy te toca, con Jenny «La Sexy Voz»
84 (E) Fashion Girl pt 2, con Jardiel El Incomparable
89 (E) De to
104 (RE) Fuma
115 (E) Perro, con Victor Mendivil
121 (E) Gatitas
144 (RE) Última noche, con Ozuna
El Celta de Vigo reafirma su vinculación con la música. Si recientemente contaron con C. Tangana para un espectacular himno centenario, esta semana han tratado de llamar la atención de Madonna, apelando a su concierto en su estadio en 1990.
Corría la noche del 29 de julio de aquel año cuando la artista llevaba a Balaídos el ‘Blond Ambition Tour’, uno de los más influyentes de la historia, dado su concepto teatral. Madonna se enfundó la camiseta del Celta con el 5 de Espinosa a la espalda y la fotografía de Víctor de las Heras forma parte de la historia del club y de la ciudad, según el propio equipo.
El Celta de 2026 está desesperado por localizar la camiseta y añadirla a su archivo histórico. Por eso han hecho un llamamiento y han abierto una web para recabar datos sobre su paradero. Han apelado incluso a Madonna, por si Madonna supiera algo sobre dónde está la susodicha camiseta. Incluso anoche realizaron un homenaje a la cantante con una interpretación de ‘Like a Prayer’ antes de un partido frente al Real Madrid.
El Celta perdió anoche 1 a 2. Sin embargo, el grupo tiene consuelo: Madonna ha contestado este sábado cuando parecía muy improbable. Esta semana se suponía que rodaba una superproducción de videoclip. Aun así, ha tenido tiempo de escribir en X: «Esa camiseta está en mis archivos. La llevo puesta y estoy con vuestro equipo en espíritu».
Cuesta creer que Madonna tenga buen recuerdo de aquella noche. En 1990 la artista estaba en su «peak». Acababa de publicar ‘Vogue’, enésimo número 1 mundial. Si Madonna recuerda algo de aquel año en España había de ser su conocida cena con Almodóvar en Madrid, en la que intentó sin éxito ligarse a Antonio Banderas, recogida en la cinta ‘Truth or Dare’. ‘En la cama con Madonna’, para los amigos. Pero el concierto en Vigo fue un fracaso rotundo.
Aunque la prensa local suele recordar el evento con cariño, mimo y un montón de fotos curiosas, sólo se vendieron 23.000 entradas en un recinto para 40.000 tras unos años de gloria que Madonna estaba a punto de resumir en el recopilatorio ‘The Immaculate Collection’. Hay quien dice que no se pusieron entradas a la venta con suficiente antelación, hay quien recuerda que Prince actuaba la misma noche en A Coruña. Demasiado cerca. Parecía que Madonna no recordaría la velada con tanta gracia, pero sí según sus palabras.
Ya sea por agotamiento, por cambio de prioridades o simplemente porque se han quedado sin cosas nuevas que decir, los artistas sufren crisis creativas que pueden durar semanas, meses o, en el peor de los casos, años, y de las que no siempre salen renovados. Que se lo digan a U2. Apparat sufrió un writer’s block tan intenso que no solo se vio “incapaz de escribir”, sino que llegó a “repudiar el estudio”. Por suerte, puede decir que ese bloqueo le ha servido para dar forma a un disco que tiene algo interesante que contar, seis años después del anterior.
Por el camino hemos escuchado varias bandas sonoras y, por supuesto, asistido al enorme éxito de Moderat, especialmente en festivales. Pero ya apetecía volver a escuchar una obra en solitario de Sascha Ring. Su trabajo siempre ha tendido a ser más abstracto que el de otros productores de tecno afines, más centrado en el diseño sonoro que en el ritmo. Lo mejor que puede decirse de ‘A Hum of Maybe’ es que encuentra un equilibrio notable entre esa faceta abstracta y una noción de canción emotiva y accesible.
Ring afrontó su crisis creativa escribiendo una canción al día, y ‘A Hum of Maybe’ suena precisamente a eso: a un flujo intenso de ideas, algunas más convincentes que otras. Sorprenden, por ejemplo, la irrupción de rayos láser de ‘A Slow Collision’ cuando la pieza parecía construirse como un paisaje emotivo de texturas puntillistas. También sorprende cómo el preciosismo electrónico de la pista titular acaba materializándose en un crescendo mucho más tangible, con baterías casi math-rock. Las texturas instrumentales se diversifican constantemente: aparecen arpas, guitarras eléctricas y acústicas, cajas de música o capas sintéticas que oscilan entre lo reconfortante y el ruido.
Apparat trabaja con una paleta sonora amplia que abarca electrónica abstracta, tecno, rock y neoclásica (sobre todo piano y cuerdas). Las canciones de ‘A Hum of Maybe’ utilizan estos códigos para construir crescendos como el de ‘Glimmerine’, que casi podría pasar por una canción de Radiohead; melodías preciosas como la de ‘An Echo Skips a Name’, de aires EDM; o piezas preciosas como ‘Williamsburg’ que combinan electrónica glitch con un trato del piano delicadísimo.
El paisaje sonoro tampoco recurre al cliché cuando apunta a la explosión emocional y, con la ayuda de su colaborador, el también alemán Philipp Johann Thimm, Ring rompe ritmos y estructuras al igual que expectativas. Se echa en falta, eso sí, a ratos un punto de vista más particular que lo aleje de la sombra de otros artistas: el enfoque abstracto es personal, pero ese puntillismo recuerda a Koreless, hay ecos de Atoms for Peace y de Thom Yorke en solitario en melodías y baterías, y algunas ambientaciones neoclásicas remiten a una banda sonora algo más genérica.
Eso sí, Apparat sigue siendo un vocalista estupendo, capaz de transmitir la melancolía de las letras con una emoción muy palpable, ya hable de recuerdos, del pasado o de paisajes vistos a través de una ventana. Esta es electrónica emocional, pero también una que se fragmenta como un recuerdo que no acabas de atrapar: ‘Lunes’, por ejemplo, empieza con un falsete a lo Bon Iver y termina con breaks de batería similares a los que ya aparecían en la inicial ‘Glimmerine’.
Las canciones respiran y se dan espacio para explorarse a sí mismas. A veces, sin embargo, esa abstracción no se traduce en composiciones especialmente memorables, como ocurre con ‘Tilth’, pese a la colaboración de la armenia-americana Karyyn. Pero ‘A Hum of Maybe’ sí denota inspiración. Si Apparat no sabía adónde ir, ha tirado por todos lados y le ha salido bien.
El álbum funciona bien como una especie de banda sonora para la imaginación. Incluso composiciones menores como ‘Enough for Me’ resultan fundamentales para la cohesión del disco: situada entre dos piezas intensas, aporta un respiro necesario, pero también texturas diferentes, abriendo un pequeño mundo musical propio para quien esté dispuesto a escuchar con la mente abierta.
Nuestro Disco de la Semana hasta el momento es ‘Croak Dream‘. Dominado por la voz andrógina de Puma Blue, recuerda mucho a Radiohead en su corte titular y a Portishead en grabaciones como ‘(Fool)’ y ‘Hush’. Pero son temas como ‘Silently’ los que terminan de encauzar el álbum hacia un territorio propio. Es nuestra Canción del Día hoy.
‘Silently’ está más orientada hacia las sonoridades jazz o incluso R&B. Aunque tiene un toque Beth Gibbons, está más cerca del tipo de pop que hizo Rhye o incluso Sade.
El título del tema viene de «una voz en el viento que canta en silencio». ‘Silently’ habla de una relación separada probablemente por la muerte, aunque el texto es ambiguo, lo que implica la devastación de Jacob.
«Te has ido a un lugar al que no te puedo seguir» dice por un lado. Y por otro «me he ido a un lugar al que no me puedes seguir». El juego del gato y el ratón en su versión más trágica continúa con un «sabes que te quiero, pero me he ido, hasta el fondo de mí, estoy perdido».
En una entrevista reciente Puma Blue ha querido quitar hierro al ambiente cortavenas de ‘Croak Dream’, indicando que está todo bien y además mejor con su banda que nunca. «Siento que este disco soy yo diciendo «ahora que ya sabéis quién soy, puedo ser yo mismo libremente». Algunas canciones contienen mucha tristeza, pero también algo de tontería. Hay alegría en la tristeza porque simplemente es increíble estar vivo».
Desde los primeros segundos de ‘EPiC’ los grafismos de dorado caleidoscópico, rojo rubí y pedrerías varias dejan claro que lo que vamos a ver tiene el sesgo estético (para bien, si te gustó ‘Elvis’ en 2022) de Baz Luhrmann. Fue el propio director quien documentándose para aquella biopic descubrió 65 cajas con metraje inédito de la película ‘Elvis: That’s the Way It Is’ (1970), rodado durante la tercera actuación de Elvis en el International Hotel de Las Vegas en en verano de 1970.
Pero en las minas de sal de la Warner en Kansas (sí, ahí reside su archivo) aparecieron además valiosísimas imágenes de los ensayos previos, de la noche de estreno, y de varios shows posteriores de la gira del 1972. Con todo este tesoro visual (pero carente de sonido) el equipo técnico de Luhrmann pasó dos años localizando las grabaciones sonoras correspondientes (muchas conocidas desde hace años gracias a discos piratas), resincronizándolas con las imágenes, y –con ayuda de la tecnología digital de Peter Jackson– restaurando ese celuloide de 35mm (pero también de 8mm) a un formato IMAX, un proceso parecido al aplicado a ‘Get Back’ de los Beatles.
Uno de los grandes aciertos de Luhrmann ha sido no limitarse a crear con todo eso un simple re-montaje de un show de Elvis, sino utilizar entrevistas inéditas –en especial una de 45 minutos en la que Elvis rememoraba toda su carrera– para crear un relato de su vida en voz del artista intercalado con las imágenes en directo; una película en la que los recuerdos narrados por Elvis combinados con las imágenes en directo ofrecen en palabras del director “revelaciones profundas de su humanidad y su vida interior”.
Y por rimbombante que suene, lo consigue: al acabar la película sales del cine con una idea distinta, más humana, de quién era Elvis, y a la vez de su increíble dimensión como intérprete en directo. Los espectaculares visuales evidentemente ayudan muchísimo a que frases sobre su madre, sobre la desilusión con su carrera en Hollywood, o acerca de su imagen pública adquieran una dimensión casi trascendental. Pero también son cruciales esos momentos durante los ensayos, en los que vemos a un Presley más humano, bromista, cercano a los músicos, y sobre todo –esto es clave– disfrutando de tocar en directo.
No era para menos. Como explica concisa y eficientemente un pequeño montaje al comienzo de la cinta, los 60 de Elvis tuvieron muy poco que ver con los escenarios: hasta el 62 pasó dos años de servicio militar en Alemania, y a su regreso editó discos pero sin actuar en directo, centrado en rodar películas cada vez más lamentables. Por suerte su especial televisivo ‘Comeback Special’ de 1968 cambiaría las cosas, no solo por su éxito rotundo sino porque reavivó en él el gusto por el directo. Si hay una constante a lo largo de esta película es ese disfrute evidente de Elvis y su banda por lo que están haciendo. Casi en cada plano les vemos sonriendo, una alegría que se traslada a la interpretación de las canciones, y que ajusta una cuenta histórica pendiente con ese concepto tan mal entendido como es el de “Elvis en las Vegas”.
Frente al estereotipo del cantante con sobrepeso, empastillado, desmotivado y desafinando, aquí presenciamos lo que fue verdaderamente el espíritu original de estas actuaciones: un artista hambriento por volver a tocar, interesado por la música del momento (vemos aquí fragmentos de versiones de ‘Get Back’ de los Beatles o ‘I Shall Be Released’ de Dylan), interpretando sus éxitos con furia (su versión de ‘That’s Alright Mama’ es directamente anfetamínica), adulto pero todavía conectado con el espíritu travieso y bromista de su juventud, y capaz de ponerte los pelos de punta en muchos momentos de esas asombrosas actuaciones llenas de magnetismo puro y sudoroso. Las poses de karate, los trajes “rhinestone” con capa estaban ya presentes, pero todavía con el brillo milagroso de lo nuevo.
Por eso produce casi euforia ver a Elvis llegando al primer ensayo en Las Vegas –enfundado en una camisa psicodélica con verdes y púrpuras con un brillo propio casi sobrenatural– emanando carisma por cada poro de su cuerpo, y presenciar su primer contacto con esa grandiosa banda de músicos, ver cómo conectan. Porque si ‘EPiC: Elvis Presley in Concert’ retrata una relación (incluso un romance) es claramente el de la banda con Elvis, y viceversa, y es algo precioso de ver. Desde los primeros ensayos asistimos a una conexión casi química entre todos ellos: la precisión matemática y electrizante de James Burton con su Telecaster, el corazón rítmico espectacular de Ronnie Tutt, la complicidad con las Sweet Inspirations y el resto de vocalistas de apoyo… entre sonrisas y bromas, todo el mundo parece feliz y a la vez consciente de que están creando algo mayor que la suma de sus partes.
Aún más: comprobamos boquiabiertos la soltura con la que Elvis les dirige, les da instrucciones: a veces con palabras, otras simplemente con miradas, o con todo su cuerpo. Plano tras plano vemos al grupo entero pendiente de cada uno de sus movimientos, tocando con la mirada fija en él, que ejerce de gran director musical, a cargo del show en todo momento. Es muy satisfactorio ver a un artista sabiendo exactamente lo que quiere, y consiguiéndolo. De manera recíproca, en una de las entrevistas Elvis expresa a su vez su agradecimiento por estar acompañado de este grupo que “le inspira tanto”, un cariño que se palpa en muchos momentos sobre el escenario y entre bambalinas.
El valor humano y musical de esas secuencias durante los ensayos es tan grande que Luhrmann –en otro gran acierto– las utiliza a lo largo y ancho de la película, combinándolas sin complejos con las imágenes en directo, empalmándolas juntas en esas ediciones furiosas y electrizantes tan características suyas. Canciones icónicas de Elvis en aquellos años como ‘Polk Salad Annie’ salen muy beneficiadas de este tratamiento, porque funcionan casi como un relato cronológico desde su preparación hasta su presentación espectacular frente a un público que brama de admiración, exponiendo a la perfección el proceso creativo de Elvis. La nitidez a nivel técnico (casi milagrosa) de esta restauración digital ayuda muchísimo a apreciar y disfrutarlo, al igual que el asalto a los sentidos que suponen los edits “arty” de Luhrmann, combinando imágenes e intercalando frases a modo de poemas visuales, traduciendo el frenetismo musical a lenguaje cinematográfico vertiginoso.
Y así se suceden cantidad de maravillosos momentos, como el estreno en directo del futuro éxito en listas ‘Burning Love’ –lleno de frescura y con otro montaje de Luhrmann glorioso–, esa versión de ‘You’ve Lost That Loving Feeling’ tan funk, las increíbles canciones gospel del repertorio, o ese ‘In The Ghetto’ cerca del final en el que el director se regodea en una «demezcla» sin apenas instrumentos, tremendamente evocadora.
La única sombra que planea sobre todo ello cuando aparecen los créditos finales no es culpa de la película: resulta escalofriante pensar que sólo cinco años después de esas imágenes pletóricas de la gira de 1972, Elvis estaría muerto. ‘EPiC: Elvis Presley in Concert’ es pura celebración de ese instante justamente anterior al declive; el último momento heroico, artísticamente puro, de Presley. Si sigue en cartelera en tu ciudad, no te la pierdas, este es un espectáculo para verlo en la gran pantalla.
Reina. Icono. Pionera. ¿Qué no se ha dicho ya de Bad Gyal? Dos años después de ‘La Joia’, la autora de ‘Fiebre’ vuelve con su segundo álbum de estudio. Este tiene todo lo que te podrías esperar de un proyecto de Alba Farelo, pero con un poco más de todo: más largo, más variado y más colaboraciones. Ella tampoco es la misma. Ahora es ‘Más Cara’.
Bad Gyal describió su nuevo LP como su «playlist soñada» y esa es justo la impresión que a uno le da al escucharlo. No solo por los distintos estilos de música caribeños que encontramos, desde la guaracha de ‘Fuma’ hasta la kompa de ‘Última Noche’ o el merengue de ‘Noticia de Ayer’, sino por los referentes personales que han colaborado en él, como los productores Luny Tunes (Don Omar, Tego Calderón, Daddy Yankee) y Danja (Britney Spears, Dua Lipa, Nelly Furtado).
Las palabras del equipo de Bad Gyal prometían una entrevista interesante, adelantándome que la catalana se encontraba habladora y de buen humor antes de entrar en la sala. Esta tuvo lugar unos pocos días antes de su actuación de ‘Rumba de Barcelona’ en los Goya, por lo que no se pudo tocar de nada de eso. Pero quedaba todo lo demás. Hablamos con Bad Gyal sobre su influencia en la escena española, su famosa entrevista junto a C. Tangana y Yung Beef, cambiar la opinión del público y posicionarse en contra del genocidio palestino.
¿A estas alturas de tu carrera sigues sintiendo nervios antes de un nuevo lanzamiento?
Queda una semana… Siento que en los próximos días van a empezar los nervios. Eso como que nunca se va del todo. Al final, un álbum o un concierto en un estadio grande… Presentarlo como “la primera vez” de algo siempre te da nervios, porque quieres que salga bien, te entran dudas… Es normal, es parte de esto.
En este disco se nota a full tu relación con lo caribeño y con Jamaica —dancehall, reguetón— pero también juegas con la guaracha, la kompa, el merengue… Al final, esa mezcla se ha convertido un poco en tu marca. ¿Tú lo ves así?
Entiendo que desde fuera se lea como “mi marca”, pero desde dentro, en mi experiencia, son los géneros que siempre me han inspirado y que disfruto haciendo. Es donde me lo paso bien, donde siento que puedo ser yo misma. Son muchos años siendo fan y consumidora. Es lo que me apetece hacer cuando piso el estudio.
¿Te imaginabas al principio de tu carrera que se te iba a asociar tanto con eso?
Al principio no me imaginaba nada. Empecé con 19 años y no sabía ni qué estaba haciendo. No tenía expectativas ni sabía muy bien adónde me iba a llevar todo esto.
Ahora que tienes tanto recorrido, ¿cómo de importante es para ti seguir haciendo cosas diferentes y sorprender?
No dejo que me condicione tanto. El proceso de crear este disco, en concreto, ha sido muy libre. Para mí, luego el trabajo tiene espacios donde se siente la presión y es para afuera, para el público, para el consumidor… Pero el momento de crear es como una burbuja más segura, más casa, más hermética entre los que estamos ahí. Entonces entra poco ese condicionamiento del qué pasará. Es algo más del momento, de disfrutar y crear desde el amor, desde la vibra con la que queremos jugar y experimentar, ¿me entiendes? No entra tanto eso de «vamos a hacer algo nuevo, rompedor» ni la estrategia o la fórmula… Ha sido más fluido. Y ya te digo: no es un álbum conceptual. Me he permitido crear desde el disfrute, desde hacer los géneros que me gustan y que yo misma consumo.
No siempre es el caso. Hay artistas que no necesariamente hacen la música que más les gusta.
Total. Yo siempre me siento más satisfecha cuando hago canciones que sí consumiría.
«No pienso «vamos a hacer algo nuevo, rompedor» ni la estrategia o la fórmula… Ha sido más fluido»
¿Cómo comparas este proceso creativo con el de tu disco anterior, ‘La Joia’?
Ha sido muy diferente. En el disco anterior no tuve productor ejecutivo, así que lo hice un poco sola: iba haciendo sesiones con productores independientes que no trabajaban entre ellos. En este hemos formado un equipo con muchísimo talento y con muchas personas con las que no había trabajado nunca. Sentíamos que podían entender muy bien a Bad Gyal, los géneros con los que me gusta explorar, y que podían aportar mucho… y así ha sido.
En los créditos aparecen productores como Luny Tunes y Danja. ¿Los buscaste a ellos concretamente o fue una casualidad bonita?
Lo de Luny Tunes se dio más por la colaboración con Chencho. Esa idea la trabajamos en el estudio con otra pista, pero ya la vibra, la melodía, el coro… pensé: «Esto le quedaría súper bien a Chencho, pero es que no va a querer». Me miraban: «¿Cómo no va a querer?». Y yo: «No va a querer». Pero se montó, le gustó la canción. A partir de ahí quisimos trabajar la pista bien y él propuso a Luny Tunes. Hice varios viajes a Puerto Rico, estuve en su estudio… Se apareció por allí DJ Joe algún día. Muchos ratos grabando, pero también muchos ratos fumando, hablando… Me contaron un montón de anécdotas de cómo grababan discos con Héctor El Father. Estar ahí con leyendas del reguetón, de las que yo soy fan, contándome experiencias de primera mano… Este disco me ha dado regalos increíbles. Y con Danja, pues es que mi equipo del sello sabe que soy muy fan de Timbaland. Danja era la mano derecha de Timbaland, trabajaban mano a mano. Me lo propusieron y fue increíble poder contar con él. Increíble su energía… Una persona muy calmada, muy tranquila, pero a la vez muy pasional y motivada.
«Mi equipo sabe que soy muy fan de Timbaland. Danja era la mano derecha de Timbaland, trabajaban mano a mano. Me lo propusieron y fue increíble poder contar con él»
¿Y tú, en el estudio con gente que ha estado mano a mano con tus ídolos… estabas en modo fan?
Me pongo más tímida. O sea, no soy tímida, y ellos son caribeños y yo tirada pa’lante y «ji, ji, ja, ja», pero sí. De forma natural, me posiciono más como espectadora. Escucho mucho, observo mucho, pregunto cosas… Les dejo hablar y escucho, porque es increíble lo que sueltan.
Nos encantó el vídeo de ‘Da Me’. ¿Ya no se hacen vídeos así, o qué?
Ya… brutal. Es que es todo increíble. Me encanta.
Está claro que sigues creyendo en los videoclips.
Me encantaría hacer vídeos cómodamente todo el tiempo. Lo que pasa es que es difícil. Yo claro que creo en los videoclips, porque también creo que soy una artista muy visual. Se me nota que lo estético y crear un mundo visual me motiva muchísimo, y me encanta que forme parte del curro. Me lo disfruto casi tanto como crear una canción.
«Esta era del algoritmo y del «qué funciona ahora» cambia cada día. Cada vez hay más exigencia, te tienes que adaptar todo el rato»
Quedamos en que no están muertos todavía.
Según los números y las plataformas… va cambiando. Si tira más Spotify, si tira más YouTube… Esta era del algoritmo y del «qué funciona ahora» cambia cada día, entonces no sé.
¿Cómo has vivido esa evolución de las redes, cada vez más importantes desde que empezaste?
Me da mucha pereza, pero hay que estar. Hay que «keep up» un poco con lo que hay. Y es verdad que cada vez hay más exigencia: todo cambia, te tienes que adaptar todo el rato… Me siento muy perdida a veces. Ya no sé cómo funciona esto. Ahora TikTok, ahora no sé qué… Y es un añadido más al curro, entender cómo funciona y cómo sacarle el jugo, porque al final son las plataformas que ayudan a que lo que creamos llegue a la gente.
Respecto a lo que hablábamos al principio sobre tu música: Tú fuiste de las primeras en llevar este tipo de ritmos al mainstream en España y después han venido muchos. ¿Por qué crees que ha pasado? ¿Por qué se ha reivindicado tanto el dancehall, el merengue… dentro del urbano español?
Siento que España es un país de disfrutones. De verbena, de gozar, de bailar, de cervecita… Y aunque haya un choque cultural y una brecha grande —porque es verdad que no tenemos nada de caribeños— sí que hay puntos de conexión. Yo viajo mucho, y cuando voy a Puerto Rico me siento como en casa por la forma de conversar, los temas, el tipo de humor, cómo se celebra, cómo son las relaciones entre la gente que se quiere, los amigos… Tiene paralelismos. Entonces, me parece lógico que aquí se abrace también lo que viene de fuera y que haya sido una de las mayores inspiraciones para toda esta generación. Tiene sentido. Los propios artistas que creamos esta música la hemos disfrutado y somos fans. Por lo tanto, cuando nos ponemos a crear, inevitablemente nos influye.
«Siempre que una mujer haga un poco lo que le salga del papo, siempre va a haber una parte de gente que lo va a criticar»
Más allá de la música, has influido en el panorama español casi como icono. ¿Cómo ves tu influencia en artistas como Metrika, 8belial —con quien colaboras en este disco— o en las mujeres que te escucharon primero y luego se animaron a cantar?
Está bien. Igual que yo escuché a Destiny’s… No me estoy poniendo a ese nivel, para nada, pero es lo natural. Es la vida. Empiezan unas, siguen otras… y seguramente habrá niñas ahora viendo a todas estas nuevas, inspirándose, y dentro de cuatro años tendrán un proyecto sólido, como está pasando con muchas. Es bonito, la naturaleza de las generaciones. Nos hacemos viejas…
Pero hay cosas que no cambian. Si a ti te criticaban por lo que decías en las canciones, a ellas, artistas como Metrika o l0rna, que dicen cosas todavía más bestias, las critican todavía más.
No sé… Siento que siempre que una mujer haga un poco lo que le salga del papo, siempre va a haber una parte de gente que no lo va a entender y lo va a criticar. Y como no depende de mí y yo estoy del otro lado… no sé qué decirte.
«Tengo la mente en blanco de la entrevista de Primavera Sound con C. Tangana y Yung Beef. En esa época fumaba mucho, así que no recuerdo muy bien qué dije. Ni la he vuelto a ver, me da coraje»
Hace ocho años, en una charla en Primavera Sound con C. Tangana y Yung Beef, decías que tu objetivo era el mainstream. Yo creo que ya estás ahí. Pero también hablabas de ser mainstream y underground a la vez, mantener la esencia. Con la perspectiva de ahora, ¿cómo sientes que ha evolucionado tu carrera? ¿Has conseguido equilibrar las dos cosas?
Lo he hecho. Tengo la mente en blanco de esa entrevista. En esa época fumaba mucho, así que no recuerdo muy bien qué dije… Ni la he vuelto a ver porque me da muchísimo coraje, pero sí creo que lo he conseguido cien por cien. Al final, a lo que me refería era a tener recursos y audiencias, establecerme a un nivel mainstream, y aun así poder seguir haciendo lo que quiero: ser dueña de mis decisiones y de mi creatividad. Tener inversión, tickets, estadios… y seguir diciendo: «Quiero hacer una canción con Chencho», «quiero hacer una canción con belial», «quiero grabar un kompa»… ¿Me entiendes? En ese sentido me siento bastante en mi prime, porque tengo más recursos que nunca, equipos increíbles… y los recursos te dan libertad para moverte, elegir, hacerlo mejor, más lindo, más bonito. Pero sigo decidiendo qué hago y qué no hago. Por eso cuando la gente dice «se ha vuelto no sé qué»… Me he vuelto lo que me tenía que volver, porque son decisiones que he tomado y me han traído hasta aquí.
Esto te iba a decir, que hay mucha gente confundida que igual piensa que tú ya no tomas las decisiones, o que te has convertido en lo que juraste destruir.
Puede ser, pero mi trabajo es hacer música y dar shows, no enseñarle a nadie. Que cada uno crea lo que quiera. Si quieren pensar que soy un producto, no me importa mucho.
Si tuvieras delante a alguien que piensa eso, ¿qué le dirías?
Le haría así (pulgar arriba). No le diría nada. Empezar una conversación así es como intentar convencer a alguien de algo. Como si tu ex te pone los cuernos y te dice que no: ¿qué le dices? Tu palabra contra la mía. Va a seguir diciendo que no, pero tú sabes lo que ha pasado. Pues esto es igual. Si tú dices que soy un producto, ¿qué te voy a decir? Lo vas a seguir pensando. Te puedo dar los argumentos que sea.
«Cualquier persona con emociones, sentimientos y empatía entiende que algo como lo de Palestina no puede suceder en el mundo»
Has sido de las pocas artistas de tu nivel que ha apoyado públicamente la causa palestina, incluso actuando en el concierto benéfico de Barcelona. ¿Qué piensas de este tipo de responsabilidad para un artista?
Yo hablo por mí. Para mí, no era político. Es un genocidio, es algo humano. Simplemente creo que toda persona humana con emociones, sentimientos y empatía entiende que algo así no puede suceder en el mundo. En 2026 es muy loco, es inhumano, entonces para mí no había mucha vuelta de hoja. Y además somos tan víctimas de ese sistema y estamos rodeados de empresas sionistas de las que no podemos escapar en el día a día. No sé si existe alguien que evite absolutamente todo lo relacionado con las estructuras de poder que luego apoyan tal y cual… Veo muy complicado escapar de eso por la construcción social en la que vivimos. Y me lo aplico a mí. No soy perfectamente intachable ni tendré ninguna mancha en mi historial: he bebido Coca-Cola, tengo un iPhone… Ahí voy, ¿no? Pero en lo que yo sí puedo hacer, siento que no hay mucha discusión. Espero no haberme explicado mal.
Entonces, ¿no lo has sentido como un peso?
No, como un peso no. En Estados Unidos la realidad es otra. Cuando trabajas allí sabes que hay personas que no piensan como tú y están ahí, pero yo sé cómo pienso yo, ¿me entiendes? Hay veces que no puedes escapar porque el sistema es el sistema, pero no voy a dejar de posicionarme o de decir mi opinión sobre cómo debería ser solo porque el sistema sea así.
¿Y allí sí has notado oposición a una idea que tú planteas como humanitaria?
Sí. Creo que aquí hay más consciencia que allí.
Harry Styles publica hoy su cuarto disco, ‘Kiss All The Time. Disco, Occasionally’, el primero desde que ganara el GRAMMY a Álbum del Año por ‘Harry’s House‘ en 2023. Este nuevo trabajo tiene una clara inspiración electrónica, más que disco, donde los tempos permanecen relajados incluso dentro de los códigos de lo bailable. Así lo refleja el nuevo single, ‘American Girls’, que si es algún tipo de disco, es de medio tiempo, relajado, nunca eufórico ni exultante, o la melancólica ‘Taste Back’.
Apenas, ‘Dance No More’ nos transporta a algo parecido a Studio 54, con un instrumental reminiscente de Chic, aunque la influencia clave parece ser el dance-rock y el indie de principios de los 2000, aquel que triunfaba una década antes de que Styles ingresara a One Direction. Hay toques de The Rapture y, sobre todo, de LCD Soundsystem en ‘Ready, Steady, Go!’, ‘The Waiting Game’ tira hacia el indie-pop y la final ‘Carla’s Song’ no intenta ser el típico synth-pop mainstream.
Styles ha creado un disco -ocasionalmente- electrónico porque se ha convertido en runner; dice que le ayuda a alcanzar un estado parecido a la meditación, sobre todo cuando corre escuchando la música de artistas como Jamie xx o Floating Points, influencia evidente en el single ‘Aperture‘, una puerta de entrada ideal al disco, aunque su desempeño en listas no ha sido el esperado. ‘As it Was’ vuelve a estar en alza en listas, mientras ‘Aperture’ sigue a la baja.
Quizá para no terminar de asustar a todo su público previo, ‘Kiss All The Time. Disco, Occasionally’ incluye guiños al pasado como la balada de estilo Beatles de ‘Paint by Numbers’ o el vals con cuerdecillas de ‘Coming Up Roses’. En los foros de JENESAISPOP se puede votar en la encuesta para elegir qué canción titulada ‘POP’ gusta más: la de *NSYNC, la de La Oreja de Van Gogh o esta de Styles, que recuerda más bien a… Tame Impala.
Solo la Casa Blanca de Donald Trump es capaz de juntar un vídeo sobre los bombardeos estadounidenses en Irán con ‘La Macarena’. El vídeo, lleno de misiles siendo lanzados e incluso impactando en distintos objetivos, fue subido el pasado martes a las redes del gobierno estadounidense y hoy uno de sus creadores ha dado su opinión en Canal Sur.
Antonio Romero, miembro del dúo sevillano, ha declarado en la televisión pública de Andalucía su desacuerdo con el uso de la festiva canción en este tipo de propaganda: «Yo la hice para alegrarle la vida al mundo, no para matarle la vida». Recordemos que ‘La Macarena’ fue todo un hit mundial en los 90, por lo que es de sobra conocida en Estados Unidos: «Cuando haces una canción y la echas a volar a todo el mundo, la puede disparar cualquiera a su antojo», ha comentado.
Romero también ha descrito su reacción al ver su canción utilizada en un contexto bélico, asegurando que se le pusieron «los vellos de punta», y se ha preguntado lo que todos pensamos: «¿Por qué usar una cosa tan simpática y tan graciosa para algo así?». Así, se unen al club de artistas formado por Sabrina Carpenter, Radiohead, Kesha y muchos otros que se oponen al uso de su música para hacer propaganda bélica.
Los concursantes de Operación Triunfo de 2025 ya han lanzado todos sus singles, dejando dos de los más esperados para el final por razones obvias: Cristina Lora fue la ganadora de la edición, mientras que Claudia Arenas consiguió tener el único viral del programa gracias a su versión de ‘Latin Girl’. Toca reseñar los últimos dos singles de Operación Triunfo.
Después de los sencillos de Guillo Rist, Olivia Bay o Max Navarro, es el turno de las canciones de Cristina y Claudia, a la que han dejado para el final pese a no haber ganado el concurso. De hecho, terminó en quinto lugar, pero gracias a su recorrido en el formato también se convirtió en una de sus mayores apuestas. Su versión del tema de Emilia llegó a entrar en el puesto 36 del top 50 de Spotify España, contando en estos momentos con más de 7 millones de streams.
Cristina, por otro lado, fue desde el primer programa la favorita para llevarse el gran premio gracias a su presencia escénica y trabajada voz, aunque no ha llegado al nivel de reproducciones de ‘Latin Girl’ con ninguna de sus actuaciones. Eso sí, su número de oyentes mensuales sí es mayor.
‘2 PUÑALAÍTAS (de Andalucía)’, de Cristina Lora
La portada de Cristina ha acabado siendo una de las más originales del concurso, con un puñal flotando sobre su cabeza a modo de referencia tanto a la espada de Damocles como al título de su propia canción. Sin embargo, esta muestra de personalidad no se transmite del todo a ‘2 PUÑALAÍTAS (de Andalucía)’.
El single de Cristina resulta un batiburrillo de estilos en muchos momentos, recordando en unos al pop comercial de Tate McRae y en otros al minimalismo de Judeline. La percusión, por otro lado, es totalmente salida de la escuela de Timbaland. Es innegablemente pegadiza, pero la melodía vocal del estribillo no transmite demasiado. Sería muy buena propuesta para el Benidorm Fest, eso sí. ¿No era su sueño acabar representando a España en Eurovisión?
La letra tampoco tiene mucha chicha, con Lora cantando sobre enamorarse por sorpresa: «Cuando vi tu cara no me lo esperaba / Te vi y no sabía que tenías que me enganchaba». Al final de la canción, como resolución, Cristina se da cuenta de lo que tenía esta persona, y es algo anticlimático: «Lo pensé de noche y día, parecía una epifanía / Caí en lo que tenías, que venías de Andalucía».
‘gran error’, de Claudia Arenas
Irónicamente, el single de Claudia Arenas es un gran acierto. Su voz era una de las más especiales del concurso, no por ser un vozarrón precisamente, y eso se ha trasladado completamente a su primer sencillo. En ‘gran error’, la personalísima voz de Arenas es el centro de todo.
Esto casa perfectamente con el estilo del tema: una balada clásica que recuerda al Bruno Mars más romántico y que cuenta con muy pocos elementos que está, muy bien colocados. La melodía es agradable, incluso memorable, y los añadidos a la mezcla, ya sean el bonito coro de voces o la aparición de la guitarra eléctrica en la segunda mitad, solo suman. Eso de dejar lo mejor para el final se ha cumplido en este caso.
La letra no es una maravilla, pero tampoco se queda en lo anodino. ‘gran error’ es una canción de desengaño al 100%, con Claudia nombrando a una persona «que no fue capaz» y que perdió su «oportunidad». Sin embargo, frases como «cuenta a las demás que yo fui una más» o «qué gran error sentir que esta vez iba a ser diferente, que iba a sufrir, ahora que me eres indiferente» son grandes toques. Claudia ha contado que este tema es un buen ejemplo de «hacia donde me gustaría ir con mi música». Nosotros, encantados.
Triángulo de Amor Bizarro han presentado su nueva era en Madrid en un evento organizado en la Sala Equis. Y digo «era», no solo «disco», porque el grupo se estrena en Sonido Muchacho (Carolina Durante, Sen Senra, Depresión sonora).
El trío pinchó 5 canciones nuevas con sus visuales a modo de corto, habló sobre la libertad con que han trabajado en este disco tras un par de proyectos más conceptuales y explicó cómo se ha trabajado la sensación de «espacio». Capturar la «sala» donde grababan, su «catedral» particular.
Rodrigo bromeó sobre hacer 10 discos como Felt: «Tres, tres y tres y uno de despedida». En todo caso este es el 7º: «Hemos intentado reiniciar el formato, somos 3 por primera vez. Nos planteamos un disco muy artesanal, muy a la contra de todo el rollo tecnológico ultrachungo que hay, ni mucho ordenador ni nada. Metimos un montón de tiempo, hemos estado meses, realmente años, componiendo. En nuestra casa, que hay un estudio, pero es nuestra casa. Es un disco de bajo, guitarra, batería y arreglos. Un disco como se hacían en la época en que los discos eran la cima de la cadena alimenticia. Es el disco al que más tiempo hemos dedicado para hacer las canciones».
Hoy se ha subido a plataformas el primer single, ‘Sacrificio’, y es nuestra Canción del Día. La definieron como la «canción directa» que les suele salir cuando ya tienen el resto del disco hecho y definido. Es ciertamente una de sus composiciones más repetitivas y pop, con una melodía prima hermana ya no tanto de New Order como de los Cure de ‘Friday I’m In Love’.
Apelando a «hermanas entre tinieblas» y «hermanas de la oscuridad», su estribillo incide en la idea de «hacer lo que pueda pero nada más». «La muerte es un gesto, entrego mi voluntad», dice el texto sobre el título de la canción. «Mi playa es mi sacrificio» es la última frase del tema y también del álbum, pues ‘Sacrificio’ cierra toda la secuencia.
El tema oficial de la canción es «Galicia como paisaje, como tensión, como mito», y también «sus meigas: figuras ambivalentes (sanadoras, adivinas, guardianas de rituales) que existen justo en el punto donde la razón no termina de imponerse».
Respecto al «estanque de plata» de la letra, el sello indica: «No es una postal costumbrista, sino un imaginario de poder antiguo puesto a funcionar dentro de una canción contemporánea: espiritualidad sin catecismo, misterio sin moraleja».
El primer viernes de marzo, día 6, llega el esperado nuevo disco de Harry Styles, que ya comentamos en portada, junto a otros lanzamientos importantes de Bad Gyal, Bonnie ‘Prince’ Billy, Morrissey y esos Gnarls Barkley que despiden su carrera discográfica.
En un plano más underground o alternativo, tenemos nuevos discos de COBRAH, Flying Lotus, Juanes o, desde España, de DeTeresa y Larea.
Estos días hemos asistido al inicio de las nuevas eras de Alcalá Norte, Aldous Harding, Fangoria y Maya Hawke. Hoy, Triángulo de Amor Bizarro hace lo propio, mientras Rigoberta Bandini publica un single guitarrero -el que adelantó durante los Goya-. Por su lado, Bebe Rexha samplea a Faithless en el primer single de su próximo disco. De los dos anteriores no se acuerda.
Y puede que Anne Hathaway lance un single coproducido por The 1975, pero de ninguna manera eclipsa el lanzamiento de Alexis Taylor producido por The Avalanches, la nueva cucada de Stephen Sanchez, el rock de SPRINTS y O’Cristo, o el afro de Ayra Starr.
Paralelamente al otro regreso de la semana, el de Basement, tenemos nuevos singles interesantes de Xoel López, Peter Gabriel, Fcukers, Wesley Joseph, Calequi y Las Panteras o Dora Band. También destacan dos colaboraciones del pop latino: por un lado, Shakira y Belee homenajean a Colombia, y por otro, Maluma y Manuel Turizo se marcan un pachimbe dominicano.
Estrenos de Daniela Andrade, The New Pornographers, Claudia Arenas (OT2025), Yebba, Blanco Palamera, Metric o el bonus track de Rusowsky engrosan la playlist de novedades de hoy, disponible en Apple Music y Spotify.
Damon Albarn no es el mismo desde que en el año 2000 Oxfam le invitara a Mali para un intercambio cultural de consecuencias impredecibles. El líder de Blur aceptó porque estaba harto de la cultura de la celebridad de los 90 y lo que se encontró fue un montón de músicos con los que enriquecer su discurso. «El diálogo con Mali no termina aquí, sólo es el principio, el principio es lo más difícil», declaraba a El País durante la presentación del disco ‘Mali Music’ (2002).
Unos 25 años después, ya no nos sorprendemos de que un álbum de Gorillaz, a la postre su proyecto más exitoso, sea un crisol de todas las músicas posibles. Esta vez no ha sido Malí, sino India, el país que más ha determinado su sonido, al ser visitado tanto por Damon Albarn como por su compañero Jamie Hewlett, en una época en que los padres de ambos fallecieron, con 10 días de diferencia.
De ahí que ‘The Mountain’ suene como un álbum espiritual desde su apertura cuasi instrumental. El sitar de Anoushka Shankar y la flauta de Ajay Prasanna, así como los vientos de corte hindú, marcan unas canciones que juegan peligrosamente con el cliché, casi 60 años después de la conocida visita de los Beatles a la India en 1968. Tópicos como el de una cobra siendo encantada no han gustado mucho a la prensa local, de la misma manera que la anticuada visión de África de Beyoncé lastró la campaña de su banda sonora para ‘El Rey León’.
La mayor victoria de ‘The Mountain’ es que es un álbum muy sentido, cuando se pone a ello. Cuenta Damon Albarn que «a los británicos no se les da muy bien lidiar con la muerte», por lo que este viaje ha sido una liberación. El paso de ‘The Hardest Thing’ a ‘Orange County’ con Bizarrap, que habla sobre «lo duro que resulta decir adiós», es uno de los momentos más bonitos que nos ha dejado la discografía de Gorillaz, entre silbidos llenos de melancolía y una preciosa sección de trompetas. ‘The Sweet Prince’ es otro buen tema que trata la estancia de su padre en el hospital.
Esta reflexión sobre el más allá se ve alimentada por un montón de voces traídas efectivamente desde el otro mundo. Damon Albarn ha recuperado viejas grabaciones que tenía junto a Lou Reed y se ha hecho con los derechos de tantos samples de grabaciones como para que por aquí se asomen su buen amigo -y artista esencial en su carrera- Tony Allen, un furioso Mark E. Smith en ‘Delirium’, Bobby Womack, y raperos como Trugoy the Dove de De La Soul o Proof de D12.
La aparición de este en la segunda mitad de ‘The Manifiesto’, cuando la primera estaba siendo dominada por todo el flow del argentino Trueno, es un shock. Pasamos de oír frases buenrolleras como «Descansa, como cuando estabas en la panza» a oír a Proof a hablar de balas y disparos. Y de ahí a escuchar a Damon Albarn repetir hasta la saciedad algo así como que todo es «automático hoy en día».
Todo es automático excepto este disco en el que caben el synth-pop de los 70 junto a Sparks, en un single lanzado hace 6 meses que se olvidó demasiado pronto, ‘The Happy Dictator‘; el banger lleno de ritmazo ‘Damascus’ junto a Omar Souleyman; o su respuesta baladesca junto a la leyenda de Bollywood Asha Bhosle, 92 años de emoción y experiencia en una maravilla llamada ‘The Shadowy Light’.
De ‘The Moon Cave’ (2ª pista) a ‘Casablanca’ (antepenúltima), a veces el sinfín de «featurings» y músicos invitados, que incluye a Johnny Marr, Kara Jackson, IDLES o Gruff Rhys, hace sonar ‘The Mountain’ como «un poco demasiado». Desde ‘Plastic Beach’ los discos de Gorillaz no se quitan de la boca cierto sabor a «álbum de rarezas». Necesitan un nuevo hit claro en lugar de 57 ideas juntas. Sin embargo, hay algo muy poético en escuchar a tantos artistas fallecidos aparecer en un álbum que habla sobre despedirnos de nuestros padres.
Mejor aún, en 1999 nacía la primera hija de Damon, Missy (llamada así por Missy Elliott). Desde que cumplió 18 años, acompaña a su padre en viajes tan improbables como Corea del Norte o Turkmenistán, una de las dictaduras más restrictivas del mundo. Ese es el origen de ‘The Happy Dictator’. A Damon le horrorizó y le maravilló a partes iguales, que en dicho país estuvieran prohibidas las malas noticias. De esa concienciación de lo que ocurre ahí fuera, traspasada de abuelo a padre, de padre a hija, es que se podría abrir un pequeño halo de esperanza.