2025 se abre a lo grande con el nuevo disco de una de las mayores superestrellas del pop actual. ‘DeBÍ TiRAR MáS FOToS’ es, por increíble que parezca, el 8º álbum de Bad Bunny (el 6º si no contamos ‘Oasis‘ y una mixtape), muy lejos de aquellos tiempos en que considerábamos a Benito un artista de singles, que juro que existieron. Esta entrega llega cuando el artista aún mantiene sus dos últimos discos en listas como las de nuestro país o el mismísimo Billboard 200, a destacar el multiplatino ‘Un verano sin ti’, uno de los álbumes más exitosos de los últimos años a nivel global.
¿Necesitábamos, pues, otro disco de Bad Bunny tan pronto? Lo que evidencia ‘DeBÍ TiRAR MáS FOToS’ es que él sí necesitaba sacarlo. En ‘El CLÚB‘, el primer single, Benito afirma que no es feliz desde 2020, en lo que parece una referencia a su novia de entonces, Gabriela Berlingeri. Su único consuelo resulta volver a sus raíces en Puerto Rico. Se ha ido al New York Times a explicar que este es su «álbum más portorriqueño».
Este titular no es poca cosa, porque Puerto Rico ha inundado siempre toda la discografía de Bad Bunny. Ya realizó cortos reivindicativos en el pasado sobre gentrificación e inutilidad política. En ningún momento de toda esta ristra de millones de streams y de dólares para su sello Rimas Entertainment se ha olvidado de dónde viene. La diferencia es que el artista está cada vez más dispuesto a ahondar en esas raíces, en este caso reivindicando la música que de pequeño, en sus propias palabras, le parecía «de viejos». «Cuando creces, empiezas a apreciarla y a entenderla más», asegura, al tiempo que entrega al director de cine Jacobo Morales, de 90 años, el protagonismo del corto que introduce este álbum.
En ese corto, Morales pelea por sobrevivir en una isla que ya no reconoce y que incluso le es hostil. Ese homenaje a nuestros mayores, en un mundo que precisamente parece más dispuesto que nunca a olvidar la historia del siglo XX, se traduce en lo musical en ritmos como la plena, uno de los más antiguos de Puerto Rico, o en la música jíbara de los años 40 y 50. Así Los Pleneros de la Cresta son los grandes invitados de ‘CAFé CON RON’, un número etílico y orgánico que hace de su carácter coral, su virtud. Y así también ‘Pitorro de coco‘, con su instrumentación jíbara, acentúa la relación entre la Navidad y Bad Bunny. En este álbum se queja de lo que no le han traído Papá Noel y los Reyes, cuando su primer disco, ‘X100pre’, hay que recordar que salió un 24 de diciembre.
En ese regreso al pasado, la salsa cumple un papel fundamental. El álbum comienza con ‘NUEVAYoL’, un tema que incorpora elementos de ‘Un Verano en Nueva York‘, uno de los éxitos que El Gran Combo de Puerto Rico y Andy Montañez lograron hacer sonar en Estados Unidos en los años 70. Y otra de sus cumbres es ‘BAILE INoLVIDABLE’, que referencia clásicos de salsa de Héctor Lavoe como ‘Juanito Alimaña‘ y ‘Periódico de Ayer‘. Para darle más cuerpo a estas canciones, Bad Bunny no ha recurrido a los músicos más experimentados de América, sino que ha preferido dar voz a chavales de entre 18 y 21 años de la Escuela Libre de Música Ernesto Ramos Antonini, ubicada en San Juan, Puerto Rico. También pone en el foco a la banda local Chuwi en ‘WELTiTA’ en lugar de recurrir a otra superestrella. De nuevo en la búsqueda de la autenticidad, tras la crisis exhibida en su anterior obra, ‘Nadie sabe lo que va a pasar mañana‘.
Estas producciones de salsa son especialmente fiestas de tal tamaño, incluso a veces hablando de temas amargos, que desearías que todo el álbum hubiera seguido esa línea. Pero evidentemente el reggaeton también es parte del ADN de Puerto Rico y de Bad Bunny, y aquí hay varias reivindicaciones de este género en diferentes formas. ‘VOY A LLEVARTE PA PR’ es una celebración de la soltería que rima «que viva la putería» con «yo las cambio como Rosalía» y su público está ya devorando cosas como ‘VeLDÁ’ con Omar Courtz y Dei V, y ‘EoO’, con su guiño a ‘Perreo Baby‘ de Héctor y Tito, antes que alguna de sus aventuras electrónicas o acústicas. Es una pena que ‘TURiSTA’ o ‘LO QUE LE PASÓ A HAWAii’ vayan a tener menos aceptación popular, bien debido a su carácter reivindicativo y sus referencias más o menos veladas a la gentrificación, o bien a su producción más minimal.
Hay que volver a subrayar que, como sucede desde el principio, la mayoría de las canciones de Bad Bunny están escritas por él mismo absolutamente en solitario, a diferencia de lo que sucede con el resto de artistas de su tamaño, hombres y mujeres, de Taylor Swift a The Weeknd, que prefieren co-escribir. Por tanto, suyas son todas las melodías contagiosas del álbum, como por ejemplo el coro de «Debí tirar más fotos (DtMF)». Después, sí recurre a un elenco de productores, limitado, en el que volvemos a encontrar a gente de confianza como Tainy, junto a La Paciencia o MAG.
Porque tampoco se habla lo suficiente de la paleta electrónica que se asoma por las producciones de Bad Bunny, que en este disco puede ir de lo intimista de ‘BOKeTE’ a lo que parece un préstamo de Eurythmics en ‘KLOuFRENS’. Como es habitual en sus discos, los temas continúan yendo de un género a otro incluso dentro de la misma pista, y en ese sentido destaca la evolución de la salsa al dembow y del dembow al trap de ‘NUEVAYoL’, o el modo en que el disco decide terminarse como una fiesta salsera, cuando ‘LA MuDANZA’ empezaba con un recitado sobre su infancia y sus padres.
Los versos de Bad Bunny continúan siendo el centro, por supuesto. Su interpretación, espectacular, por ejemplo cuando se pregunta algo tan sencillo como «qué estará haciendo su ex» tras un calculado silencio dramático. A veces el dardo político parece algo metido con calzador, como en ‘BOKeTE’, una supuesta denuncia de las infraestructuras de Puerto Rico que en verdad es una canción de desamor, como casi todo el largo. La barra que lo podría resumir podría ser más bien «Pensaba que contigo iba a envejecer, en otra vida, en otro mundo podrá ser» y pertenece a ‘BAILE INOLVIDABLE’. O también «¿Cómo diablos voy a olvidarte, si ya te vi sin ropa?», de ‘KLOuFRENS’. Después de 8 álbumes, y sobre todo desde ‘Un verano sin ti’, no sé si Bad Bunny va a ser capaz de reinventarse tanto como ‘Safaera’ me hizo pensar; pero cada vez está más claro que a teatrero no le gana nadie.






















Ha encabezado muchas listas de lo mejor del año. Y no es de extrañar. La cuarta novela de la estadounidense Catherine Lacey (todas publicadas en español por Alfaguara) es de esas obras que no pasan desapercibidas y enseguida generan conversación. Bien sea por su singularidad temática: una historia sobre el mundo del arte y las complejidades de las relaciones amorosas enmarcada en una realidad alternativa, el Territorio del Sur, una teocracia fascista que se separó del resto de Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. O por su ambición narrativa: una mezcla muy metaliteraria de ficción y realidad, tanto de eventos históricos como de personajes del siglo XX (
Tremendo este libro. Tremendo lo que cuenta: la historia real de la estudiante y activista de izquierdas Silvia Labayru, secuestrada con 19 años y encerrada en un centro de detención clandestino durante la
Hacía siete años que Dennis Lehane no publicaba una nueva novela. Inmerso en su labor como guionista televisivo (‘Mr. Mercedes’,
Muchos conocimos a Ryu Murakami cuando se estrenó ‘Audition’ (1999), de
Cosas del destino (o del márquetin, quién sabe): la publicación en España de la última novela de Sigrid Nunez coincidió con el premio en el festival de Venecia para
Ha sido uno de los ensayos españoles más celebrados de 2024. Las llamadas “causas célebres” fueron el antecedente de lo que hoy se conoce como “
Han pasado ya casi diez años desde aquel memorable artículo,
Hace ya años que se habla de la “microdosificación” de LSD. Con el libro de Ayelet Waldman como referencia más popular (‘Qué día más bueno: Tomar LSD en microdosis me cambió la vida’), el uso del LSD con fines terapéuticos y creativos no para de extenderse, así como las voces que defienden su despenalización. Uno de ellos es el escritor alemán Norman Ohler. Preocupado por el rápido avance del Alzhéimer en su madre y siguiendo los últimos estudios al respecto, Ohler decidió tratarla con microdosis de LSD. Lo cuenta en ‘Un viaje alucinógeno’ (Crítica). Y también el “viaje” que había hecho dicha sustancia desde que fue sintetizada en 1938 por Albert Hofmann (iba a ser un psicofármaco para tratar la depresión), hasta su paso por la Alemania nazi como posible arma de guerra, su salto hasta Washington donde la CIA lo utilizó en sus experimentos de control mental (MK Ultra), su difusión como droga recreativa y estimulante de la creatividad en los 60, hasta su prohibición en 1966 como consecuencia de la política “Guerra contra las drogas” impulsada por el gobierno de EEUU. 7.
