Eartheater, la cantante de pop electrónico experimental, conocida por canciones deslumbrantes como ‘Below the Clavicle’, por su elástica voz y por su impactante estilo, ha anunciado que su nuevo disco podrá escucharse a partir del próximo 14 de julio.
Titulado ‘Heavenly Body: If I’m The Bottle You’re The Message’, el nuevo álbum de Alexandra Drewchin sigue a ‘Powders’ (2023) y está dedicado a su embarazo y maternidad, en concreto a las “angustias y alegrías de ser madre”.
«Heavenly Body» se compondrá de 11 pistas, una de las cuales incluye colaboración con otra madre reciente: Oklou. Ambas unirán fuerzas en ‘Fast Asleep’. La pista final, ‘Nova’, recibe su título del nombre de la hija de Eartheater.
‘Paradise Rains’, el primer adelanto de «Heavenly Body», sigue la faceta más emocional de la artista, ayudándose de melancólicos pianos y cuerdas, una sentida melodía vocal, y una tensa y sutil vibración electrónica que entra, reptante, hacia el final.
Eartheater cuenta que la canción trata sobre recuperar la granja de su infancia, que su familia había vendido, y volver a ella 20 años después con su marido. Ese regreso estuvo lleno de emociones y coincidencias importantes, incluyendo que concibió a su bebé el mismo día que visitaron la granja por primera vez.
Después de los 350 millones de streams en Spotify para ‘Amapolas’ (más 100 extra para su remix con Danny Ocean), Leo Rizzi continúa su carrera. Esta semana sucede ‘Pájaro azul‘ con un álbum llamado ‘La belleza de las flores’ con cierto sentido espiritual.
En el álbum, Leo Rizzi habla de amor pero también de religión y de muerte, concluyendo que no es posible matar a un músico porque siempre permanecerán sus canciones. Hablamos con el artista en las oficinas de Warner en Madrid. El artista prepara una gira por México en este momento. Detalles, en su web.
En este disco parece que hablas sobre el amor, la belleza y, en parte, la muerte. Serían los temas principales?
Sí habla de eso, pero creo que la esencia del álbum va más en sintonía con la frase de Byung-Chul Han de la que sale el nombre del disco: “La belleza de las flores se debe a un lujo que está libre de toda economía”. A partir de ahí se desgrana todo. Yo creo que habla, sobre todo, del amor, pero no solo del romántico, sino del amor en el sentido más amplio de la palabra: como devoción, presencia o cuidado.
Cada vez hay más artistas que hablan del amor no solo romántico, sino también de otros tipos de amor, incluso de la amistad. Aunque a veces es difícil identificarlo. ¿Me puedes poner algún ejemplo de canciones del disco que hablen del amor desde otro lugar?
‘Fe’, por ejemplo. Se podría interpretar como una canción de amor romántico, pero realmente habla de la fe en una utopía. Si lees bien la letra, te das cuenta de que no es una canción de desamor, sino que trata sobre esa búsqueda utópica, sobre la lucha con uno mismo y con la fe incluso. Tiene esa doble lectura bastante clara.
Me llama la atención que pongas precisamente el ejemplo de ‘Fe’, porque remite mucho a algo religioso. Además, hay otra canción en la que dices “¿Cuál es la importancia de mi religión?” o algo parecido. Parece que la religión también es un tema importante en el disco, ¿no?
Realmente todo surge a partir de una lectura de Byung-Chul Han. El primer libro suyo que llegó a mí fue ‘La desaparición de los rituales’. Ahí habla de volver a mirar la tradición a través de los ritos religiosos, y me pareció muy interesante. Paralelamente surgía todo lo de Rosalía y cierto movimiento neocatólico o de imaginería cristiana. Pero, lejos de querer estar dentro de esa ola, mi aproximación a la religión va más por buscar en ella una tradición y una tierra que creo que, en el contexto actual, nos están faltando. Una narrativa que nos acompañe en la vida cotidiana y que esté alejada del consumo y de la producción. Mi relación con la religión va más por ahí.
«Más que del movimiento neocatólico, busco una tradición que nos está faltando»
¿Crees que hoy en día nos falta una base? Todo va rapidísimo: productividad, consumo… Tú, además, como artista, estás constantemente pendiente de las novedades y de los oyentes mensuales. ¿Como que buscas algo a lo que agarrarte que no sea la novedad constante?
Sí, el disco nace precisamente como respuesta a eso. Creo que la inmediatez, los ritmos de consumo y producción y el cambio de valores que estamos viviendo me han llevado a plantearme estas cosas. Y creo que ese movimiento del que hablas, esa búsqueda de Dios o de un sentido, surge justamente como reacción a todo esto. Nos hace falta reconectar con ciertos valores, y la religión siempre ha sido ese lugar al que uno se aferra: una forma de vivir, una narrativa que te ayuda a no perderte. Si no, acabamos supeditados únicamente al rendimiento, y eso es una barbaridad.
De repente, mencionar siquiera la posibilidad de que exista un Dios omnipresente parece algo marciano. A mí ya se me había olvidado desde el colegio, la verdad. ¿Esto crees que puede ser un tema en 2026?
Yo creo que Dios puede cambiar de forma. Lo que no puede convertirse en Dios es un billete. Ahí está el problema. Más allá de que haya gente más escéptica o gente con más fe en algo desconocido, creo que el ser humano no debería moverse solo por producir y consumir. Y ahí es donde surge la necesidad de una narrativa que nos dé unos valores. No hablo de crear un Dios para justificar nuestros males y nuestros bienes, sino de encontrar una forma de transitar la vida de una manera más humana, más sana, más divertida incluso, y celebrar un poco que estamos vivos.
«Dios puede cambiar de forma. Lo que no puede convertirse en Dios es un billete»
En cualquier caso, ‘Fe’ tiene una segunda mitad en la que la canción cambia completamente y entra una especie de coro monacal o algo parecido, que refleja bastante bien eso que quieres transmitir.
‘Fe’ habla de la devoción hacia algo en lo que uno cree, aunque sea utópico. Es el camino que decides elegir. Y en ese final invité a un amigo que también ha sido maestro para mí: Manu Om, un cantante muy ligado al canto devocional y a los mantras. Él trabaja mucho el bhakti. Yo quería incluir de forma natural a Hanuman, que es un dios hindú, y también un mantra dedicado a él: “Hanumate Namah”. Le pregunté a Manu qué le parecía y si quería participar en la canción. Y ahí surgió esa segunda parte, que funciona casi como una outro y que me recuerda mucho a los cantos que viví en sus clases y ceremonias. De alguna manera, también representa una vuelta a mis inicios en la música.
Aun así, es casi una excepción dentro del disco. El resto no va tan lejos en esa dirección. ¿Nunca te planteaste llevar esa idea hasta el extremo?
Sí, pensé: “Esta arista del disco está situada en la religión, la fe y el hinduismo, así que voy a llevarla al máximo”. Creo que es una rareza dentro del álbum, pero una rareza que tiene sentido.
¿Tú lo ves como un disco cercano al rock progresivo o te parece más un disco de pop?
No sabría decirte. Creo que sí tiene algo progresivo, porque no sigue estructuras ni ritmos tan habituales dentro del pop actual. Yo lo escucho y pienso que no es puro entretenimiento. Hay canciones con dinámicas muy largas y cambios de intensidad que probablemente aburrirían a parte del público más acostumbrado al consumo rápido.
Tú has vivido en varios sitios, has viajado mucho… ¿Te sientes cercano a una escena española como la de Carlos Ares o Rufus T. Firefly, o tus influencias van más por lo anglosajón y los 70?
Me influencio de muchísimas cosas muy distintas entre sí. Pero sí puedo verme dentro de una escena alternativa o de pop underground en España, junto a artistas como Rufus o Carlos. Aunque siempre he mirado mucho hacia lo anglosajón -Radiohead, por ejemplo-, también hacia el folclore uruguayo o artistas como Fernando Cabrera. Pero sí, si tengo que relacionarme con algo en España, sería más por ahí.
¿Qué canción tiene más influencia del folclore uruguayo?
‘Gatos’. Está inspirada en ‘Por ejemplo’, de Fernando Cabrera y Eduardo Mateo, incluida en su disco homónimo de 1987. Me inspiré sobre todo en el riff de guitarra, que tiene algo muy rítmico.
La canción «Samba» del disco es como un «bug». ¿Está ahí? ¿Tiene sentido?
Sí, es literalmente un bug, un hidden track. No aparece en la versión de Spotify y, de momento, solo está en el vinilo.
A mí es de las que más me han gustado. Me encanta cuando aparece de repente un ritmo distinto y rompe con el resto de un disco.
Sí, salió también un poco desde esa referencia al Río de la Plata, a Eduardo Mateo y toda esa mezcla de samba y bossa nova. Me apetecía hacer algo así, pero no tenía cabida dentro del disco como tema central. Tenía que ser más bien una ventanita.
¿No te ves haciendo un disco entero de samba o de ritmos así?
Sí me imagino haciendo algo con mucha referencia a la bossa nova, pero este disco pedía otra cosa.
¿Para ti era importante hacer un álbum más centrado en un estilo concreto?
Totalmente. Quería hacer algo coherente, que escuchases cualquier canción y sintieras que pertenece a un mismo álbum, y no que un tema fuese súper electrónico y el siguiente una bossa nova.
«Los artistas estamos un poco volados: hoy queremos hacer una cosa y mañana la contraria»
En los últimos años esa idea de cohesión parece haberse perdido un poco.
Sí, porque ahora el artista tiene mucho más acceso a los medios de producción y también ejerce como productor. Y los artistas estamos un poco volados: hoy queremos hacer una cosa y mañana la contraria. Creo que en esa rapidez productiva a veces se nos va un poco la cabeza. Para mí, la cohesión demuestra enfoque.
También has secuenciado con mucho cuidado las partes más pop del disco. Temas como ‘Nueva era’ o ‘Año nuclear’ aparecen cada tres o cuatro canciones.
Sí, intentaba encontrar los momentos donde el ritmo podía decaer un poco para meter ahí una canción más uptempo.
¿Para ti el ritmo llega a decaer y el disco puede hacerse largo?
El disco no tiene la ambición de ser escuchado entero del tirón. Las canciones son las que me gustaban y ya está. No pretendía hacer un álbum pensado para consumir en una tarde, sino uno que se fuese descubriendo poco a poco, que a cada uno le llegue la canción que le tenga que llegar.
¿‘Nueva era’ y ‘Año nuclear’ están entre tus favoritas?
Mi favorita diría que es ‘Párpados’. ‘Nueva era’ me gusta mucho porque tiene cierta reminiscencia al pop-rock español clásico, incluso algo de The Police. Pero mi favorita es ‘Párpados’. No sé si por puro onanismo, pero me encanta el riff de guitarra que salió ahí.
¿cómo ha sido trabajar toda la parte instrumental? Hay muchísimos arreglos: vientos, cuerdas, guitarras españolas, como en ‘Halo’…
Ha sido un pifostio, porque queríamos grabarlo todo con músicos profesionales y acabamos trabajando con unas 300 pistas. RYO son dos chavales con mentalidad de compositores y productores, y yo también funciono así: componiendo, produciendo y arreglando. No había hueco que no quisiéramos llenar con algún detalle. Luego se sumaron Andoni Narváez y Cristian Delgado, que también son músicos y compositores. Y, por suerte, Rubén Montes en la mezcla consiguió dar espacio a todo. Las cuerdas y los vientos añaden una tercera capa que hace que el disco sea muy envolvente y maximalista.
¿Crees que el disco representa una etapa triste o alegre de tu vida?
No diría ni triste ni alegre. Más bien es un disco muy contemplativo. Tiene de todo: ‘Samba’ es muy juguetona, mientras que ‘Fe’ es más oscura. Quizá la balanza cae un poco hacia lo melancólico, pero sobre todo lo veo como un disco reflexivo.
«Al artista no lo puedes matar, porque sus canciones permanecen»
También hay una especie de huida de la muerte, ¿no? Además de la canción con Love of Lesbian, hay otro momento en el que dices algo como “aunque me entierren, siempre estaremos vivos”.
‘Aquí nadie se puede morir’ nace de un proceso un poco traumático dentro de la industria, de enfrentarme a su parte más oscura. Y de ahí surge esa idea de que al artista no lo puedes matar, porque sus canciones permanecen. En ‘Cruz invisible’ hablo de eso.
¿Pero quién ha intentado “matarte” dentro de la industria?
Gente que no obtuvo los beneficios que esperaba de mi proyecto. Y te encuentras con personas que, cuando dejas de interesarles, intentan hundirte.
Pero a ti te va bien, ¿no? Sobre todo después del viral de OT en la tele, ¿no? ¿En qué momento has estado “muerto”?
No es que me hayan matado literalmente. Es más un manifiesto frente a ese intento. Cuando ves que alguien quiere ponerte piedras en el camino, piensas: “No juegues con esto”. Va más por ahí.
¿Y ahora estás bien? Estás en Warner y parece que todo va bien.
Sí, sí, todo bien.
Te preguntaba también por el viral de ‘Amapolas’. ¿Te ha repercutido mucho? ¿Estás harto de la canción?
Es el mal de cualquier artista: tener un hit viral y sentir que todo tu repertorio compite constantemente contra ese techo. Pero ya he aprendido a tomármelo con más calma. Fue una viralidad nacida en TikTok y, cuando pasa algo así, se descontrola completamente. De repente suena en Tailandia, ¿sabes?
Pero, en el fondo, es mejor eso que no tener ningún hit. Parece que muchos artistas lo viven casi como un trauma. Radiohead todavía no ha superado lo de ‘Creep’.
Es una dualidad. Por un lado está tu vida normal, cuando te bajas de la industria y vuelves a ser una persona corriente. Pero luego, dentro del circuito, en los camerinos se habla mucho de estas cosas. Todos sentimos que podemos hacer más o que queremos ir más allá.
Pero tú la canción la sigues tocando.
Sí, claro. Y me encanta. Me parece una canción preciosa y estoy muy orgulloso de ella.
Decía Wilhelm Reich que «la organización de la energía sexual es la base de la reacción política». El concepto de líbido politizado ha sido ampliamente explorado en filosofía, cine y también en la música, especialmente en el post-punk. La conexión con el disco de MUNA es directa: ‘Dancing on the Wall’ es un disco post-punk en espíritu, donde el trío formado por Katie Gavin, Josette Maskin y Naomi McPherson -esta última productora- explora precisamente el citado tema, desde diversos lugares.
Aunque el estilo de las canciones de ‘Dancing on the Wall’ siga aferrado a la herencia new-wave de sus primeros discos, es evidente desde el segundo cero que el tono se ha oscurecido. Empezando por la tensa pista de inicio, ‘It Gets So Hot’, que dibuja la imagen de un calor tórrido abrasando la dura acera. Si ‘Dancing on the Wall’ es un disco de verano, explica Katie Gavin, es solo porque «estamos en el verano más caliente de la historia, por culpa del cambio climático».
El solape entre deseo sexual y preocupación política vertebra ‘Dancing on the Wall’ y produce una obra donde el deseo es implícitamente político. MUNA, que por su condición de banda queer ha sido politizada en entrevistas y críticas, nunca han eludido la política en su propia música -‘Loudspeaker’ es uno de sus primeros singles- y la clave de ‘Dancing on the Wall’ es que toma la típica afirmación «lo personal es político» y la demuestra sin sermonear ni aleccionar.
Precisamente el primer adelanto ‘Dancing on the Wall’ es personal y autobiográfico en su descripción de la tendencia a enredarnos en relaciones que nos hacen daño, mientras la energía y adictiva melodía construye un single perfecto. En un estilo de synth-pop contundente, ‘Eastside Girls’ le da la vuelta a la letra de ‘We Didn’t Start the Fire’ de Billy Joel llevándola a la fluidez de género, el lesbianismo y la transexualidad, imaginando un pasado más tolerante incluso que el presente.
Las historias de ‘Dancing on the Wall’ convencen gracias a su concreción y nunca resultan estereotipadas, ni siquiera cuando ‘So What’, el aclamado segundo single, analiza el vacío que produce asistir a una fiesta de Hollywood donde todo es pose y artificio, o cuando ‘Wannabeher’ habla del clásico dilema «la quiero o quiero ser ella», fusilando ‘Rebel Girl’ de Bikini Kill, como ellas han reconocido.
Aunque a veces la complejidad de los temas tratados no da lugar a otros igualmente complejos o interesantes, como ‘On Call’, que suena a la faceta menos memorable de Bleachers, o la redundante ‘Girl’s Girl’, ‘Dancing on the Wall’ sale reforzado gracias a su línea más política.
Esta queda explicitada sobre todo en dos pistas: la propulsiva ‘Big Stick’ critica el imperialismo americano, la censura y la guerra a través de la imagen del «Gran Hermano», y ‘Buzzkiller’ cierra el álbum bajando revoluciones y, en forma de balada atmosférica, deja bien atadas las dos caras del disco, describiendo una inseguridad amorosa («no soy fácil de amar») en medio de pasajes que describen la buena forma de la propia banda, y la asistencia a una manifestación que ha dejado a Katie «aún sin esperanza».
‘Dancing on the Wall’ no es un disco «aguafiestas»; de hecho, en momentos como la citada ‘Wannabeher’ o esa ‘Mary Jane’ que evoca a Kylie Minogue, de repente, resulta bastante divertido. Simplemente quizá no es sostenible mantener la esperanza en un mundo donde la extrema derecha acapara el poder, las personas queer ven recortados sus derechos, y los ídolos de tu vida colapsan en tus narices como piezas de ajedrez. Por eso ‘Dancing on the Wall’ es post-punk en el fondo, ya que hace convivir la conciencia política con la firme voluntad de seguir bailando… y deseando.
El segundo adelanto del que será, probablemente, el último álbum de Paul McCartney es un emocionante regalo para cualquier fan de The Beatles. Después de la melancólica ‘Days We Left Behind’, McCartney celebra su Liverpool natal con un bop de rock clásico que también resulta ser el primer dueto de su vida con Ringo Starr. Como no podía ser de otra forma, este también se encarga de la batería. ‘Home To Us’ es la Canción del Día.
Inicialmente, la canción empezó como una jam entre los dos ex-Beatles. McCartney quería a Starr en la batería pero cuando escribió la letra y grabó la demo, le pidió al icónico batería que grabase unas voces. Aunque Ringo tenía pensado grabar solo un par de líneas, McCartney propuso que ‘Home To Us’ fuese un dueto total, y así fue. De esta forma, ambas leyendas intercambian frases nostálgicas sobre la vida en Liverpool, la «mujer de la colina» o sus propias madres. Además, en los coros colaboran Chrissie Hynde, de The Pretenders, y Sharleen Spiteri, de Texas.
En lo musical, ‘Home To Us’ es un tema de pop rock que no juega a inventar la rueda, sino a recordarte cómo se inventó esta. Así, la canción está llena de guiños a la música de The Beatles, desde el ritmo que toca Ringo en el puente hasta los coros de esta misma sección.
«El mundo que nos rodeaba no era seguro, el lugar se caía a pedazos / Pero era mi ciudad / Y nuestro hogar», cantan ambos artistas en el estribillo, que no deja de ser inspirador. McCartney cuenta que Ringo era uno de los barrios más peligrosos de Liverpool: «Él decía que solía ser atracado cada vez que volvía a casa, porque trabajaba. Aunque era loco, era nuestro hogar». Esto no le impidió formar parte de la banda más importante de la historia.
Amaia Montero ha publicado un comunicado en su cuenta de Instagram en el que, además de actualizar su estado y abordar las críticas en redes, también ha negado que vaya a abandonar la gira actual con La Oreja de Van Gogh. Este es un rumor que ha ido circulando en Internet durante los últimos días y que ahora Amaia desmiente rotundamente: «Hemos vuelto de verdad», asegura.
La vocalista de La Oreja de Van Gogh cuenta que se ha centrado en descansar durante los últimos días, tras el inicio de la gira del grupo en Barakaldo. Cuenta cómo llegó de Bilbao e hizo de todo menos mirar el móvil: «Descansé como una niña después de su mejor cumpleaños y al despertar estaba muy feliz», cuenta.
Montero cuenta que recibió una llamada de un amigo que le que preguntó si iba a abandonar la gira: «Le respondí muy sorprendida: ¿cómo? Él volvió a hacer la pregunta y entonces salió de mí una carcajada de esas que te dejan sin respiración, de esas que quieres contestar pero no puedes porque sigues riéndote. Y cuando ya puede retomar la conversación le respondí con un rotundo NO y le dije por qué me lo preguntaba», ha explicado la cantante.
Su amigo, probablemente, le contó los rumores que habían surgido en redes sobre un posible abandono de la cantante, unido a las numerosas críticas que recibió por su actuación: «Caí en que vivir salvaguardando tu propio bienestar lejos de ser ingenuo es lo más sano e inteligente que uno puede hacer», comenta la artista. Esta asegura que «las mentiras de la gente» es algo que no le sorprende.
El comunicado termina explicando lo agradecida que está con «ese público tan maravilloso, agradecido y entregado» y con una frase lapidaria: «Si algo puedo sacar en positivo de bajar al infierno es que te hace prácticamente indestructible», concluye la cantante.
Chris Brown está claramente dolido por la terrible reseña que ha recibido su último disco, ‘BROWN’, en Pitchfork, descrito como «un buen pedazo de mierda». Esto ha provocado que el cantante suba una Storie a su cuenta de Instagram en la que, además de afianzar a sus fans, también revive el beef con Zara Larsson que lleva activo desde 2016.
La viralidad de la reseña de Pitchfork ha conseguido que Chris Brown suba un desesperado vídeo a redes sociales en el que asegura saber exactamente «quiénes son mis fans y quién esta escuchando este disco»: «Si no eres mi fan, no quiero que estés escuchando mi mierda», sentencia Brown. Por último, el cantante no puede evitar hacer un namedropping de manual: «Iros a escuchar a la puta Zara Larsson o algo».
Cuando el beef entre Chris Brown y Zara Larsson comenzó en 2016, la artista sueca estaba empezando a despuntar en el mundo del pop gracias al lanzamiento de ‘Lush Life’, pero tenía claros sus valores. Ella fue quien comenzó todo llamando «basura» a Brown en lo que antes se conocía como Twitter, asegurando que no entendía como alguien con su historial de abuso pudiese tener fans.
Brown interactuó con la artista por primera vez después de que esta participase ese mismo año en un juego llamado ‘Tinder de canciones’ durante una entrevista en Alemania. Cuando le tocó una canción de Kid Ink en la que colaboraba Brown, Larsson no dudó en deslizar a la izquierda: «No me gusta él. Puede bailar y cantar muy bien, pero no es una buena persona», comentó.
Chris Brown, entonces, pensó que la mejor manera de responder a las palabras de Zara Larsson era dejar dos comentarios en una publicación de una fan de la cantante en Instagram: «Ella es PÉSIMA!», escribió el cantante. Sin embargo, su segunda respuesta es la que pasó a la historia, con Chris Brown llamando a la artista «culo apestoso». Por si esto no fuese lo suficientemente humillante para el cantante, Larsson le dedicó algunas stories de Snapchat en las que explicaba con detenimiento su punto de vista.
«Sé que es mucho más grande que yo y que es mucho más exitoso que yo pero eso no significa que pueda decir esas cosas. Así que, siempre que veáis algo en lo que no creéis, como comentarios homófobos, sexistas o racistas, da igual si son personas famosas o no: llamadles la atención. Prefiero ser un culo apestoso que un gilipollas sexista, homófobo y tránsfobo», declaró Larsson.
10 años después, Zara Larsson es una de las artistas más exitosas en el mundo del pop, mientras que Chris Brown está de capa caída. El pasado febrero, la artista sueca no perdió la oportunidad de dedicar otro comentario a Brown durante una entrevista de Cosmopolitan, ahora entre iguales. Al ser preguntada por los artistas que nunca aparecerían en su playlist, Larsson explicó que tiene muchos artistas bloqueados en Spotify, «la mayoría por ser abusadores»: «Desde luego, no encontrarás ninguna canción de Chris Brown», concluyó.
Chris Brown via ig:
“if you not my fan I don’t want you to listen to my shit, go listen to motherf*cking Zara Larson or somebody.” pic.twitter.com/OF8IcRf86E
Que estemos en la semana de Eurovisión es una sorpresa para muchos europeos estos días. Hacía años que no se llegaba al festival con un «hype» tan escaso. Su ausencia de la conversación social se ha extendido de los países que no participamos a los participantes en lugar de a la inversa. Un eurofán español -muy orgulloso de ser español- puede estar sugestionado respecto a la pésima calidad artística de la edición 2026 por el desdén provocado por la UER tras su gestión de la participación de Israel, en medio de un genocidio y de otra guerra más, y de sus trampas. Pero los datos hablan.
No hay virales que hayan circulado de los países participantes hacia los no participantes. Las canciones de Eurovisión 2026 se están escuchando un 45% menos que el año pasado. Según un estudio de ESCStreams recogido por Vertele, si en 2025 a una semana del festival, los temas sumaban 218 millones de streams en Spotify, este 2026 la cifra se ha reducido a casi la mitad, 119 millones. Para recordar una edición tan poco «hypeada» hay que viajar hasta 2021, la primera post-pandémica.
A la retirada de las delegaciones de España (RTVE), Países Bajos (AVROTROS), Irlanda (RTÉ), Eslovenia (RTVSLO) e Islandia (RÚV), hay que sumar la desconfianza que muchos países sienten en esta edición. Por ejemplo, los trabajadores de la televisión pública portuguesa han pedido boicotear Eurovisión, después de que varios concursantes de su final local decidieran retirarse de la carrera hacia el certamen.
El desprestigio de Eurovisión ha llegado al otro lado del Atlántico. The New York Times ha publicado un artículo llamado «Cómo ganar Eurovisión con solo unos pocos cientos de votantes» en el que revelan data desconocida. Explican que se necesitaba convencer a menos de 500 personas en España de votar por Israel, para que Israel ganara el televoto. Y si diplomáticos, cuentas de embajadas y hasta el propio Netanyahu posteaban invitando al voto masivo -cosa explícitamente prohibida-, el 2º puesto de Israel el año pasado queda más que garantizado, como intuíamos todos.
La UER ha cambiado algunas normas para prevenir esto pero son tan cosméticas como que ahora los individuos pueden votar 10 veces en lugar de 20. Para sorpresa de nadie, Israel ha vuelto a incumplir las normas al emitir anuncios pidiendo el voto masivo, pero a pesar de eso no ha sido expulsada, participó anoche y por supuesto se clasificó para la final del sábado.
Arropada por un spot de Moroccanoil, de financiación israelí, que hace rato que resulta grotesco, la semifinal celebrada en Viena no dejó más alegría que la aparición de Vicky Leandros, autora griega muy querida en los países germanos. Para lavar los oídos, había que terminar la noche recuperando su himno ‘Ich liebe das Leben’, aunque aquello de «amo la vida» suene tan agridulce, tan contradictorio con el presente mundial como el propio eslogan oficial del festival: «unidos por la música». ¿Pero de verdad?
Nada «unido por la música», antes de que el israelí Noam Bettan interpretara su balada afrancesada, un eurofán con muchos pulmones logró colar varios «STOP THE GENOCIDE» en la retransmisión, pese a todas las medidas que suele tomar la UER para censurar los comportamientos reivindicativos. Otro se quitó la camiseta, mostrando el lema «FREE PALESTINE» escrito en su cuerpo. En la semifinal de anoche la música era lo de menos, aunque la selección tampoco es que ayudase mucho. Por no decir, nada.
No tengo datos pero tampoco dudas de que la calidad de este año está mermada por que debe de haber un porcentaje de artistas -alto o bajo, más bien apunto a lo primero, pero el que sea- que no haya querido presentarse este año a este circo político, para sufrir un escrutinio público y ver cuestionada su carrera de por vida. Las actuaciones se sucedían, cual viaje a 2010 o incluso más atrás, devolviéndonos un Eurovisión añejo, pasado de rosca, que recordaba a la decadencia del festival en los años 90. Ni rastro de bedroom pop, ni música latina, ni folclore mezclado con vanguardia. Nada.
El rock de Estonia parecía apuntar hacia algún lado pero se desintegraba enseguida y de hecho fue eliminado. Grecia optaba por el humor en una noche sin cuerpo para ello. Hasta Suecia lucía despistada. Boy George, por alguna razón acompañando a Senhit por San Marino, fue la única nota de color en una noche gris: también fueron eliminados. Parecen partir como favoritos Linda y Pete por Finlandia con una canción a un violín pegada y un subidón estridente, tanto que no habría desentonado en ‘Eurovisión’, la película. Pero a quién le importa. Hay una tristeza en ver el certamen sin los comentarios locales -RTVE no lo emite, recordemos- que termina de convertir el visionado de Eurovisión 2026 en algo muy deprimente. Desesperanzador. Y es justo que así sea.
Si sente urlare “stop, stop the genocide” durante il brano di Israele all’Eurovision. pic.twitter.com/hTVh0YIDCU
«Estaba con el disco de Lykke Li, me levanté a por agua y ya se había acabado», nos comentaba alguien el día de salida de ‘The Afterparty’. Incluso quienes defendemos el valor de los álbumes escuetos, tan acordes a estos tiempos de tantísima prisa, tenemos alguna duda sobre los 24 minutos de duración del proyecto. ‘The Afterparty’ corre el peligro de saber a poco, sobre todo si la artista sueca cumple su palabra de no volver a publicar álbumes, algo que dejó caer hace unas semanas en Los Ángeles. Y título de disco final tiene.
También cierta filosofía. La artista ha explicado que después de que todos sus álbumes hayan dado vueltas en torno a su adicción al amor, esta vez quería hacer otra cosa. «Me adentro en mi era existencial, es como el samsara, la rueda de la vida: ganar, perder, vivir, morir. Haber tenido algo y rezar por tener algo otra vez, bien sea sexo, dinero, vitalidad, amor».
De ahí que el single ‘Lucky Again’ samplee a Vivaldi, no porque la música clásica se haya puesto definitivamente de moda en sintonía con nombres como Rosalía o RAYE. Es que este es el tema que Lykke Li siempre imaginó en su «boda o en su funeral».
Con cierto aire a Western también, el tema fluye entre una letra un tanto emo y el característico sonido lo-fi de Lykke Li, que ni sumando una orquesta de 17 músicos escoge sonar grandilocuente ni pulcra. Su referente continúa pareciendo el siempre turbio Phil Spector, cuyo muro de sonido también identificamos en ‘Not Gon Cry’.
Tiene gracia este tema cargado de arreglos de cuerda y percusión cuando dice «no voy a llorar, es la lluvia». Porque en verdad estamos ante otro disco de amor y desamor de Lykke Li. No caben más celos ni más «lágrimas en la disco» en la muy soul ‘Sick of Love’, mientras ‘Euphoria’ duda de la existencia de la misma entre ecos de la Velvet Underground y la Lady Gaga de ‘Shallow‘.
Junto a curiosidades como ‘Future Fear’, que no sabemos si situar cerca de SOPHIE, Lorde o Mac DeMarco, Lykke Li entrega algunas de las mejores composiciones que ha publicado en mucho tiempo. Recordemos que venimos del olvidado ‘EYEYE‘. Este álbum, por el contrario, será recordado como mínimo por habernos regalado ‘Happy Now‘, una fundamental pieza de northern soul con retazos de trance, que deja la música de Lykke Li al borde de lo inclasificable. Con sus cajas de ritmo como de juguete, sus percusiones infantiles en pistas como ‘So Happy I Could Die’, su candidez revestida de oscuridad (como la portada del álbum), la artista sigue siendo la misma que cuando nos cantaba aquello de «estoy un poco enamorada de ti», ya con un regusto amargo.
Kanye West tiene programado un concierto en el Riyadh Air Metropolitano de Madrid para el próximo 30 de julio. Después de la cancelación de las citas en Reino Unido, Francia, Polonia y Suiza, hoy el ministro de Cultura ha asegurado que estaría «analizando la situación» de cara a la cancelación del concierto de Kanye en nuestro país, según recoge El Plural.
Las apologías al nazismo y las múltiples declaraciones antisemitas de Kanye West le siguen pasando factura hoy en día, tras haber cancelado ya cuatro fechas de la gira de ‘BULLY’. Y puede que no sean las únicas. Ernest Urtasun, ministro de Cultura, ha asegurado este martes que todavía tienen que tomar una decisión sobre la celebración del evento de West en el Metropolitano: «Ese concierto todavía no se ha producido y estamos acabando de analizar la situación», ha declarado.
Las próximas fechas de la gira de Kanye West tendrán lugar en Nueva Delhi, el 23 de mayo, y Estambul, el 30 de mayo. Después, será hora de pasar a la parte europea de la gira, que está pendiente de un hilo. Todavía siguen en pie las fechas confirmadas en Turquía, Países Bajos, Italia, España y Portugal.
Lady Gaga despedirá la era de ‘Mayhem’ con el esperado concierto de ‘Mayhem Requiem’, el cual será retransmitido en Apple Music este jueves 14 de mayo. La hora de inicio en nuestro país será a las 5 de la mañana del día siguiente y se podrá ver en la plataforma sin necesidad de suscripción.
El ‘Apple Music Live: Lady Gaga Mayhem Requiem’ mostrará el concierto exclusivo que Gaga realizó en Los Angeles el pasado 14 de enero. En este show, la artista interpretó una versión totalmente diferente, «reimaginada», de ‘Mayhem’.
La cinta ha sido descrita como «el último capítulo de la era Mayhem»: «Gaga pasa la mayor parte de la íntima velada al piano o en los sintetizadores, donde exhibe arreglos reimaginados de ‘Abracadabra’, ‘Disease’ y el resto del tracklist», se lee en el comunicado.
Al terminar el directo, tanto el concierto completo como un álbum en directo quedará disponible bajo demanda para aquellos usuarios que sean suscriptores de Apple Music.
Ya sabemos qué ocurre con los vídeos de ‘Confessions II’. Madonna regresará al Festival de Tribeca el próximo 5 de junio para estrenar la película del disco, que girará en torno a las seis primeras canciones del tracklist, incluyendo ‘I Feel So Free’ y ‘Bring Your Love’, su colaboración con Sabrina Carpenter.
La cinta está dirigida por David Toro y Solomon Chase y se sabe que «excederá los 10 minutos» y que presentará las seis primeras canciones de ‘Confessions II’ en formato visual. Es decir, a partir del 5 de junio podremos escuchar 4 nuevos temas del disco. Así lo indica la descripción oficial de la película: «Una pieza individual y continua, uniendo secuencias musicales interconectadas en una inmersiva experiencia cinemática».
Se concreta que «cada canción se desarrolla a lo largo de seis capítulos, cada uno siendo un thriller sexy, un delirio dance o un épico sueño febril». Todo, alrededor de una «jodida noche de fiesta» que termina en «terreno sagrado»: la pista de baile. Después del estreno, Madonna tendrá una conversación exclusiva con Jimmy Fallon junto a los directores de la cinta.
Arde Bogotá regresan después de dos años con el primer single de su tercer disco, todavía no anunciado. Los fans de la banda murciana recibirán ‘Instrucciones’ con los brazos abiertos porque es puro Arde Bogotá. Sin embargo, donde ellos ven «una descarga de potencia y contundencia, de impacto y épica, de intención y personalidad», según la nota de prensa, el resto vemos un riff genérico, una producción plana y una de sus letras más perezosas.
‘Instrucciones’ fue presentada, irónicamente, en una exposición organizada por Apple Music y el Instituto Cervantes titulada ‘Las Mejores Letras en Español’. Esta reunía 42 piezas originales firmadas por autores tan importantes como Amaral, Miguel Ríos, José Luis Perales, Manuel Alejandro o Mecano.
Cómo no, Arde Bogotá tenían que formar parte de este club: «Bam-bam, bam-bam, bam-bam, ba-bam / Bam-bam, bam-bam / A latir, bam-bam», canta Antonio García en ‘Instrucciones’. Al menos, Daddy Yankee en ‘Despacito’ solo usaba este truco un par de veces. Los murcianos lo utilizan más veces que Karol G en ‘BICHOTA’, que ya es decir.
El vocalista explica que ‘Instrucciones’ trata sobre «una suerte de texto que te guía para fabricarte un corazón que no sienta nada». El plot twist es que, si sigues el proceso de fabricación al dedillo, lo que obtienes no es un corazón de hierro, sino algo que te hace daño por dentro, porque claramente a nadie le resulta agradable tener un «autobús», una «armadura» o incluso una «tractomula» en el pecho. ¿Qué sería una canción de Arde Bogotá sin una enumeración?
‘Instrucciones’ no ofrece nada deslumbrante o sorprendente en lo musical, pero no pasará sin pena ni gloria. Si por algo será recordada ‘Instrucciones’ es por descubrir a la sociedad española el significado de «tractomula», cuyas búsquedas en Google se dispararon con la publicación del tema. Algo es algo.
Linda Perry, conocida por ser la compositora y productora de éxitos del pop como ‘Beautiful’ de Christina Aguilera o ‘Get the Party Started’ de P!nk, y anteriormente vocalista y compositora del éxito noventero ‘What’s Up?’ de 4 Non Blondes, ha vuelto a la palestra con el lanzamiento de un nuevo disco en solitario, ‘Let It Die Here’. El álbum incluye principalmente temas originales escritos para la ocasión, aunque también incorpora una nueva grabación de ‘Beautiful’, canción que Perry ha interpretado en directo recientemente, pese a que asegura en entrevistas que inicialmente no tenía intención siquiera de grabarla.
Durante la promoción de ‘Let It Die Here’, Perry ha hablado extensamente sobre la creación de ‘Beautiful’ y ha explicado por qué decidió revisitar la canción tantos años después. Según cuenta, propuso a Cat Power producir esta nueva versión para aportar una perspectiva diferente. Chan Marshall aceptó la propuesta, pero finalmente ambas no pudieron coincidir por problemas de agenda.
‘Beautiful’, considerado el mayor éxito de Christina Aguilera y uno de los himnos pop LGBTQ+ del siglo XXI, tiene además la particularidad de que la toma vocal publicada es exactamente la misma que la de la maqueta, algo poco habitual en las producciones de pop comercial. Perry asegura que la grabación final apenas contiene “16 pistas musicales”, mientras que muchas producciones pop de principios de los 2000 se construían con cientos de capas.
De hecho, Perry recuerda que tuvo que convencer a Aguilera de mantener la toma vocal original de la maqueta, ya que la cantante quería grabar una versión más elaborada, con más florituras y una interpretación más potente. Aguilera llegó a comenzar esa nueva toma, pero terminó dándose cuenta de que estaba “arruinando” la canción, lo que acabó dando la razón a Perry y reforzando su criterio como productora.
En las entrevistas, Perry también recuerda cómo nació la canción. Explica que originalmente pensó en interpretarla ella misma y que escribió los primeros acordes de piano años antes de terminarla. Sin embargo, cuando recuperó la idea y llegó a la frase “I am beautiful no matter what they say”, sintió que no podía cantarla de forma convincente porque no se veía a sí misma como una persona “hermosa”.
Más adelante, Christina Aguilera aceptó grabarla para su disco, aunque Perry seguía pensando que quizá la canción no encajaba con ella precisamente porque era “demasiado guapa”. Todo cambió durante la primera sesión de grabación, cuando Aguilera pidió a una amiga que no la mirara mientras cantaba porque le daba vergüenza. En ese momento, Perry entendió que, pese a su imagen pública, Aguilera también arrastraba inseguridades y comprendió que la canción sí era para ella.
La frase que Aguilera susurró antes de empezar a grabar, “don’t look at me”, se mantuvo en la versión final y todavía puede escucharse en los primeros segundos de ‘Beautiful’.
A pesar de su intuición como productora, Perry asegura que tuvo que defender su visión frente al productor Ron Fair, que no concebía publicar una canción prácticamente sacada de la maqueta y con tan pocas pistas. Perry recuerda que coincidió con Fair en la gala de los Grammy Awards, donde ‘Beautiful’ aspiraba a varias nominaciones, entre ellas la de Canción del Año.
Aguilera interpretó entonces la canción en directo acompañada de una orquesta y, según cuenta Perry, Fair tuvo la osadía de decirle que aquella actuación reflejaba por fin cómo debería haber sonado ‘Beautiful’ desde el principio, pese a que para entonces ya era un enorme éxito internacional. “Creo que su ego no le permitía entender lo que me estaba diciendo”, afirma Perry.
Tras publicar una de las mejores canciones de 2022, la enorme ‘Avatars of Love’, carta de presentación de su igualmente notable álbum del mismo título, el noruego Sondre Lerche está de vuelta con su 11º disco, que viene con tijera: si ‘Avatars of Love’ era un disco doble que se extendía hasta las 18 pistas, ‘Acrobats’ solo contendrá ocho cortes, si bien, al durar entre 4 y 9 minutos, tiene toda la pinta de que no se hará corto.
‘Acrobats’, que llega tras la participación de Lerche en el musical de ‘Moulin Rouge’ en Noruega, ha sido grabado en hasta nueve estudios diferentes y se presenta como una “suite” de ocho temas. Algunas ediciones especiales contienen los tres temas agrupados en un EP publicado el pasado mes de enero: ‘After the Coup’, ‘Turning Up the Heat Again’ y ‘Diplomacy’, aunque ninguno de ellos forma parte del tracklist principal.
‘Little Kids’, el lead single ‘Acrobats’, arropado por una preciosa sección de cuerdas orquestadas, es otra preciosa canción de Sondre Lerche. Inspirada en la ingenuidad de los primeros amores, ‘Little Kids’ describe un amor intenso pero efímero como la juventud: “Love was a temporary offering / just one more false alarm”, canta Sondre en su registro más sincero y tierno.
‘Acrobats’, pese a su concepto romántico, no eludirá los problemas del mundo. “Hay una disonancia entre el mundo cada vez más distópico en el que vivimos y el hecho de encontrar belleza y paz en tu vida privada”, describe Lerche en la nota oficial. “Se siente casi como una paradoja que tenga la suerte de haber llegado a una vida y a un amor que son muy significativos y verdaderos. Y, al mismo tiempo, parece imposible escribir una canción de amor sin tener en cuenta las cosas terribles que están ocurriendo en el mundo”.
“Si hay un tema en este álbum”, añade el artista, “supongo que es encontrar el amor en tiempos de gran agitación y desesperanza, y eso es algo precioso”. El 21 de agosto, disponible en plataformas y tiendas.
Chris Brown puede parecer el paria del pop desde que en 2009 diera una paliza a Rihanna y, en años posteriores, fuera visto en otras ocasiones en comportamientos violentos, particularmente hacia mujeres. Sin embargo, la realidad es que nunca ha sido realmente “cancelado”. Artistas como Drake, Kehlani o incluso la propia Rihanna han seguido colaborando con él, quizá en pos del derecho a la reinserción, y hoy su carrera goza de una enorme popularidad: Brown es actualmente el 34º artista más escuchado a nivel global en Spotify, por encima de nombres masivamente populares como Karol G, SZA, Rauw Alejandro o Charli XCX.
Su tema más popular, ‘Under the Influence’, que se acerca a los 2.000 millones de streams en Spoti, siendo además completamente en solitario, es de 2019, muchos años después del incidente con Rihanna que todo el mundo pensó que destruiría su carrera para siempre. Quedó tocada, sí, sobre todo a nivel de imagen. Pero en absoluto quedó hundida.
Su posición en Spotify refleja la enorme influencia de los artistas estadounidenses en la plataforma sueca, ya que en España Chris Brown hace tiempo que prácticamente ha dejado de sonar. Aun así, sus discos han seguido funcionando bien en el Billboard e incluso han acumulado nominaciones a los Grammy, a pesar de que las críticas no siempre los han acompañado. Y la que acaba de dedicar Pitchfork a ‘BROWN’, el nuevo álbum de Chris Brown, es histórica: con una puntuación de 1,3 sobre 10, es una de las más bajas jamás otorgadas por el medio de Chicago a un disco, superando incluso el 2,8 que recibió Ed Sheeran en otra ocasión.
Muchas puntuaciones bajas de Pitchfork, como los 0 sobre 10 otorgados a Liz Phair o The Flaming Lips, parecían más bien motivadas por una intención de provocar a los lectores y agitar el debate en internet. Otras como el 2,7 a ‘The Antidote’ de Morcheeba o el 2,9 a ‘Supermarket’ de Logic parecían responder simplemente a su exigentísimo criterio editorial. Las notas por debajo del 2 sobre 10 no han sido habituales.
Sin embargo, la valoración de ‘BROWN’ parece ir más en serio, y el redactor Alphonse Pierre afirma haber hecho un enorme esfuerzo por encontrar algo que le gustara del disco, sin éxito. Describe un álbum vacío, falto de autenticidad, demasiado comercial, emocionalmente poco creíble y completamente centrado en la narrativa de “víctima” de Chris Brown. Además, señala su ya habitual tendencia a alargar los discos hasta casi una treintena de canciones, lo que hace que el proyecto parezca más un “dump” de temas sin filtro que un álbum convencional.
El texto está naturalmente contextualizado en torno a las diversas controversias de Chris Brown, por lo que en algunos momentos la línea entre crítica musical y juicio moral se difumina. Sin embargo, Pierre resulta convincente al justificar el motivo de la reseña, anticipándose al típico cliché de “si no te gusta, ¿por qué lo escuchas?”, defendiendo que quizá en el futuro alguien que no entienda el éxito de Chris Brown quiera leer opiniones contrarias al consenso popular que lo mantiene en lo más alto de las listas, incluso a día de hoy.
“Este disco es un buen pedazo de mierda” es la frase lapidaria que leerán los lectores que han decidido suscribirse a Pitchfork, qua desde el pasado mes de enero no ofrece sus críticas de discos en abierto e incluso oculta sus puntuaciones. Pierre describe un disco “sin alma, que busca el éxito desesperadamente y que no justifica su regreso al ojo público”. Nadie sabe muy bien a qué regreso se refiere: al menos en Estados Unidos, Brown nunca se ha ido a ningún lado, incluso después de haber sido acusado de «agredir violentamente» a sus propios fans. Es de suponer que Chris Brown aguante, al menos, este golpe.
Quiet Light es el alias de la cantante, compositora y productora de Austin, Texas, Riya Mahesh. Estudiante de medicina, la joven de 24 años decía hasta hace poco llevar una doble vida, ya que sus allegados desconocen su faceta musical. Aunque, después de la atención que ha recibido su último mixtape, ‘Blue Angel Sparkling Silver 2‘, es probable que esto haya dejado de ser así.
Su música, personal e inmediata como la escritura de un diario, evoca un pop ensoñador e inasible, y colinda con aquello que una vez se llamó pop hipnagógico, mezclando atmósferas oníricas con destellos de folk, electrónica, ambient o autotune. Ella misma parece abrazar esta descripción al asegurar que pretende que su música evoque una “secuencia de sueños”, una descripción que, sin embargo, no acaba de captar el poder emocional de sus canciones.
Piezas más o menos uptempo, más o menos atmosféricas, como ‘New Dream’ o la adictiva ‘Postinternetfame’, evocan con sus ecos de trip-hop, ambient y electropop un universo sonoro surgido del vasto océano musical disponible en internet, y, por si hiciera falta concretar esta afirmación, dentro del mismo disco en temas como ‘Self Tape’ o ‘Berlin’ caben desde ritmos post-punk hasta un sitar, pero todo sonando siempre como recordado a medias, efectivamente como un sueño que después sabes explicar más o menos.
Su sexto proyecto largo en total, aunque el primero editado a través de True Panther, sello de Oklou o Grace Ives, ‘Blue Angel Sparkling Silver 2’ contiene momentos ciertamente “ensoñadores” como el tema de cierre, ‘You Say I Love You’, la Canción del Día de hoy.
Tonos relucientes de sintetizador y guitarra eléctrica, coros celestiales temporalmente dislocados, un breakbeat ejerciendo de columna vertebral, y la bonita voz de Quiet Light alternando entre su registro más romántico y otro casi ahogado, construyen una preciosa canción de pop electrónico que coquetea con la psicodelia más luminosa y que en algunos puntos incluso parece un remix de una canción de Joni Mitchell, a quien Quiet Light ha reconocido como influencia.
Quizá toda esta conjuración sonora sirve a Quiet Light para procesar un sentimiento de amor no recíproco, como sugiere esa frase de la letra que dice: “You say I love you, but you don’t mean it”. Aún atrapada en una dinámica de dependencia emocional (“when you wanna go, I’ll go / when you wanna swim, I’ll swim”), Quiet Light ofrece una canción con la que soñar despiertos, en un lugar mejor.
“No tengo miedo, igual que tú no eres gay”, “rezo por los incel”, “como rocas y plantas”, “qué dices cuando conoces a mujeres azules” (¿como la de la portada?)… La lírica de Aldous Harding opera en una lógica distinta a la convencional; en algunos casos parece un conjunto de sintagmas creados al unir palabras de forma aleatoria, a ver qué surge. El efecto es incómodo pero sugerente, como historias inconexas provenientes de un sueño. O de una pesadilla. Como escribió Hélène Cixous, “lo siniestro («uncanny») afirma una grieta allí donde uno desearía estar seguro de la unidad”, y pocas descripciones encajan mejor con el extraño efecto que producen las canciones de Harding.
El quinto disco de Aldous Harding incluye varios pasajes inquietantes, como ese de la pista titular, donde la neozelandesa describe el momento en que un «hombre le toca la pierna» y ella «piensa en reaccionar como una niña»; mientras que en ‘I Ate the Most’ frases como “tenía nueve años cuando abandoné mi cuerpo” o “a veces como hasta que vomito” parecen contextualizar esa historia o aludir a otras.
Hay alusiones en ‘Train on the Island’ a una “medicación que me ralentiza la cabeza”, a estar posiblemente “en el espectro”, o a una sensación de “aislamiento” psicológico, pero no todo es tan oscuro como parece. En pasajes de ‘What Am I Gonna Do?’ o ‘Coats’ se suceden aparentes recuerdos felices de la niñez (“me siento de dos años y medio, tengo bechamel en la cara”) o la posibilidad de conexión, con esa sugestiva rima: “No puedo comprar la solución, pero comeré si tú comes a mi lado”. En este sentido, el título del disco evoca una imagen de movimiento dentro de un lugar cerrado, aislado y sin salida aparente. La del ciclo del trauma, por ejemplo.
Podemos establecer conexiones con un estado psicológico fragmentado, disociado. La acción de comer se repite a lo largo del disco, sin abandonar cierto tono cómico en algunas letras e historias, como la referencia a un chico gay o, en ‘One Stop’, la descripción de un encuentro con John Cale mientras Aldous “recogía el escenario y él comía arroz”. Pero ningún análisis sesudo “resolverá” los puzles líricos de Aldous, escritos no tanto para ser entendidos como para crear texturas emocionales a medio camino entre la cercanía incómoda y un surrealismo impenetrable.
Aldous, que ha producido ‘Train on the Island’ de nuevo junto a John Parish en un estudio de Gales, vehicula estas historias a través de canciones en su mayor parte sosegadas, arraigadas en la tradición americana, aunque su enfoque tampoco es convencional. Incluso composiciones como la intrigante ‘I Ate the Most’ -con ese teclado exquisito de fondo- o la sencillez pianística de ‘Train on the Island’ o ‘One Stop‘ parten de una aparente simplicidad para, en el fondo, contener cierta inquietud.
Las canciones de ‘Train on the Island’ -arregladas en su mayor parte con la instrumentación típica del folk-rock- transmiten una tranquilidad incómoda, incluso cuando melodías como la de ‘Venus in the Zinnia’ junto al galés H. Hawkline -aparentemente dedicada a una flor, aunque esconde más misterio del que parece- admiten mayor luminosidad. Gran parte de esa peculiar sensación proviene de la voz de Harding, situada muy cerca en la mezcla, y que en ‘Worms’ usa su registro más apático y disociado, mientras que en ‘Coats’ canta autodoblada, alternando sus registros más grave y agudo a la vez.
El poder de su voz -Aldous es una de esas vocalistas de timbre mutante, capaces de interpretar personajes– se hace evidente en ‘Riding That Symbol’, por su condición de canción acústica, pero podría decirse que ‘Train on the Island’ es vocalmente uno de los álbumes más contenidos de Harding. En realidad, el disco esconde otras cartas a nivel compositivo e instrumental.
‘One Stop’, siendo un single evidente, hace un uso casi vanguardista del piano, sonando inestable y casi disonante. Pero otras piezas arriesgan más: ‘If Lady Does It’ es una de las más sorprendentes, no tanto por sus aires de jazz, cambios de tempo y diversos tonos vocales, sino porque parece empezar in media res, como a mitad de canción, y después parece reiniciarse varias veces. En la faceta jazzística, ‘San Francisco’ contiene un teclado tocado con gran gusto, mientras la letra dialoga literalmente con la de ‘One Stop’, recuperando a modo de mantra uno de sus pasajes.
La vibra de ‘Train on the Island’ sigue mayormente esa línea “americana” ligeramente retorcida, y por eso ‘What Am I Gonna Do?’ destaca incorporando percusiones y texturas cercanas a la “exótica” de los años 60, incluyendo exuberantes acordes de arpa. La despedida con fade out de ‘Coats’ se acompaña de un arreglo vocal fantasmagórico, reforzando la idea de que la música de Aldous Harding no pide ser entendida ni mucho menos interpretada literalmente. Puede que el puzle de ‘Train on the Island’ nunca se resuelva del todo, pero el misterio nos mantendrá enganchados, haciéndonos volver al álbum una y otra vez.
Pedro Almodóvar ha concedido una interesante entrevista a Los Angeles Times en la que, entre otras cosas, ha criticado la apolítica ceremonia de los Oscar de este año: «No hubo demasiadas protestas contra la guerra o contra Trump», ha asegurado el director.
Almodóvar ha recordado la intervención de Javier Bardem, que no tuvo reparos en decir directamente «Free Palestine» en la alfombra roja, y ha declarado que «obviamente la gente está muy asustada».
Entonces, ha asegurado que «los Estados Unidos no son una democracia ahora mismo»: «Lo desgarrador e irónico de todo es que la democracia ha hecho posible, a través del adecuado mecanismo de voto, este gobierno totalitario. Es tanto una paradoja como algo increíblemente triste», ha explicado el cineasta.
Al ser preguntado por si le preocupa que estas palabras puedan ir en contra de su carrera, Almodóvar ha contestado que «por supuesto que no», y que no tiene «demasiados miedos». Este cuenta que el pueblo español no tiene miedo de «llamar a las cosas por lo que son» y que el gobierno español tampoco. Además, añade que para él «es más fácil ser claro» con lo que piensa por trabajar fuera de Hollywood.
Quevedo sigue liderando la lista de singles tras el lanzamiento de ‘El Baifo’. El artista canario ocupa 8 puestos del top 10, mientras que la canción del disco con la posición más baja se encuentra en el puesto 24, siendo ‘Mi Balcón’. ‘Al Golpito’, que la semana pasada ocupaba el número 2, ahora lidera la clasificación.
En el resto de la lista, los protagonistas son Eladio Carrión y Michael Jackson. Sin embargo, no hay ni rastro de Madonna. Su colaboración con Sabrina Carpenter, ‘Bring Your Love’, no ha conseguido entrar en la lista española de singles, empeorando sus datos con respecto a la última entrada que consiguió con un tema suyo.
Este se trataba de ‘Medellín’, la colaboración con Maluma de ‘Madame X’, que consiguió colocarse en el puesto 64 y durar 3 semanas en lista. ‘Bring Your Love’ entró en el número 34 del Global de Spotify hace dos viernes, pero desapareció poco después.
La entrada más fuerte de la semana en España es para Eladio Carrión, que coloca ‘Ricky Bobby’ en el número 31. Es la primera de seis menciones en la lista para el artista puertorriqueño: ‘Body’ en el número 47, ‘Impredecible’ en el 58, ‘Polaroid’ en el 75, ‘Daikoku’ en el 80 y ‘Estrella’ en el 89.
Por otro lado, Michael Jackson consigue cinco nuevas entradas en la lista tras el estreno de su esperado biopic, ‘Michael’. La primera de estas es ‘Don’t Stop ‘Til You Get Enough’, directa al puesto 53. Le siguen ‘Smooth Criminal’ (#61), ‘Thriller’ (#82), ‘They Don’t Care About Us’ (#91) y ‘Human Nature’ (#97).
Por último, también entran Maisak, Feid y Maluma con el remix de ‘Te Entiendo’ en el número 60, y Maikel Delacalle, JC Reyes y Almight con ‘Topuria’, en el número 95.
Gracie Abrams ha revelado la portada y la fecha de lanzamiento de su tercer álbum, que tiene el curioso título de ‘Daughter From Hell’. Estará disponible el próximo 17 de julio.
La portada de ‘Daughter From Hell’ muestra un primer plano de Abrams, que aparece totalmente seria. Si la de ‘The Secret Of Us’ desprendía un aire juvenil y ligero, la de ‘Daughter From Hell’ es todo lo contrario, con el título del álbum escrito en Times New Roman blancas.
De momento, no se conoce el tracklist del disco, pero Abrams ha revelado que esta misma semana llegará el primer sencillo del álbum: ‘Hit The Wall’. «Perdiendo los papeles, estoy preparada para que sea vuestro», ha escrito la artista en una publicación de Instagram.
Quevedo sigue reinando en la lista de discos española gracias al lanzamiento de ‘El Baifo’, que también le mantiene arrasando en la lista de singles. No hay demasiados cambios en los primeros 10 puestos de la tabla, excepto por la caída de Fangoria, que pasan de haber debutado en el número 3 con ‘La verdad o la imaginación’ a estar en el número 30 de la lista. Eladio Carrión les sustituye en el top 3 de la tabla con ‘Corsa’.
Quien sí ha subido en esta semana es Milo J, que gracias a su Tiny Desk ha conseguido pasar del número 79 al puesto 35 con ‘La Vida Era Más Corta’. En esta primera mitad también han entrado los últimos discos de Iván Ferreiro (‘Hoy x Ayer’), Joaquín Sabina (‘Hola y Adiós (Directo)’), Melanie C (‘Sweat’) y Billie Eilish, con la versión en directo de ‘Hit Me Hard And Soft’. Estos han entrado en los puestos 11, 12, 21 y 25, respectivamente.
En la segunda mitad de la clasificación, por otro lado, la única entrada de la semana es para The Black Keys. ‘Peaches!’, su último disco, entra en el número 76. En el resto de la lista tenemos las reincorporaciones de ‘Midnight Sun’ de Zara Larsson (#41), ‘Ameri’ de Duki (#51), ‘Superarte’ de Justin Quiles y Lenny Tavárez (#98) y ‘Rosa&Rojo’ de D.Valentino (#100).
La final de la edición más polémica de la Eurovisión tendrá lugar este mismo sábado 16 de mayo. Mientras tanto, la presencia de Israel en el concurso no para de generar titulares. De esta forma, Amnistía Internacional ha criticado duramente a la Unión Europea de Radiodifusión (UER) por negarse a expulsar a Israel: «La UER ha traicionado a la humanidad», ha declarado la organización.
Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, ha asegurado que el hecho de no expulsar a Israel del concurso representa un «acto de cobardía y una muestra de una flagrante doble moral en lo que respecta a Israel». Esta «doble moral» de la que habla Callamard se refiere a la diferencia en el tratamiento entre Israel y Rusia, país que fue expulsado en 2022 tras su invasión a Ucrania.
Callamard también ha criticado a la UER por no enviar ningún «mensaje claro sobre las consecuencias de los crímenes atroces de Israel contra el pueblo palestino» y en su lugar brindar «a Israel este escenario internacional mientras continúa cometiendo genocidio en Gaza, ocupación ilegal y apartheid».
La organización considera que la UER estaría destruyendo los valores de Eurovisión, entre los que se encuentran «la libertad frente a la intolerancia, el discurso de odio y la discriminación», e ignorando las protestas de España, Irlanda, Países Bajos, Eslovenia e Islandia. «En definitiva, la UER ha traicionado a la humanidad», añade Callamard.
Red Hot Chili Peppers han vendido su catálogo de música grabada (los másters) a Warner Music Group en un acuerdo “histórico” valorado en más de 300 millones de dólares. Con esto, la banda cede el control de todas sus grabaciones al sello, con el que están firmados desde ‘Blood Sugar Sex Magik’ (1991). A partir de ahora, Warner se queda con todos los ingresos futuros que generen esas grabaciones, ya sea por streaming, radio, ventas o licencias.
Este movimiento llega después de otro acuerdo que la banda cerró con Hipgnosis -ahora llamada Recognition Music Group- para vender los derechos editoriales de su música (el llamado publishing, que incluye las composiciones: letra y música) por unos 140 millones de dólares, en 2021.
Según The Hollywood Reporter, el nuevo acuerdo habría sido financiado a través de una empresa conjunta entre Warner Music Group y la firma de inversión Bain Capital, que el año pasado lanzó un fondo de 1.200 millones de dólares para comprar catálogos musicales de alto perfil.
Ni que decir tiene que Red Hot Chili Peppers es una de las bandas de rock más exitosas de la historia, y sus canciones están demostrando una longevidad asombrosa en las plataformas de streaming: 7 de sus 10 temas más escuchado en Spotify superan la barrera de los mil millones e incluso de los dos mil millones de reproducciones.
Katy Perry se ha convertido en el último hazmerreír de la industria musical, pero ella siempre encuentra una manera de reír la última. Mientras la crítica vapuleaba ‘143‘, su último disco, ella agotaba entradas para su gira mundial, que vuelve a España este verano. Y, ahora, como para demostrar que en absoluto ha sido cancelada tras ser señalada por supuestas agresiones sexuales, Perry logra un inesperado viral que deja en bragas los números de los singles de su último álbum.
Ya te habrás dado cuenta, pues el viral viene de semanas atrás, de que ‘The One That Got Away’ está resucitando en las listas. El que fuera sexto single de ‘Teenage Dream‘ (2010), el único de ese disco que no alcanzó el número 1 en Estados Unidos, se promocionó en su momento con un videoclip lacrimógeno, pero no fue suficiente y el tema no pasó del tercer puesto en el país.
En cualquier caso, ‘The One That Got Away’ fue todo un éxito internacional y, en 2026, los caminos de TikTok y la nostalgia han hecho que vuelva a las listas. Sorprende ver el tema posicionado actualmente en el puesto 13 del Top 50 Global de Spotify, generando más streams que, por ejemplo, ‘Risk It All’ de Bruno Mars. Es posible que irrumpa en el top 10 en las próximas horas o días.
El viral de ‘The One That Got Away’ ha trascendido las plataformas de streaming y se ha traducido en reentradas en las listas oficiales. De momento hablamos de datos modestos en Malasia (9), Singapur (23), Grecia (66), Noruega (88) y Portugal (152), pero ojo porque el tema reaparece también en la lista de singles británica, donde aparece en el puesto 41.
Perry ha celebrado el momento lanzando la “versión del director” del videoclip de ‘The One That Got Away’, que contiene escenas inéditas y una narración de Stevie Nicks, pero el tema está volando por sí solo. Además, su equipo ha publicado un oportuno EP que agrupa los tres virales actuales de Perry: no solo ‘The One That Got Away’, sino también ‘Thinking of You’ y ‘Legendary Lovers’.
Katy Perry será cabeza de cartel en el festival Río Babel de Madrid, liderando la jornada del 5 de julio junto a Bomba Estéreo y La Casa Azul.