Una de las últimas invitadas a La Casita de Bad Bunny ha sido la mismísima Carmen Machi, que acudió al concierto del puertorriqueño junto a los actores Paco León y Canco Rodríguez. Después de las numerosas críticas en redes que ha recibido el espacio reservado a influencers y personalidades, la actriz de ‘Aída’ ha declarado en El Mundo que estar ahí fue toda «una maravilla».
Machi ha dejado claro que el que visita La Casita «no lo hace por eso que dicen de ver el culo del cantante o para que se te vea»: «Eso son subnormalidades», ha asegurado. Ella opina que quien «va a La Casita lo hace porque compartes con él un trozo de un artista icónico». Nadie vio venir que Carmen Machi fuese una de las mayores fans de Bad Bunny: «Para mí fue una maravilla estar ahí porque admiro profundamente a esta persona»
La actriz ha seguido elaborando sobre su amor por el puertorriqueño, apuntando que está «feliz» de «ver a alguien de 30 años llenando un estadio así», y su experiencia en el comentado espacio de sus conciertos: «Es muy emocionante ver a esta persona icónica, que para mí lo es, a tres centímetros de ti cantando canciones que tú cantas en casa».
La gente gritando más a Carmen Machi que a cualquier influencer de turno, honor al público de Madrid pic.twitter.com/vH76pe2Jx1
Fontaines D.C. han compartido un emotivo mensaje en Instagram tras la muerte de su mánager Trevor Dietz, una figura clave desde el inicio de su carrera y al que consideran “el sexto miembro de la banda”. Dietz se convirtió en su mánager en 2016 y tres años después la banda publicó su celebrado debut ‘Dogrel‘ (2019).
El grupo irlandés se ha mostrado “totalmente destrozado” por la muerte acontecida el pasado domingo 7 de junio: “Trevor estuvo con nosotros desde el comienzo de nuestro camino como banda, nunca hemos conocido a Fontaines DC sin él, el sexto miembro del grupo”. También lo han descrito como alguien profundamente comprometido y valiente: “Se preocupaba por nosotros y por lo que era justo en el mundo, siempre lo echaremos de menos”.
Dietz fue una figura fundamental en los primeros pasos del grupo en Dublín: cuando los miembros aún eran estudiantes, les dio sus primeras oportunidades en directo, programándolos en varias ocasiones en la famosa sala de conciertos dublinesa The Workman’s Club, donde empezaron a construir su trayectoria antes de convertirse en una banda reconocida internacionalmente.
La banda irlandesa actuará el 8 y el 9 de agosto en Baluarte de la Candelaria (Cádiz), el 11 de agosto en Muelle Live (Alicante) y el 13 de agosto en Ciudadela (Pamplona).
Pensabas que esta noticia era sobre Madonna, pero no. ‘Danceteria’ es también el título del nuevo single de Soft Cell, que además han anunciado oficialmente un nuevo álbum de estudio con el mismo nombre. Solo añadir que Miss Caffeina y Varry Brava ya lo hicieron antes.
‘Danceteria’ será el que la banda define como su «álbum final». Aunque su existencia se conocía desde hace meses: fue en octubre cuando Soft Cell hizo público el proyecto tras el fallecimiento de su cofundador, Dave Ball, a los 66 años.
En un comunicado, Marc Almond explica el significado especial que tiene el disco: «‘Danceteria’ es una carta de amor al Nueva York de principios de los años 80», en referencia también al mítico club nocturno de Manhattan que llevaba ese nombre. «El tiempo que pasamos en Nueva York, donde grabamos nuestros tres primeros álbumes, nos moldeó tanto como artistas como personas. Celebrar esa etapa es una despedida apropiada para Dave Ball y para el último álbum de estudio de Soft Cell».
Almond añade: «No puede haber más grabaciones de Soft Cell sin Dave; simplemente no sería posible. La triste realidad es que Dave Ball era la mitad de Soft Cell y, más allá de los directos, no puedo escribir canciones de Soft Cell sin él».
Con estas palabras, el cantante repite lo que ya comentó en octubre, que ‘Danceteria’ servirá tanto para recordar una de las épocas más importantes en la historia del dúo, como para cerrar definitivamente su trayectoria discográfica.
Entre las artistas que este viernes han publicado nuevo material, marcando su regreso discográfico, se encuentra Tinashe. La estrella del R&B protagoniza un comeback muy esperado después del éxito viral de ‘Nasty’ y, sobre todo, del fenómeno veraniego de ‘No Broke Boys’, que en su remix dance con Disco Lines no ha abandonado las listas en un año y ahí sigue, sumando ya más de 760 millones de reproducciones solo en Spotify, cifra que está a punto de rebasar la de ‘2 On’, su mayor éxito hasta la fecha.
No es muy atractiva la idea de que el mayor éxito de la carrera de Tinashe sea un remix dance, teniendo en cuenta el sofisticado gusto de sus producciones más R&B y de sus colaboraciones: recordemos que Vladislav Delay, nada menos, produjo ‘Gravity’.
El single que marca el regreso de Tinashe, ‘Too Easy’, vuelve a proponer un sonido potencialmente visionario al aferrarse al ghettotech, un estilo de música electrónica originario de Detroit en los años 90. Tinashe utiliza una base llena de potentes percusiones y ritmos mecanizados para transmitir su bravuconería habitual y, en frases como “I feel like a celebrity / If you’re mad, then go to therapy” o “I know that I’m a superstar / And they hate to see I’ve come so far”, reivindica su posición en la industria a la vez que afronta a sus haters.
Lo llamativo de ‘Too Easy’ es su duración, ya que es un tema que no llega a los dos minutos. Compuesto por estrofas recitadas o casi rapeadas, versos melódicos y un estribillo que deja espacio a la base rítmica y al gancho “la la la”, es un tema que busca enganchar rápidamente y que termina antes de que te des cuenta.
El valor de ‘Too Easy’ está en su apuesta por fusionar el tecno de Detroit con el R&B, y también en su sucesión de ganchos pop en un tramo de tiempo muy breve. Pero quizá los hooks no son tan efectivos en esta ocasión, y la pieza en general transmite cierta frialdad, lejos de la calidad de ‘Cash Race’ -uno de sus grandes clásicos perdidos- y ni mucho menos de la contundente producción de ‘Die a Little Bit’. ‘Too Easy’ quizá lo pone “demasiado fácil”, y no para bien.
El Festival•B ha completado el cartel de su duodécima edición con las últimas confirmaciones de Guitarricadelafuente, Natalia Lacunza y Raly, que se suman a una programación que ya contaba con el resto de nombres previamente anunciados.
La cita tendrá lugar los días 17, 18 y 19 de septiembre en el Parc del Fòrum de Barcelona y reunirá a más de treinta artistas en una propuesta centrada en la música alternativa, urbana y emergente del panorama estatal.
Entre los nombres ya confirmados figuran nombres tan destacados del pop nacional actual como Rusowsky, Maria Arnal, Yung Beef o Cupido, además de Mushka, mvrk, D. Valentino, Rebe, La Plazuela, Sanguijuelas del Guadiana o Claudio Montana, entre otros.
El festival refuerza así una programación que apuesta por la diversidad de estilos y la convivencia entre escenas, con una de sus ediciones más amplias hasta la fecha.
Los abonos de tres días y las entradas de día ya están disponibles a través de la web oficial del festival en fstvlb.com.
Paula Felices es una cantautora barcelonesa nacida en 1997, que pasó su infancia en Málaga y volvió a Cataluña a los 11 años. Su propuesta musical se sitúa entre la canción de autor diáfana y el folk-pop de vocación orquestal: si sus melodías recuerdan a la primera Christina Rosenvinge, su timbre vocal puede evocar el de cantantes como María Rodés.
Su disco de debut tiene el gesto de titularse como los clásicos: ‘Canciones de Paula Felices’. Abriéndose con la pantanosa ‘El mal y el viento’, incluye el arrebato de folk-rock orquestal de ‘Ámame’, canciones de pop acústico emocional como ‘La intimidad’, y un tema que apela a la identidad queer que, quizá de forma poco sorprendente por el peso de lo identitario en la música actual, es de momento su creación más popular.
Se trata de ‘Sáfica’, tema en el que Paula Felices Echaniz explora la clásica pregunta que asalta a muchas personas queer: “¿será que me gusta o quiero ser ella?”. Felices aborda esta cuestión con una mezcla de calma y resignación, apoyándose en amables rasgueos de guitarra, melodías suaves y percusiones ligeras.
Si la figura protagonista de ‘Sáfica’ es una chica que “es como la brisa” y “no tiene prisa”, la canción transmite exactamente esa misma sensación, deslizada por la voz casi arrastrada de Paula Felices y una interpretación contenida y serena, que explora la identidad desde una perspectiva de curiosidad más que de introspección emocional profunda.
La explicación oficial de ‘Sáfica’ es bastante autoexplicativa: “Esta canción habla sobre el amor sincero de una chica hacia otra chica, de no saber bien lo que se quiere, si lo que se siente es sencillamente admiración o hay otra cosa más escondida en los rincones del corazón”, indica.
Paula Felices tiene dos conciertos confirmados para este año, el 10 de septiembre en la Heliogàbal de Barcelona, y el 18 de septiembre en la Cadavra de Madrid.
El inicio de era del 9º álbum de Melanie C no era demasiado halagüeño. ‘Sweat’ era una canción simpática, sí, pero demasiado parecida -y demasiado pronto- a ‘Physical’ de Dua Lipa. Donde esta rendía homenaje a la Olivia Newton-John de 1981, la de Melanie lo hacía a Diana Ross a través de un sample de ‘Work That Body‘ de 1982. Lo salvaba sobre todo la excusa de unir la pista de baile con el espíritu de «Sporty Spice» que con el tiempo, ha sabido abrazar. «Soy la «Spice deportiva», pero a la vez soy muchas otras cosas», nos contaba en una entrevista hace unos años. Y una máquina elíptica y una bola de espejos no están tan lejos.
En este álbum Melanie C ha querido abrazar los sonidos dance que le encantaban antes de entrar en Spice Girls, y por eso encontramos tal desplieque de electropop, trance o música disco. Pronto damos con producciones más imaginativas que la que denominaron tontamente ‘Sweat’.
La mejor es ‘What Could Possibly Go Wrong’, realizada junto al sueco Klas Åhlund, uno de los responsables del sonido Robyn. Este trabajo es un álbum de reafirmación de una misma, de huir de relaciones tóxicas y pensamientos intrusivos, y esta es una de las grabaciones que mejor lo ejemplifica. Los bajos dando mal rollo y los sintes dando buen rollo -muy Kylie circa ‘Fever’– contrastan como voces en su cabeza: como si su ángel y su demonio la estuvieran martilleando a la vez. «Estoy harta de la perfección, de todas formas / Nunca gané yendo a lo seguro / Me arrepiento de una cosa o dos, pero es mi vida», trata de convencerse.
Temáticas muy parecidas encontramos en ‘Til It Breaks’ («no trato de decir que soy perfecta»), ‘Pressure’ («no más imitaciones de mí» en busca de su yo real), ‘Good For Nothing’ («tú eres tu peor enemiga»), ‘Undefeated Champion’ («me encuentro a mí misma, no necesito a nadie más»)… y así hasta el punto de casi saturar. Casi que se habría agradecido alguna canción de amor romántico más, como lo es al final ‘One Track Mind’. O cualquier otro tema.
Lo que sí se agradece de ‘Sweat’ es que sea un álbum en el que no han cabido las ñoñerías sonoras. Esa ‘One Track Mind’, si la pudiéramos considerar «balada», sería una balada a lo ‘7 Seconds’ de Youssou N’Dour o una influida por el trip hop. Y lo que aquí predomina son los números de baile cercanos incluso al trance (‘Pressure’, ‘Drum Machine’), al piano house (‘Good for Nothing’), al drum&bass (‘Free to Love’) o al clásico sonido Chic (‘Undefeated Champion’). Si hasta el álbum se cierra con algo próximo al deep house como es ‘Flick of the Wrist’.
Sin que la segunda mitad logre embaucar tanto como el tramo central, hay dos detalles que equilibran la balanza a favor del notable: Klas se encarga solo de otra pista más, el dembow de ‘Cashmere’, pero le han rendido tal homenaje en ‘Emotional Memory’ que parece estar ahí metido también. Y luego está lo de ‘Til It Breaks’: ¿quién es el tal Adam Novodor que ha hecho sonar como Junior Boys a Melanie C?
Ariana Grande está de actualidad por motivos tanto profesionales como personales. Por un lado, ya liberada de toda obligación contractual en torno a ‘Wicked‘, Grande ha vuelto a los escenarios al iniciar la gira de ‘eternal sunshine’ en Estados Unidos. Vídeos subidos a YouTube muestran a la cantante siendo «abducida» durante el show, como en la portada de la edición deluxe de su último disco, siendo elevada mediante cuerdas hacia un agujero.
Además, el nuevo single de Grande, ‘hate that I made you love me’, acaba de convertirse en el décimo número 1 de la artista en Estados Unidos. Con este logro, Ariana iguala a Janet Jackson, Stevie Wonder y Bruno Mars en número de singles que han alcanzado el primer puesto en el país. La canción, que también ha sido número 1 en Reino Unido, debuta de forma más discreta en España, donde entra en el puesto 31 (comentaremos esta lista en una noticia aparte).
Así queda la lista de números 1 de Grande en Estados Unidos:
• hate that i made you love me
• We Can’t Be Friends (Wait For Your Love)
• Yes, And?
• Die For You
• Save Your Tears
• Positions
• Rain On Me
• Stuck With U
• 7 Rings
• Thank U, Next
Por otro lado, TMZ y People confirman que Grande y el actor Ethan Slater rompieron «hace meses», si bien la separación se produjo de manera «amistosa» y ambos mantienen una buena relación. Fuentes cercanas a la cantante también afirman que su inminente álbum, ‘Petal’, «no trata sobre Slater ni sobre la ruptura».
Este fin de semana se ha cancelado por ruido la segunda jornada de un festival que lleva celebrándose 10 años en Valencia. Peor aún, la primera jornada de Festival de les Arts estuvo cargada de polémica: por un lado, se incumplieron los límites de ruido según la policía municipal. Se registraron 96 decibelios en el Escenario 1, los 91 en el 2 y los 88 en el 3, cuando lo permitido son 85. Y por otro y al mismo tiempo, el público se quejó de que no podía escuchar los conciertos de gente como Leire Martínez o La La Love You. Siloé se ha viralizado en redes portando carteles en los que criticaba la absoluta falta de respeto que las condiciones acústicas significaban para las personas que llevan meses trabajando en el festival, para los artistas y sobre todo para el público.
Hay quien apunta sus críticas hacia la organización, por no haber cancelado el festival tras una sentencia judicial contra el ruido que ganaron los vecinos. Desde Festival de Les Arts aseguran que el ayuntamiento ni les recibe ni les cogió el teléfono para encontrar una solución o un recinto alternativo. Al margen de las condiciones concretas de este evento, urge una conversación seria sobre regulación acústica y conciertos, como la que ha tenido lugar estos días durante las actividades de Primavera Pro.
En la charla titulada «Regulación acústica y música en vivo» Lluís Torrents ha sido muy beligerante al respecto. Y es que la posible destrucción de miles de empleos o de un sector que aporta tal cantidad de millones a la economía española ni siquiera fue el centro del debate. En otra charla de hecho se había cifrado en 200 millones de euros lo que el tour de Bad Bunny va a dejar en España entre hoteles, hostelería y demás: el 40% de los asistentes a la residencia de Madrid está asistiendo desde fuera de la Comunidad.
Pero es que no solo se habló de euros o empleo, sino de derecho a la cultura. El co-director de Razzmatazz y presidente de ASACC (Associació de Sales de Concerts de Catalunya) recordaba que no solo existe el derecho al descanso vecinal, sino que la Constitución también reconoce en su artículo 20.2 «el derecho a la producción y creación artística». Además, el artículo 44 de esta carta magna recuerda que «los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho». Justo lo que el Ayuntamiento de Valencia no ha hecho este fin de semana, al dejar caer al Festival de Les Arts, sin ofrecer alternativa.
La abogada especializada en Derecho de la Cultura y Propiedad Intelectual Belén Álvarez explicó que a la hora de ponderar derechos entre unos intereses y otros, los artículos recogidos en la Constitución entre los números 15 y 29 suelen tener «una protección especial». Ahí es donde pueden entrar en conflicto afirmaciones como «que el domicilio es inviolable» (artículo 18) con «el derecho a la producción y creación literaria, artística, científica y técnica» (artículo 20.2). Por otro lado, se recordó que en la Declaración de Cáceres, 27 miembros de la UE a través de sus respectivos ministerios de cultura, firmaron que “la cultura sea de ahora en adelante considerada un bien público esencial y un bien público mundial al más alto nivel político”. ¿Para qué hacer este tipo de encuentros y reconocimientos internacionales si después no se construyen recintos apropiados en las comunidades, o no se conceden las licencias oportunas?
Es curioso que en los medios no se hable tanto del derecho a la cultura como de otros. Incluso en webs dedicadas a la cultura como esta, los comentaristas suelen defender a los vecinos, no a los artistas ni a los trabajadores del sector. Parece que los vecinos están ganando el relato y la cultura, como siempre, es lo último de la fila. Por el contrario, desde esta mesa se defendió la cultura como «un bien de primera necesidad». Frente a los vecinos que hablan de su derecho al descanso, Torrents recordó que «socializar, bailar, escuchar música también es fundamental para la salud». Y se puso sobre la mesa un debate tan poco manido como el de la representatividad, planteando la siguiente pregunta: ¿se puede cancelar un festival al que asisten 70.000 personas por el interés de 15 vecinos?
El representante de ASACC bromeó sobre los vecinos que piden entradas gratis para eventos en tela de juicio, contó que algunos no tienen problema en aprovechar para hacer un viaje cuando su barrio está saturado de fiestas, y sobre todo recordó que muchas veces las denuncias de ruidos no vienen de Asociaciones de Vecinos, sino de Plataformas cuyos miembros se desconocen. Sería el caso, según su relato, de la Plataforma Stop Concerts, que ha convocado manifestaciones en el Fórum durante Primavera Sound, en las que no se ha visto a más de «15 o 20 personas». Por allí se han oído lemas tan dudosos como «la música mata». No se dijo a micro abierto, pero al término de la charla hay quien contó que hay vecinos que suelen irse a una segunda residencia durante la celebración de un festival, y a la vez han buscado indemnizaciones por exceso de ruido, cuando no estaban ni en casa.
Anécdotas aparte, en la charla se ahondó en un problema que las administraciones arrastran por una normativa «coja» y obsoleta que procede de 2003, hace 23 años. «Los vecinos han encontrado un filón en una norma poco desarrollada», se afirmó. Edgar Garcia del Institut Català de les Empreses Culturals reconoció que la celebración de elecciones puede impedir que se realice una norma que primero hay que esbozar, que luego hay que debatir con otros grupos, etcétera. En la legislatura anterior se quedó cerca, y de repente hubo un cambio de gobierno. Ahora se está ultimando una nueva que afectará a Barcelona, pero quién sabe si dará tiempo antes de las próximas elecciones.
Es absolutamente delirante que la ASACC haya demostrado que la primera propuesta de decreto que se hizo se podía llevar por delante fiestas populares como las Fiestas de Gràcia, las de Sants o el Mercat de Música Viva de Vic. La Administración se estaba autoprohibiendo sus propias fiestas mayores. Eso en Cataluña, uno de los lugares donde más se está avanzando como mínimo con el debate.
Una participante del público de Primavera Pro, que organiza un pequeño evento con actuaciones en un barrio de Barcelona manifestó su desesperación y frustración por gastarse más presupuesto «en limitadores acústicos que en contratación de artistas», frente a la vaguedad de las instituciones. Ni un acuerdo claro ha podido hacerse sobre si se debían organizar eventos en tan solo un 3% de días al año como máximo en un mismo lugar. Es decir, levantar la norma de incumplir horarios o número de decibelios en el mismo sitio, durante sólo 11 días al año. Algo que ni siquiera era suficiente para promotores. En algún momento se habló de limitar los conciertos en el Bernabéu a 20 al año, pero tampoco se concretó ni servía: fijar un porcentaje como este o similar dejaba fuera a los festivales de ciclo que se celebran a lo largo de 2 meses en el mismo recinto. ¿Alguna administración autonómica o nacional abordará esta problemática en serio o se seguirá dando bandazos en función de cómo sople el viento?
Madonna ha estrenado en Youtube el film ‘Confessions II’ que presenta fragmentos de entre 1 y 2 minutos de las 6 primeras canciones del disco que sale el 3 de julio. Eso incluye 2 de los 3 singles que se han publicado, ‘I Feel So Free‘ y ‘Bring Your Love‘ con Sabrina Carpenter, así como otras 4 canciones que aún no están disponibles.
El álbum apunta a empezar a lo grande adentrándonos en la pista de baile como refugio, con ‘I Feel So Free’ y lo que parece un «banger», ‘Good for the Soul’. Desde hoy sabemos que durará solo 3 minutos pero apunta maneras por su buena melodía sobre una base techno. A continuación, ‘One Step Away’ recuerda a la versión jazzy que Madonna hizo de ‘Fever’, con su voz en el nivel más espiritual en que la hemos escuchado en años, sobre todo cuando clama por la «libertad».
‘Danceteria’ es un tema que referencia explícitamente el primer single jamás lanzado por Madonna, ‘Everybody’, con un fraseo muy ‘Vogue’, en el que habla de viejos amigos ya fallecidos como Martin Burgoyne, y algunos que conserva como Debi Mazar (presente en el vídeo), sobre una base construida junto a Cirkut y Andrew Watt (responsables de la última era de Lady Gaga). El inesperado crédito reconocido a Lou Reed se debe al tarareo «doo-roop» tomado de ‘Walk On The Wild Side’: seguimos en Nueva York, pues viajes a esta ciudad y famosos como Andy Warhol inspiraron aquel clásico.
El momento más inesperado de esta primera parte de ‘Confessions II’ es la incursión latina, que en ‘Hard Candy’ e incluso en ‘True Blue’ estaba relegada a la segunda mitad del álbum, pero aquí aparece tan pronto como tras ‘Danceteria’, en ‘Read My Lips’. Como fruto de un desengaño en la pista de baile, Madonna pide a Feid que le «diga la verdad» así en español, sobre una base más brasileña que colombiana, en el llamado a ser el tema que mayor amor/odio despierte entre su fandom.
10 referencias clave del corto ‘Confessions II’
Aunque de lo que todo el mundo habla de momento es de los visuales de Torso, dúo de directores hasta ahora conocido por su trabajo junto a Charli XCX. Madonna había advertido que estos 10 minutos de vídeo versaban sobre la pista de baile como «terreno sagrado». La artista escapa hacia ella, huyendo de unas cámaras que la vigilan (referencia nada sutil al escrutinio de las redes sociales), y ayudada por los «pussy lasers» que emergen de vaginas y también anos durante ‘Good for the Soul’. El primer gran «eastern egg» remite al futurismo y surrealismo de ‘Bedtime Stories’ (1).
‘One Step Away’ trata de salvar «ese pequeño paso» que separa a Madonna de la «libertad» a través de una vertiginosa carrera en coche, en medio de la cual tira una peluca pelirroja por la ventanilla. Evidentemente está diciendo adiós a su pelo en la portada de ‘Confessions I’ (2), porque este álbum presentará otros sonidos, en verdad. También es inevitable la referencia al vídeo sobre ruedas de Guy Ritchie para la remezcla de ‘What If Feels Like for a Girl’ (3), mientras el baile sobre la mesa referencia ‘Die Another Day’ (4).
En ‘Bring Your Love’, sobre la misma Sabrina Carpenter, suena ahora una parte de ‘Lucky Star’ (5), mientras el vuelo sobre la discoteca es el de ‘Living for Love’ en los Grammys (6). Además, aparece Julia Garner como encarnando a una Madonna veinteañera, en concreto la de ‘True Blue’. Y de ahí pasamos a la gran cumbre visual del corto.
‘Danceteria’ incluye casi todo el elenco de famosos que se había anunciado para la película. Y ahí cada escena es un meme absolutamente delirante: Madonna recrea la escena del secador de ‘Buscando a Susan desesperadamente’ (7), vemos mear al jugador de fútbol Cole Palmer, a Benedict Cumberbatch cantar el estribillo de la canción, a Shygirl y Arca en un baño, desfila Honey Dijon… y sobre todo vemos a Kate Moss aparecer después de la palabra «cocaine». ¿Lleva por cierto Madonna el vestido de la portada de ‘Ray of Light’? (8) Hay quien ha rebobinado todo esto sin esperar al final, que gracias a Dios Torso no es el juego de espejos despechado de ‘Read My Lips’… sino una recuperación de ‘I Feel So Free’, asentando su estatus de primer single verdadero del álbum, con referencias a los plátanos de ‘Deeper and Deeper’ (9). Terminamos con el cameo de Lola, que resulta que era parte del equipo de mujeres «cámara en mano», pero se deshace de ella; y finalmente con el remix sin Sabrina de ‘Bring Your Love’.
Más allá del name dropping de viejos temas y famosos, ‘Confessions II’ puede carecer de un ‘Hung Up’ (y de su icónica coreografía, aquí recreada también, 10), pero a cambio nos ofrece algo respecto a la que fue su mayor debilidad: los visuales. El vídeo de ‘Sorry’ solo era la continuación de ‘Hung Up’, el de ‘Jump’ fue muy «low cost» y el de ‘Get Together’… simplemente estaba allí.
Muchos fans están pidiendo que Madonna publique vídeos separados de cada pista, pero la artista explicó en Tribeca tras la proyección de este corto, que no va a ocurrir. El momento de los vídeos ya pasó, y por eso ha hecho otra cosa, en su afán de «reinventarse». Quizá salió escaldada de la experiencia ‘Madame X’: 4 de sus 5 vídeos tienen solo entre 5 y 10 millones de visualizaciones en Youtube. Y quizá tenemos que aprender que Youtube ya no es el centro del mundo. No habrá más que contrastar las visitas que obtenga este corto en el visor de Google, y las que obtenga en forma de Reels y TikToks.
Puedes comentar todos los entresijos en nuestro foro de Madonna.
A primera hora del sábado en Primavera Sound, antes de ver a Little Simz, MBV y Gorillaz, degusto los ultimísimos minutos de Ven’nus en el escenario Shwarzkopf. La catalana se dedica al hyperpop de dormitorio, en el que destaca su voz. Dice que no tiene sentido estar en el Primavera Sound y no tocar su canción sobre Primavera Sound y que le da igual que la corten… Pero la cortan y no tiene más remedio que parar, porque empieza Sofia justo en frente, en el escenario Port.
El synth-pop oscuro y retrofuturista de Sofia contrasta con el sol y el calor matadores que caen a las cinco y cuarto de la tarde. Sola, de negro riguroso, maneja teclados y programaciones. Su música es tan sugestiva como sobria, parece rescatada de una demo de un antiguo grupo de 1981, con un punto lo-fi que también puede recordar a John Maus. Baila ensimismada en sus canciones, y los graves y los redobles retumban, de manera física. ‘Me da igual’ sube los bpm, unos cuantos atrevidos bailamos al sol. Caen pequeñas joyas como ‘Círculos’ o ‘Ganar el amor eterno’, con bien de reverb en la voz. Y cierra con el mini-hit ‘Decir adiós’, marcial y robótico.
Tras la calorada, la sombra y las gradas del escenario Cupra son gloria bendita. Y más si sirven para poder ver a Grace Ives. De hecho, hay muchos valientes delante del escenario, al sol de las 18 h. No es para menos: Grace es un vendaval de alegría, pelos rosas, y súper pop con el toque justo de drama, emana una energía de pelis para adolescentes de los 80 de John Hughes. La acompaña una banda mínima: una batería y sintetizadores. Arranca con un ‘Avalanche’ irresistible. Los riffs de teclados suenan atronadores. Se quita al fin las gafas del sol en otro hit, ‘Fire 2’. Pero justo anuncian el concierto de Olivia Rodrigo, y muchos asistentes a mi alrededor gritan. Pierdo un momento el hilo del concierto chequeando whatsapps y comentando la jugada, pero vuelvo con la preciosidad oceánica que es ‘Now I’m’. ‘Stupid Bitches’, es un gran cierre: todos los asistentes están botando y Grace gira feliz, al ritmo de las infecciosas líneas de sintetizadores. Concierto de puro gozo. Gisela Jane
The Sophs tienen el sambenito de “parecerse a los Strokes”. Pero cuando llego al escenario Port, a lo que me recuerdan es a Mano Negra o a Calexico, por ese jolgorio que arman entre música tex-mex, pulsión mariachi y guitarra española. Pero también tienen bastante de rock alternativo de los 90, ska y punk rock. En directo son mucho más enérgicos y alocados que en disco. Si bajan el pistón un momento, luego bromean con que la siguiente “la van a tocar más rápido”. Sin embargo, cuando llega ‘Sweat’ sí se ven las hechuras a lo The Strokes. Pero es solo un ingrediente más de su loca y efectiva mezcla.
El concierto de Gelli Haha es el concierto pop por antonomasia de todo el festival, ya me perdonen el resto de aspirantes. Pero es que es un ejemplo de cómo montar un show perfecto con pocos elementos y sí mucha imaginación y talento. En el Escenario Shwarzkopf están Gelli y sus colaboradoras: dos bailarinas, una batería, una flautista y una programadora, que ejecutan un espectáculo coreografiado al milímetro y súper estético, todo en colores planos, el rojo de ellas y el amarillo que va apareciendo en las pantallas, con atrezo que parece sacado del Party Fiesta. El concierto invita a hacer fotos y vídeos todo el rato, dada la gran cantidad de momentos icónicos que se se van sucediendo. Y, a la vez, no quieres fotografiar nada, porque entonces pierdes detalle.
Todo para engrandecer el “Gelliuniverse” de ‘Switcheroo’, un artefacto de canciones de pop marcianas, repletas de influencias y, a la vez personalísimas. Gelli es como un personaje de cómic, una especie de super heroína manga. Todos los presentes somos devotos del “Gelliuniverse” y, nada más sonar los compases de ‘Funny Music’ ya estamos rendidos, claro. Y todo se sucede sin cesar ante nuestros ojos maravillados: carpas multicolores, saltos en camas elásticas en ‘Bounce House’, bajada al foso en ‘Piss Artist’, tocar un solo de saxofón con una cuchufleta en ‘Dynamite’, imitar a Esther Williams en seco en ‘Pluto Is not a Planet Is a Restaurant’… ¡Hay hasta bailes con hula-hop! En el Primavera se salen un poco del guión para cantarle feliz cumpleaños a Juju, una de las bailarinas. Todo es así de loco y maravilloso hasta el cierre con su nuevo single ‘Klouds will Carry Me to Sleep’. Un espectáculo frenético y divertido. Y uno de los conciertos del festival.
El próximo 17 de julio se publica el nuevo disco de Steve Lacy, responsable de hits milmillonarios como ‘Bad Habit‘ o ‘Dark Red’. El nuevo adelanto de ‘Oh yeah?’ es una preciosa canción llamada ‘the feeling’ que es nuestra Canción del Día.
Se trata de una delicada producción realizada junto a Nicholas Weiss, en la que Steve Lacy se pregunta una y otra vez en el estribillo «Am I your baby?». El resto de la letra es un alegato contra la soledad en el que el artista se pregunta dónde está el ser querido, mientras no puede parar de mirar viejas fotos.
La suma de delicadísimos teclados y bonitos coros cercanos al soul que apuntan hacia lo clásico, no impide que el sexo haga acto de presencia. En un momento Steve Lacy recuerda explícitamente un polvo sobre una alfombra de un AirBnB, tan lejano como procedente de 2019, pero que le hizo volar como Aladino:
«Uh, when we fucked on your rug, had me floating like Aladdin (Baby, baby)
When we tripped in the Airbnb, 2019 (Baby, baby)»
El álbum incluirá el single anterior ‘Nice Shoes’, aunque parece que en un nueva versión pegada a otro tema titulado ‘In Your World’
El Primavera Sound no acaba el sábado: hay una traca final del Primavera a la Ciutat el domingo, con multitud de conciertos repartidos por varias salas. Casi todos han hecho sold out. Algunos agotaron a los pocos segundos, como Cass McCombs en la diminuta sala Laut. Pero sí que logro plaza en la Paral·lel 62.
En Paral·lel 62 uno de los mayores reclamos son Konono Nᵒ1. Los congoleños son famosos por sus instrumentos auto-fabricados, a la Einstürzende Neubauten. Y como los alemanes en sus primeros tiempos, buscan la sensación física antes que la canción. La base son unos ikembes tuneados. A partir de eso, la batería, percusiones y las programaciones van creando una síncopa entre el jazz disonante y la música dance, en algún momento incluso se acercan al house. Desarrollan mantras repetitivos, en el que apenas van introduciendo variaciones, que buscan el baile y el trance. Con este magma sonoro, junto con loss hermosos y surrealistas audiovisuales, donde se muestran loops de cuerpos que parecen algas, consiguen un set hipnótico. Clara Orozco
Pero el plato fuerte son Black Country, New Road. Reconozco que me ha costado enfrentarme a la nueva versión del grupo tras la marcha de Isaac Wood. No son los primeros ni los últimos que se sobreponen a la marcha de su líder cambiando de orientación musical. Del post-rock con toques de hardcore han pasado a un folk progresivo bastante clásico, con unos juegos de voces que recuerdan a ABBA por momentos, ya que la parte vocal ahora recae en las hermosas voces de sus tres integrantes femeninas. Todo el material que tocan es de su último disco. Por respeto a Wood, no interpretan nada de su obra anterior.
La Paral·lel 62 está hasta arriba de público. Antes de abrir retumba en la sala ‘Downtown’ de Petula Clark, cantada a viva voz por todos los presentes. Un poco como para anunciar que estos BC,NR tiran más al pop preciosista. La banda no puede tocar mejor y transmite una calidez tremenda, gracias a lo primoroso de su ejecución y los toques que dan el piano, el violín y el acordeón. El batería bromea con que debemos de estar muy cansados después de tres días de festival. Pero lo bucólico de su nueva propuesta ayuda a que lo sobrellevemos mejor.
Quizás el momento que más se acerca a los anteriores BC, NR es ‘Nancy Tries to Take the Night’, con su crescendo dramático. Pero la balanza se decanta hacia lo pastoral y lo tierno, como en ‘Besties’, con su estupendo aire de pop adulto de los 80. También tocan una versión de Big Star, ‘The Ballad of El Goodo’. O convierten ‘Goodbye (Don’t Tell Me)’ en una fantasía de rock sinfónico enérgica, un poco a lo ‘Bohemian Rhapsody’ incluso.
Aunque quizás el mejor momento es verlos interpretar todos con el clarinete ‘Forever Howlong’. Cierran con gritos de ‘Free Palestine!’: una bandera ha estado colgada en el piano durante todo el concierto. Suena ‘Always on My Mind’ de Pet Shop Boys a todo trapo mientras vamos desalojando. Un amigo se queja de que han hecho el mismo concierto que en el Primavera Sound de 2025. Yo no puedo comparar, porque no estuve: he sido durante tres años víctima de mis prejuicios. Toca asumir que BC,NR son ahora otra cosa. Una otra cosa a tener en cuenta.
Regresa la mujer que devolviera a primera plana el northern soul en pleno siglo XXI con la espléndida ‘Mercy’. Duffy ofrecerá su primer concierto en 15 años el próximo 5 de julio. Será «un concierto secreto íntimo» en un lugar que aún no se ha revelado.
Duffy ha anunciado que la capacidad para el set será limitada y que se seleccionará solamente a unas pocas personas a través de las redes sociales.
Tras un segundo disco menos celebrado que su maravilloso debut ‘Rockferry’, pero en el que una mitad merecía mucho la pena, Duffy desapareció del mapa. En 2020 reveló que había sido secuestrada y violada durante 6 semanas. Se está preparando un documental para Disney+ sobre estos hechos, que incluye entrevistas con Duffy.
Recientemente compartía una foto en el estudio de grabación, demostrando que había vuelto a grabar música. Aunque a veces ha compartido algún tema nuevo suelto de manera informal, como ‘River in the Sky‘ y ‘Something Beautiful‘, ninguno ha aparecido oficialmente en plataformas. De hecho, el segundo álbum, ‘Endlessly‘, no está en Spotify.
Liverpool significa los Beatles para media humanidad. Para un melómano es imposible pasear por la ciudad sin pensar en ellos. Imaginad un mundo en el que 65 años después de su formación, uno de sus miembros todavía esté en condiciones de escribir un álbum y tocar él solo una decena de instrumentos, recordando su infancia en la ciudad, su adolescencia, a unos padres que murieron en años tan lejanos como 1956 y 1976.
Pues bien, ese universo es el nuestro, pese a que Paul McCartney cumplirá en unos días 84 años: está en nuestras manos disfrutar de lo que nos tenga que ofrecer. ‘The Boys of Dungeon Lane’ es un paseo por su juventud, no necesariamente siempre de manera trascendente. Parte de su encanto es que este no es un álbum grave ni bravo con grandes mensajes sobre el sentido de la vida, sino que es capaz de recrearse en la anécdota y en lo más grande que le dio la felicidad, indistintamente.
El álbum empieza con un tema llamado ‘As You Lie There’, dedicado a un «crush» irrelevante de su juventud, esa espinita que no pudo evitar que se le clavara. «Aunque solo coincidimos una vez, no puedo olvidar lo que sentí», confiesa sobre un entorno bastante Wings, referencia que vuelve a aparecer en el rock sintético de ‘Mountain Top’.
Aunque lo mejor del álbum no son números de rock como ‘Lost Horizon’, un tema que había olvidado que tenía hecho, sino los acústicos. El más bonito es el single ‘Days We Left Behind’, un recorrido por Liverpool del que sale el título del disco, y tan sencillo como lo eran las letras de ‘Yesterday’ y ‘Let It Be’: «nada permanece, nada viene a la mente / nada puede borrar los días que dejamos atrás». Y luego está la estupenda ‘Down South’, que recuerda los días en que él y George Harrison paraban camiones, haciendo autostop, para que les acercasen a algún concierto. Además, el tema referencia ‘Twist & Shout’.
En la línea, ‘Home to Us‘ es el primer dúo de Paul McCartney con Ringo Starr (!!): «el lugar en el que vivíamos no era gran cosa, pero era nuestro hogar». Mientras ‘Salesman Saint’ es el recuerdo de sus padres en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial (con guiño a las guerras terribles que tenemos hoy) y en cambio ‘Momma Gets By’ es una historia de ficción, en Reddit se debate si el destinatario de ‘We Two’ es Linda McCartney o más bien John Lennon. Que cada cual lo tome como quiera.
Andrew Watt produce ‘The Boys of Dungeon Lane’ con devoción y respeto, dejando que el protagonista sea siempre Paul McCartney, con la salvedad de la orquesta de Ben Foster que aparece en un par de momentos de ‘Life Can Be Hard’ o ‘Salesman Saint’. La curiosidad por averiguar quién tocaba la flauta dulce en ‘Never Know’ me ha llevado a comprobar que no solo se ha encargado de ella el propio bajista de los Beatles, sino que también tocó en el mismo tema un bajo, una guitarra acústica, otra eléctrica, el piano, un wurlitzer, un melotrón, un órgano y algo de percusión. Ver a Andrew acreditado apenas a una pandereta parece hasta una forma de decir «daos cuenta».
Paul no ha podido implicarse más en este álbum que llevó un lustro hacer, y el quid de la cuestión es que se le percibe absolutamente feliz, como en la celebración del amor que supone ‘Ripples in a Pond’ («te quiero más de lo que nunca te quise, y el sentimiento crece y crece») o en ‘Life Can Be Hard’, en la que olvida «lo dura que es la vida» gracias a la celebración de la belleza. It’s been a hard day’s night…
Ajeno a los últimos escándalos que le rodean (Leire, Zapatero), nadie sabe muy bien si en serio (Ábalos, Cerdán) o por puro troleo (Begoña Gómez, David Sánchez, el mismo Fiscal General del Estado), Pedro Sánchez se pasó este sábado por Primavera Sound en Barcelona. Unas horas después de recibir al Papa en Madrid.
El primer Presidente del Gobierno del país que no juró el cargo sobre la Biblia lució exultante junto al pontífice por la oposición de León XIV a las políticas de ultraderecha y por su sintonía en cuanto a política migratoria, y después se fue a ver a los Gorillaz.
Como vemos en un vídeo subido a redes, Pedro Sánchez no quiso faltar al show de la banda paralela de Damon Albarn. Es muy fácil adivinar por qué, si leéis la crónica de Mireia Pería sobre el concierto de Gorillaz, pues tuvo una previa centrada en Palestina, con un Damon Albarn que portaba una chapa del Che Guevara. En el vídeo, Sánchez-Castejón y Damon parecen comentar esa chapa.
Cuando creías que a Pedro Sánchez solo le entienden fuera de España, donde es un referente para la izquierda internacional aunque solo sea una cuestión de eliminación, en el vídeo compartido en redes también aparece saludando a otras estrellas del pop de nuestro país, como Amaia, Juanjo Bona y Martin.
Ya no es un shock para quien haya seguido el interés de Pedro Sánchez por la cultura pop desde hace 10 años (cada semana hace una recomendación en TikTok, lo cual puede implicar a Vera Fauna o a Restinga), pero sí algo noticiable. Justo un día después de la cancelación de Festival de Les Arts en Valencia por temas de ruido, ha dejado esta declaración en un podcast de Radio Primavera: «Los festivales ayudan a expandir la música y el arte. La música en vivo une, convoca, moviliza y llena de energía».
Y también ha escrito esto en redes: «Primavera Sound es mucho más que música. Es talento, creatividad y una forma de mostrar al mundo una Barcelona y una España abiertas, diversas y llenas de energía. Su éxito internacional habla de una sociedad plural que entiende la cultura como un espacio de encuentro, convivencia y libertad. Gracias a todas las personas que lo hacen posible año tras año, y al compromiso del festival con valores como la paz, la solidaridad y la defensa de una cultura que nos acerca y nos une».
Dellafuente tiene otro disco en camino. Como casi siempre, ha comenzado el rollout sin avisar. Después del melancólico primer single, ‘Agradecío’, el artista granadino presenta un banger en el que introduce elementos de la música caribeña en su conocido y melódico estilo. ‘Caravaggio’ es la Canción del Día.
Este se trata del segundo adelanto de ‘Brigado’, el nuevo disco de Dellafuente, que estará disponible a partir del próximo 19 de junio. ‘Caravaggio’ se caracteriza por su experimentación con géneros como el son cubano y la salsa, desde el estribillo que nos lleva directamente al Caribe («Quieran o no quieran / Hoy mañana y siempre, soy agua y hoguera») hasta las potentes trompetas que atraviesan el tema. Algo que no inventa aquí, sino que comenzó en el disco ‘Lágrimas pa’ otro día’, de 2023.
‘Caravaggio’ solo tiene un verso y en él Dellafuente dice todo lo que tiene que decir, desde declarar que «en Granada no queremos ser vasallos» hasta describir su forma de ser referenciando al pintor italiano: «Te la pinto como es, si no me callo / Realista y dramático, flow Caravaggio».
En otro momento, el de Granada asegura querer sentirse «humano» para hacer «cosas que hacen los humanos», desde «criticar a la espalda» o «ser individualista», hasta «querer ser famoso y buscarlo siendo artista» o «abusar del débil». Dellafuente, una vez más, negándose a lanzar una canción vacía.
El Primavera Sound siguió su curso pese al concierto sorpresa de Olivia Rodrigo, pero en el Revolut había algo menos de gente de la esperada para ver a Little Simz. Pues muy mal. Simbi Abisola tiene un carisma abrasivo y, además hoy luce camiseta de la selección española tuneada con su nombre para llenar un escenario gigante. Mientras me voy moviendo, intentando coger un buen sitio, cae un medley entre ‘Thieft’ y ‘Flood’ y también cae ‘Young’, de su álbum ‘Lotus’. Simbi hace muchos discursos, sobre su carrera, recordando su nombre… Tras ‘Introvert’ y un momento algo espiritual la banda desaparece. Y solo está ella, y demuestra que no necesita más que eso: su presencia y su verbo. Escupe ‘Venom’ a toda velocidad, el público responde con entusiasmo. Mucho: me chivan que en primeras filas hay pogos. Simz se siente cómoda con el bailoteo, porque se coloca tras unas bases, empieza a lanzar zapatilla como si no hubiera un mañana, mezcla temas de ‘Drop 7’ (¿’Mood Swings’?) mientras grita “Make some noise!”. Y dice que “este concierto es una fiesta”. Hay un perpetuo subidón, todos repetimos los “oh-oh”, mientras cae una versión tropico-bakala de ‘Open Arms’. Hasta la banda sale a bailar.
Poco dura este rapto zapatillero, y la banda se pone a tocar de nuevo con ‘Lion’, en una versión muy orgánica y soul. Ahora sois vosotros y un bajo, bromea. Y la bajista no puede molar más, efectivamente Y canta unos segundos a capella y logra que TODA la explanada calle y retoma un ‘Point and Kill’ con aires africanos que llena los corazones y los pies. Nos explica que se medio lesionó en el escenario, que está muy contenta de poder actuar a pesar de eso. También recuerda sus veces en el Primavera. ‘Selfish’ es particularmente sedosa. Pero lo mejor es el poema que empieza a recitar con su verbo acerado, con ese acentazo, sobre cómo el amor nos hará libres. Claro, es ‘Free’. Muy hermoso. Atardece, estamos en un punto especialmente chill, etéreo, con todos bailando. Y claro, si cierra con esa maravilla que es ‘Gorilla’, poco se puede añadir. Bueno, sí, un par de cosas: una amiga me dice que Little Simz es el MVP de esta edición del Primavera. Otro, que es Messi en 2010.
La presencia de Olivia Rodrigo desmonta un poco el circuito de rutas. Soy muy fan de la americana y me he quedado sin entradas para verla en su próximo tour. Sin embargo, la idea de tener que batirme el cobre con hordas de post-adolescentes para poder verla me hace mantenerme en mi opción inicial: My Bloody Valentine. Hay mucha expectación con el concierto, aunque no haya música nueva a la vista. Sus actuaciones en 2008 en el festival fueron memorables, sobre todo por el volumen brutal, la experiencia física que supuso. Se reparten tapones entre los asistentes, queremos revivir la sensación del ruido haciéndote vibrar las vísceras…
Pero no. Hay un momento que bromeo con si les han colocado el limitador de volumen de San Isidro. Encima, arrancan con dos de mis favoritas, ‘I Only Said’ y, sobre todo, ‘When You Sleep’ (amo ese riff). Pero se escuchan bajo. Tampoco acabo de apreciar el muro del sonido, esas miles de capas. El escenario está bañado en malva, las imágenes de las pantallas están distorsionadas. Sin duda, Kevin Shields y los suyos nos quieren dar una experiencia inmersiva y onírica de shoegaze y dream pop. Pero, de momento, les está costando. Ya a la tercera, ‘New You’ de ‘m b v’, el bajo empieza a retumbar. A la cuarta, ‘You Never Should’ lo hace la batería. La actuación va mejorando, porque hasta ese momento la música me ha sonado demasiado lánguida. Aun así, seguimos sin quedarnos sordos. A ver, que prefiero claridad a potencia. Pero aquí algo se pierde, y no solo volumen. No me meto en el magma sónico.
Pero ya arranca ‘Only Shallow’ y las capas de guitarras empiezan a sonar a gloria, la enterrada voz de Bilinda Mutcher es más punzante. A medida que avanza va mejorando el sonido, te vas metiendo más. En ‘To Here Knows When’ la atmósfera ya es total. ‘Slow’ ya suena a catedral. Y claro, la que sí que se convierte en catarsis es ‘Soon’. Suena plena, se aprecian todos esos detalles, la alargan, es como un precioso loop sin fin. Y entonces, van llegando noticias: que si Olivia ha sacado a Robert Smith. Pero, argh, no se puede estar a todo y por culpa del whatsapp ya me he desconcentrado.
Por eso ‘You Made Me Realise’ me devuelve a la realidad/irrealidad de MBV. Acelerada, sin tregua, con una coda final que es puro ruido… aunque no ensordecedor. My Bloody Valentine han dado un bolo contenido y elegante. Pero esperábamos más. Seguramente, la culpa sea de nuestras expectativas.
Unos diez minutos antes del inicio del concierto de Gorillaz, sale Aarab Barghouti, hijo del líder palestino encarcelado Marwan Barghouti. Lanza un discurso pro-Palestina. Explica que su padre es uno de los 10.000 palestinos presos por Israel, nos da la las gracias porque nos negamos a mirar a otro lado: “Por Palestina, por Gaza, por la Justicia. Palestina libre”. A continuación, despliegan una bandera gigante de Palestina. Y aún habrá quién tilde a Damon Albarn de tibio…
Tibio no es: aparte de implicado, es una de las personas más molonas de la galaxia. Un dechado de sabiduría y pasión musical que en Gorillaz es especialmente notable. Lo malo es que este es un proyecto que me gusta más en el plano teórico que en el práctico. A las canciones siento que siempre les falta algo.
El despliegue encima del escenario es espectacular: una banda para quitar el hipo de músicos del mundo, a destacar el bajista roba-planos, un montón de invitados, sonido a la altura, audiovisuales logrados en que los protagonistas, claro, son 2-D, Murdoc Niccals Noodle y Russel Hobbs. Sin embargo, todo el peso de la primera parte del concierto recae en Damon, que va vestido de guerrillero con gorrico rojo y chapa del Che y su eterno aire de veinteañero. La mayor parte del set recae en su último disco ‘The Mountain’. Enseguida cae ‘The Happy Dictator’. Sin Sparks, claro, aunque aparecen en los vídeos. Tan pronto como a la cuarta canción, ‘19-2000′, Damon se da un baño de masas: baja al foso, saluda, se pasea… Pero a pesar de todo, el concierto está siendo algo soso. La cosa remonta a partir de ‘On a Melancholy Hill’: el público hace pa-pa-pa en su icónica línea de teclado. Pero para remontada (y pasmo mío), cuando veo aparecer a… ¡Kara Jackson! Para cantar con Damon ‘Orange County’. Sentidísima, gracias a la voz de Kara. Pero se siente como un derroche, en el mal sentido, traerla para una sola canción. ¿De verdad no podría haber ofrecido un recital entero?
La presencia de Kara marca el cambio de rumbo del concierto: ahora es el turno de los invitados. Moonchild Sanelly perrea a Damon de manera muy graciosa en ‘With Love to an Ex’ y, tras otro tramo un tanto anodino, Yasiin Bey (anteriormente conocido como Mos Def) reina en un par de temas, uno de ellos es ‘Damascus’, en que Omar Souleyman sale solo en vídeo, snif. Pero para reina y emperaora del universo, Little Simz: en apenas dos minutos arrasa con todo en ‘Garage Palace’.
Hay un hermoso homenaje a Asha Bhosle en ’The Shadowy Light’, en que oímos su voz y el vídeo nos muestra imágenes de su vida. Posdnuos de De la Soul aparece para animar al personal en el tramo final: nos pide una inyección de energía y nos la da con una coreadísima ‘Feel Good inc’ que desata el baile. Y si Damon se saca la melódica, ya sabemos lo que toca: fin de fiesta con ‘Clint Eastwood’. Esta vez, con una estupenda introducción con flauta hindú. Damon a ratos no canta: lo hace el público, mientras hacemos bailes espasmódicos entonando “The future is comin’ on”. Pero queda raro que el rap suene grabado y no lo hayan confiado a ningún invitado. En resumen, un concierto puntualmente brillante, dependiendo del invitado…
Lejos quedan los tiempos en que nos parecía histórico que una exconcursante de Operación Triunfo actúe en el Primavera Sound. Y aunque no tiene pinta de que vayamos a ver a Pablo López actuar en el festival algún día -ya que dudo mucho que tuviera público en este festival en concreto-, tiene todo el sentido que lo haga Natalia Lacunza, quien tanto ha contribuido a acercar el internet pop al pop mainstream español, reivindicando a la gente de Rusia IDK mucho antes de que ‘Malibu’ de rusowsky irrumpiera en listas.
Su set en el Levi’s Plaza es breve, como impone el pequeño escenario, y desgraciadamente el inicio está plagado de problemas técnicos que arruinan especialmente la interpretación de ‘Te enamoraste’, pero Lacunza lo solventa vocalmente. Su disco ‘N2STAL5IA‘ no merece esta desatención técnica, pero al menos consigue condensar buena parte de su tracklist en un concierto muy breve, donde destacan la electrónica de ‘Singapur’, el folk de ‘Nokia’ y el coreo colectivo de ‘Sabes qué’. Lacunza “manifiesta” al menos un concierto de “50 minutitos” el año que viene. Desde aquí, lo suscribimos.
Avanzo que la prioridad de conseguir un sitio más o menos digno para presenciar el concierto sorpresa de Olivia Rodrigo obliga a abandonar antes de tiempo el recital de Smerz en el escenario Port, lo que significa perderse las maravillosas cuerdas de ‘You got time and I got money’ y el piano aporreado de ‘Roll the dice’, que llegan al final. Pero lo que sucede antes confirma que asistir al set, aunque sea un rato, merece totalmente la pena.
El inicio con ‘But I do’ es algo frío, quizá por el tono industrial de la canción, pero la musicalidad de la propuesta de Smerz pronto se impone: su abanico de cuerdas, beats secos, pianos ligeramente desafinados y melodías que no acaban de resolverse, cantadas casi con desgana, acaban hipnotizando. En pleno atardecer, los pianos jazzy de ‘What’, la preciosa ‘A thousand lies’, el ritmo de ‘Feisty’ o los envolventes teclados de ‘Easy’ configuran un setlist muy rico en lo instrumental, tocado con gran delicadeza y gusto, en contraste con la querencia torcida de las canciones. Un amigo, que no conoce al grupo, dice que tienen un “sonido muy bonito”, lo cual interpreto como que Smerz, gracias a su preciso directo, es capaz de llegar a nuevos públicos.
Desde que Gabi Ruiz anunció que el cartel de Primavera Sound contenía un cabeza de cartel sorpresa, se dispararon los primeros rumores; algunos apuntaban a Charli xcx, que acababa de visitar Barcelona para asistir a una fiesta donde pinchaba su marido, George Daniel. Sin embargo, su siguiente vuelo a Sicilia para asistir a la boda de Dua Lipa dificultaba su participación, que finalmente ha involucrado a Olivia Rodrigo, quien ha decidido ofrecer en Barcelona el primer concierto largo oficial de su nuevo disco, un año antes de que la gira Unravel Tour aterrice en España.
El escenario Occident congrega a una multitud intratable antes del inicio del concierto, programado a las 22:45, señal de la expectación que genera esta actuación sorpresa por parte de una de las mayores sensaciones internacionales del último lustro.
La siguiente sorpresa en el set de Olivia Rodrigo ha sido la aparición de Robert Smith, de The Cure, para la interpretación de un tema inédito, ‘What’s Wrong with Me?’, justo después de ‘The Cure’, canción que Olivia había introducido aludiendo a The Cure, una de sus bandas favoritas, que tocaron la jornada anterior. Para Rodrigo, uno de los “mejores putos conciertos de mi vida”.
El nuevo tema, de corte new wave melancólico, podrá escucharse de forma oficial el 12 de junio y abre una inesperada puerta comercial para Smith.
Christian Bertrand
En total, en un concierto que no ha llegado a la hora de duración, el debut de Rodrigo en el Primavera ha incluido cero temas de relleno, como impone la falta de tiempo: abriendo con la euforia rockera de ‘Bad Idea Right’, los primeros guitarrazos hiperafilados han evocado ecos hard rock poco antes de que Rodrigo irrumpiera en el escenario. Cualquiera que tenga a Rodrigo por una poser rockera solo por tener cierta querencia cursi en las letras y la presentación ha tenido que comerse sus palabras ante la potencia rock de su sonido.
Rodrigo, que cumple su sueño de actuar en el Primavera Sound, ha encadenado un himno tras otro con los estribillos megacoreables de ‘ballad of a homeschooled girl’ y ‘Vampire’, antes de presentar la nueva ‘Drop Dead’ y de sentarse al piano para interpretar su gran baladón, ‘Drivers License’, seguir con la ya demasiado pastelosa ‘Traitor’ y culminar con el emocionante crescendo de ‘The Cure’, que ha dado paso al celebrado cameo.
Pronunciando la palabra “fuck” al menos unas diez veces durante el concierto, en momentos que no siempre venían a cuento, Rodrigo no ha podido dejar mal sabor de boca a nadie en un set de aproximadamente 50 minutos. Al margen de que haya tenido el detalle de cantar ‘Deja Vu’ y de cerrar con el torpedo punk-pop de ‘Good 4 U’, disparando los niveles de adrenalina al máximo, hay que destacar la calidad del sonido de sus instrumentos y de su voz, a la altura de su privilegiada posición.
El primer concierto de Marina en Primavera Sound es también el primero de su carrera en Barcelona. Madrid está acostumbrada a verla en directo -en festivales, pero también en aquel bolo como telonera de Coldplay-; Barcelona, no. Marina no lo entiende: «Primavera, ¿por qué has tardado tanto en invitarme?», pregunta con un guiño. Nadie se lo explica, pero Diamandis compensa la espera con creces con un apoteósico set de pop en el que, por momentos, parece una dignísima cabeza de cartel. Para sus fans más entregados, entre los que me incluyo, lo es.
En 50 minutos de concierto, Marina va directa al grano, encadenando un hit tras otro sin apoyarse en nada más que en su banda de directo. Su presencia escénica es lo suficientemente magnética como para que no necesite nada más. El arranque con ‘Princess of Power‘ y ‘Are You Satisfied?’ sirve para calentar motores en un show basado en una estética de videojuego. A continuación, el punk-pop de ‘Bubblegum Bitch’ abre la veda para una retahíla de temas icónicos que no dará tregua: el público corea y salta como loco una canción que TikTok ha revitalizado.
‘Butterfly‘ y ‘Man’s World’, en el tramo central del setlist, seguidas de ‘I Am Not a Robot’, sostenidas por esa voz operística tan suya, forman una tríada de sencillos muy reconocibles para sus fans. No ocurre lo mismo con ‘Metallic Stallion’, que, derivando hacia ritmos disco, acaba mezclada con el estribillo de ‘Hung Up’ de Madonna por alguna razón, provocando el típico coreo colectivo pensado para complacer a la audiencia, aunque en este caso resulta algo forzado.
La artillería pesada llega con la sucesión de ‘Froot’, ‘Cuntissimo’ y ‘Primadonna’, que provoca el delirio colectivo. Resulta especialmente emocionante escuchar ‘Froot’ coreada por tanta gente: once años después de su lanzamiento (en 2015, quien esto escribe la proclamó la mejor canción del año en este medio), se confirma que era un tema adelantado a su tiempo y plenamente atemporal. El cierre disco con ‘I Love You’ sirve para que Marina reivindique su último álbum y ponga la guinda a un set glorioso, aunque demasiado corto.
Festival de les Arts informa esta tarde de la cancelación de su segunda jornada, después de reunir a 25.000 personas en la primera, ayer viernes. La decisión se debe a la queja de algunos vecinos, que ha producido que la Dirección General de CACSA les comunique que no podían abrir puertas, con 20 minutos de antelación.
Según la prensa local, las mediciones de decibelios realizadas el viernes superaban los 85 permitidos en los escenarios y eran superiores a los 55 en las casas. Al mismo tiempo, asistentes en la jornada de ayer, se quejaban de no poder escuchar los conciertos. Siloé llegó a manifestar mediante unos escritos muy «Bob Dylan» que lo que estaba sucediendo era una vergüenza de cara a los montadores el festival, que se habían esforzado durante todo el año, una falta de respeto para los artistas, y por supuesto para el público:
Dice la organización: «Desde que tuvimos conocimiento de la sentencia el 25 de marzo de 2026, por la que se estima la demanda de unos pocos vecinos del edificio ubicado en la Avenida Profesor López Piñero y se condena al Ayuntamiento de Valencia por vulneración de derechos fundamentales negándose la posibilidad de ser parte de dicho procedimiento, hemos trabajado para encontrar una solución».
La organización afirma haber intentado trabajar con CACSA y la Generalitat para garantizar el evento y también por otro lado buscado espacios alternativos: «Sin embargo, nos produce una enorme tristeza y frustración comprobar que no hemos tenido la oportunidad de mantener una reunión con la Alcaldía de Valencia, ni con responsables del Ayuntamiento para estudiar posibles alternativas que permitieran garantizar el futuro del festival en la ciudad».
El festival afirma creer «en la convivencia entre vecinos, instituciones, cultura y ocio cuando existe voluntad para encontrar soluciones». Este viernes el cartel incluía a gente como Leire Martínez, La La Love You y Siloé, y este sábado que no se celebrará, a Two Door Cinema Club, Belén Aguilera, Triángulo de Amor Bizarro o Dorian. Se devolverá el dinero de las entradas de sábado y el 50% de los abonos general, VIP y golden VIP.
Olivia Rodrigo ha confirmado que es la artista sorpresa que actuará esta noche en Primavera Sound. El concierto tendrá lugar en el escenario Occident a partir de las 22.25 de la noche y coincidirá parcialmente con el set de My Bloody Valentine.
La actuación de Rodrigo en Primavera Sound se da solo semanas después de que la artista visitara la ciudad para ofrecer un concierto exclusivo en Montjuïc con Spotify y el Fútbol Club Barcelona.
La actuación tiene todo el sentido en este momento porque es ya el próximo viernes cuando se presenta el nuevo álbum de la cantante. De ‘You Seem Pretty Sad for a Girl So in Love’ se han presentado dos sencillos que han triunfado en las listas de éxitos: ‘Drop Dead‘ y ‘The Cure‘.
Icona Pop publican un nuevo álbum llamado ‘Ritual’ de 10 canciones el próximo 14 de agosto. De momento han ido adelantando temas como el corte titular junto a Daya -un extraño track entre lo espiritual y lo espacial- y ‘Dance to This’.
Menos sofisticado y machacón que este, pero más efectivo, el tercer single suena muy decidido y es nuestra Canción del Día hoy. ‘Butterfly Feelings’ huye de comparaciones con su hit ‘I Love It’ para decantarse en verdad por un synth-pop primo hermano de alguna base de Eurythmics.
Caroline Hjelt y Aino Jawo muestran que pueden seguir creando «mariposas» en el estómago como en sus tiempos de mayor frescura. En esta canción dicen que, pese a lo que se «mienten a sí mismas», continúan deseando a esa persona. Da igual que lo nieguen. La canción se vuelve especialmente sexy cuando repite, de manera muy concreta: «te quiero de cintura para abajo, vamos a mi casa». Aunque sea imposible igualar viejos hits, Icona Pop siguen entregando canciones que molan.
Durante el jueves del Primavera la climatología fue una pesadilla. El viernes no puede ser más ideal: levemente nublado, temperatura idónea… Para mejorarlo, a primera hora la entrada es fluidísima. No hay hype temprano a la vista, y la entrada al Auditori a las 16:30 para ver a Annahstasia es instantánea.
El despliegue de la cantautora es un arsenal de cuerdas para quitar el hipo: violonchelo, contrabajo, dos guitarras y un arpa. Todo es acústico: un envoltorio exquisito para su exquisita voz, grave, rugosa, con la que juega entre susurros, subidas y despliegues puntuales. Aparte de su presencia sentada, lo único que adorna su sobrio set es un loop de vídeo en que se alterna su cara con imágenes de flores y libélulas. Las canciones son de largo desarrollo, morosas pero exuberantes, de cantautora de fuste clásico, con un fuerte componente folkie. En ‘Be Kind’ hace unas pausas, unos silencios, que cortan el aliento.
En ‘Open Door’ remite un poco a Dylan. Todo es tan perfecto que incluso parece que el acople que desmonta el arranque a lo Nick Drake de ‘Slow’ sea buscado. Paran, arrancan de nuevo con más ímpetu. En ‘Take Care of Me’ ofrece piruetas vocales y preciosismo. Annahstasia se lamenta de no hablar español “a pesar de ser de Los Ángeles”, y cierra con un ‘Believer’ en que sus subidas de intensidad vocal alcanza su máxima intensidad. La ovación del público es larga y sentida, porque ha sido un viaje elegante y hermoso.
Voy de la exquisitez de Annahstasia al post-punk de Somos la Herencia en Occident sin solución de continuidad. El cuarteto madrileño toca a las 18h, una hora un poco rara, porque son el grupo perfecto para las 2 de la madrugada. La otra pega es que el volumen es un tanto bajo, lo que resta potencia a la propuesta. Aun así, han convocado a una notable presencia de fans: de ellos y de Einstürzende Neubauten, a tenor de las camisetas que se ven.
Su concierto es un tratado de oscuridad muy orgánica, a pesar de su vocación industrial. Gonzalo, su cantante, pega perfectamente con la idea de ‘Joven predicador’, su primera canción, vestido como un cruce entre cura y científico loco, moviéndose espasmódicamente cuando es necesario. En ‘Nuevo idioma’ hay un pogo entre los cuatro únicos menores de 25 años que se atisban. En ‘Münzter’ suenan a los Pixies fragmentados o a The Cure y furia desatada en ‘Cenar de pie’. Gonzalo se agita, se pone hasta rojo, y nos entran ganas de bailar enajenados. En ‘Pesar’ las percusiones son tropicales y el final roza lo trance. Hay ruido y distorsión y ganas de bailar espasmódicamente mientras cierran en un festival de distorsión y ruido en ‘Todos bajan la colina’. Insisto: esto de madrugada nos hubiera llevado muy, muy arriba.
Gisela Jane
Calculo que ¾ de los asistentes de Somos la Herencia salimos pitando para pillar sitio en el Auditori para Einstürzende Neubauten. La locura con Cameron Winter nos vuelve temerosos y nos hace plantarnos con mucha antelación. Tanta, que aún está mark william lewis acabando su set. Pero nunca se sabe, con las cotizaciones festivaleras. Hemos entrado súper rápido y sin cola. Claro que el cuádruple solape ayuda. Los de Blixa tocan a la vez que Ethel Cain, Texas Is the Reason y Rilo Kiley. Y salir con tiempo significa haber renunciado a Slowdive.
El carisma de Blixa juega en otra liga. Sonríe y, antes de empezar, nos pide una ovación que le damos gustosamente. Hay una Neubauten nueva, Josefine Lukschy al bajo, en sustitución de Alexander Hacke. El setlist es parecido al que vimos en Apolo en 2024, centrado en sus dos últimos discos. El volumen es ensordecedor. Me tengo que refrenar las ganas de levantarme y ponerme a bailar en cuanto arrancan con ‘Ten Grand Goldie’, una favoritísima mía, con tres Neubauten percusionando a la vez. Me vuelan la cabeza. En ‘Ist Ist’ las pausas dramáticos y los gritos que dosifica Blixa te arrastran. Todo es un ritual, una misa pagana llevada por el padre Blixa y sus acólitos del ruido. Porque cuando aparece en el escenario el carro de la compra le ovacionamos (al carro). Pero, nos aclara Blixa, no es el carro de siempre (¡ohh!), es uno nuevo. Y tocan sus varillas mientras Blixa acaba dejando caer cuchillos en ‘Grazer Damm’. Las pocas concesiones al pasado son ‘Die Befindlichkeit des Landes’ y ‘Sabrina’, de ‘Silence Is Sexy’. La primera es una bacanal en que la banda nos centrifuga. La segunda nos baña en rojo y nos ofrece un bello momento de calma tensa.
Los Neubauten sacan otro cachivache que no acabo de enterarme que es. Blixa explica que estuvo mirando debajo de la alfombra y ahí lo encontró. Antes de ‘Gesundbrunnen’ nos cuenta que él tenía una hija, que ahora es su hijo. Y que está en contra del determinismo biológico, lo que arranca un sentido aplauso del público. Blixa sonríe dulce y nos dice que este es un aplauso que aprecia enormemente. Y suena un taladro. Y parecerá que todo lo que voy relatando de los cacharros que la banda van sacando son anécdotas, pero no: todo tiene un sentido, le otorgan unos arreglos sorprendentes, es parte de la magia de Einstürzende Neubauten, como la manguera de aire de ‘How Did I Die?’. Y qué subida final y qué gritos, y cómo nos corrige Blixa cuando aplaudimos antes de tiempo, que la canción no ha acabado. Estamos todos arrebatados. Blixa pide el mayor aplauso para Josefine, la nueva incorporación a la banda. Y es todo tan subyugante, que nos cuesta dejarlo ir. Conciertazo. Y, en el Auditori, un lujo.
La necesidad de cenar y pillar sitio para The Cure se llevan por delante mi intención de ver a o Paco te quiero o medio Merzbow: gana la zona de hostelería. Y que además aún tengo que digerir lo de Einstürzende Neubauten. Tomamos posiciones casi una hora antes en el escenario Estrella Damm, y me mentalizo para todo lo que conlleva el concierto del cabeza de cartel en escenario grande: falta de espacio vital, cotorras de múltiples nacionalidades, los tipos más altos plantándose justo delante, huestes de Mordor entrando a machete cuando el concierto ya ha empezado, imposibilidad de ver el escenario… Pero, curiosamente, esta noche, ni tan mal: las molestias son nimias, las cotorras son evitables e, incluso, ¡llego a ver el escenario!
Tal como esperábamos, The Cure abren con ‘Alone’. Eden Gallup (hijo de Simon) sustituye al fallecido Perry Bamonte. El resto de la banda son piezas infalibles: Jason Cooper a la batería, Reeves Gabrels a la guitarra, Roger O’Donnell a los teclados y, por supuesto, el infalible Simon Gallup al bajo.
Robert Smith recorre el escenario con calma, da espacio a la banda, nos mira, mientras la larga introducción se desarrolla, y rompe a cantar sin guitarra. Pero hay poco espacio para ‘Songs of a Lost World’. Aparte de ‘Alone’, solo van a cantar ‘Endsong’, una hora y media después. Porque este va a ser un recital escorado hacia el pop, con muy pocas huidas hacia la parte siniestra (no cayó nada de ‘Pornography’ o ‘Faith’) , y un setlist un tanto ecléctico. Parece que Robert se quiere sacudir la pena, abrazar la alegría. Aunque de momento no lo logra, porque toca seguida ‘Pictures of You’, una de sus canciones más sentidas y la primera muestra de karaoke colectivo: casi lloro con esos “If only I’d thought of the right words”. Enseguida lo arreglan con ‘High, uno de sus temas más risueñas, aunque sigan con ‘Lovesong’, otra preciosidad, aunque apenas se le escucha cantar, dado el coreo masivo.
Que el setlist va a ir a su aire lo demuestra cuando tocan una cara B, ‘2 Late’, pero que es trotona y refrescante. Robert se pone a tocar la flauta (mal) antes de que arranquen ‘Burn’: suena como un tiro, la batería especialmente. La voz de Robert está estupenda. La secuencia de canciones es muy ágil: pueden sonar ‘The Walk’ (público levitando) o ‘Mint Car’ de ‘Wild Mood Swings’. O te pueden endilgar dos de sus mayores momentos cuando no llevamos ni la mitad del concierto: ‘In Between Days’ y ‘Just Like Heaven’, en que tapamos otra vez gozosamente a Robert (show me, show me, show me!). Y de repente, todo lo rompe con la melancólica ‘Trust’, canción compuesta por Perry Bamonte, a modo de homenaje.
Poco dura la melancolía con ‘Push’, otra favorita, o con el público haciendo “lololos” con el riff de teclados de ‘Play for Today’. Y llega el momento álgido del concierto: ‘A Forest’: cómo suena el bajo de Gallup, cómo nos enajenamos: con los “again and again and again” nos volvemos loquísimos, pelos de punta, el duelo final entre Simon y Robert… Uno de esos momentos de llevarse a la tumba.
Para los bises llega la andanada pop definitiva: arrancan con ‘Lullaby’, ‘Hot, Hot, Hot’ y su rollito funky, aunque en esta ocasión le falta algo de gas. ‘Let’s Go to Bed’, un ‘The Lovecats’ delicioso, en que es un gusto ver a Robert cantando los papapapa, jugueteando con su voz. ‘Friday I’m in Love’ es felicidad colectiva. En ‘Close to You’ Robert abandona la guitarra y se acerca a cantar y bailar entre las primeras filas: un frontman entre arrumbado y molón. Y claro, cierre con ‘Boys don’t Cry’, que él la canta parece que un poco lenta, un poco triste, pero ya estamos nosotros para otorgarle el toque alegre. Y tras dos horas y 20 minutos, el concierto llega a su fin. Robert se pasa un buen rato saludando, feliz. Nosotros más, por habernos reencontrado con The Cure, porque son una de las mejores bandas del mundo, porque da un poco igual el repertorio: sabes que va a ser memorable. Espero que The Cure vuelvan pronto.
Estoy pletórica de cintura para arriba. De cintura para abajo, no: la larga inmovilidad ha pasado factura. Pero es que ha sido todo tan estupendo, me ha pasado tan rápido, que no me doy cuenta hasta que no empiezo a caminar. JADE está a punto de acabar, me llegan avisos de que PinkPantheress en el Cupra está imposible, y que Skrillex está siendo bastante flojo. Así que mi felicidad y mi dolor de espalda iniciamos la retirada.
El viernes de Primavera Sound pudo desarrollarse con total normalidad: no cayó una gota ni hubo rachas fuertes de viento. Lo del jueves de repente parecía un espejismo, o una pesadilla que no había pasado realmente. Por supuesto, sí ocurrió, y hubo que lamentar cancelaciones muy importantes, pero la organización indica que el 80% de la programación se llevó a cabo sin problema. Numerosos asistentes aseguran haber regresado al festival después del caos, cuando lo consideraron más seguro, quedándose incluso hasta el cierre.
La jornada del viernes ha estado marcada por el éxito de los conciertos de varias diosas del pop nativas de internet. Destaca, a últimas horas de la tarde, el set de Rose Gray, que convoca a mucha más gente de la que cabe en su exclusivo pase en The Levi’s Plaza; de hecho, hay tanta gente fuera de la entrada e incluso rodeando las inmediaciones del escenario, viendo el concierto desde lejos, que cabe preguntarse si la organización no se ha quedado algo corta programando a Gray en el escenario más pequeño que ha encontrado. Quien esté afectado por el cinismo de Charli xcx podría pensar que su equipo ha querido fabricar una atmósfera de “estrella a punto de explotar”.
Superado este evidente caso de homofobia, es fácil gozársela con el set de Gray, tan disfrutón como permiten sus bailables y divertidas canciones. Entre ellas, la celebrada ‘Club to Your Arms’, aún inédita, la inicial ‘Free’ y el cierre con ‘Party People’ proporcionan un buen rato de pop-house y ayudan a construir a Gray como la próxima diva pop en ciernes; ella, como performer, lo apuesta todo a su voz y a sus energéticos bailes. Al final del show la pillamos charlando entre bambalinas con Paul Mescal, que, como habrás visto en redes, anda por aquí.
En cuanto a las internet divas, es evidente que la cabecera de Primavera Sound es Addison Rae, en lo que ha sido su primer show en España. La popstar, que se dio a conocer creando contenido en TikTok, ahora se pone al frente de un espectáculo pop de tonos dosmileros que evoca el Onyx Hotel Tour de Britney Spears en performance, estilismo y coreografías, y que conceptualmente parece explorar la propia creación de Addison como estrella y mito.
Asistida por un complejo montaje compuesto por una estructura con torre central de ecos art nouveau y pasarelas a dos niveles, la “A” central de Addison, que parece un escudo heráldico o la entrada de una mansión, hace que el show nos traslade de inmediato a una fantasía pop de fama, éxito y glamour. Aunque esa fantasía se rompe ligeramente cuando me parece verla colocarse en la torre justo antes de empezar, ¿incluso saludando al público? ¿Solo yo vi eso? ¿Qué fue eso?
Addison, que actúa en ropa interior y tacones, subraya el concepto meta de su concierto cubriéndose con una boa hecha de billetes en ‘Money is Everything’ o en ‘Fame is a Gun’, recreando su videoclip, como si fuera secuestrada por la propia fama, antes de inundar el Fòrum con confeti fucsia. Si bien el repertorio aún es demasiado referencial a Britney -de la cual incluye un guiño directo-, Lana o la Madonna noventera y demasiado apoyado en pregrabados, Addison lo suple gracias a sus fluidas y expresivas coreografías, que en ‘Aquamarine’ la sitúan flotando en el escenario, y a un concepto de espectáculo teatral y que entra por los ojos.
Sergio Albert
Justo antes de que Addison actuara en el escenario Revolut, teníamos a Ethel Cain en el Estrella Damm. Como en el meme de la casa rosa al lado de la casa negra, que simboliza los contrastes del gusto musical, una ofrecía un girly pop rosa Y2K y la otra una estética gótica de profunda carga emocional. Ethel, estrenando un nuevo tatuaje “blackout” en la mano, actuó a una hora más favorable que el año pasado y se tomó el derecho de abrir el concierto con su mayor éxito, ‘American Teenager’ -recientemente certificado disco de oro en Estados Unidos-, para luego dar paso al repertorio del disco que sigue presentando.
Así, canciones de ‘Willoughby Tucker, I’ll Always Love You‘ como ‘Nettles’ o ‘Dust Bowl’ desplegaron pacientemente sus tempos slowcore, texturas folk y sentidas melodías, y solo los gritos de terror de ‘Ptolemaea’ o el estribillo pop de ‘Crush’ interrumpieron la narrativa fantasmal del disco. Presentadas visualmente con un bonito set decorado con césped artificial que recrea un prado -pura bucólica southern gothic-, quizá se echó en falta una mayor fidelidad en las interpretaciones vocales, algo que se suplió en el cierre con ‘A House in Nebraska’.
Sergio Albert
Quizá solo Amaarae puede convertir en un hit absoluto un estribillo como: “ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly, ketamine, coke and molly” y que suene fino. Es el coro de ‘Starkilla’, pero en su set en el Cupra la reina es ella. Amaarae se basta y se sobra para ofrecer ella sola, sin bailarines de apoyo, un show que transmite la misma atractiva amenaza de su música: los beats de house sudafricano y Detroit club suenan futuristas e hiperdefinidos, y Amaarae performa como una diva oscura que te da la música que necesitas aunque no lo sepas.
El repertorio pasa del punch de ‘Wasted Eyes’ a la melancolía de ‘Disguise’, hace colapsar el Cupra con ‘Sad Girl Luvz Money’ y transita entre hits coreados (‘S.M.O.’) y otros algo más desconocidos para el gran público (‘Free the Youth’). Cabe un breve homenaje a ‘Break the Ice’ de Spears en forma de interludio y no va corta de temas; a una Amaarae que pasa de la euforia a la seriedad fría, le da tiempo de presentar lo mejor de su discografía ante un público especialmente masificado.
Christian Bertrand
Ya entrada la noche, el esperado show de JADE en Occident transmite una vibra muy X Factor / BRAVA Madrid, quizá demasiado evidente para el interesante concepto que propone su celebrado disco ‘That’s Showbiz Baby‘ y la visión musical detrás de la enorme ‘Angels of My Dreams’, que, como no, ya adelantamos que cierra el show precedida por un speech de JADE sobre su difícil creación en un momento en que se sentía artísticamente perdida tras la separación temporal de Little Mix.
El show se centra claramente en JADE como performer y vocalista, y también en su faceta -más desconocida- de bailarina, que en los ritmos más funk la muestran perreando como Miley Cyrus con la lengua fuera. Pero no ofrece demasiado concepto ni mensaje más allá del que verbaliza la propia JADE, celebrando a todos los hombres y mujeres del escenario, y también a los “hombres trans y mujeres trans” que han allanado el camino para que ella pueda tener una carrera como solista, en parte sostenida por el público LGBTQ+, al que dedica ‘Church’, también incluida en el repertorio.
La reivindicación de ‘Before You Break My Heart’ -la del sample de las Supremes- al inicio del show resulta la mejor decisión del tracklist. Por supuesto, el público lo goza con los ritmos electropop de ‘IT Girl’, ‘Plastic Boy’ y ‘Gossip’ con Confidence Man; pero la gran sorpresa llega con el homenaje a Little Mix.
Y es que ni siquiera en plena era del total colapso de prejuicios musicales alguien habría podido imaginar que los éxitos de Little Mix sonarían dentro del Primavera Sound. Hablamos de megabops fabricados por la poderosa industria musical británica, pero ahí acaba la sorpresa. Quizá el formato medley, que integra hits como ‘Shout Out to My Ex’, ‘Salute’ o ‘Reggaeton Lento’, refuerza ese componente de concierto de diva disco algo anacrónico; por lo demás, JADE no ofrece mucho más que gloria pop. No hace falta ni decirlo, pero es evidente que el regreso de Little Mix está en sus manos y, siendo egoístas, esperamos que se produzca dentro de muchísimo tiempo.
Christian Bertrand
El set a la madrugada de PinkPantheress en el Cupra fue uno de los más concurridos de la noche y probablemente de todo el festival. El escenario está abarrotado e intratable, más aún tras recibir a los fans de JADE del concierto anterior. “She’s hot right now”, apunta una asistente. Es así: PinkPantheress ya es capaz de abrir el show con un número 1 global (‘Stateside’, aunque en su versión original sin Zara Larsson) y que el ritmo no se resienta, porque de hits va sobrada; de los clásicos se recuperan ‘Pain’ o ‘I Must Apologise’, y de los últimos triunfan ‘Girl Like Me’, ‘Tonight’ y, por supuesto, ese ‘Illegal’ que se introduce con una llamada que da paso al famoso “Hey, my name is Pink and I’m really glad to meet you”. La sorpresa es que ese tema será el final del show.
Y es que, por un lado, es cierto que PinkPantheress ha ganado enteros como performer -ya no necesita su famoso bolsito- y que ahora aporta coreografías y carisma, pareciendo una artista diferente. Pero extraña que, teniendo un catálogo tan abultado de música publicada, el set acabe unos 10 minutos antes de la hora programada. Y eso que el show se extiende mediante el típico DJ set tirando clásicos electro y dance de Daft Punk o el ‘Rush’ de Troye Sivan, resultando en este aspecto un poco de manual.
Es verdad que los temas de Pink son cortos, pero por falta de repertorio desde luego no es. Al menos las interacciones de PinkPantheress con el público son agradecidas: no solo muestra su sorpresa porque el público se sepa la letra de ‘Romeo’, sino que además, a su joven edad y de forma muy refrescante, no parece nada sorprendida de su éxito, porque sabe que lo merece. Incluso asombrada de la cantidad de público, no se le percibe un ápice de nervios o inseguridad; su mejora como performer es evidente, pero como compositora y productora de todas sus canciones, su fuerte claramente es ese.