‘Homecoming’, la nueva película de Beyoncé estrenada en Netflix que documenta la totalidad de su actuación el año pasado en el festival californiano de Coachella, era necesario. Estamos hablando probablemente del concierto más importante de la carrera de Beyoncé y no fue menos que espectacular. Iba siendo hora de poder verlo en condiciones, pero Beyoncé ha querido presentarlo con un añadido personal. El filme intercala, entre la actuación, imágenes de los ensayos y declaraciones inéditas de la propia artista sobre su intención de hacer un espectáculo “mágico” y que el mundo recuerde, entre otras cosas como las complicaciones de su segundo embarazo o la dificultad de compaginar su profesión con la maternidad. Incluso en una escena de los ensayos la vemos “frustrada” explicando a su equipo por qué no está satisfecha con el show. Es un vistazo raro, muy raro al proceso creativo de una artista acostumbrada a vendernos -como solo ella puede- la perfección.
¿Qué quiere decir todo esto? Que, simplemente como acercamiento -por poco profundo que sea- a la Beyoncé más allá de los escenarios, el visionado de ‘Homecoming’ merece la pena. Cabe recordar que la autora de ‘Lemonade’ ya no concede entrevistas y cuando ha salido en la prensa en los últimos tiempos, ha sido en condiciones totalmente adaptadas a sus intereses. Evidentemente, ‘Homecoming’ es su obra y en ella Beyoncé muestra lo que quiere mostrar, pero eso no le quita de sorprender en alguna ocasión. Resulta fascinante verla totalmente ilusionada por volver a caber en un traje en el que antes no cabía, para luego llamar a su marido, el rapero Jay-Z, contárselo y que este reaccione con total indiferencia (cuando una colaboradora pregunta a Beyoncé “por qué los hombres no se emocionan”, ella responde con un incisivo “eyeroll”). En otra escena, Beyoncé narra con hartazgo la dificultad que está suponiendo mantener la dieta basada en vegetales (excluyendo pan y carbohidratos) que ha tenido que adoptar en preparación del show, lamentando: “tengo hambre”.
Atender a la creación de este enorme espectáculo tiene su momento emotivo cuando Beyoncé explica la razón por la que ha llamado al documental ‘Homecoming’ o “vuelta a casa”. Recuerda que ella nunca tuvo la oportunidad de ir a la universidad, que su universidad fueron Destiny’s Child y que la vida fue su “maestra”, pero que siempre había querido ir a una universidad afroamericana e incluso dirigir a una orquesta 100% afroamericana. Con intención de representar y empoderar a la mujer negra pero también a todo aquel que se haya sentido discriminado por su físico, con la inclusión de hecho de una orquesta afroamericana en el show y de coreografías y visuales espectaculares como los que tienen lugar durante ‘Formation’ o ‘Partition’, por mencionar un par; y aún reconociendo que el trabajo en Coachella le llevó a ella y a todo su equipo al “límite”, lo cual, según sus propias palabras, no se repetirá; la propia Beyoncé parece considerar su actuación en Coachella la culminación de su carrera.
Puede que lo sea, aunque llegados a este punto, y viendo a la artista hablar sobre su enorme disciplina de trabajo (“respeto las cosas que llevan trabajo, respeto las cosas que se construyen desde los cimientos”), cabe preguntarse si, en algún momento de su carrera, Beyoncé perdió la habilidad de reírse de sí misma aunque sea un poco. Volvemos a la escena del vestido: Beyoncé celebra poder volvérselo a poner como un “gran logro”, pero en ningún momento se atisba una pizca de sentido del humor en sus palabras. Ni aquí ni en toda la película, al menos las cámaras no capturan una sola broma o comentario sarcástico o mínimamente divertido por su parte. La seriedad inunda todo el documental, y aunque no lo hace aburrido, sí plantea ciertas preguntas sobre la disciplina y los sacrificios que algunos artistas pueden hacer para llegar alcanzar lo más parecido a la perfección.
Aunque al margen de los breves instantes de ‘Homecoming’ en los que Beyoncé se muestra un pelín más vulnerable de lo que se suele ver, la película sirve para recordarnos que su concierto en Coachella fue de los que hacen historia. Aunque pierde un poco de fuelle al final, y no se puede decir que ni la presencia de Kelly Rowland y Michelle Williams por un lado ni la de Solange por otro sirvan de mucho, la actuación es un bombazo tras otro en el que cabe destacar las épicas coreografías de ‘Formation’ y ‘Bow Down’, la euforia colectiva de ‘Drunk in Love’, la alegría máxima de ‘Mi gente’, la escalera humana de ‘Partition’ o la actuación completa de ‘Sorry’ que termina con el cántico “cómeme las pelotas”. Incluso el visionado de ‘Homecoming’ sirve para redescubrir canciones que parecían olvidadas como el baladón ‘I Care’. Y aunque he de reconocer que no siempre puedo identificar si Beyoncé está haciendo playback o no (hay momentos en que lo parece, pero puede que sea cosa mía), ‘Homecoming’ aprueba con nota también porque, su edición, que alterna imágenes de las dos actuaciones de Beyoncé en Coachella, además de las mencionadas imágenes de los ensayos, no distrae en absoluto de la magia del concierto sino que le suma. ¿Para qué haber ido pudiéndolo ver así?



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