Madonna ha estrenado ‘Love Sensation’, el tercer avance de ‘Confessions II’, a la vez que ha protagonizado una concurrida presentación del disco en el Times Square de Nueva York con Grindr como marca colaboradora.
La peculiaridad del lanzamiento es que es un bonus track de la edición deluxe de ‘Confessions II’, que contiene 16 temas en lugar de 12. Sin embargo, es el único bonus insertado en medio del tracklist y no al final, por lo que desde el principio parecía tener estatus de posible single.
‘Love Sensation’ deja esa rara «sensation» de saber mejor que un bonus, pero no de ser tan bueno, en principio, como los dos singles anteriores. Alguna melodía demasiado parecida, demasiado pronto, a la de ‘Bring Your Love‘, resta impacto a la canción.
Sin embargo, la composición melódica de ‘Love Sensation’, en todo su esplendor disco, sí es mejor, más elegante y pegadiza, de lo que probablemente sugiere la producción nu-disco tirando a genérica de Stuart Price, que, al final, se parece poco al ‘Love Sensation’ (1980) de Loreatta Holloway, y más a revisiones dosmileras como ‘Lady’ de Modjo, de parecidas texturas instrumentales.
‘Love Sensation’ habla de un amor que va más allá de lo romántico y aporta seguridad y confianza. La ambigüedad de la letra parece apuntar tanto a una persona («when you’re here with me, there’s nothing that we cannot do»), como a un sentimiento de fe («Whenever I doubt you / I have a premonition / And I can see clearly / Where I should be»). El puente -la mejor parte de la canción- incluye una referencia psicodélica, siendo el amor esa «droga» que lleva a Madonna «a lo alto del cielo».
Taylor Swift, además de ultimar los detalles de su boda, aparentemente de cara al próximo 3 de julio, tiene nueva música. La cantante acaba de lanzar el tema principal de la banda sonora de ‘Toy Story 5’.
La película se estrena en cines el próximo 19 de junio, pero es este viernes 5 de junio cuando se publica el tema que ha escrito Taylor, que recibe el nombre de ‘I Knew It, I Knew You’.
‘I Knew It, I Knew You’ marca el regreso de Taylor Swift al country tras su periplo pop de más de una década. Acompañada de su gran aliado, Jack Antonoff, Swift construye una contenta canción sobre reencontrarse con alguien después de mucho tiempo, lo cual tiene sentido por ‘Toy Story 5’ pero también por su regreso a sus raíces americanas.
La paleta instrumental de ‘I Knew It, I Knew You’ incluye armónicas y banjos, también guitarras acústicas y eléctricas, y la melodía es feliz y reconfortante. Musicalmente, Taylor no propone una evolución radical de sus raíces, pero sí natural.
La mejor noticia es que Swift no cuela una cara b, sino una canción bastante sólida, con cara y ojos, que probablemente sirva a la cantante como apuesta para los Oscar. Sin ser uno de sus singles más contundentes, tiene todo el sentido en su carrera, y vista dentro del contexto de ‘Toy Story 5’ -una película infantil- es mejor de lo esperado.
La cantante ha escrito en Instagram que está muy emocionada por este tema: «siempre he soñado con escribir para estos personajes que siempre he adorado desde que era una niña de 5 años y vi la primera película de ‘Toy Story’. Me enamoré enseguida de ‘Toy Story 5’ y tuve la suerte de conocerla desde los albores de su creación. Escribí el tema en cuanto llegué a casa de ver la película. A veces simplemente lo sabes».
La historia de que Madonna llegó a Nueva York con 35 dólares en el bolsillo ha sido contada, quizá exagerada, demasiadas veces. Pero la elección de su ciudad de adopción para presentar las canciones de ‘Confessions II’ está llena de simbología, pues también fue la ciudad de Stonewall, donde comenzó la lucha de los derechos LGTBIQ+ -como cada Pride Month hay que recordar-, y donde también la pandemia del sida se llevó la vida de demasiada gente.
«Toda la gente que conocía se había muerto, así que me mudé a Los Ángeles» es algo que Madonna llegó a decir en cierta ocasión, solo para después volver y escribir ‘I Love New York’ para ‘Confessions On a Dance Floor’, asqueada de la vida hollywoodiense.
Todo esto ha cobrado nuevo sentido en la performance que Madonna ha ideado para Times Square, patrocinada por Grindr, o al revés. En la forma se nota que ha elegido el mismo equipo que desarrolló ‘Brat’ y ‘Lux’: Special Offer han cogido de la primera la misma performance callejera, y de la segunda las carreras que se han pegado los bailarines, en la línea de lo visto con Rosalía en la Gran Vía de Madrid. En el contenido, todos los campos semánticos eran una referencia a Madonna.
‘Confessions II’ es una celebración de la pista de baile como refugio y así, ha hilvanado 3 canciones de la primera parte con 3 canciones nuevas. ‘I Feel So Free‘ como la perfecta introducción en la era; ‘Bring Your Love‘ en un remix sin Sabrina Carpenter que hace replantear su gusto por los featurings; y una ‘Love Sensation’ un tanto genérica pero muy disfrutona, todas ellas adornadas con fondos amarillos, rosas y violetas, en sintonía con las 592 variantes del disco que se están vendiendo.
Después, 3 clásicos de ‘Confessions I’: ‘Get Together’, ‘I Love New York’ con referencia a la represión policial, y finalmente ‘Hung Up’. 3 canciones que Madonna ha rechazado honrar durante 20 años, obsesionada siempre con reinventarse a sí misma.
Lo curioso es que hay algo de novedad en esta era revivalista: son emocionantes sus guiños en pantallas a amigos que fallecieron son sida, nos suenan de algo sus guiños políticos (faltó ‘Sorry’), sí. Pero los momentos que pelearán por ser icónicos de este show en Times Square no han sido ni ‘Hung Up’ ni ‘Get Together’, sino esa recreación de la portada del disco actual en el momento de salida, con un velo. Y sobre todo ese instante en que le han colocado un altavoz en el coño durante el remix de ‘Bring Your Love’. Eso no era ‘Confessions I’: es la Madonna de 2026. La Madonna excesiva que se cuelga de una gran altura frente a un eye rolling colectivo, siempre coqueteando con la idea de morir en el escenario. Qué menos si te llamaron la reina del pop durante 40 años.
Por eso, incluso en sus momentos más débiles, el show ha resultado icónico. Obviando el momento flashmob, porque nunca le pegó tal horterada, Stuart Price recogiendo velos y complementos, y guardándolos a conciencia en una cajonera en plan «a nosotros no nos vuelven a robar la ropa como en Coachella», es ese detalle que evita que esto sea simplemente un ejercicio de nostalgia. Ese que te hace preguntarte excitado qué será lo siguiente que ocurrirá con Madonna.
Tras cuatro años de espera, Los Punsetes anuncian su regreso con ‘Una persona triste’, primer single de un nuevo álbum producido junto a Paco Loco. La nota de prensa define la canción como “un punto y aparte trágicamente sosegado para una carrera de cinismo y mordacidad sin tregua” y habla de “la huida hacia delante de alguien derrotado por la vida”.
La letra retrata a un personaje atrapado entre la resignación y el fracaso cotidiano, mientras la banda despliega uno de esos desarrollos imprevisibles marca de la casa, entre órganos surf y afilados riffs de thrash metal que se «amontonan en una bola de nieve».
El estribillo es automáticamente uno de los mejores de su carrera. “Hay un camino que lleva a una pendiente muy potente” y después la repetición de «y evidencia que estás hecho de deshechos / hecho de desechos» construyen un tema con madera de himno instantáneo… como los mejores estribillos de Carolina Durante. Una comparación que cobra sentido ahora que la banda de Diego Ibáñez vuelve a ejercer de telonera de Los Punsetes, cerrando el círculo: Carolina Durante empezó precisamente abriendo para ellos.
En la música de Kurt Vile hay una permanente sensación de espontaneidad, como si se negase a que sus canciones fueran espacios cerrados y quisiera que estas fluyeran y encontraran sus fronteras por sí mismas. Ese gusto por la expansión se traduce en un efecto relajado que invita a dejar a un lado el frenesí del día a día y dejarse llevar por los paisajes crepusculares que dibuja su guitarra.
‘Philadelphia’s been good to me’, su décimo álbum en solitario, es otro bienvenido añadido al canon Kurt Vile, con pedales hipnóticos y guitarras cálidas que forman un universo tan reconocible como acogedor. En esta ocasión, el cantautor rinde homenaje a su Filadelfia natal, un lugar sobre el que han cantado dos de sus mayores ídolos, Neil Young y Bruce Springsteen. A diferencia de él, ninguno de ellos es de allí, y Vile bromea sobre esto en ‘You don’t know cuz it’s my life’, guiñándoles el ojo diciéndoles que no saben de lo que hablan, pero que los quiere igualmente.
Un sentimiento doméstico recorre todo el disco, que nos lleva por carreteras para él familiares como Lincoln Drive, por la que pasa casi a diario y que menciona en ‘Zoom 97’. La canción no solamente retrata el hogar desde la geografía, sino también desde las personas que lo construyen. El amor fraternal está presente en una letra que llega a la conclusión de que “el amor verdadero es la droga más pura”.
Aunque hay algo en la música de Kurt Vile que es difícil separar de los estupefacientes. No de manera de literal, sino por esa voluntad viajera y psicodélica intrínseca a su estilo. En ‘Philadelphia’s been good to me’ sigue habiendo mucho de esto, de instrumentos que se enredan en bucles que no parecen tener fin (ni falta que les hace). En ‘99th song’ aprovecha los últimos momentos de su pedal red looper “antes de que el software explote” en una jam de diez minutos que, como la propia letra indica, se mueve lento, sin grandes cambios. Y es que las prisas no son algo compatible con el cantautor de Filadelfia, que disfruta de aventurarse en melodías que no buscan dirigirse a ningún lugar en particular, como la instrumental ‘Red Room Dub’, en la que su guitarra eléctrica se enrosca creando una atmósfera calurosa y nostálgica hasta perderse finalmente en un fade out.
Así de escurridizas son las canciones de este nuevo trabajo, que por muy estructuradas que puedan estar, siempre suenan como si estuvieran huyendo de ser percibidas como un mundo cerrado. Son organismos con vida propia, diseñados para perderse en los recovecos de sus acordes oníricos. A veces, logran ser emocionantes, como ‘Every time I look at you’, una carta de amor a su hija en la que narra el privilegio de verla crecer. Otras, levantan el ánimo, como ‘Chance to Bleed’, una oda al rock and roll cuyo guitarreo sucio transporta a un bar de carretera.
En cualquiera de los casos, Kurt Vile defiende estas composiciones con oficio, transmitiendo en sus melodías su lado más sentimental y maduro. A estas alturas, no se trata de sorprender a nadie, sino de hacer que los de siempre se queden. Y ‘Philadelphia’s been good to me’ construye un hogar conocido que no hará que ningún fan le dé la espalda.
Los conciertos de Primavera a la Ciutat dibujan un panorama tan apetecible como los del Fòrum. Apetecible y también inabarcable: aquí toca también escoger y dolerse de los solapes.
Mi ruta se inicia el lunes en Paral·lel 62, con Alasdair Roberts y Current 93, popes del neo-folk. Alasdair es un cantautor folk escocés de la vieja escuela británica, a la manera de Shirley Collins. Solo a la guitarra desnuda, alto y flaco, instalado en un rincón del escenario, sin apenas moverse, ofrece un concierto denso y pastoral. Como un juglar medieval, usa su voz fina, pero intensa y expresiva, para entonar canciones tradicionales, de las cuales no nos llega del todo la letra, pero si el sentimiento. Y para el final, nos regala dos canciones más animadas, como de taberna. Árido, pero hermoso.
El concierto de Current 93 se abre con proyecciones y música inquietantes que maneja una sola persona: ahora una casa de campo abandonada, ahora el extrarradio de una ciudad, acompañadas de música ambient. Poco a poco, las imágenes son más abstractas e inquietantes, la música más industrial. Llevamos unos buenos minutos así, la banda no sale, el público comienza a rebullirse. Media hora después, aparece una segunda persona y empieza a sonar… ¡’Rivers of Babylon’ de Boney M! Ahí ya nos miramos con incredulidad. ¿Seremos víctimas de una tomadura de pelo? Pues no: luego nos enteramos de que la primera parte es una película del artista visual Davide Pepe y que el que pinchó a Boney M era un miembro de Nurse with Wound, que acompaña a Current 93 en esta gira.
Christian Bertrand
Porque tras estos 40 minutos de proyecciones, cuando salta al escenario David Tibet, líder de Current 93, el ambiente cambia. Acompañado de violín, piano, hasta gaita y sin batería, Tibet ofrece un gran recital, carismático y entregado a la narrativa inquietante, con su expresiva voz rasposa de duende maligno, que a veces se afina hasta darle una tesitura femenina. Ora se acercan al pop psicodélico de Love, ora a las murder balads. Es capaz de darle tono de fiesta al grito de “Death!” en ‘This Carnival Is Dead and Gone’. O que los pajaritos que se oyen en ‘Bright Dead Star’ acaben pareciendo inquietantes.
Current 93 nos quieren ofrecer algo primigenio, pero con un voluntad expansiva. Hay baladas pastorales inglesas chungas a base de flautas en ‘Mary Waits In Silence’ y también se acercan al techno duro si es menester. Hay calma tensa pero también momentos para el arrobamiento, como en el sentido ‘Imperium V’. Y como para reírse un poco de su propia trascendencia, de su imagen de gurú, Tibet va de lino blanco y lleva una camiseta de… ¡Minnie Mouse! Un recital trascendente, intenso y también tremendamente entretenido.
El martes hice vía a la 2 de Apolo. El plato fuerte eran Cardiacs, pero abrió la jornada una propuesta tan diferente a la de los británicos como Faten Kanaan. De la jordana hay muy poca información en internet: solo su música, paisajista, ambiental, en las plataformas. Recuerda a Suzanne Ciani, por lo aplicada que se la ve tras la mesa, manejando programaciones. Hay ambient y escapismo, bastante sombrío, demasiado ceremonioso, casi eclesiástico. El público está bastante atento, pero la propuesta no deja de ser ardua.
Pero aquí la gente está por Cardiacs. Hay una nutrida representación en la 2 de Apolo de británicos sesentones dándolo todo. Su líder Tim Smith falleció en 2020 y su hermano Jim Smith dirige ahora su particular barco de los locos: Una nutrida banda uniformada reparte sin descanso ni pausa rock animoso, psicodélico, que puede sonar como una mezcla imposible entre They Might Be Giants y Devo a ratos. O dedicarse al rock duro con saxos desquiciados. No ofrecen tregua en sus canciones concatenadas, muy pegadizas y, a la vez, muy poco obvias. Fiestón arriba y abajo del escenario.
Clara Orozco
El miércoles, entre el hype de Geese en Paral·lel 62 y la jornada de inauguración en el Fòrum, sorprende ver el Razzmatazz lleno hasta la bandera para ver a los escoceces Mogwai. Los asistentes somos, ehem, talluditos (40-50 años) y locales en su mayoría. ¿El concierto? Espectacular. Un ejemplo perfecto de comunión entre el grupo y el público. Un puro éxtasis colectivo de postrock, distorsión guitarrera, paisajes, calma y furia. El sonido en Razzmatazz es buenísimo.
Mogwai arrancan calmados y bucólicos con ‘Yes! I AM a Long Way from Home’ de ‘Young Team’, pero van cogiendo carrerilla. Sus distorsiones suenan curiosamente balsámicos. El público empieza a chistar a los que osen hablar. Aquí solo cuenta la música, las luces, y dejarse llevar. El desarrollo del concierto está siendo extrañamente emotivo, incluso ligero. ‘Haunted by a Freak’ suena hasta acogedora. Pero cuando llega ‘Mogwai Fear Satan’, se desarrolla un brutal momento de comunión. Todo está rojo. Nadie habla. Mogwai van bajando, van bajando, volumen y ritmo. Cada vez más calmo. Solo escuchas la respiración de los asistentes y el ruido de los vasos en la barra. Y entonces… ¡el ESTALLIDO! Todo el Razzmatazz ruge como una sola persona. Piel de gallina.
Para rebajar intensidad, ‘Fanzine Made of Flesh’, de su último disco nos hace bailar con su voz vocoderizada. De hecho, el tramo final del concierto es contundente, pero menos denso. ‘Lion Rumpus’ suena hasta a rock distorsionado convencional… hasta que hacen ver que marchan para REGRESAR con ‘My Father my King’: veinte minutazos de viaje hipnótico y ensordecedor, con la batería atronando especialmente. Como estar metida en una centrifugadora sónica. A la salida, un colega bromeaba que, tras esto, ya podía acabar el festival. Hombre, no. Pero va a costar encontrar un concierto tan intenso y extático como este de Mogwai…
Ni un minuto de cortesía. Cuando el reloj marcó las 20h, toda la sala Paral·lel 62 de Barcelona estaba pidiendo a gritos la salida de Geese, evidenciando las tremendas ganas que había del debut de la banda en España. Las entradas, destinadas principalmente para los abonados de Primavera Sound, con excepción de un pequeño cupo abierto al público, volaron. Esto no es el dato a destacar, sino una obviedad. El dato es el amplio abanico de edades que se apreciaba en el recinto, con algunos de los asistentes más mayores incluso quedándose después del concierto con la esperanza de que la banda les firme su vinilo favorito. Es que Geese es para todo el mundo.
‘Husbands’ empezó a sonar a las 20:01. La puesta en escena, elegante. Durante la mayor parte del show, las luces eran mínimas y un aura de misterio envolvía a la banda, excepto en momentos clave en los que todo se iluminaba: el clímax de ‘Islands Of Men’, el momento de éxtasis de ‘Taxes’… En cambio, en los instantes más salvajes, como en ‘2122’, las luces eran dignas de un buen dolor de cabeza. No sé si estas fueron las partes que más disfrutó el público general, pero desde luego la pista estaba predispuesta a todo ello. Se vio con el concurso de volteretas en el foso abierto de ‘Trinidad’, con los vasos con hielos volando al escenario (uno de ellos, a escasos centímetros de impactar contra los pedales de Emily Green), y con algunos de los pogos más brutales que yo haya visto.
Gisela Jane
Después de semejantes niveles de intensidad, la gente claramente necesitaba agua, lo cual provocó uno de los momentos más divertidos del concierto: Cameron Winter hablando español. Este ya había comenzado el set con un “hola”, pero se dejó llevar hacia la mitad del show. “Necesitan agua”, le dijo a su equipo con una pronunciación casi perfecta. “Esta gente necesita agua”, repitió, medio riéndose. El agua llegó. De repente, giro de 180º cuando alguien del público le dice algo (imposible de descifrar desde donde yo estaba) y Winter responde simplemente: “Y tu mamá también”.
Esta actitud bromista es un contraste total con lo que pasa durante las canciones, en las que Cameron parece construir su propio mito con cada interpretación. Es lo que le dijeron a Zane Lowe: “Lo único que nos tomamos en serio es la música”. Hasta el técnico de luces se suma a este cometido, poniéndole bajo el foco en determinados momentos de la velada. En una entrevista con The Guardian en 2024, Winter aseguró que lo que más disfruta del público es la confusión. Que no sepan cómo reaccionar a lo que están viendo. Justo así me sentí yo durante la enorme ‘Long Island City Here I Come’. Es la única canción del set en la que el vocalista toca el piano. Claro, porque se debe hartar en sus conciertos en solitario. Sus dedos son capaces de callar a toda la sala, incluso cuando todavía no están reproduciendo el tema que toca.
Gisela Jane
El desconcierto se plantó desde el principio de la canción, con un micro que no funcionaba bien. Su voz era casi imperceptible encima de la caótica instrumental. Me llegué a preguntar si esto era normal en sus conciertos, ya que ocurrió exactamente lo mismo cuando les vi por primera vez en Suiza, pero no lo es. En aquella ocasión, el público se lo hizo saber. En esta, la pista estaba ocupada haciendo un corro mortal. Spain is different, ¿no?
Cameron se levanta y vuelve al micro principal, que sí funcionaba. Fue una de las poquísimas veces en las que no entendía nada de lo que estaba pasando en un escenario: mientras el público esperaba un pogo que no parecía llegar nunca, volviéndose cada vez más inestable, Winter se dedicó a bailar (o eso creo) como si fuera una serpiente saliendo de una cesta de mimbre. Hasta que dio al público lo que quería: “Here I come”, soltó delicadamente en el micro. Jaleo total.
Al ser mi segundo concierto de la banda, pude fijarme en las sutilidades que uno obvia la primera vez y que demuestran que Geese funciona tan bien porque ningún integrante es reemplazable, ya sea Max Bassin entrando en trance con su kit de batería o Emily construyendo los efectos ambientales con sus pedales como si fuera la primera vez. Aquí radica la grandeza de Geese, justamente: se mueven por el escenario como si fuese la sala de ensayo. Las canciones están vivas y nunca son interpretadas de la misma forma, aparte de ser ya de por sí geniales composiciones. ‘I See Myself’ suena como si hubiese salido en ‘Getting Killed’, ‘Cowboy Nudes’ se convierte en una jam experimental y ‘Half Real’, tranquilita de fábrica, es ralentizada todavía más. Dicho de otra forma: cada concierto es realmente único.
Gisela Jane
Desde la primera nota, el ambiente de la Paral·lel era de celebración. No sé si es porque la banda por fin estaba en España, o por los calores del ambiente, o por las personalidades que se encontraban en el recinto, desde Cala Vento hasta Latin Mafia. Lo que está claro es que ninguno de los que estuvimos ayer en ese concierto vamos a pensar que Geese es una operación psicológica, como tanto se ha dicho de ellos. Un producto que solo es marketing no sería capaz de provocar tantas emociones diferentes en la audiencia, y de forma tan efectiva. ‘Trinidad’, que ayer sonó como salida de Black Sabbath, podría estar a la altura de los incendiarios himnos de los Sex Pistols por cómo zarandeó a los asistentes, literalmente. Por otro lado, el grupo demostró en ‘Cobra’, y especialmente en ‘Au Pays Du Cocaine’, que también son capaces de transmitir la ternura más pura. Tanto, que parece que sean capaces de absolutamente todo. Asunto zanjado. El hype puede estar a la altura de la realidad. Solo tienes que ser Geese.
Marjane Satrapi, autora del enormemente popular cómic ‘Persépolis’ y cineasta, ha fallecido a los 56 años, según recoge la prensa francesa a partir de un comunicado enviado por su familia a la agencia AFP. En él se lee: “Marjane Satrapi falleció de tristeza poco más de un año después del fallecimiento de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida”. Ripa, actor, guionista y productor, murió en abril de 2025.
Satrapi deja una de las obras más influyentes del cómic contemporáneo. ‘Persépolis’ cuenta su infancia en Teherán y el impacto del cambio político en Irán tras el derrocamiento del Sha en 1979 y la llegada de la República Islámica. El cómic fue adaptado al cine en 2007 junto a Vincent Paronnaud, una versión que acabó logrando una histórica nominación al Oscar a mejor película de animación.
Tras años alejada del cómic, Satrapi regresó en 2023 con ‘Mujer. Vida. Libertad‘, un proyecto colectivo con autoras iraníes en el que también participaron nombres como Paco Roca o Joann Sfar -una especie de “brigada internacional” del cómic, como lo definió ella misma-. El libro abordaba las protestas surgidas tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, asesinada por la policía de la moral por llevar mal colocado el velo.
El cartel «Steve Albini’s home» es uno de los primeros elementos visuales que ven los asistentes de Primavera Sound al llegar al Fòrum, este miércoles de jornada inaugural. Es un recibimiento cálido y acogedor: Primavera se siente como casa. Pero el festival subraya también su componente político colgando un cartel de «NO WAR» que mira al mar, con letras recicladas de letreros de «Primavera Sound» anteriores.
El festival, de cartel verdaderamente paritario, sigue comprometido con las causas sociales que lo identifican y este año, por ejemplo, también cuenta con la participación de los manteros de Barcelona, representados por la Cooperativa Popular de Venedors Ambulants de Barcelona, para la creación de la camiseta “Youth Against Fascism”, lema sacado de un tema de Sonic Youth de 1992, indicando que las camisetas han sido «fabricadas por un inmigrante».
La jornada inaugural se ha convertido en un evento muy significativo por sí mismo, sobre todo desde el pelotazo de la actuación de Stella Maris en 2024. El reclamo principal de este año es Wet Leg, como aquel año lo fue Phoenix o el año pasado La Casa Azul, pero los conciertos previos empiezan a atraer público ya desde las seis menos cuarto de la tarde.
Christian Bertrand
Es a esa hora cuando actúa Ouineta, una de las sensaciones actuales del pop catalán. La artista, que conocimos por el hyperpop “bubbly” de ‘DM’s’ y que en su faceta de bailarina acompañó a Rigoberta Bandini en el ‘Ay mamá’ del Benidorm Fest, ha hecho un rebranding enfocado en el pop dosmilero de divas tipo Beyoncé, a la que evocan sus coreografías con bastón de colores y melenazos, pero sin renunciar a cierto humor escénico y poniéndole mucho morro al asunto.
Mejor pop star que rapera, presenta su disco ‘Ouineta Verificada’, lleno de producciones de acabado mainstream como ‘La roda’ o ese ‘Tai Chi’ que seguramente has oído en un anuncio. Temas como el afrobeat hiperdefinido de ‘Buganvilla’ muestran a una artista con buen oído para interpretar el presente, mientras la puesta en escena apuesta por lo absurdo, anunciando en pantalla “dancebreaks” con letras en comic sans, recurriendo a bailarines “furby” o sampleando el ‘Milkshake’ de Kelis. Maria Jaume y Mushka -que, por añadir algo de salseo, es pareja de Ouineta- son las invitadas.
Christian Bertrand
Uno de los mejores grupos renovadores del post-punk en Reino Unido, Yard Act no tienen el potencial masivo de Fontaines D.C., pero su música es una explosiva batidora de influencias que te estalla en la cara cuando menos lo esperas. En 2023 publicaron una obra maestra de ocho minutos, ‘The Trenchcoat Museum’, que no figura en ninguno de sus discos -ni lo hará en el que sale en julio- pero sirve para cerrar su set en el Primavera creando una atmósfera vertiginosa y arrolladora.
La intensidad del show es tal que el líder James Smith termina rojo como un tomate sobre el escenario, algo que quizá no vaticina la introducción de saxofón mediante, pero a la que por supuesto llevan las guitarras efectivamente excitantes de ‘Thrill of the Chase’ o esa ‘You’re Gonna Need a Little Music’ aún inédita. Encantado de ver nuestras “hermosas caras”, James es el típico frontman que parece poseído por la música, y el resto de la banda construye un set de post-punk muy bien engrasado, con tendencia al tempo acelerado, por momentos pareciendo unos Franz Ferdinand desbocados.
Christian Bertrand
Dice un amigo que entre los shows de Yard Act y Guitarricadelafuente se da un reemplazo entre público británico y catalán (por cierto, se oye mucho catalán en la jornada inaugural; se nota que el Fòrum no recibe aún a las hordas de asistentes internacionales hasta hoy jueves; algunos, por cierto, llegan a mi humilde barrio).
La gira de ‘Spanish Leather’ continúa y, un año después de su estreno en el Poble Espanyol, vuelve a Barcelona con tema nuevo (‘Calypso’) y algunos de los cambios vistos ya recientemente en Murcia y otros festivales. Guitarricadelafuente, que acaba de reunirse con Blood Orange, sigue entregado a la voluptuosidad, posando con pies de micros o tirándose literalmente al barro, ya que una parcela del escenario se ha llenado de barro para que Álvaro se ensucie piernas y brazos. Después vuelve con cambio de vestuario, incluyendo unos tirantes deportivos que transparentan su pecho.
La cámara enfoca gemelos y trasero de manera muy estratégica, y todo el show, como ya hemos comentado, está construido en torno a la sensualidad de Guitarricadelafuente. El gran escenario de Primavera, además, permite mayor despliegue escénico: un par de anillas de gimnasia cuelgan desde el techo para el lucimiento de dos bailarines; después, otros dos bailarines protagonizan una extraña -no sé si muy bien acogida- pelea de barro. Por supuesto, Guitarricadelafuente actúa encima de un potro, y el final de ‘Tramontana’ luce una chaqueta tipo militar/escénica que personalmente no había visto y que subraya el barroquismo de la canción.
Transitando del stomper neo-folk de ‘Futuros amantes’ a la emoción desnuda de ‘Conticinio’, Guitarricadelafuente ha conseguido que el público coree «tu culo en la Barceloneta es folclore», y como él también es folclore, no duda en bajar a la pista en un punto del concierto, atravesando varias filas de gente. El momento curioso del show lo protagoniza la “llamada” de “BG”, es decir, Bad Gyal, que interviene por videollamada para apoyar a Guitarricadelafuente y saludar al público, antes de su pase de hoy.
Christian Bertrand
La gran baza internacional de la jornada “gratis” de Primavera Sound la ha protagonizado Wet Leg con su rock furioso pero divertidísimo, representado por los estribillazos coreados por cientos de personas de ‘catch these fists’ o la enorme ‘wet dream’, y encarnado en la propia líder del grupo, Rhian Teasdale, que, como intentando competir con Guitarrica, también presume de bíceps y lleva unas bragas de cuero sobre sus mini shorts, pareciendo una especie de luchadora libre punk.
Rhian es, lógicamente, la cara más visible de Wet Leg gracias a su carisma natural, magnética presencia escénica y una voz entre el susurro y lo autoritario, pero quizá más destacable es la manera en que sus canciones llenan el gran espacio escénico, sonando igual de vastas que bailables y afiladas; alternando de la épica de ‘chaise longue’ a la ternura de ‘u and met at home’, al fin y al cabo una canción de amor. A mi lado, un grupo de amigas gritando todos los estribillos simbolizan el alcance de este grupo.
Hacia el ecuador del show, Wet Leg pide ayuda al público para gritar: es al final de ‘ur mum’ cuando Rhian nos pide que gritemos con todas nuestras fuerzas, y de repente deja de sonar la música para dejar espacio al griterío ensordecedor del público. Hablando de estribillos coreados por el público, el “get lost forever” de ‘mangetout’ sirve de colofón para una noche que nos invita a abandonar amablemente el recinto, poniendo ‘Careless Whisper’ de George Michael a todo trapo.
¿Qué han estado haciendo los chicos de ‘Euphoria’ después del instituto? Con esa pregunta arranca la tercera temporada de la serie más exitosa de HBO. Rue/Zendaya responde: “Nothing good”. Lo que sigue es la ilustración de ese “nada bueno”. El rumbo que han tomado sus vidas no podría ser más coherente desde un punto de vista dramático: Rue trafica con drogas, Cassie se dedica al porno, Nate se mueve en negocios turbios y Jules pinta y ejerce de sugar baby.
Quienes acusan a Sam Levinson de haber dado un volantazo absurdo parecen olvidar la deriva que ya había tomado la segunda temporada. El director pone las cartas sobre la mesa desde el primer episodio: cuando Rue salta la valla fronteriza de la forma en que lo hace; cuando vemos en un televisor, a modo de premonición, una escena de enterramiento hasta el cuello propia de los spaghetti westerns y del cine grindhouse (las referencias a ‘The Candy Snatchers’ son constantes); o cuando irrumpen los primeros compases de la nueva banda sonora compuesta por Hans Zimmer sobre las espectaculares imágenes rodadas en 35 mm y 65 mm con la nueva emulsión Kodak Verita 200D (es una serie que habría que ver en cine, por lo menos el impresionante último episodio).
Y es que, por mucho que les pese a los fans más inmovilistas, ‘Euphoria’ ya no es aquel melodrama adolescente, estilizado y existencialista de sus inicios. Esto no es ‘Al salir de clase’, donde actores con problemas de próstata y plan de pensiones seguían interpretando a colegiales. Como ya sugería el cartel promocional, la serie se ha transformado en otra cosa: una gozosa e hiperbólica sátira de ecos tarantinianos, a medio camino entre el thriller criminal y el neo-western, poblada por narcotraficantes, proxenetas, mafiosos, neonazis y prostitutas como Rosalía, con collarín falso y retórica de la Veneno: “¿Qué haaablas? ¿Hood rat de qué, peazo puta?”.
Por mucho que haya cambiado de tono y de registro, la tercera temporada de ‘Euphoria’ conserva las mismas fortalezas y debilidades que las anteriores. Levinson sigue siendo mucho mejor director que guionista. Las tramas acumulan más hilos sueltos que el videoclip de ‘The Cure’ de Olivia Rodrigo. Al creador le cuesta equilibrar el peso de personajes y subtramas, y la profundidad de su discurso es menor de lo que él mismo parece creer.
Por el contrario, su dominio de la puesta en escena y su inventiva visual resultan portentosos. Pocos creadores televisivos contemporáneos poseen una capacidad semejante para construir imágenes memorables, combinar referencias cinematográficas de todo tipo (del misticismo de Malick a la serie B tipo ‘El ataque de la mujer de 50 pies’) y convertir cada episodio en una experiencia visual tan exuberante como imprevisible. Incluso cuando el relato se tambalea, la serie sigue avanzando impulsada por una energía estética apabullante.
En un ecosistema audiovisual cada vez más dominado por los algoritmos, las franquicias y los productos diseñados para contentar a todo el mundo, series tan personales, excesivas y visualmente ambiciosas como ‘Euphoria’ siempre se echan de menos cuando desaparecen.
Todos los que amamos ‘Essex Honey‘ el año pasado sabíamos que el concierto de Blood Orange en el Primavera Sound iba a ser especial, sobre todo si conseguíamos verlo en sala, ya que Dev Hynes era uno de los artistas confirmados en la programación paralela de Primavera a la Ciutat y no actuaba en Barcelona desde 2019. Además, el material de ‘Essex Honey’ es particularmente íntimo y biográfico, y presenciarlo en vivo -y no es un listening party– en un recinto más acogedor que la vastedad del Fòrum prometía ser una experiencia diferente.
Y así fue. El Paral·lel 62 recibió este martes a Dev Hynes dos días antes de su presentación en el Fòrum, el 4 de junio, y la sinergia entre artista y público fue evidente. Tanto, que el propio Hynes expresó su emoción por el calor de la audiencia y afirmó que tocar allí «es una bendición» y que su reacción es un «gran reafirmación» de por qué ama su profesión.
Sus palabras no llegaron hasta después de interpretar la popular ‘You’re Not Good Enough‘, ya pasado el ecuador del concierto, pero casi no hizo falta escucharlas para percibirlo. La presencia de Hynes es hipnótica. Y eso que, pasando de la guitarra a los teclados y caminando de una punta a otra del escenario, apenas está fijo en una posición: cuesta incluso grabar un vídeo o hacer una foto decente.
Armado con sus reconocibles cascos, Hynes apareció en escena completamente solo, cargando un violonchelo eléctrico, para marcarse una versión de ‘How Soon Is Now?’ de los Smiths. Un inicio extraño, pero cuando entró su banda en escena -que incluye a Tariq Al-Sabir tocando varios instrumentos, además de los coros de Ian Isiah y Eva Tolkin- todo empezó a cuajar. Las melodías cargadas de melancolía de ‘Look at You’ o ‘Somewhere in Between’ marcaron el arranque del concierto antes de que ‘Jesus Freak Lighter’ aportara texturas más eléctricas y cercanas al indie rock, en un espectáculo donde guitarras, teclados, batería, backing tracks y samples sonaron con el mismo buen gusto que en las grabaciones.
Y, fiel a la filosofía de Blood Orange, el repertorio transitó con fluidez entre géneros: de la música disco de ‘Uncle ACE’ a los ritmos tropicales de ‘Best to You’ y la nana hipnótica de ‘Mind Loaded‘ -donde me pareció escuchar la voz pregrabada de Caroline Polachek de fondo-, siempre transmitiendo esa sensación de creación profundamente autoral e irrepetible, y de sofisticación neoyorquina a pesar de que Hynes es británico.
Quizá mi momento favorito fue el muro de sonido de teclados y guitarras que construyeron Blood Orange y su banda en ‘Charcoal Baby‘, donde daba la sensación de que el concierto alcanzaba su punto de ebullición tanto en lo instrumental como en lo emocional. Aunque estoy seguro de que muchas canciones habrían ganado enteros con más instrumentos sobre el escenario -‘Essex Honey’ es muy rico en matices instrumentales- y menos elementos pregrabados, los instrumentos sonaron impecables y los coros de Ian Isiah y Eva Tolkin tuvieron varios momentos de protagonismo.
El cierre con ‘The Field‘ resultó idóneo para recordar qué disco viene a presentar Blood Orange. Sin embargo, resulta llamativo que el repertorio de ‘Essex Honey’ no llegara ni a ocupar la mitad del set: contando la versión de los Smiths que abrió el concierto, hubo más temas antiguos que nuevos. Si eché algo en falta fue precisamente una mayor presencia de las canciones de ‘Essex Honey’, aunque también es comprensible que, después de siete años sin actuar en Barcelona, Hynes optara por equilibrar el repertorio entre su nuevo trabajo y los temas más queridos de su trayectoria.
Bad Bunny ha escuchado al pueblo y ha abierto las puertas de La Casita de su Debí Tirar Más Fotos Tour a perfiles de público y cuerpos más diversos de los que se habían apreciado durante sus dos primeros conciertos en Madrid, al menos según los primeros vídeos que han empezado a circular por redes y que muestran a personas de todo tipo saliendo de las primeras filas para ser colocadas debajo del porche de la famosa casita rosa, típicamente puertorriqueña, que preside el centro del escenario.
Las críticas a La Casita de Bad Bunny denunciaban la aparente exclusividad del espacio para influencers con considerable capital económico, a pesar de que La Casita, simbólicamente, representa la vida cotidiana puertorriqueña y la idea de comunidad y pertenencia frente a la desigualdad y la gentrificación. Es decir, tenía un sentido para todos los públicos, pero parecía que era accesible solo para los más afortunados.
Una persona incluso había aprovechado para denunciar el problema de la vivienda colgando un anuncio en Idealista con una imagen de la casa de Bad Bunny para señalar quiénes pueden permitirse comprar una vivienda en la actualidad -los influencers que han solido ser invitados- y quiénes no.
Otro vídeo en X muestra a más gente del público siendo colocada en la casita. “Parece que las críticas sobre el proceso de selección de fans para La Casita han tenido efecto”, escribe Juan La Mattina. “Es lo que debería haber sido desde un principio, que cualquier fan tuviese la oportunidad de estar allí. Rectificar es de sabios”.
The Avalanches vuelven a juntarse con Jamie xx en el segundo adelanto de su próximo álbum, que todavía no ha sido anunciado. Sin embargo, el concepto está quedando cada vez más claro. Tras el excelente adelanto de ‘Together’, The Avalanches nos llevan a la pista de baile más veraniega con ‘Every Single Weekend’. Es la Canción del Día.
Tanto en el primero como en este single, el grupo australiano ha incluido samples de anuncios vintage. Si en ‘Together’ se trataba de un comercial de Toshiba, en ‘Every Single Weekend’ está incluido un breve fragmento de lo que parece ser un anuncio de alguna bebida. En el videoclip, esto se muestra con una marca inventada llamada ‘El Dorado’.
El tema en sí no es tan rompedor como su predecesor, pero podría llegar a mucha más gente por lo bailongo que es. En la letra, aparecen referencias al «sistema» y al «coste de vivir». The Avalanches han explicado que la temática central de la canción es el disfrute: «Su álbum ‘In Colour’ reavivó nuestra pasión por el sampling, y esta canción va totalmente sobre dejarse llevar, olvidarse de la rutina de 9-5 y disfrutar cada fin de semana».
The Avalanches y Jamie xx ya colaboraron en la canción ‘All You Children’, del disco ‘In Waves’, con gran éxito. Sin embargo, cabe recordar que en ese mismo disco ya existía una versión temprana de ‘Every Single Weekend’ que actuaba a modo de interludio y que también estaba coproducida por The Avalanches.
Recientemente Estación Podcast invitó a ALGO CAMBIÓ… el podcast de Fundación SGAE con JENESAISPOP a realizar un podcast en directo en Madrid. El tema que escogimos fueron los campamentos de composición, para el que contamos con dos invitadas de lujo. En primer lugar, Irenegarry, que aparte de contar con su carrera en solitario con hitazos como ‘Dime que me calle’, ha colaborado con artistas como Dinamarca y Amaia (es co-autora de ‘M.A.P.S.’ y ‘Nanai’, entre otras). Y en segundo María Baena que, desde Sony, trabaja en el campamento de composición FOLLOW THE SONG, que junto a Fundación SGAE organizan en Primavera Sound. Ya podéis disfrutar de este podcast en Youtube, en Spotify, ivoox y las plataformas habituales. Al menos nosotros hemos aprendido un montón.
En los primeros minutos, recordamos un estudio profundo del origen de los campamentos de composición titulado «Las factorías de canciones han cerrado«. Lo realizaron tres expertos británicos y alemanes llamados Jan-Peter Herbst, Michael Ahlers y Simon Barber, hablando de precedentes como Tin Pan Alley, Brill Building, la Motown o el castillo alquilado en Francia durante los 90 por Miles Copeland, mánager de The Police y fundador de I.R.S. No obstante, se sitúa ‘Rated R’ de Rihanna como el origen de lo que son los «camps» en la actualidad.
Irenegarry nos habla de la funcionalidad de los campamentos, en los que varios artistas pueden llegar a convivir durante una semana: «Es una convivencia en la que se desarrollan, se empiezan o se terminan canciones. Se pueden usar para diferentes proyectos. Por ejemplo, para empezar discos. En la cena hay ideas, en los desayunos hay ideas. Mientras uno se está duchando, otro tiene ideas. No sueltas el proceso durante una semana y eso genera una simbiosis».
En otro momento habla de la diferencia entre componer para sí misma y componer para otras personas. En estos casos agradece unos días o unas conversaciones previas a modo de calentamiento: «Con Amaia, Jimena Amarillo o AMORE, ya sé qué parte de mi «craft» les interesa. Me interesa qué quiere la otra persona, qué inquietudes tiene, cómo es su vida. Si vamos a hacer ‘M.A.P.S.’ yo tengo que saber cómo se lleva Amaia con su madre. No son cosas que se puedan escribir sin el conocimiento. Se tienen que escribir desde la confianza, y eso no se puede conseguir en una sola sesión. A lo mejor surge cuando llevas varios días, cuando te has lavado los dientes (juntas), cuando nos hemos echado un vino por la noche. De repente el cuarto día te pones y dices «mi madre me dice que tal», «mi madre se raya», «jiji, jaja» y te sientas al piano y tienes una idea de puta madre que no habrías tenido el primer día».
María Baena nos cuenta anécdotas de campamentos de composición donde han estado Bomba Estéreo, o cómo fue el trabajo de Clean Bandit con Belén Aguilera. También de los temas «que no van a ningún lado» o del perfil de autores que suelen acudir a campos.
«Para componer en un camp hay que valer. No todos los artistas están abiertos. A veces en 5 horas no hay química. También hay resquemores de quién ha hecho más, quién ha hecho menos. Que haya un equipo detrás organizando todo, negociando los splits es positivo», indica la responsable de Sony. Eso sí, recuerda que «el último gran hit de Rels B salió de un camp».
Respecto a los porcentajes, Irenegarry es muy directa: «Me gusta meterme en sesiones donde sé que puedo negociar de manera honesta sin un boli en la mano. Porque a veces puede ser muy difícil: «Esta melodía es tuya, pero yo he hecho un cambio en la métrica que es lo que nos ha funcionado, pero es que la estrofa era toda tuya…». Baena añade: «Lo ideal es tenerlo prenegociado, un 30% cada uno. Si luego es muy patente que una persona no ha aportado tanto, lo mejor es decirlo en la misma sesión: «¡oye, que te has tocado los huevos!». Igual hay que decir a un mánager «llama al mánager del otro y negocia»».
Finalmente tratamos temas como la homogeneización, algo que Irenegarry reconoce que le preocupa, en contraposición a los campamentos de composición como forma de corregir tics y vicios habituales. Irenegarry bromea con lo que ella llama «sicario music»: «Es hacer un tema que no te gusta, pero que tienes que hacer. Un tema que en la vida cantaría porque son cosas que nunca diría, pero sé que es mi curro y lo tengo que hacer, estoy ahí y voy con todo, y puedo hacerlo muy rápido. La presión me viene bien. Hago varias opciones para el verso, varias para el estribillo… puedes hacer muchas cosas muy rápido. Muchas veces componer con prisa hace que salgan cosas muy interesantes y que te dejes de tonterías. No sé si es lo ideal. Depende de lo que estés buscando».
No entraba en mis previsiones para 2026 que Boards of Canada fueran a protagonizar el lanzamiento discográfico más polarizante a la par que peculiar del año. Un día suenan en los créditos de la película ‘Backrooms‘, al otro se los apropia la Casa Blanca con fines propagandísticos, para disgusto del dúo escocés. Lo más llamativo es que la reacción a su nuevo disco no puede estar más dividida entre las notazas de los medios y la decepción online.
Por supuesto, muchos otros fans de Boards of Canada están encantados con el lanzamiento y ya lo proclaman su mejor disco y un 10 sobre 10. Pocos medios generalistas, como The Guardian, se han atrevido a suspenderlo. Esto dice mucho del medio británico, que no ha sucumbido ni al sesgo retrospectivo (no porque el disco haya tardado 13 años en salir tiene que ser una obra maestra), ni mucho menos al fan service, del cual ‘Inferno’ va sobrado.
De qué va exactamente ‘Inferno’ es algo que los hermanos escoceses Mike Sandison y Marcus Eoin no se han molestado en explicar. Han preferido dejar que medios y fans elaboren teorías sobre una supuesta exploración de las religiones, la espiritualidad y lo oculto, atravesada conceptualmente por el ‘Infierno’ de Dante y supuestamente conectada con el sentir actual sobre el devenir espiritual de las sociedades modernas.
A decir verdad, Boards of Canada no lo ponen terriblemente difícil, ya que la combinación de instrumentales ambient y electrónicos en ‘Inferno’, junto con la integración de samples, no tiene mayor misterio que el propio origen de esos fragmentos. El desarrollo de las canciones puede resultar, además, bastante previsible. Los samples, eso sí, que van desde la comunidad religiosa Children of God hasta una mujer hablando de embriones de pollo, pueden ser realmente extraños e insólitos, y los fans de Boards of Canada no dejan de rastrearlos y desentrañar su origen, como auténticos detectives del downtempo noventero.
El conjunto no es tan “infernal”, sino que de hecho resulta bastante amable, aunque funciona como reverso oscuro de la pastoralidad de ‘The Campfire Headphase’ (2005). Y hay que decir que Boards of Canada alcanzan momentos realmente bellos a lo largo de esta exploración del infierno, siempre sonando a sí mismos en el sentido más nostálgico de la palabra. El inicio con ‘Prophecy at 1420 MHz’, entre el trip-hop oscuro y cuerdas de Oriente Medio, es tenso e intrigante, y aunque ‘Father and Son’ es uno de los temas más denostados, presenta un rico diseño sonoro en las programaciones. El sample vocal resulta bastante «annoying» y cansino al final, pero se percibe cierta intención.
Hay destellos de los Boards of Canada más “hauntológicos” en el bello sample de Hari Krishna en ‘Naraka’, en la combinación de ambient cósmico y voz de televangelista de ‘Age of Capricorn’, o en la atmósfera de recuerdos distantes de ‘The Process’, que sin duda ayudan a construir este world-building de 70 minutos. Quizá la incorporación más notable a su sonido sean las guitarras de corte post-punk y gótico que asoman en pistas como ‘Into the Magic Land’, sonando siempre envolventes.
Donde ‘Inferno’ no termina de dar en el clavo es en ofrecer una experiencia verdaderamente inmersiva, al nivel de, por ejemplo, la obra maestra de Biosphere. Ya no es solo que las programaciones rítmicas suenen atrapadas en otra época o que la combinación de samples e instrumentales sea superficial y tan previsible como ese sonido de máquinas hospitalarias en ‘Memory Death’, sino que muchos de los desarrollos instrumentales resultan tremendamente planos.
Es el caso, por ejemplo, de ‘Into the Magical Land’, aunque se puede decir lo mismo de la lánguida ‘Hydrogen Helium Lithium Leviathan’ al principio del disco y del pastiche new age de ‘Arena Americanada’ al final: composiciones cargadas de detalle instrumental, pero que transitan con desarrollos exánimes y sin tensión. Ni las texturas son realmente interesantes, ni los desarrollos resultan emocionantes, ni los samples se vuelven enigmáticos: simplemente están ahí, aportando una capa más.
‘All Reason Departs’, que supuestamente samplea un documental sobre cómo las filosofías de la “new age” alejan a la gente del cristianismo, es uno de los cortes más diferenciados por su estética IDM. Pero incluso aquí resulta fascinante la división de opiniones: mientras algunos destacan un diseño sonoro espectacular, otros simplemente no le ven tanta gracia. En mi opinión, suena a un Aphex Twin desinflado. ‘Blood in the Labyrinth’ es el homenaje new age más obvio, y esa obviedad, representada en el sonido de un sitar amable, resta más que suma.
Quizá el debate principal que genera ‘Inferno’ está en esa contradicción entre quienes perciben en el álbum una auténtica sofisticación sonora y quienes no encuentran sofisticación en ningún lado. ¿Estamos escuchando el mismo disco? Personalmente, encuentro la obviedad de cortes como ‘Memory Death’ bastante gratuita, y la inclusión de interludios irregular: los ecos vaporwave de ‘Nitroit’ y ‘Somewhere Right Now in the Future’ me introducen en el disco, mientras que los oscuros murmullos de ‘Act of Magic’ me expulsan de él.
Quizá todos podamos estar de acuerdo en que el viaje cósmico de ‘You Retreat in Time and Space’ es el clímax emocional de ‘Inferno’, pero llega después de una ardua travesía que, personalmente, nunca es tan profunda ni misteriosa como apuntan sus composiciones en el plano formal y estético. Boards of Canada entregan 70 minutos de reciclaje más o menos disimulado y, aunque siguen sabiendo componer piezas emocionales y bellas, el resultado no es tan accesible ni inspirado como medios y fans están proclamando.
Escocia logró en 2025 una clasificación agónica al Mundial, poniendo fin a 28 años de ausencia en la máxima competición internacional. El pase desató la euforia en el país, ya que se consiguió en el último momento.
En ese contexto, Belle and Sebastian se han tomado a lo personal la victoria de Escocia contra Dinamarca y han querido sumarse a las celebraciones con el lanzamiento de ‘It Only Takes One Lion’, una canción que quiere servir como posible himno de apoyo a la selección escocesa durante el torneo.
El tema ha sido co-escrito y producido junto a Wuh Oh. Según explica Stuart Murdoch, nace de la experiencia de seguir a la selección durante décadas y de la emoción colectiva vivida tras su clasificación: “Es una canción personal sobre seguir las peripecias de la selección de Escocia durante los últimos 50 años, y salió de forma natural el día después del partido contra Dinamarca. La canción intenta abarcar la experiencia de todo el país siguiendo a Escocia”.
Con este lanzamiento, la banda de Glasgow vuelve a conectar su imaginario con la identidad cultural escocesa, como ya hiciera en otros momentos de su carrera.
El tema llega además en plena gira de aniversario de ‘Tigermilk’ y ‘If You’re Feeling Sinister’, dos discos que cumplen 30 años en 2026 y que la banda vincula, de forma casi mitológica, con distintos momentos de la historia emocional y futbolística del país.
Esta semana Olivia Rodrigo y CMAT han coincidido en los medios por sus respectivas denuncias sobre las críticas que reciben por su cuerpo o por la ropa que deciden llevar. Mientras Olivia señalaba los comentarios que recibió tras aparecer con un vestido babydoll y ser acusada de “sexualizarse” con una estética infantil, CMAT, en un tono más humorístico, aseguraba estar harta de las críticas constantes a su cuerpo, afirmando: «Es tan aburrido para mí, una genia maravillosa».
Ahora Olivia y CMAT vuelven a estar unidas de alguna manera porque Olivia ha versionado un tema de CMAT en su presentación en el Live Lounge de la BBC. El tema que ha elegido es uno de los más clásicos en sonido, ‘When a Good Man Cries’, cuya elección probablemente no es casual, teniendo en cuenta el mensaje de la canción sobre la vulnerabilidad masculina y la dificultad de expresar el dolor emocional.
Por otro lado, Rodrigo ha interpretado un tema propio, ‘The Cure’, que ha presentado por primera vez en directo. El tema acaba de darle un top 2 en Reino Unido y un top 5 en Estados Unidos, además de posiciones más modestas como un top 24 en España. Quizá no es, de entrada, el single más accesible de Olivia Rodrigo por su sonido, desarrollo y duración, pero sí puede ser uno de los mejores.
El año pasado, Jamie Lee Curtis acudió al programa de Jimmy Fallon, donde realizó una parodia de la célebre secuencia de la clase de aeróbic de ‘Perfect’ (1985), la película que, junto a ‘Staying Alive’ (1983) -secuela de ‘Fiebre del sábado noche’ (1977), dirigida y escrita por ¡Sylvester Stallone!- más contribuyó a hundir la carrera de John Travolta durante los años ochenta.
La escena, que con el tiempo ha adquirido categoría de joya camp (la película entera no da para tanto), fue concebida en su momento como un vehículo para el lucimiento de una sensual y tonificada Lee Curtis, cuyas poderosas y ultradepiladas ingles, apenas cubiertas por un minúsculo maillot, desafiaban las convenciones de la estética corporal y genital de la época.
Sin embargo, la secuencia encerraba una segunda lectura aún más rompedora. El avispado James Bridges, quien ya había puesto a Travolta a bailar country en ‘Cowboy de ciudad’ (1980) enfundado en unos vaqueros más ajustados que los de los personajes de Tom of Finland, fue un paso más allá en ‘Perfect’: puso al principal sex symbol masculino de Hollywood a hacer aerobic en pantaloncitos cortos al ritmo del ‘Shock Me’ de Whitney Houston.
En ‘Dance No More’, Harry Styles recupera el espíritu festivo de ‘Perfect’ y reivindica el poder de atracción de unos mini shorts rojos de aire retro, unas piernas tan fuertes como el suelo pélvico de la Curtis y un buen micrófono en permanente e hipnótico vaivén.
El videoclip está concebido como una gran coreografía colectiva articulada en torno al magnetismo del baile: cada golpe de cadera y cada movimiento de micrófono de Styles parecen ejercer una fuerza de atracción irresistible sobre quienes lo rodean, arrastrándolos progresivamente hacia el cantante. Un baile que funciona casi como un conjuro: Styles hechiza a su público, que termina rindiéndose al ídolo (pop) en una suerte de aquelarre dionisíaco.
SVSTO está entre los grandes reclamos del ciclo Escenarios Madrid de Vibra Mahou, que suele reunir en la ciudad estilos tan variados como el rap, el rock, el jazz o el indie. El concierto de SVSTO será el día 19 de junio en El Sótano y las entradas están a la venta.
El proyecto de la ex Bistec sale de gira además con un nuevo temazo bajo el brazo que recibe el título de ‘Bar Manolo’ y es nuestra Canción del Día hoy.
Coherente con aquel primer single en solitario que se llamaba ‘Mil €‘ y hablaba de la gentrificación, ‘Bar Manolo’ es una reivindicación del encanto de los bares de antes. Fuera influencers, fuera «reformas cuquis» hechas sin la más mínima personalidad, fuera homogeneización pensada para guiris.
La letra de ‘Bar Manolo’ es explícita en ese sentido, criticando «pagar oro por un cubata», protestando contra «lattes» e inventos del tipo o reivindicando incluso la «bofetada de humedad» y «la roña y la suciedad» como parte del encanto. «Ponme un WC que me tape el aliento» dice su frase más arriesgada. «No subestimes el poder de una tortilla», la menos. Lo explica la nota de prensa: «En contra de la higienización moderna, SVSTO recopila en este single todos los detalles más naturales e imperfectos que hacían especial a un barrio. Esa suciedad simbólica, ese peligro, es la vida que representa a la ciudad, al contrario de la imagen aséptica, limpia, perfeccionada, uniforme y profundamente aburrida que poco a poco intenta conquistar nuestras calles».
Pero además hay un punto irresistible de melancolía, cuando Carla Parmenter apela a la nostalgia en el estupendo estribillo, por algún tipo de recuerdo personal: «siempre te veré subida en la barra de un bar en 2010».
El vídeo es un reflejo de todo esto, con carteles escritos a mano «dinero efectivo – tarjeta no», tapas de aceitunas, encurtidos y bocatas de chorizo. Un nuevo hit que se suma a su repertorio, junto a las mejores canciones de su disco del año pasado, ‘Crisis‘.
En una etapa diferente de su carrera, marcada por la independencia discográfica y la libertad creativa, Russian Red ha puesto este año en marcha una serie de conciertos íntimos que define como una especie de «cabaret místico», llamado ‘Rojo relativo‘, en una improbable referencia al éxito de Tiziano Ferro de 2004, aunque no busca ser un espectáculo de pop al uso. De hecho, su repertorio propio se reduce a un par de temas y ninguno de ellos es ‘Cigarettes‘.
Tras sus exitosas presentaciones en el Café Berlín de Madrid, un espacio que da cuenta del carácter íntimo del espectáculo, en Barcelona ha sido El Molino quien ha recibido a Russian Red, apenas un mes antes de su cierre temporal por las quejas vecinales por el ruido, dos años después de su reapertura. El recinto volverá a abrir sus puertas en septiembre de 2027.
Hernández sube al escenario a un personaje, La Loca, que evoca una especie de desorientación vital y de existencia ebria. En contraste, la cantante detrás del personaje proyecta un control vocal extraordinario, pasando de la fuerza a la vulnerabilidad con una naturalidad pasmosa. Esta dualidad queda muy bien representada en el papel que desempeña la ropa sobre el escenario, donde conviven camisas caras y trapos de segunda mano que Lourdes se pone y se quita a su antojo y que, en ocasiones, incluso se le caen sin darse cuenta.
La escenografía, inspirada en el cabaret europeo de los años 20 y 30, evoca un camerino desordenado lleno de ropa y objetos, incluido un simpático tacón colgado de un pie de micrófono; una habitación adolescente o el típico mercadillo vintage. Todo ello transmite una inequívoca energía de decadencia que permite a Lourdes Hernández entregarse al carácter improvisado del espectáculo, donde trata de «convertir frustraciones en algo más mágico o llevadero, y también moverme entre polos: transformar la belleza en tristeza o viceversa», según ha explicado la artista.
La intimidad del recinto amplifica, claro está, el componente emotivo del espectáculo y la conexión con la audiencia, algo que Russian Red consigue gracias a un repertorio lleno de clásicos totalmente «people pleaser» como ‘Gata bajo la lluvia’, ‘Volaré’ o ‘Hopelessly Devoted to You’. La gracia está en que Lourdes esquiva cualquier sensación de cliché adaptando todas estas canciones a formas más ralentizadas y melancólicas. Su voz, que parece la de un ruiseñor enganchado al bourbon, es el principal reclamo del concierto, maravillando también con su propia ‘I Hate You But I Love You’ o con versiones inesperadas de Camela y ‘Pretty Woman’, que Hernández interpreta casi susurrando, con la cabeza cubierta por un trapo.
El Molino
Sus «speeches», cargados de una filosofía entre ebria y existencial, desconciertan tanto como divierten. El espectáculo cuenta además con una especie de hilo conductor vertebrado por la lectura de un pequeño libro que contiene frases supuestamente espirituales, como «transformar los peligros en poderes», y que sirven para implicar directamente al público en el concierto. Se percibe su experiencia asistiendo a clases de improvisación en Los Ángeles e incluso a clases de «clown». El espectáculo es, en todo momento, un ejercicio contra la vergüenza y el «cringe» que supone exponerse ante el público con la cara más vulnerable. De algún modo, también parece reflexionar sobre ese componente «payaso» inherente al oficio de artista: entretener a un público para recibir su aplauso.
Si bien ‘Rojo relativo’ pierde puntos por la escasez de repertorio propio, gana por otros muchos motivos, sobre todo por su enorme peculiaridad, por cómo reivindica el concierto íntimo y por cómo demuestra que Russian Red se ha ganado el derecho a hacer un espectáculo diferente que pone en valor su extraordinaria voz y capacidad interpretativa. Ella misma afirma que es lo mejor que ha hecho y que, por fin, se identifica plenamente con su propuesta artística. Cualquiera que la siga en redes sociales y conozca su faceta más extravagante, reconocerá ‘Rojo relativo’ como una evolución natural.
¿Te quedaste sin abono para Primavera Sound 2026? ¿O para tu artista favorito en Primavera à la ciutat? ¿Estarás en Barcelona esta semana y aún te queda tiempo libre para más música en directo? Primavera Pro vuelve a ofrecer un par de decenas de conciertos gratuitos entre el miércoles 3 de junio y el viernes 5 de junio, en el Pati de les Dones del CCCB. Es ocasión sobre todo de descubrir a artistas noveles, procedentes del mundo entero y de cualquier género musical.
JENESAISPOP, como medio oficial de Primavera Pro, selecciona una decena de estas actividades gratuitas en el entorno del CCCB. Son 9 conciertos y una charla, pues también se abrirán las puertas a todo el mundo para algunas de las actividades profesionales de Primavera Pro. Os lo contamos a continuación.
YANA: 3 de junio, 13.30 h
La diversidad estilística caracteriza los conciertos de Primavera Pro. Cualquier cosa puede saltar a este escenario, del indie a la electrónica pasando por el punk o lo clásico. Este último es el caso de la polaca Yana. Su música combina el piano y las cuerdas con texturas electrónicas, habiendo conquistado a Nils Frahm y recordando en sensibilidad a Ólafur Arnalds o Jon Hopkins.
d.dramático: 3 de junio, 16.00 h
Desde Lisboa, d.dramático ha mostrado su enorme respeto por la fusión entre flamenco y urbano que se ha desarrollado en la última década en nuestro país. A eso apela su estupendo EP titulado ‘Duelo’ que incluye temazos como ‘Voy con la Luna – por rumbas’ o ‘si pienso en ti’. Por algo Ralphie Choo está ya entre sus seguidores.
3L3D3P: 3 de junio, 16.50 h
Desde Los Ángeles, 3l3d3p se ha especializado en hyper pop durante el último lustro. Es multiinstrumentista, pues toca la guitarra, la batería o el bajo, pero han sido los sonidos de Sophie o Charli XCX los que han impregnado por ejemplo su tema ‘Ibitbt’, que supera los 15 millones de reproducciones en Spotify. En 2025 publicaba su disco ‘General!’, que presentará este miércoles a media tarde en el CCCB.
kara boi: 3 de junio, 20.10 h
No faltará el talento nacional en Primavera Pro, y justo después de Kris Tena, que ha colaborado con Rita Payés, veremos el concierto de kara boi. Pop electrónico intimista y lleno de sensibilidad ideado por la cantante barcelonesa Cris Llobet. La artista ha recibido comparaciones con Oklou y Phoebe Bridgers, solo que estas nunca han versionado a Serrat. Este año deslumbraba con un disco llamado ‘Relato de una noche’, en el que destacan temas como ‘La fiesta’ o ‘La sensación’.
La Sécurité: 4 de junio, 16 h
Entre el pop-rock independiente alternativo más elegante que nos puede venir a la mente, el de La Sécurité. La banda de Montreal le pega a la new wave, al kraut y al punk sin necesidad de sonar mal, posicionándose tan cerca del mejor art pop que de las riot grrrls. El 12 de junio estrenarán un nuevo álbum llamado ‘Bingo’ por lo que en su repertorio no pueden faltar singles que ya están fuera como ‘Detour’, ‘Deny’ o el mismo ‘Bingo’.
Una charla con Fcukers: 4 de junio, 18 h
El Primavera Pro no solo son conciertos gratuitos en el CCCB sino también decenas de charlas, mesas redondas y encuentros entre profesionales. En algunas de estas charlas se abrirán las puertas a todo el público que quiera entrar. Por ejemplo, para la presentación de la banda sonora de ‘Ravalear’ (Pol Rodríguez e Isaki Lacuesta) el 3 de junio; la mesa «Crear desde dentro», sobre la música en centros de menores, el 4 de junio; y una charla con Ninajirachi el 5 de junio. Destacamos en la tarde del 4 de junio el encuentro entre Pitchfork y la banda neoyorquina Fcukers, que hablarán de sus orígenes, su proceso creativo y la evolución de su sonido. Acceso gratuito hasta completar aforo.
https://www.primaverasound.com/es/artist/pitchfork-talks–in-conversation-with-fcukers?e=primavera-pro-2026
April: 5 de junio, 13.30 h
‘An Axe to Grind’ es el nombre del disco de 7 canciones con que se nos presentaba la irlandesa April el año pasado. Tras una frustrada aventura en Atlantic Records, la cantante volvía a sus orígenes en la independencia con canciones cargadas de sensibilidad y bedroom pop, como ‘Burden’, ‘Puppy’ o ‘Stretch’.
Christian Sean: 5 de junio, 14.20 h
Uno de esos artistas casi sin oyentes mensuales (tiene 2.000) que Primavera Pro nos va a permitir descubrir es Christian Sean. Entre la ingeniería synth-pop de Hot Chip y el entendimiento de la generación Z de The 1975, el cantante, autor, compositor, productor y multiinstrumentista de Montreal ha publicado un álbum de 7 temas lllamado ‘Hallelujah Showers’. Ahí podréis encontrar cortes como ‘Cold Water’ o ‘Eventide’ que pondrán a la gente a bailar el viernes a la hora de comer.
Azikazin Magic World: 5 de junio, 15.10 h
No toda la música que viene de Corea del Sur tiene que ser de boyband o girlband. Azikazin Magic World es el nombre de un colectivo que combina la música electrónica, con la animación, el juego y el arte visual. Sus integrantes son multidisciplinares, mientras en cuanto a la música plantean un equilibrio entre breakbeat, drum&bass o jungle. Su álbum de 2026, ‘Memory Overdrive’, ha dejado temas como ‘Dorephin Shopping Center’.
Miel: 5 de junio, 16.50 h
Primavera Pro también da voz a bandas de Latinoamérica, como es el caso de la guatemalteca instalada en Nueva York aLex vs aLex; o los ecuatorianos MIEL, que practican una electrónica de corte funk, inspiración pop y dianas tan certeras como ‘Centro’. Con más de 100.000 oyentes mensuales, el proyecto de los productores Damián Segovia y Martín Flies ha sido una de las grandes revelaciones de los últimos años.
Sabrina Carpenter ha conseguido una orden de alejamiento contra un hombre que habría estado acosándola y que incluso habría intentado entrar sin permiso en su casa de Los Ángeles. De esta forma, un tribunal ha prohibido a William Applegate, de 31 años, estar a menos de 100 yardas (91 metros) de la artista, de su hermana o de la pareja de esta última.
La artista asegura que Applegate se presentó en su puerta e intentó abrirla a la fuerza el pasado 23 de mayo, pero posteriormente descubrió que el hombre había estado acosándola desde el 20 de abril. «Tengo miedo de lo que podría hacer si no es detenido por este tribunal», escribió Carpenter en su petición.
Después de que el hombre golpease al guardia de seguridad de la artista y este le pidiese que se fuese, este aseguró que conocía a Sabrina y que ella le estaba esperando, lo cual aparece reflejado en los documentos como algo «totalmente falso».
Sin embargo, el hombre regresó al vecindario durante los dos días siguientes. Applegate tiene previsto comparecer ante un tribunal el próximo 18 de junio: «Su delirante insistencia en que me conoce y en que yo le estaba esperando es un indicativo de una peligrosa e irracional fijación en mí», escribió Sabria en su declaración.
Ha costado, pero Kim Petras por fin es libre. Tras años sintiéndose maltratada por su discográfica, Republic Records, quienes han retrasado en innumerables ocasiones el estreno de ‘Detour’, la artista alemana (afincada en Los Ángeles desde hace una década) ha sido liberada de un contrato que cohibía su visión artística. Buena prueba de ello son esos álbumes anémicos y enormemente decepcionantes (‘Slut Pops’, ‘Feed the Beast’ y ‘Problématique’) que siguieron a sus más que prometedores comienzos, con esa ristra de fantásticos singles (‘Heart to Break’, ‘I Don’t Want It At All’, etc.), ‘Clarity’ y el proyecto de Halloween ‘Turn Off the Light’.
Por fortuna, Petras ahora toma un muy necesario desvío para volver a encauzarse en un camino mucho más interesante que el que estaba recorriendo en los últimos años. ‘Detour’, a diferencia de sus más cercanos predecesores, es 100% proteína.
Como sucede con la mayoría de discos que merecen la pena, la artista ha dejado de intentar hacer música para triunfar en favor de hacer lo que realmente le da la gana. Y eso no es, en ningún caso, renunciar al bop, sino hacerlos bajo sus propios términos. Simplemente en la canción que abre el proyecto y que le da nombre, ya puede apreciarse a Kim pasándoselo realmente bien con su música, siendo libre. “If you do it, do it hardcore”, dice sobre una enérgica producción electropop. El tema está lleno de pausas y giros que orbitan sobre un estribillo que presenta inmejorablemente el universo digital y caótico del proyecto.
Este primer corte nos recuerda que Kim es hija del hyperpop, amadrinada por la propia SOPHIE. En ‘Detour’ rescata el género en varias ocasiones, mezclándolo con otros sonidos propios del pop de principios de los 2010s. ‘Check It’ es un buen ejemplo de esto: un caramelo, con un gancho adictivo y sintetizadores juguetones. Muy conscientemente, Petras nos deja con ganas de más, de otro “check it check it check it”, pero prefiere que vuelvas a ella después, porque ahora es el turno del futurismo de ‘Polo’, un tema nada complaciente en una primera escucha que no deja de crecer y que muestra su versión más avant-garde. En la muy divertida ‘101’, recurre a una producción ruidosa y repetitiva donde prácticamente uno puede imaginarse el sonido de las llantas derrapando mientras la canción suena a todo volumen en el altavoz de un descapotable de alta gama.
Y es que Kim necesita la velocidad, y si no puedes alcanzarla, es tu problema. En el temazo electropop muy Charli XCX ‘Need for Speed’, ironiza sobre la fama y arremete directamente contra su antigua discográfica, a la que, según ella, solo le interesa el dinero. Igual de inmediata y efectiva es ‘I Like Ur Look’, en la que derrocha carisma. El disco termina con ‘Freak It’, una de las mejores canciones que ha firmado nunca, acompañada de un beat adrenalínico y agresivo que cuando rompe es una auténtica fiesta.
Pero no solo hay espacio para la rave en ‘Detour’, también para otros experimentos que Petras se arriesga a incluir en la secuencia y milagrosamente funcionan. Es el caso del folk elecrónico de ‘Jeep’, que suena totalmente diferente a cualquier cosa que haya hecho antes y demuestra que su desparpajo para defender sus canciones trasciende de géneros. Es mucho más polifacética de lo que cabría esperar. Algo parecido ocurre con la balada sentimental ‘Korea’, que cuenta con una de las producciones más interesantes del proyecto. Y más upbeat pero igualmente melancólica es ‘Brutalist’, en la que establece una metáfora entre el derrumbamiento de un edificio y su propia identidad, recordando los paisajes que veía cuando su familia la llevaba de pequeña al psiquiátrico y “no volvía siendo un hombre”.
Kim Petras toma la primera salida de la aburrida autopista en la que se encontraba y nos lleva por un camino alternativo muchísimo más emocionante, donde no hay límites de velocidad ni señales que interrumpan la marcha. En apenas media hora, ‘Detour’ reubica inmediatamente a la artista como una de las mejores popstars del momento.
Quevedo mantiene el número 1 en España por 5ª semana consecutiva con el excelente ‘El Baifo‘, aunque Bad Bunny aprieta subiendo al 2 con ‘Debí tirar más fotos’. En puntos, Benito tiene la subida más fuerte de la semana coincidiendo con sus 12 conciertos en España. ¿Subirá al puesto 1 la semana que viene? Apostamos a que sí tras actuar delante de 600.000 personas.
Fangoria han desaparecido del top 100 de discos después de tan sólo 4 semanas de permanencia. ‘La verdad o la imaginación‘ no solo es su primer disco que no logra ser número 1 en 20 años, sino que es el que más rápido ha caído. ‘Cuatricromía’ aguantó 67 semanas en lista según la base de datos de acharts. ‘Canciones para robots románticos’, incluso más: 77 semanas. Es decir, triunfaron durante más de un año. Incluso el más irregular ‘Absolutamente’ aguantó 16 semanas. Para encontrar un disco de Fangoria que durara tan poco en listas como el nuevo hay que retrotraerse a la era Subterfuge, cuando sus álbumes funcionaron más bien a modo de «sleeprs». Así ha sido el «chart run» de sus últimos discos en España durante el primer mes:
Absolutamente: 1-5-12-30-47
Cuatricromía: 1-2-5-14-17
Canciones para robots: 1-1-4-9-10
La verdad o la imaginación: 3-30-57-95-x
La sorpresa agradable es la llegada de ‘Ama’ de María Arnal a la lista. Llega exactamente al puesto 62 varios meses después de su edición. La razón es que acaba de publicarse al fin su edición vinilo, que entra al top 7 en la sublista de LP’s.
La entrada más fuerte en verdad es la de Nil Moliner, que llega al puesto 4 con ‘Nexo’. D. Valentino es top 6 con ‘Baby’ y hay una tercera entrada en el top 10: Los Diozes llegan al puesto 8 con ‘Mesón Masón’.
Otras entradas de la semana son las de Álvaro Díaz con ‘Omakase’ (13), Abhur con ‘Ultraswan’ (19), SFDK con ‘2001 odisea en el lodo’ e ‘Ilegales: 40 aniversario’ (85).