En un año dominado por la música latina y urbana, en un año en el que algunos artistas se han apuntado el tanto de pasarse al revival 70’s, 80’s y 90’s (Gaga, Dua, Tesfaye…), parece mentira que el pop-rock pueda sonar hasta rupturista, pero es el caso, o casi, de Miley Cyrus. No, su obra ‘Plastic Hearts’ no es la más moderna, ni la más ambiciosa, y sobre todo no es la más original, pues es una de las que más deudas presenta con sus referentes. Y sin embargo, ha conseguido hacer un disco que se diferencia de sus contemporáneos muy fácilmente por el uso que hace de las guitarras eléctricas, justo cuando imaginabas las ventas de tal instrumento por los suelos.
La historia de Miley es conocida por todos. La hemos visto pasar de Hannah Montana a estrella del pop en los tiempos de ‘We Can’t Stop’ y ‘Wrecking Ball’, y de estrella del pop a un intento de artista medio folk, amparada en su apellido y en su madrina Dolly Parton. Dejando a un lado aquella locura publicada junto a The Flaming Lips, ‘Plastic Hearts’ es el mejor álbum de Miley, el más escuchable de principio a fin, el más entretenido y en el que intuimos que es más ella misma que nunca. Una cantante interesada por grandes personalidades femeninas del rock como Deborah Harry, Joan Jett o Stevie Nicks (con las dos últimas ha logrado colaborar en esta era), pero que no pierde de vista el estribillo pop.
‘Midnight Sky‘ está siendo un gran «sleeper» en las listas de éxito porque crece mucho con las escuchas. Hay un poso de melancolía en su melodía, pero fuerza a medida que avanza su ritmo, mientras el estribillo hace referencia a Bruce Springsteen y a la libertad («Nací para correr, no pertenezco a nadie, no necesito ser amada por ti»). Una temática parecida encontramos en ‘Prisoner‘, el tema muy salvajemente influido por ‘Physical’ que se ha marcado junto a la estrella del momento, Dua Lipa, y también en otros temas del álbum, como el irónico ‘WTF Do I Know’, empujando todo tímidamente hacia lo conceptual.
También en lo sonoro. En este álbum no aparecen Bad Bunny ni The Weeknd sino que los invitados tienen su razón de ser. Joan Jett canta en un tema llamado ‘Bad Karma’ mientras que Billy Idol se queda uno de los números más espectaculares, ‘Night Crawling’, una canción en la que tanto vibran las guitarras eléctricas como un juego de sintetizadores que añade un gran gancho instrumental, cual hit de Depeche Mode. Y mejor aún resulta ese ‘Gimme What I Want’ de corte casi electro que podrían haber firmado los mejores Scissor Sisters.
Si ‘Plastic Hearts’ no termina de ser el álbum definitivo de Miley Cyrus no es porque las versiones molesten demasiado: el éxito ha sido para ‘Heart of Glass’, pero el final de ‘Zombie’ es un absoluto desmadre de solos, llevando la canción donde Cranberries nunca pudieron. A Dolores O’Riordan, que era una gran fan de Metallica y, en solitario, contrató músicos más cercanos al jevi, le habría vuelto loca. Es en el acercamiento al sonido Mumford & Sons de ‘High’ o en la mencionada colaboración de Joan Jett con Mark Ronson en horas muy bajas (también toca la guitarra Angel Olsen en esa ‘Bad Karma’) donde el disco se desinfla un poco. ‘Angels Like You’ y ‘Golden G String’ son las baladas que sí funcionan en un ‘Plastic Hearts’ gracias al que al fin sentimos cerca a la que parece la verdadera Miley Cyrus. Cantando con voz bronca sobre la fama, el desamor e incluso el mandato de Donald Trump, la cantante parece cómoda, por primera vez sin la obligación de tener que demostrar nada.
Calificación: 7,5/10
Lo mejor: ‘Midnight Sky’, ‘Gimme What I Want’, ‘Night Crawling’, ‘Prisoner’, ‘WTF Do I Know’
Te gustará si te gusta: Joan Jett, Fleetwood Mac, Blondie
Youtube: ‘Gimme What I Want’



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