Las Spice Girls perviven en la memoria colectiva como un artefacto de nostalgia, un producto feminista pop y la estrategia de marketing más perfecta de la historia de la música. Esto se debe a que contribuyeron a la educación sentimental de toda una generación que las tiene a ellas como banda sonora. A que su lema “Girl Power” es intrínseco a su marca (“El feminismo es una palabra denostada”, aseguraban) porque sus roles hacían emblema, precisamente, con los insultos más frecuentes que sufrían las chicas en la época: machorra, infantil, promiscua, pija o escandalosa/perteneciente a una minoría racial. Y a que su ubicuidad en los medios de comunicación alcanzó cotas inéditas para un grupo pop.
Las Spice Girls por tanto existen como una reliquia de los 90 en permanente revival: están tan pasadas de moda que nunca pasan del todo de moda. Y esto ha hecho, paradójicamente, que su música sea lo menos recordado de ellas. Este repaso a su videografía se propone reivindicar su repertorio, producido en un momento en el que los videoclips no solo todavía importaban sino que podían construir carreras enteras. La mayoría de la gente descubrió a las Spice Girls viendo el vídeo de ‘Wannabe’, en un triple asalto a los sentidos: musical, visual y cultural. Y por eso la experiencia Spice nunca debería compartimentalizarse. Eran un producto integral y es imposible comprenderlas sin sus videoclips.
13. Viva Forever (1998)
Este vídeo, dirigido por Steve Box (‘Wallace & Gromit’, ‘Chicken Run’), utilizaba el folclore de los cuentos victorianos para, por un lado, mostrar el efecto mágico de Spice Girls en los niños y, por otro, satirizar sobre la industria del pop: “Las chicas aparecen como hadas de juguete que, como ocurre con el pop moderno, puedes comprar, consumir y después desaparecen”, explicaba Box. La grabación duró cinco meses, mucho más de lo que tardó en rodarse ‘Spiceworld’, la película, y para cuando se estrenó el videoclip había adquirido un tercer significado.
Geri Halliwell abandonó el grupo el 31 de mayo de 1998 y ‘Viva Forever’ se publicó el 20 de julio incluyendo, por cuestiones de producción, a las cinco hadas en el videoclip. Esto convirtió ‘Viva Forever’ en una canción aún más triste. Si su letra reflexionaba sobre la pérdida de la inocencia, la partida de Geri supuso la primera decepción para toda una generación de fans: los millennials han recibido su educación sentimental a través de la cultura pop y la partida de Geri obligó a muchos fans a hacerse mayores de golpe. Para ellos, aquella decepción fue su propio “Dorothy descubre al mago detrás de la cortina de Oz”: la vida real irrumpió en la fantasía. Y aunque las Spice restantes prometieron continuar como cuarteto, hasta los fans más pequeños sabían perfectamente que nada volvería a ser igual. Que las Spice Girls, tal y como las habían idolatrado durante casi dos años, se habían terminado para siempre.
Y resulta deprimente que se despidieran con un videoclip tan feo. Las hadas parecen unas Bratz demoniacas ansiosas por absorber el alma de los niños. Uno de ellos (el que lleva gafas y, por tanto, se sobreentiende que es un inadaptado) acaba convertido en un hada y uniéndose a ellas en sus fechorías. Es una historia de terror, más inspirada en los relatos de Roald Dahl (como aquella niña atrapada en un cuadro eternamente en ‘La maldición de las brujas’) que en los cuentos de hadas o en cualquier cosa remotamente relacionada con las Spice Girls. Puestos a lanzar un videoclip que no tenga nada que ver con la canción, podían haber tirado del fácil y siempre efectivo montaje con imágenes de archivo del grupo, momentos detrás de las cámaras y vídeos caseros de sus inicios. Al menos así el vídeo incluiría lo que realmente volvió al mundo loco por las Spice Girls: ellas cinco.
12. Let Love Lead The Way (2000)
Aprovechando que ahora eran cuatro, las Spice apostaron por una simbología originalísima: los cuatro elementos. La estética del cambio de siglo fue dura para todos, pero nadie la sufrió tanto como Melanie C. Como se había cortado el pelo para ir de rockera en su debut en solitario y todo el presupuesto para extensiones del videoclip se lo había fundido Emma, aquí Mel C estaba en proceso de dejárselo crecer. El resultado era el aspecto de Chloe de ‘Smallville’ y la energía de Elba de Gran hermano.
La letra más anodina de toda la discografía de Spice Girls estuvo acompañada de un videoclip aún más tedioso. Las chicas se limitan a poner posturas delante de un ventilador y, así, caen en un error imperdonable: parecen cualquier grupo. No hay picardía, no hay energía, no hay ganas. Vale que la canción es un tostón, pero su actitud no ayuda a reanimar el cadáver. Y este estado comatoso se hace más patente durante los segundos finales, cuando Mel B se ríe agarrando a las demás y nos reencontramos con las Spice Girls de siempre. Pero, en realidad, solo están contentas porque por fin han terminado la grabación y se pueden ir a sus casas.
11. Who Do You Think You Are? (1997)
«El vídeo, como casi todos los de finales de los 90, está ambientado en una discoteca que también parece un manicomio»
Si este videoclip no está más alto en el ranking es porque parece que está editado durante un infarto cerebral: ningún corte coincide con el ritmo de la canción. Y menudo ritmo. El cuarto single de Spice evocaba la música disco (cuando no estaba de moda) y su vídeo empezaba a relajar los roles con los que las cinco chicas se habían lanzado. Mel C, por ejemplo, aparece por primera vez con el pelo suelto y un inexplicable vestido (estampado con un dios hindú azul) que hasta Silke utilizaría solo como toalla. Y además le ponen un fondo azul porque, tal y como demostrará este ranking, el desdén con el que los videoclips tratan a Mel C a menudo rozaba el sadismo. Las demás van fabulosas. Victoria lleva una coleta postiza, Geri va vestida de conejita de Playboy y de novia (en homenaje a la Madonna de ‘Like a Virgin’), Mel B sigue con su rollo estético de considerar que el estampado de leopardo es una grama cromática y Emma… Emma es el tipo de chica que dice cosas como “madre mía, he hecho una locura, ¡es que soy de lo que no hay!” refiriéndose a que se ha rizado el pelo. El videoclip, además pertenece a la etapa en la que Mel B se empeñó en enseñar su piercing de la lengua y para ello movía la boca de forma inhumana.
El vídeo, como casi todos los de finales de los 90, está ambientado en una discoteca que también parece un manicomio. Los colores apuestan por una saturación metalizada (hoy conocida como “filtro beauty”) también típica de la época, pero lo que más delata a ‘Who Do You Think You Are?’ como producto de su tiempo es que está atestado de planos de “gente pintoresca” poniendo muecas, chocando contra las paredes a cámara rápida y dándose besos con lengua. Por supuesto, lo que en 1997 se entendía por “gente pintoresca” eran chicas asiáticas con el pelo rosa, homosexuales con piercings y travestis con sobrepeso. El mejor momento del vídeo es cuando Geri se confunde en la coreografía (2:10) y el director decidió dejarlo porque, al fin y al cabo, la falta de talento era también parte del fenómeno Spice: sus fans las imitaban en las funciones de fin de curso no solo porque deseaban ser como ellas, sino porque no era muy difícil conseguirlo.
10. Holler (2000)
Con el efecto 2000, los padres de todo el mundo apuntaron a sus hijos a cursos de ofimática para que la llegada de “el internet” no les pillase desprevenidos. Los videoclips de la época alardeaban de una hipertrofia digital que ya estaba anticuada para cuando se estrenaban. El vídeo no contiene ni un solo color que exista en el mundo real, porque eso era lo moderno en la época, y los efectos visuales parecen sacados de un salvapantallas de Windows 98.
Rodney Jerkins (productor de trallazos como ‘It’s Not Right But It’s Okay’ de Whitney Houston, ‘Say My Name’ de Destiny’s Child o ‘He Wasn’t Man Enough For Me’ de Toni Braxton) estafó a las Spice Girls dándoles las peores canciones de su repertorio y las bases más baratas y machaconas de su catálogo. Por el camino, despojó a las Spice de su identidad. La única que parece implicada, quizá porque le gustaba el r&b, era Mel B, pero eso hacía que las otras tres pareciesen sus coristas. ‘Holler’ representa lo que supuso ‘Forever’, el tercer y último álbum de estudio del grupo: letras que no significaban nada, ni rastro de las personalidades de las chicas y Victoria cantando peor que nunca porque probablemente se negó a grabar más de una toma.
En defensa del grupo, realmente no había forma posible de continuar: las Spice Girls solo tenían sentido en calidad de fenómeno y, cuando trataron de establecerse como un grupo pop genérico, el resultado era más triste que otra cosa. Y encima perdimos la oportunidad de ver a Geri intentando hacer la coreografía de ‘Holler’, con esa cara que ponía al bailar de estar contando los pasos todo el rato.
9. Stop (1998)
«‘Stop’ ha quedado como un testimonio agridulce de las Spice Girls: se las ve felices, ilusionadas y relajadas como si no fuesen las personas más famosas del mundo, apenas unos meses antes de que el sueño se derrumbase»
Las Spice Girls, junto a Oasis, Tony Blair o ‘Trainspotting’, lideraron el movimiento cultural “Cool Britannia”, que consistía en una nueva invasión mundial del imperio británico pero esta vez a través de la cultura popular. En definitiva, Gran Bretaña volvía a molar después de los años grises del thatcherismo. El pináculo de este fenómeno, claro, fue el vestido con la Union Jack que Geri llevó en los Brits de 1997 (para que el mensaje no resultase tan imperialista, se dibujó el símbolo de la paz en la espalda). Y por eso tiene sentido que las Spice grabasen un videoclip en Dublín, la primera parada de toda invasión británica que se precie.
El concepto retomaba la idea de ‘Wannabe’: las chicas poniendo patas arriba la apacible vida de un lugar que no las esperaba y cruzando por delante de la cámara para ir entrando y saliendo del plano. En este caso, revolucionan un pueblo de clase obrera que podría perfectamente estar ambientado en los años 50. Porque si ‘Stop’ evocaba el sonido Motown de los 60, las Spice podían reescribir la historia y vincularlo a Gran Bretaña. Las chicas aparecen más maquilladas que nunca (Emma directamente tiene una cara entera puesta encima), llevan los peinados más excelentes de su carrera y Geri, en su rol de no tener ningún sentido del ritmo, sufre hasta para llamar a la puerta de una casa al ritmo de la canción.
La mayor damnificada del espíritu travieso del vídeo es Victoria, que trata de sonreír aunque sus ojos estén aterrorizados (00:48) como les ocurre a las personas introvertidas cuando alguien les pide que se suelten la melena. El plano de Geri y Mel B agarrándose del cuello (2:10) resultó entrañable en su momento, aunque quién sabe si estaban intentando asesinarse de verdad. Porque ‘Stop’ ha quedado como un testimonio agridulce de las Spice Girls: se las ve felices, ilusionadas y relajadas como si no fuesen las personas más famosas del mundo, apenas unos meses antes de que el sueño se derrumbase. Es quizá el videoclip más sentimental del grupo (hay algo muy conmovedor en el plano en el que sacan a un chico, muerto de vergüenza, a bailar con ellas: 2:48) y el último en el que las Spice Girls parecieron las Spice Girls y no un sucedáneo, un autohomenaje o una parodia. Y además, el videoclip reivindica una de las claves del fenómeno Spice: despojadas de artificio, sus canciones siguen teniendo una magia inexplicable para levantar el ánimo de todo el que las escuche. ‘Stop’, sin embargo, fue el único de sus primeros nueve singles que no alcanzó el número 1 en Reino Unido: se quedó en el 2 detrás de un remix de ‘It’s Like That’ de Run-DMC.
8. Goodbye (1998)
Geri se hartó de aclarar que la canción ya estaba compuesta antes de su marcha, quizá para impedir que sus excompañeras explotasen su abandono, pero da igual. ‘Goodbye’ funcionó como epílogo emocional del fenómeno Spice (y ahí tenía que haber parado), a pesar de que ni la letra ni el videoclip hacen la más mínima referencia a Geri: aparte de un homenaje a Geri, ‘Goodbye’ fue una venganza para demostrarle que podían lograr un número 1 fingiendo que nunca había existido. Solo había pasado medio año desde el abandono, pero eso en años de pop es una eternidad. Mel B y Victoria, en plena génesis de su transformación en presidenta de Beckham Inc., estaban embarazadas. El plano de Mel B bajando unas escaleras, mientras caían platos del cielo, luciendo al aire su barriga de seis meses, representaba hasta qué punto las Spice Girls habían madurado. Ahora eran señoras.
El videoclip es un cuento de invierno ambientado, como siempre ocurre con los cuentos ingleses, en una mansión abandonada. El único motivo es que el single iba a por todas para darles a las Spice Girls el récord de tres números 1 navideños igualándolas con los Beatles (lo consiguieron). Como buenas señoras, llegan a la mansión en cuatro coches de lujo, porque ellas ya no están para desplazarse en autobuses. Sabemos que es un vídeo solemne porque está rodado en 16:9, como una película, aunque eso expandía sus caras y les ponía los ojos en las sienes.
No hay trama alguna: las chicas van paseando por los aposentos poniendo pucheros, pero sobre todo con cara de tener ganas de volver a sus mansiones cuanto antes (Mel B está particularmente aburrida: ver 2:07). Al final los habitantes de la mansión se descongelan, se supone, gracias a la visita de las Spice Girls. Pero no porque ellas hayan puesto demasiado empeño.
Este videoclip es la adaptación audiovisual de regalarle una figurita de Lladró a tu madre, pero una balada pop tan perfecta como ‘Goodbye’, con su espíritu melancólico (“Me alegro de que lo consiguiésemos y el tiempo nunca va a cambiar eso”, canta Mel C), merecía un vídeo retrospectivo, un auténtico mensaje de despedida. Como curiosidad, está dirigido por Howard Greenhalgh (director fetiche de Pet Shop Boys o Placebo), quien también rodó ‘Too Much’: claramente era un tipo que, cuando se quedaba sin ideas, apostaba por las explosiones a cámara lenta. Al menos este vídeo nos dio ese plano tan emocionante de las cuatro, agarradas de los brazos, subiendo las escaleras con la tranquilidad de alguien que ya no tiene nada que demostrar. Eso, al fin y al cabo, es la madurez.
7. Too Much (1997)
El segundo single de ‘Spice World’ seguía apostando por referentes de música adulta (en este caso, el doo-wop) adaptados al pop ubercomercial. ‘Too Much’ era la banda sonora de ‘Spiceworld’, la película y, efectivamente, todo era ya «too much»: la película propició el cansancio colectivo del público con las Spice Girls. Las imágenes intercaladas de la cinta en el videoclip como solía ocurrir con las bandas sonoras de los 90, además, no tienen nada que ver con la canción: entrenamientos militares, encuentros con extraterrestres y bombas en autobuses (dentro del contexto de la peli tienen sentido). (O bueno, no, no lo tienen).
Las chicas aparecen en decorados de películas clásicas acorde con sus roles asignados, que aquí retomaron tras unos meses en los que habían jugado a diluirlos: Mel B en una de guerra, Mel C (por fin con un look favorecedor) en una de artes marciales, Emma en ‘Poltergeist’, Victoria en una de James Bond/Batman (acorde con su existencia privilegiada en una burbuja, posando sexy sin inmutarse mientras a su alrededor el mundo se va al carajo) y Geri en un musical del Hollywood dorado. En realidad a quien Geri está evocando es a la Madonna de ‘Material Girl’, porque en 1997 el pop ya iba por su segunda generación de metarreferencias. En el caso de Mel B y Mel C, resulta llamativo que protagonicen géneros tradicionalmente masculinos pero ese era uno de los rasgos de la imagen de las Spice Girls: según su filosofía, no había ningún espacio que las mujeres no pudieran ocupar. Y como recado adelantado a su tiempo, Mel C canta: “¿Qué parte de «no» no entiendes?”. Hace 23 años.
6. Headlines (2007)
Ante su regreso como quinteto para su gira de reencuentro mundial, las Spice Girls tenían dos opciones: evocar el espíritu de sus inicios o presentarse ante el mundo como lo que eran ahora. Optaron por lo segundo. Ninguna tenía más de 35 años, pero para el público ya eran viejas glorias y así se mostraron ante el mundo: millonarias, sexys y encantadas de ser famosas. No es un vídeo sobre ser una estrella del pop, sino sobre cómo el público se imagina que vive una estrella del pop. Una década después de ‘Wannabe’ están a años luz de aquellas chicas anárquicas vestidas con ropa de mercadillo. Su acuerdo publicitario con Victoria’s Secret hizo que apareciesen en ropa interior, hasta el punto de que Victoria se toca a sí misma, se revuelve el pelo y parece estar en un videoclip distinto (en uno no apto para menores).
El vídeo empieza con las Spice entrando en una habitación decorada como uno de esos bares que se pusieron de moda en los 2000 y que cobraba los gin tonics a 14 euros. Cada una posa como si fuese una figura de cera chic, evocando el vídeo de ‘Freedom’ de George Michael con posturas casi pornográficas que habrían enloquecido a Helmut Newton. Ahora ya no revolucionan nada, ni le cambian la vida a nadie: es un vídeo en homenaje a su propia existencia. Resulta curioso que se muestren tan sexys (en el sentido tradicional del término), cuando nunca lo habían hecho antes: Geri parece empeñada en mostrar la única parte de su cuerpo que nunca había mostrado durante sus años en la cima, el ombligo. Y en concreto los abdominales.
El vídeo ofrece momentos inéditos en la carrera de las Spice Girls: intimidad (la mano de Victoria acariciando el pelo de Geri, que reposa su cabeza en el regazo de Victoria mientras canta “Me aferro a mi héroe”), ilusión (Emma incapaz de contener su sonrisa en el minuto 00:36) o comedia inexplicable (la cara de estupor de Victoria en el minuto 1:15, que se parece a aquella expresión de Betty Draper en ‘Mad Men’ cuando no entendía lo que le acababan de explicar).
‘Headlines’ aspiraba claramente imitar el éxito de las baladas con las que Take That estaban triunfando en su comeback (‘Patience’, ‘Rule the World’), pero resultó un tanto anticlimática. Quizá sonaba demasiado formulaica. Aunque sí es cierto que, cuando Emma empieza a cantar como en las grandes baladas clásicas de las Spice, uno siente que está volviendo a un lugar donde fue muy feliz.
5. Mama (1997)
«Los hombres, claro, prácticamente no existen en el universo Spice»
Aquel día Victoria había comido judías, así que durante el rodaje sus compañeras bromeaban con que nadie se colocase detrás de ella por si le entraban gases. Si ya resulta original que una estrella del pop dedique una canción a animar a sus fans a querer a sus madres (la madre de la artista es un concepto típico del folclore y de los niños prodigio, pero suele quedar en la sombra), rodar un videoclip en homenaje a sus propias madres es tan cursi que resulta casi contracultural. Era adorable ver fotos de las Spice cuando eran niñas, porque para entonces ya las sentíamos como parte de nuestra familia, pero el mejor momento del vídeo es cuando las chicas abren un álbum gigante de recuerdos: en medio de un fenómeno mundial sin precedentes, las Spice todavía podían mostrarse como seres humanos.
Las chicas cantan ‘Mama’ en un estudio de televisión rodeadas de niños a sus pies (ellas sí que eran más grandes que Jesucristo) mientras sus madres saludan entre el público. Ahí conocimos a Ana María Hidalgo, la madre de Geri nacida en Huesca, y descubrimos que la madre de Mel B era blanca. También nos dio la imagen más noventera de toda la videografía de Spice Girls: una clase de niños practicando karate (la madre de Emma era instructora). Ni rastro de los padres. Los hombres, claro, prácticamente no existen en el universo Spice.
Este vídeo también presentó un concepto que a las Spice Girls les encantaba y que no tenía ningún sentido: sacar a actrices interpretándolas a ellas de pequeñas, ensayando coreografías vestidas como las Spice como tantas niñas hacían en 1997, para generar la ilusión de que las chicas habían sido amigas de pequeñas. Repitieron el recurso tanto en su gira de 1998 como en la de 2007.
‘Mama’ hizo que querer a tu madre molase en un disco que también incluía frases como “qué susto, qué seco, qué polla, qué tieso”. Porque las Spice demostraron que no es excluyente. Al final del vídeo las madres se van levantando entre aplausos del público, se sobreentiende, para celebrar que esas cinco mujeres hubieran parido a las Spice Girls. El mundo sigue en deuda con ellas.
4. 2 Become 1 (1996)
A finales de los 90, los videoclips con fondos digitales a cámara rápida eran la confirmación de que el futuro había llegado. Las chicas ronroneaban esta canción sobre hacer el amor (incluyendo un recordatorio, cantado por Emma con toda su dulzura, de que hay que ponerse condón) con unos focos apuntándoles a la cara tan potentes que no se les veía la barbilla. Lo que la tecnología todavía no podía disimular eran las ojeras que tenían todas, exhaustas ya por un ritmo de trabajo insostenible.
Aquí las Spice todavía se presentan a sí mismas como chicas corrientes, así que van vestidas como funcionarias británicas en su cena de empresa: abrigos de pelito, botas altas con minifalda, cejas de pico y moños con dos mechones cayendo por la cara. Melanie C es, como siempre, la más damnificada. Aquí lleva ese peinado tan inexplicablemente de moda en la época que consistía en muchos mechones colocados en distintas direcciones, que la hermana de Hugh Grant en ‘Notting Hill’ acertó a describir como “llevo plumas de pájaro en la cabeza”. El look de Mel C es una fantasía Quechua: un plumas sin mangas verde botella, unos pantalones de cargo caquis y unas botas de montaña. Es que lleva hasta reloj. ¿Para qué demonios necesitas un reloj en un videoclip? En la mayoría de videoclips Mel C iba vestida como si nadie le hubiese avisado de que ese día grababan.
El puente de esta canción va acompañado en el vídeo de imágenes de parejas abrazadas: dos chicos, un chico negro con una chica blanca, una chica negra con una chica blanca. Quizá hoy parezca una obviedad, pero en 1996 que el grupo más famoso del mundo hiciese esto era sencillamente revolucionario.
3. Spice Up Your Life (1997)
No era fácil en absoluto inaugurar la segunda era del grupo, menos de un año después de lanzar el que en su día fue el disco debut más vendido de la historia con 23 millones de copias. Las Spice Girls apostaron por uno de los videoclips más extraños jamás rodados para una canción pop: ‘Spice Up Your Life’ era a la vez un homenaje, una sátira y una crítica del fenómeno Spice. Era una banda que parecía odiar su propio éxito.
Las chicas llegan en una nave espacial dispuestas a invadir un planeta gris, lluvioso y deshumanizado pero que en cuanto es conquistado por las Spice se vuelve… gris, lluvioso y deshumanizado. Sus habitantes parecen exhaustos, apenas se inmutan ante unas televisiones que solo emiten vídeos de las Spice Girls en bucle y parecen deprimidos en una ciudad en la que todas las vallas publicitarias (Spicesonic, Spicebucks, Spice King) venden lo mismo. Se trata de una respuesta a los que criticaron que, con más de 200 acuerdos publicitarios (más que ningún otro producto de la historia, musical o no), las Spice Girls hubiesen convertido la música pop en una excusa para el marketing capitalista. Uno se imagina que las chicas deberían estar encantadas con su dominación mundial. Pues no.
«‘Spice Up Your Life’ era a la vez un homenaje, una sátira y una crítica del fenómeno Spice. Era una banda que parecía odiar su propio éxito. Hoy pervive como uno de los videoclips más antipáticos, metaconceptuales y arrogantes jamás rodados»
Las chicas se muestran agresivas, autoritarias y cabreadas. La canción tiene base latina, pero estructura de himno militar e instrucciones precisas: “Chicas to the front” era un guiño a las riot grrrls de los 90, de quienes las Spice también tomaron prestado el lema “Girl Power”. Aquel segundo disco dejaría de lado las letras subversivas (sobre sexo, feminismo, imagen pública, autoestima o lealtad entre mujeres) y se centraría en las Spice Girls cantando sobre sí mismas. El videoclip de ‘Spice Up Your Life’ corrompe el buen rollo que propone la canción y neutraliza todo el colorido y la diversidad de la marca Spice: no había ni rastro de Ginger, Sporty, Posh, Baby y Scary y en su lugar salían cinco villanas vestidas igual cuales líderes militares. Apenas cantaban en solitario. Eran como un bloque sónico. Esto les daba un halo sobrenatural (salían surfeando por el aire, una imaginería sacada de Batman & Robin) que traicionaba todo lo que había convertido a las Spice Girls en iconos: su espontaneidad, su cercanía y sus identidades. Todo esto podría leerse en clave irónica, excepto porque el pop no puede permitirse la ironía y debe ser literal para mantener su esencia: con este vídeo las Spice Girls, consciente o inconscientemente, afearon su propio triunfo.
Hoy pervive como uno de los videoclips más antipáticos, metaconceptuales y arrogantes jamás rodados. Y uno de los ejercicios más originales e interesantes en cultura pop: la fantasía de un director, Marcus Nispel, que claramente estaba harto de las Spice Girls. Años después Mel B confesaría que el video se planificó sin consultarlas y que ellas habían pensado en una fiesta de carnaval, pero estaban demasiado cansadas para discutir una vez más con la discográfica. “No era adecuado. No creo que a ninguna de nosotras le gustase demasiado, aunque disfrutamos grabándolo. A día de hoy sigo sin entender lo que está ocurriendo la mitad del tiempo”.
2. Wannabe (1996)
Los ejecutivos de la discográfica no querían lanzar ‘Wannabe’ como primer single. Les parecía una canción caótica, atropellada y que además empezaba con dos mujeres mezclando el rap con el punk. El videoclip directamente les horrorizó. Y tiene sentido. Es un plano secuencia plagado de gazapos (Geri está permanentemente a punto de caerse) en el que cinco desconocidas vestidas con ropa barata ponen patas arriba un hotel de lujo con una actitud que, por aquel entonces, solo se les permitía a los hombres. Y precisamente por eso funcionó. Tanto el videoclip como la canción lograron algo que no ocurre casi nunca: era puro pop y, a la vez, no se parecía a nada que existiese antes.
El único referente del videoclip de ‘Wannabe’ era la propia historia de las Spice Girls. Al principio las chicas cantan el estribillo en la acera, con unos mendigos a un lado (a quienes saludan con afecto) y una familia de pijos al otro. Esto es un guiño a la campaña que el grupo había desplegado en las semanas previas a su lanzamiento: como las radios y las revistas se negaban a entrevistarlas, ellas irrumpían en sus oficinas cantando, bailando y subiéndose a las mesas. Su energía era su carta de presentación para que, antes de lanzar su primer single, ya se hubieran metido en el bolsillo a la prensa. La premisa del vídeo es una metáfora del fenómeno Spice: al colarse en el hotel (la industria del pop) cogen la lista de invitados y la tiran por los aires para a continuación poner patas arriba el sistema y acabar bailando con los invitados. Las Spice Girls eran una fiesta a la que todo el mundo estaba invitado.
La canción empezaba con un rap acapella en el que, en vez de mostrarse sumisas al amor como solían hacer las cantantes femeninas de la época, gritaban “tú, te voy a decir lo que quiero, lo que quiero de verdad”. La letra enumeraba las condiciones que un chico debía cumplir si quería salir con ellas, entroncándolas más en el discurso de Alanis Morissette que en el de Whitney Houston. No era una cuestión de provocación, sino de ponerse en valor a sí mismas. Su actitud era agresiva como la de las riot grrrls pero sin renunciar a su femineidad de chicle pop. Mel B agitaba su pelo, mucho más asalvajado que el de las mujeres negras del pop de los 90, y Mel C daba volteretas sobre la mesa mientras a un aristócrata se le caía el monóculo y unos curas se quedaban petrificados. Puede que las Spice Girls fuesen el mayor fenómeno de marketing de la historia del pop pero su anarquía, tan infantil como feminista, sí era auténtica. Para cuando la canción termina y las chicas salen pitando del hotel en un autobús de dos plantas londinense, los hombres todavía están discutiendo.
1. Say You’ll Be There (1996)
Esta era la canción que la discográfica quería como primer single. Por eso al principio se escucha la aguja de tocadiscos posándose sobre el vinilo (esa misma aguja se levanta al final de ‘If You Can’t Dance’, la última canción del disco, pero Wannabe fue tal hit que la colocaron al principio del tracklist arruinando el efecto vinilo). ‘Say You’ll Be There’ es la canción que mejor demuestra cómo las Spice Girls volvieron a poner de moda el pop tras un lustro de grunge, britpop y eurodance: aplicando referentes de la música negra al pop más comercial. De aquel primer disco canciones como ‘Love Thing’, ‘Last Time Lover’ o ‘Say You’ll Be There’ podrían perfectamente haber sido de TLC, Excepto por los estribillos. Ahí era donde las Spice simplificaban al máximo la fórmula de sus melodías para que resultasen pegadizas como un jingle publicitario.
El videoclip es, con diferencia, el más simbolista de toda la videografía de Spice Girls. Sin apenas narrativa, consigue expresar el ideario del grupo: son cinco heroínas de acción (en un momento en el que las mujeres jamás eran heroínas en el cine de acción) que se cruzan en el desierto con un maromo al que neutralizan tapándole los ojos con un sujetador, robándole el coche y atándole al techo como un trofeo. Se trata de una inversión de roles respecto al cliché de la femme fatale que siempre interrumpe el viaje de los antihéroes en las road movies como ‘Easy Rider’. El modelo tiene el aspecto de Tony Ward, exnovio de Madonna y protagonista de sus vídeos ‘Justify My Love’ y ‘Erotica’. Así, las Spice se postulaban como herederas directas de Madonna: continuaban su conquista de espacios y su actitud empoderada y la expandían.
El espíritu del vídeo de ‘Say You’ll Be There’ está inspirado en el cine de Tarantino y en el clásico de serie B exploit sobre la venganza femenina ‘Faster, Pussycat! Kill! Kill!’. Los alter egos de las chicas tienen nombre de travestis: Geri es Trixie Firecracker, Mel B es Blazin’ Bad Zula, Emma es Kung Fu Candy, Mel C es Katrina Highkick y Victoria Midnight Miss Suki. Se trata de una de las claves de la filosofía Spice: las mujeres pueden experimentar con su identidad tanto como los hombres.
‘Say You’ll Be There’ es uno de los videoclips mejor editados que existen. Se trata de un vídeo con muchísimos planos y el ritmo de marca el montaje no solo está sincronizado con el ritmo de la canción sino que lo exalta. Al final, las chicas caminan por el desierto hacia su siguiente misión, en un plano muy simple pero que por alguna razón resulta tremendamente emocionante. Eran cinco mujeres que no estaban posando para la cámara. Eran cinco mujeres que iban hacia algún lugar y, si la cámara quería continuar grabándolas, tendría que seguirlas donde ellas quisieran.
Juan Sanguino es autor de dos libros, ‘Cómo hemos cambiado‘ y ‘Generación Titanic‘, a la venta en la tienda de JENESAISPOP.



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Ni quienes defendíamos que 
Como todo el cine de Kaufman, ‘Estoy pensando en dejarlo’ es enrevesada y chocante, y coquetea con el surrealismo tanto o más que cualquiera de sus obras anteriores. Es un viaje psicológico, o más bien psicótico, en el que se nos presentan reflexiones sobre la identidad, el paso del tiempo, la memoria y, por supuesto, la soledad. No es tanto una búsqueda de respuestas, sino dialogar con el espectador basándose en las preguntas que los filósofos han tratado de responder durante toda la historia de la humanidad: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? Para ello, en ocasiones recurre a referentes culturales, libros y películas que sirven como punto de partida para que los personajes comiencen a divagar sobre estos temas. ‘Estoy pensando en dejarlo’ es un film exigente, denso y árido que puede ser todo un reto para quien no logre conectar con su propuesta, pero para quien lo consiga, es una de esas experiencias cinematográficas extrañas y estimulantes que cuesta quitarse de la cabeza.
El segundo trabajo de Robert Eggers tras la atmosférica y enigmática belleza de ‘La bruja’, fue presentado en el Festival de Cannes 2019, causando verdadero entusiasmo entre la prensa (finalmente se alzó con el premio FIPRESCI de la sección). ‘El faro’ supone un ligero cambio de registro para su autor, pero continúa explorando leyendas y mitos siniestros de la antigüedad. Eggers se confirma como un cineasta capaz de crear atmósferas malsanas e inquietantes sin someter al espectador a sobresaltos convencionales. Al igual que en ‘La bruja’, aísla a sus personajes en un entorno natural salvaje e incontrolable. Pese a lo que pueda sugerir que dos actores tan famosos sean quienes la protagonicen (Willem Dafoe y Robert Pattinson), ‘El faro’ está muy lejos de buscar satisfacer al público medio. Es una película-pesadilla tan radical como histérica en su narrativa. No solo resulta ser la confirmación del talento de Robert Eggers, sino que directamente lo sitúa entre los grandes cineastas americanos en activo.
Tras labrarse un nombre en el cine indie con ‘It Felt Like Love’ y ‘Beach Rats’, Eliza Hittman se consolida como una directora prometedora con esta su tercera película, ganadora del Gran Premio del Jurado en Berlín y el Premio especial del Jurado en Sundance. La cinta nos presenta a Autumn, una introvertida adolescente de 17 años que, además de ir al instituto, trabaja como cajera en un supermercado en una ciudad pequeña de Pensilvania. Ella tiene la sospecha de que está embarazada y al acudir a la clínica se lo confirman. A partir de ese momento comienza una auténtica odisea que le hará ir de su estado –donde el aborto para las menores de 18 solo se puede realizar con el permiso de sus padres o un tutor legal- a la ciudad de Nueva York con el objetivo de abortar. ‘Nunca, casi nunca, a veces, siempre’ es una de esas películas pequeñas y discretas, que de repente, se sienten como una especie de revolución. Hittman, atenta siempre a los pequeños detalles, a gestos, a una mano estrechando otra, construye un relato duro, pausado y finalmente emocionante.
Una de las mejores estrenadas en España en 2020, es de 2013. Así son los inescrutables caminos de la distribución cinematográfica. Con un dominio de la elipsis apabullante, Jonathan Glazer nos cuenta una historia de ciencia ficción absorbente y turbadora. Pero también una historia de amor, y de terror, y de erotismo, y de existencialismo. La película es de una enorme riqueza visual. Está plagada de imágenes provocativas, sugerentes, inolvidables; de encuadres llenos de recovecos poéticos y rincones misteriosos. Si parte del placer de ver una película es vivir una experiencia que no se parezca a ninguna otra, de poder visionar imágenes nuevas (o viejas vistas desde una perspectiva que las renueven), ‘Under the Skin’ sería algo así como un shiatsu cinematográfico, la experiencia audiovisual más sorprendente y subyugante de este año.
Cuenta el director Levan Akin que la inspiración para la historia vino del Orgullo de Georgia de 2013: los que se arriesgaron a manifestarse fueron agredidos por personas convocadas por la Iglesia Ortodoxa. Tres años después, el director, sueco pero de padres georgianos, se decidió a documentarse sobre el asunto para el que sería su cuarto largometraje, con diferencia, el de mayor impacto internacional, siendo ‘And Then We Danced’ la película propuesta por Suecia para los Oscar. Finalmente no acabó en la lista, pero no nos hubiese sorprendido verla, e incluso ver una sorpresa en la categoría de mejor actor para Gelbakhiani, porque se lo hubiese merecido. Y, aunque él lleve todo el peso, destacan también el trabajo de Bachi Valishvili (Irakli), de Marika Gogichaishvili (la abuela de Merab) y, sobre todo, de Ana Javakhishvili, quien da vida a Mary, la novia de Merab y responsable de una de las escenas más tiernas de la película.
La última película de los hermanos Safdie sigue la estela estilística y narrativa de su anterior ‘Good Time’: un thriller vertiginoso, con toques de humor negro y apuntes de drama familiar (en este caso sobre las relaciones y rituales de una familia judía), protagonizado por un hombre en plena huida hacia el abismo. Sandler interpreta a un endeudado joyero neoyorquino que, como Harvey Keitel en ‘Teniente corrupto’ (Keitel fue la primera opción para interpretar este papel), intentará saldar sus deudas de juego subiendo la apuesta. Esto es: endeudándose aun más. Al igual que el protagonista camina por la cuerda floja, ‘Diamantes en bruto’ hace equilibrios entre el thriller, el drama y la comedia. Los Safdies realizan una apuesta arriesgada, incluida la elección del actor protagonista (aunque Sandler ya había demostrado su versatilidad en películas como ‘Punch-Drunk Love’, ‘Hazme reír’ o la mencionada ‘The Meyerowitz Stories’). Una apuesta que al final -¡y menudo final!- resulta ganadora.
El recorrido comercial que ha tenido ‘My Mexican Bretzel’ es cuanto menos curioso. Comenzó viéndose en el Festival de Gijón en 2019 y continuó su camino en el prestigioso festival de cine de autor de Rotterdam. Sin embargo, cuando realmente la película cobró una nueva vida fue gracias a su exhibición en Filmin en la programación del D’A, donde tuvo un sorprendente éxito que terminó alzándola con el premio del público. Meses más tarde llega a varias salas de cine una película tan pequeña, personal y única que parece un milagro que haya llegado tan lejos. Y, claro, no queda otra que celebrarlo. La inteligencia y sensibilidad mostradas en este trabajo sitúan a Nuria Giménez Lorang como una cineasta audaz y valiosa. En su naturaleza experimental ‘My Mexican Bretzel’ rebosa pasión por hacer cine, por encontrar un medio para evocar el pasado, para crear nuevas vidas a través de las ya vividas. Es una obra poética, emocionante y evocadora, tan íntima como universal, y que además, guarda para el final una reflexión poderosa.
Tras una década dedicada a la franquicia James Bond, Sam Mendes regresa a un guion original con ‘1917’. La cinta nos sitúa en ese mismo año, en mitad de la Primera Guerra Mundial. La propuesta del director es realizar una experiencia física e inmersiva, transportando al espectador al campo de batalla. Para llevar esto a cabo, Mendes plantea la película como si fuese un único plano-secuencia (que realmente no lo es, al igual que en ‘Birdman’ de Iñárritu) y su apuesta tiene sentido. Los primeros cuarenta minutos atrapan, se entiende el motivo por el que Sam Mendes usa este recurso; es vivir la guerra en primera persona, sudar, correr y sufrir con su protagonista. La técnica impresiona: la cámara se mueve por los recovecos más insospechados, la planificación es impecable a nivel de organización de figurantes y actores –muy bien tanto George MacKay como Dean-Charles Chapman-, la fotografía de Roger Deakins supone otro grandísimo trabajo en su prestigioso currículum, el diseño sonoro sobrecoge…
El octogenario cineasta sueco Roy Andersson, que presentó ‘Sobre lo infinito’ en la pasada edición de Venecia, ha llegado este año a nuestra cartelera con este ramillete de hipnóticos microrrelatos, en los que van desfilando distintos comportamientos de la naturaleza humana, del miedo al deseo. Una fantasía que no da lugar a un film usual, pero sí a algo así como una visita guiada por una pinacoteca, en la que cada sala estuviera dedicada a un pintor. Saben a poco los apenas 75 minutos de metraje, o que el relato de Adolf Hitler roce lo chirriante, neutralizado con la fortaleza emocional del resto de historias, como la de los amantes que sobrevuelan una ciudad. Una obra de arte en definitiva al encadenar la angustia y el aislamiento social bajo un manto frío, aparentemente sin emociones, pero sobre el que se genera una empatía sin sentimentalismos nostálgicos. Un universo artístico que emparenta sin paliativos con las pinturas de Edward Hopper como cronista de la historia; y plasma la obsesión y la vulnerabilidad física de nuestro cuerpo como los trabajos de Tetsuya Ishida.
El excelente guión de ‘Las niñas’ nos habla sobre cómo fue crecer en una España que ya habíamos olvidado lo devota que pudo llegar a ser. Sobre cuántas cosas nos hemos perdido por la influencia del “qué dirán” o lo traumático que puede ser desnudarte delante de alguien por primera vez cuando no te han explicado un par de cosas. Y en particular sobre cómo fue todo esto siendo mujer. No oculta la cinta su vocación feminista desde su mismo título, y sus primeras líneas hoy en día nos hacen rasgarnos las vestiduras: una niña que es censurada por moverse de manera demasiado “marimacho”; decenas que cantan en el patio de colegio una canción con una letra tan tóxica como aquella del “capitán de un barco inglés, que en cada puerto tiene una mujer”… Emocionante como ‘Verano 1993’, con la que comparte productores, y a la vez divertida cuando toca, suena ya fuerte para las candidaturas a los Goya del año que viene.
Una de las películas europeas del año. Tras la celebrada ‘Bella y perdida’, el director Pietro Marcello regresó por todo lo alto con esta monumental adaptación de Jack London, premiada como mejor película en la edición 2019 del Festival de Cine Europeo de Sevilla y ganadora de la Copa Volpi al Mejor Actor (impresionante Luca Marinelli) en el Festival de Venecia. La película es una versión muy libre, y a la vez muy fiel a su espíritu, de ‘Martin Eden’ (1909), la novela más autobiográfica del novelista estadounidense. El director italiano cambia de escenario (de Oakland a Nápoles) y de época (de la década de 1900 a un periodo indeterminado entre los años 40 y 70 del siglo XX), pero narra la misma historia: el proceso de formación de un marinero sin estudios que, tras entrar en contacto con una refinada familia burguesa y enamorarse de la hija, decide convertirse en escritor. Y lo hace combinando de manera muy poética las imágenes de archivo con el material original.
En esencia, ‘Tenet’ no es más que una película de James Bond con envoltorio sci-fi lioso. Un ambicioso y sofisticado blockbuster, que utiliza las paradojas temporales, la manipulación de las leyes de la física y los palíndromos múltiples como imaginativa excusa argumental para construir un thriller de espías visualmente asombroso. Da igual no entender la trama en su totalidad, la fuerza de las imágenes es tan intensa y la tensión narrativa tan potente que es capaz de arrastrar al espectador más perdido por un viaje fascinante. La representación visual de la manipulación del tiempo que hace Nolan, su exposición de la coexistencia en un mismo plano de lo lineal y lo invertido, es deslumbrante, y narrativamente funciona de maravilla. A esto contribuye el fabuloso montaje de Jennifer Lame (la montadora de las películas de Noah Baumbach) y la potentísima banda sonora a lo Hans Zimmer de Ludwig Göransson, ganador del Oscar el año pasado por ‘Black Panther’ (la canción de Travis Scott, ‘The Plan’, aparece en los créditos finales).
Tras fundar en 2008 el colectivo Los hijos (‘Los materiales’, ‘Circo’) junto a Natalia Marín Sancho y Javier Fernández Vázquez, el director Luis López Carrasco emprendió su carrera solitario con ‘El futuro’ (2013), un “imposible” cruce entre Almodóvar y José Luis Guerín que funcionaba casi como una reformulación del cine político. En la monumental ‘El año del descubrimiento’, sigue ahondando en esa vertiente política acercándose a la otra cara de los fastos de 1992, cuestionando el relato oficial a través de la iluminación de las esquinas olvidadas y ocultadas por la gigantesca sombra de Cobi, Curro y los trenes de alta velocidad: el cierre de fábricas y el desmantelamiento industrial de Cartagena. Unos cierres que provocaron protestas y disturbios que tuvieron su momento álgido con el incendio del parlamento regional a través del lanzamiento de cócteles molotov.
La última película de François Ozon puede entenderse como la culminación de un estilo, un compendio de lo mejor de su cine, donde se combina con audacia la ligereza y la profundidad de todas las cuestiones que plantea. El primer amor está retratado con una sensibilidad enorme y transmite con mucha veracidad ese intenso estado de embriaguez con el que se vive, pero también se asume la fugacidad y la superficialidad que este a menudo conlleva. Todo el film está narrado desde el aprendizaje que supuso aquel verano para el protagonista. Es una mirada nostálgica y encantadora a aquellos días especiales, a esos momentos que marcan para siempre porque te hacen sentir cosas que nunca antes habías sentido y que probablemente nunca vuelvas a sentir de la misma manera. Es en la recreación de esos instantes y en los preciosos detalles de la puesta en escena de Ozon donde ‘Verano del 85’ crece y se convierte en una experiencia trascendente.
Película cien por cien Sorkin. O, lo que es lo mismo: una exhibición de esgrima verbal, con unos diálogos más afilados que una espada de ‘Forjado a fuego’; un discurso brillante, lleno de segundas lecturas que resuenan con fuerza en el presente; y un notable dominio de la narración, hasta el punto de meter al espectador dos horas en un juzgado y que se lo pase como si estuviera en una montaña rusa. A estas virtudes hay que sumar otra: el espectacular reparto. Todos están fabulosos, pero hay dos duelos que brillan como una bomba de napalm en Vietnam. Por un lado, Sacha Baron Cohen y Eddie Redmayne, que encarnan a los representantes de dos sectores de la izquierda estadounidense sesentera, la hippy y la pija (este último, Tom Hayden, se convertiría en la estrella de la contracultura junto a su mujer Jane Fonda). Y, por otro, Mark Rylance y Frank Langella, el abogado progresista y el juez carcamal, que protagonizan algunos de los mejores momentos de la película.
‘Mank’ es algo así como el ‘Érase una vez en Hollywood’ de Fincher, una mirada fascinada –que no reverencial- al Hollywood de los años 30. En concreto, a uno de sus artífices más prolíficos pero menos conocidos: Herman Mankiewicz, uno de esos brillantes intelectuales neoyorquinos que cambiaron los estrenos de Broadway y las redacciones del New York Times o Vanity Fair, por los contratos millonarios en los estudios de cine hollywoodienses y las fiestas en San Simeón, el castillo del magnate de la prensa William Randolph Hearst. ‘Mank’ recrea el Hollywood dorado y la escritura de ‘Ciudadano Kane’ reproduciendo la caligrafía audiovisual y la estructura narrativa de las películas de esa época. En particular de la propia ‘Ciudadano Kane’, con la que dialoga constantemente. Una puesta en escena llena de estilo y sentido poético como se puede ver en la fabulosa secuencia entre Mankiewicz y Marion Davies (Gary Oldman y Amanda Seyfried están fantásticos) paseando por los jardines de San Simeón.
Como es habitual en el director de ‘Bone Tomahawk’ y ‘Brawl in Cell Block 99’, ‘Dragged Across Concrete’ (que se puede traducir como “arrastrado por el asfalto”), comienza con el ritmo de una película iraní de los noventa. De hecho, hay una secuencia, un plano fijo con Vince Vaughn zampándose un bocadillo dentro de un coche, que podría haber firmado el mismísimo Kiarostami. Zahler se toma su tiempo (la película dura dos horas y cuarenta minutos), perfila los personajes con paciencia y escribe los diálogos con buena caligrafía. El resultado de esta cocción a fuego lento son unos diálogos con mucha sustancia (a veces muy amarga), unos personajes muy bien construidos (con peso dramático y profundidad psicológica, incluidos los secundarios, lo que permite que luego te importen), y una enorme sensación de verosimilitud en las acciones, por muy excesivo, salvaje y pulp que se vuelva todo.
Una de las joyas indie del año pasado. Cuando ‘The Souvenir’ ganó en Sundance, y Sight & Sound la eligió como mejor película del año, muchos nos preguntamos: ¿de dónde ha salido esta directora? Los tres largometrajes anteriores de Joanna Hogg apenas se habían visto fuera de Inglaterra. Pero uno de ellos, ‘Archipelago’, había cautivado a Martin Scorsese, que decidió producir su última película. ‘The Souvenir’ es un extraordinario ejemplo de cómo filmar los recuerdos. La directora parte de su propia biografía -sus años de estudiante de cine en los 80, su problemática relación con un hombre con muchos secretos- para componer un relato articulado a través de fragmentos de memoria. Una canción (Specials, Psychedelic Furs, Bauhaus, The Pretenders…), una imagen (las fotografías que ella misma hizo en la época) o una pintura (‘The Souvenir’, Jean-Honoré Fragonard), son las magdalenas proustianas que evocan los recuerdos de esta cautivadora historia de iniciación creativa y sentimental.
Una pequeña joya del fantástico que ha alumbrado a un nuevo talento (con seguidores ilustres como Guillermo del Toro, J.A. Bayona o Nacho Vigalondo). El debut de Andrew Patterson (director, escritor, productor y montador de la película) es una evocadora historia de ciencia ficción que rinde homenaje a los clásicos del género (hay muchas citas para iniciados) pero sin caer en la simple imitación nostálgica. De hecho, hay más ideas, mirada y personalidad en los largos planos secuencia que componen ‘The Vast of Night’ que en la mayoría de filmes y series recientes que intentan emular este tipo de relatos fantásticos del pasado. La película es algo así como un capítulo muy estilizado y parlanchín de ‘La dimensión desconocida’ (hay un juego intertextual con la televisión de los 50, época en la que está ambientada la historia). Un atmosférico cuento de misterio, que utiliza el fetichismo tecnológico y la capacidad de sugerencia de la palabra y el sonido (los protagonistas son dos friquis de la radio) para crear desasosiego, lirismo retro y reivindicar el placer de la narración oral.
Tras triunfar en los festivales de Sundance y Berlín, ‘Guapis’ fue linchada en las redes sociales después de su estreno en Netflix y su desastroso cartel promocional (por el que la plataforma pidió disculpas), muy alejado del discurso central de la película. El debut de la directora Maïmouna Doucouré fue acusado de hacer apología de la pedofilia. En realidad, el filme es todo lo contrario. A través del protagonismo de una niña de once años franco-senegalesa y de familia musulmana tradicionalista, la directora construye un intenso drama, tan duro como tierno, sobre las dificultades de crecer en un entorno dominado por el choque cultural, la precariedad económica, la desatención familiar y la hipersexualización de la infancia. Es una denuncia muy incómoda porque obliga al espectador a ver a niñas perreando y haciéndose selfies obscenos, pero también muy valiente por mostrar de frente una realidad que no se debería ocultar. 
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