
Georgia ha publicado uno de los primeros discos que escuchar en este 2020, el recomendado ‘Seeking Thrills‘, nuestro «Disco de la Semana». Se trata de un álbum que se refugia en la pista de baile porque el «dance es la música hecha por y para el pueblo». La artista acudía a Madrid el pasado mes de noviembre como parte de una ronda promocional para hablar de este álbum, del Brexit o de sintetizadores en los años 80. La artista es menuda pero determinada: no en vano esa misma noche la veremos cantar junto a su homólogo Alexis Taylor en el concierto de Hot Chip. Georgia, que ofrece una conversación muy interesante, es uno de los mayores reclamos internacionales del murciano Warm Up, junto a Kraftwerk, Hot Chip, Modeselektor, Johnny Marr o Dorian Electra.
¿Qué te ha llevado a hacer un disco tan distinto al primero?
Después del primer disco, sabía exactamente lo que tenía que hacer en un segundo disco. En cuanto salió el primero, hice la gira, pero en lo que estaba pensando era en volver al estudio para encontrar una dirección artística, un objetivo. Mi mayor preocupación sobre el primer álbum es que el disco no era accesible. Tuvo buenas críticas, pero era duro de escuchar para la gente, había demasiadas ideas en el conjunto total. En este quería dar un paso atrás y concentrarme en una sola idea, y que mi voz fuera el principal personaje. En el primero la voz está enterrada entre un montón de cosas, y en este está en el centro del escenario. La simple idea de tener un objetivo ya lo hace diferente al primer disco. También he hecho un viaje en lo personal: dejé de beber, me hice vegana, dejé de tomar gluten… He mantenido una rutina, hago ejercicio, voy al estudio, estoy 7 horas, luego me voy a casa… Ahora es como un trabajo de verdad. Creo que como consecuencia de esa rutina, las canciones son muy disciplinadas, están más concentradas, son más directas.
Tengo muchas preguntas de repente… ¿Entonces te ha influido lo que la gente pensaba de tu debut a la hora de elaborar este disco? Y por eso es más pop…
Totalmente, sí, me he obsesionado mucho con el pop de los 80, Depeche Mode, Kate Bush… Sobre todo artistas de Reino Unido. También he explorado las raíces de música como el house de Chicago y el techno de Detroit, y en cómo ha influido en gente como Madonna. Me he concentrado en la música pop, pero sobre todo en los 80, en la era analógica, en las producciones…
Y dirías que todo eso no estaba en el primer álbum.
No. Entonces no sabía muy bien dónde ir, era una combinación de diversas cosas.
Percibo la influencia del pop de los 80, pero el disco es más pop o electro que house o techno, ¿no?
Quizá debería decir más bien que me he concentrado en los inicios del techno, cuando era electro, cosas como Cybotron o Juan Atkins. Es muy 80’s y menos como techno oscuro. Por ejemplo el vocoder en el estribillo de ‘About Work the Dancefloor’ viene de la música techno, de sus códigos en las voces. En cuanto al house de Chicago me refiero a como empezó en los 80’s: Frankie Knuckles, Larry Heard… Hablamos de canciones. No como el house o el French house: he ido a los orígenes. Eso inspiró todo lo que hay en el disco y he usado ese tipo de tecnología de la época, los 909’s, los 808’s, los 101’s, sintetizadores de los 80… Todo lo que oyes en este disco es analógico, hemos usado una mesa donde The Cure mezclaron ‘Disintegration’, y cosas así. Por eso suena tan ochentero.
¿Ha sido un largo camino de comprar en internet o documentándote?
De comprar en internet, y de trabajar con un mezclador, Mark Ralph, que me ha ayudado a dar forma a los sonidos con todo el equipamiento. Alquilamos 909’s… me compré cosas de los 80, el SH909, me han prestado cosas…
«Todo lo que oyes en este disco es analógico, hemos usado una mesa donde The Cure mezclaron ‘Disintegration’, y cosas así. Por eso suena tan ochentero»
¿Te has documentado mucho o te ha venido de manera natural?
Ha sido de manera muy natural, no sé si sabes que mi padre estuvo en un grupo de dance, por lo que las cajas de ritmo me resultan muy familiares. Mi habitación de pequeña literalmente era el estudio de Leftfield. He crecido entre cajas de ritmos y sintetizadores. Así que todo viene de manera natural. Son los sonidos que me emocionan, me resultan familiares.
¿Te gustaban Leftfield de adolescente?
Mi madre, que está aquí, de hecho, la he traído conmigo, me llevaba a conciertos de Leftfield, a raves, veía a miles de personas, y pensaba: «¿qué está pasando aquí?». Me fascinaba. Es increíble. Estoy muy orgullosa de mi historia musical, de que mi padre hiciera música tan increíble. La música dance es una de la músicas más importantes porque es la música de la gente y para la gente. Me siento muy orgullosa.
«Mi habitación de pequeña literalmente era el estudio de Leftfield»
¿Por qué lo dices con tanto énfasis?
Porque creo que mucha gente antes era elitista, tenías que vestir de una forma. Si pareces un punk eres un punk, en el mundo del arte en Reino Unido si te gustaban Roxy Music, tenías que vestir de cierta forma. Y cuando llegó la música house… no tenías que ser de ninguna manera. Todo el mundo está a gusto. El énfasis es la pista de baile, y ese mensaje se extendió en Reino Unido entre la gente trabajadora, cuando se estaban destruyendo pueblos. En los 80 estaba Margaret Thatcher, la gente perdía sus trabajos. Chicago y Detroit empezaron una revolución en la mente de la gente, y se convirtió en la música de la clase trabajadora, salvando la vida de la gente. Cuando la gente iba a las raves, no habían experimentado cosas así. Cuando estás en un colectivo así con gente tan diferente y conoces por ejemplo a un científico, se te ocurre que igual te podías ir a Manchester para ser abogado. Cambió la vida de mucha gente, que empezó a pensar que podía ser alguien.
No eres ese tipo de hija que reniega de la vida de sus padres…
A veces (risas)
Ni que lo que hace de alguna manera es una reacción…
No, no…
«Dejé de beber, me hice vegana, dejé de tomar gluten, hago ejercicio, voy al estudio, estoy 7 horas… Como consecuencia de esa rutina, las canciones son más disciplinadas»
Has dicho que te has hecho vegana, que no comes gluten, y que no bebes. ¿Qué ha pasado?
Sí bebo, pero es diferente. Antes tenía un problema, tenía una personalidad adicta. Después del primer disco, no creo que supiera cómo «beber sofisticadamente». Mi relación con el alcohol era beber hasta estar muy mal. Sobre todo cuando estaba cerca de los 20, aunque bebía desde antes. Después del primer disco, mis padres se separaron, saqué un disco, tenía un sello, pasaron demasiadas cosas… y me refugié en beber y salir. Tomar drogas. Lo que fuera. Cuando hice el disco, la bebida era muy visible en mi vida cuando estaba con amigos y familiares y me dijeron: «Tienes que parar». Fui a grupos de rehabilitación, dejé de beber durante 2 años solo para reparar mi relación con el alcohol, y ahora siento que puedo disfrutar de un vaso de vino sin pensar que necesito toda la botella.
¿Lo relacionas con la industria musical?
Sí, creo que sí. Empecé como batería de sesión, y tenía como una necesidad. En toda la música siempre hay una idea de exceso. Si vas a hacer algo, que sea a tope. Sí. En definitiva, sí.
«No sé si es así en Madrid, pero en Londres sentimos que el resto de la gente del país está enfadada y sufriendo. La gente no aprecia una cosa sobre Londres, y es que piensan que vivimos en un burbuja. Y es verdad (…) pero sí sentimos el dolor del país»
En las letras del disco, hay cosas, pero a veces no son demasiado concretas sobre relaciones o sobre la vida. Tengo la sensación de que la segunda parte es más política, por ‘Ultimate Sailor’, ‘Feel It’, ‘Ray Guns’…
Quizá sí. No soy una artista política, pero obviamente me interesa, me preocupa, sobre todo con todo lo que ha pasado en mi país. Ha habido una sensación de inseguridad durante dos años, tres… este disco se hizo a través del Brexit (risas). No ha sido consciente pero quizá sí inconsciente. No sé si es así en Madrid, pero en Londres sentimos que el resto de la gente del país está enfadada y sufriendo. La gente no aprecia una cosa sobre Londres, y es que piensan que vivimos en un burbuja. Y es verdad: vivimos en esa ciudad capitalista que se mueve ridículamente rápido, no sabes ni dónde estás o cuándo te vas. Pero sí sentimos el dolor del país y en todo el Brexit, y durante todo el camino que se ha seguido, Londres ha pasado y está pasando por muchos problemas. Como londinense, como persona de la comunidad, sientes ciertas cosas, y eso está en las letras de alguna manera. No de manera consciente.
Pero no hay un tema principal…
No es un disco conceptual. Es una colección de canciones que quieren empoderar al oyente para que haga ciertas cosas, para que salga y busque pequeños placeres, pequeñas «emociones».
‘About Work the Dancefloor’ me inspira irme a una discoteca a bailar.
¡Eso es, exactamente!
He leído que has estado de clubs por Berlín, pero no sé si ha sido en Berghain exactamente.
’24 Hours’ está hecha después de pasar 24 horas en Berghain (risas). Y ‘About Work the Dancefloor’ es una combinación de cosas, de varios clubs y de lo que te decía de volver a mis raíces, al house de Chicago y el techno de Detroit. He tenido momentos de estos de escapismo, de ser transportada, es algo muy importante. Sé que es un cliché, que no soy la primera en darse cuenta, pero estar sobria en estas fiestas supone darte cuenta de lo importante que es todo esto para la gente. Escapar es un fenómeno tan increíble… quiero entender mejor cómo funciona. Por eso la pista de baile es el tema principal de este disco; si hay un tema principal, es ese.
«¿Es Billie Eilish pop, una rapera, una emo…? No puedes definirla: así son los artistas que me gustan»
De nuevo, no visitaste otros sitios de pop en Berlín. Hablamos de Berghain.
Creo que vivimos en una era en la que la música pop está mezclando géneros, tomando cosas de diferentes tipos de lugares. Por eso salen artistas como Billie Eilish, que no puedes definir, ¿es pop, es una rapera, es una emo…? No puedes definirla, sabes que es una artista de música pop porque es mainstream. Así son los artistas que me gustan. El hecho de que no puedas decir «esto es techno», «esto es lo otro», es lo que lo convierte en un pop diferente.
En ‘Started Out’ hablas de «wicked young fools». ¿Estás siendo ironica?
(risas) Quería decir que en la vida somos tontos, a veces somos malvados, y a veces somos lo suficientemente valientes para ser de una manera y otra. De nuevo es para empoderar al oyente. Quizá tenga sentido que todos seamos atrevidos y valientes.
Billie Eilish y Lorde creo que tienen el discurso de «somos jóvenes pero no tontas». Creía que ibas por ahí.
Bueno, quizá. Somos tontos muchas veces, pero eso es lo que nos hace personas vulnerables y frágiles. Quizá significa ser joven, sí.
Bueno, aún somos tontos cuando tenemos 30 o 40 años…
Exactamente (risas).
Háblame de las baladas del disco, de ‘Ultimate Sailor’ o ‘Till I Own It’.
Esa es una de mis favoritas. Son de mis favoritas. Cuando oyes ‘Hounds of Love’ de Kate Bush hay momentos de espacio y respiración. Era muy importante para mí dejar un espacio para que mi voz tomara protagonismo. Me gusta por ejemplo Luther Vandross (sonríe). No estaba tan interesada en sus grandes baladas como en algunas cosas más underground que hizo, realmente muy bonitas. Hay belleza en la oscuridad. Quería hacer un disco que tuviera giros y sorpresas, y esas canciones dan un giro, quería que hubiera cosas más tranquilas.
¿Cómo es que hiciste el vídeo de ‘About Work the Dancefloor’ en Madrid?
Porque el director era español (NYSU).
Lo sé, ¿pero por qué has trabajado con él? ¿Era la primera vez que venías?
No. Vine mucho con mis padres a Alicante, a Jávea, he venido a Madrid seis o siete veces. El director vivía aquí, estaba familiarizado con el estudio, y en este caso lo más fácil es que yo viniera a rodarlo, en lugar de trasladar a todo el equipo.
Anoche actuaba Kate Tempest, hoy actúan Hot Chip en Madrid. No tengo muy claro qué haces por aquí.
Subiré al escenario con Hot Chip. No pude ver anoche a Kate Tempest porque el vuelo se retrasó, así que me lo perdí. Es una pena porque toqué la batería con ella, pero es una de las cosas de estar de gira, que siempre te pierdes cosas así. La conozco desde niña porque es una amiga de mi familia, es una inspiración y está petando ahora mismo.
Me ha sorprendido que no la nominaran al Mercury…
Bueno, pero ya lo logró dos veces seguidas, así que un año fuera está OK. Ya volverá con el siguiente (risas).



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La mejor película de Tarantino en mucho tiempo también llegó directamente desde Cannes (menudo año ha tenido el festival). ‘Érase una vez en… Hollywood’ es una celebración del cine y de su cine; un viaje por el Hollywood de la época, en donde no faltan las largas escenas con diálogos ingeniosos y brillantes marca de la casa, pero también reside en ella una sensibilidad pocas veces contemplada en el cine de Tarantino, y que le sienta de maravilla. Es la primera película en la que está tan presente el amor que siente hacia sus personajes. El resultado es un auténtico disfrute de película que nos recuerda por qué es uno de los cineastas americanos más importantes en la cultura pop desde hace más de dos décadas. Esperemos que cambie de opinión y su carrera no termine con su –próxima– décima película.
‘Joker’ es uno de los grandes títulos de 2019, y lo es no solo por su calidad como película, sino por todo lo que significa. Por todas las cosas que puede significar, por todas las reacciones que va a despertar y por todo lo que es capaz de representar, sea o no intencionado. Y, por supuesto, por el duelo interpretativo entre Joaquin Phoenix y Robert de Niro, que nos da una de las mejores secuencias del año. Es una cinta que hay que ver, aunque luego te encante o te horrorice. Pero también avisamos: se ve venir de lejos que es esa película con la que sus mayores defensores, o parte de ellos (“not all men”) va a ser insufrible. Y vais a escuchar eso de “si no te gusta, es que no la has entendido”. Aunque les reconozco que aquí tiene sentido. You wouldn’t get it.
La mejor película de Netlix de 2019 es también el mejor trabajo en la carrera de Noah Baumbach. El director se apoya en su excelente reparto, donde no sólo brillan Driver y Johansson, sino también todos los secundarios, especialmente una grandiosa Laura Dern que además cuenta con uno de los mejores momentos de la película: un hilarante monólogo sobre la Virgen María. Sus más de dos horas transcurren con ligereza pese a su intensidad; es una obra hecha en estado de gracia, de esas en la que todo fluye, de las que camuflan su complejidad con simpleza. ‘Historia de un matrimonio’ no es una historia sobre el desamor. Es una historia de amor entre dos personas que ya no quieren estar juntas: de lo que fue y de lo que queda. Su final, tan agridulce como lleno de ternura, supone el broche perfecto a dos personajes que perdurarán en la memoria cinéfila.
El tercer largometraje de Oliver Laxe, un drama intimista ambientado en la Galicia rural sobre un hombre que sale de la cárcel tras cumplir condena por haber incendiado el bosque cercano a su aldea, confirma al director gallego como un cineasta imprescindible en el cine español. La película es una muestra excelente de slow cinema –un término que algunos teóricos han utilizado para referirse a cierto cine de planos largos y tramas mínimas–, un filme que se apoya casi al completo en lo meramente visual logrando crear imágenes que trascienden mucho más allá de lo estético. En Cannes le han programado (y premiado) las tres veces en secciones paralelas. Su salto a la sección oficial de este o cualquier festival de renombre debería llegar a la próxima, pues con su escueta filmografía ya ha dejado evidencia de sobra de su tremendo talento.
Entre la masturbación que abre la película y la que la cierra, Lanthimos narra la historia de un triángulo sentimental formado por dos consejeras reales, las “favoritas” de la reina (estupendas Rachel Weisz y Emma Stone), que se disputan con uñas y dientes el favor de la monarca británica (fabulosa Olivia Colman). El resultado de esta pelea es una irresistible tragicomedia sobre los rituales de sumisión y dominación, filmada por medio de recursos estilísticos sorprendentes –lentes deformadas, grandes angulares–, la inclusión de música y bailes anacrónicos, y la utilización de (viperinos) diálogos llenos de modismos actuales (“fuck, fuck, fuck”). A través de esta mirada contemporánea, el director retuerce los rígidos códigos genéricos del cine histórico para crear una obra que deforma el pasado para dialogar con el presente.
‘Ad Astra’ puede entenderse como una especie de mosaico en el que su autor explora con minuciosidad cada detalle de un guion ambiciosísimo a niveles temáticos; fiel a sus tiempos y sin intención de ser un mero pasatiempo para un espectador pasivo. Es una obra exigente y difícil pero en la que, a menudo, es sencillo perderse gracias a una dirección sobresaliente que saca el máximo partido posible al impresionante apartado visual –la fotografía de Hoyte Van Hoytema merece, como mínimo, una nominación al Oscar–, y también al sonoro, con un uso modélico de la preciosa partitura de Max Richter. Por otro lado, Brad Pitt, en una interpretación muy contenida, pocas veces ha estado tan expresivo. En sus ojos están la esperanza y la desesperanza del mundo cada vez más deshumanizado en el que vive su personaje.
Una de las mayores sensaciones de la sección oficial de Cannes de este año fue la última película de la interesante directora francesa Céline Sciamma, quien acabó llevándose el premio al mejor guion. Con ella, aporta un nuevo capítulo en su ecléctica obra siempre interesada en explorar la feminidad desde distintos puntos de vista. El agradable viaje amoroso y el juego de espejos y miradas que propone Sciamma con su visionado, compensa las deficiencias que pueda tener. Por aquí preferimos los diamantes en bruto y con todas sus asperezas como lo era ‘
Con apenas dos películas, Aster ha logrado crear un estilo claramente identificable, tratando temas que parecen obsesionarle como lo son la familia como entidad vulnerable y la pérdida de seres queridos desde una perspectiva cruda y siniestra. Esta nueva obra se distancia en muchos aspectos de la oscura ‘
Es prácticamente imposible decir algo malo de ‘El irlandés’. Es sin lugar a dudas la obra de un maestro. Técnicamente es espectacular. Scorsese dirige con una precisión y un dominio de los espacios y de los tempos narrativos admirables. Lleva años haciéndolo, y en esta ocasión cuenta con un guion muy potente (y denso: lleno de detalles y subtramas sobre la mafia en las que es fácil perderse). Y en el aspecto visual la cuidadísima fotografía de Rodrigo Prieto destaca –tanto en digital como en 35mm– retratando las texturas de ese mundo turbio en el que se mueven sus personajes. Todo resulta épico y clásico. Y eso que la película no escatima en utilizar recursos narrativos postmodernos. Lo más interesante es la visión crepuscular de su autor expuesta en sus últimos minutos, donde realmente se ve la reflexión que busca y la profundidad de la película.
‘Nación salvaje’ está llena de ira y de odio, y quizá por eso, es una de las radiografías más certeras sobre nuestra sociedad que se han visto en tiempo. Es una cinta que narra desde la perspectiva de una generación que se ha criado con las redes sociales. Y plasma de maravilla ese contraste que se genera entre lo positivo que es tener toda la información a tu alcance, que deriva en una mayor conciencia de movimientos como el feminismo, en ser más tolerantes con lo diferente o en tuitear sin pensarse dos veces que “los hombres que no comen coño hoy en día son unos sociópatas”; y el riesgo que conlleva estar expuesto continuamente, que tus datos lleguen a la persona equivocada o lo peligroso que es que las fotos que ves de cuerpos “perfectos” en Instagram sean tu modelo a seguir. Una de esas películas que generarán amores y odios a partes iguales, pero desde aquí reivindicamos esta caza de brujas contemporánea como una de esas experiencias cinematográficas que, por única, merece la pena vivir.
‘Sauvage’ fue una de las revelaciones del año pasado en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes (de hecho, este año el poster de esta sección era una fotografía de su protagonista) y, quizá, uno de los debuts franceses más interesantes de los últimos años. La ópera prima de Camille Vidal-Naquet se adentra en el mundo de la prostitución masculina a través de la piel de Léo, un chico de veintidós años que se gana la vida vendiendo su cuerpo en las calles. La cámara se mueve nerviosa en las escenas en exteriores, como en un intento de arrojar al espectador a la extrema realidad de su antihéroe, del que no se despega ni un segundo. Hay una sensación de inmediatez en la manera en la que está rodada que favorece a ofrecer esa crónica descarnada de la prostitución callejera que quiere ser, y que recuerda al arrebato con el que filmaba el primer Gus Van Sant.
Lars von Trier consigue muchas cosas con esta historia de un asesino en serie contada en primera persona. A estas alturas muchas de ellas no haría falta mencionarlas en una reseña si se conoce bien su trayectoria, como la capacidad para conseguir que 100 personas se piren en mitad de la película en Cannes… pero aquí llegan a su punto máximo. Está claro que una película de von Trier no es precisamente la que llevarías a alguien a ver en una primera cita (o sí), pero las bestialidades de ‘La casa de Jack’ llegan a superar a las de ‘Anticristo’ –y si no lo hacen será solo por unas proporciones de humor negro ausentes en aquella–, y desde luego el horror y el mal cuerpo alcanza con cierta escena, el “Tercer Incidente”, el nivel del final de ‘Bailar en la oscuridad’. Solo que en el film de Björk aquello era al final, y aquí dicha escena se ubica hacia la mitad del metraje, de forma que el perverso danés juega un rato más con las mentes de sus espectadores.
Muchas críticas describen ‘La hija de un ladrón’ como “una historia de superación”, pero NO es una historia de superación; en todo caso, es la historia de alguien que se ve superada. Sara se ve superada por las circunstancias, y se ve superada porque toda su vida en sí sean las circunstancias. El “nadie va a quitarme esta pena” que canta
Cuando todo parecía indicar que Honoré se iba a convertir en algo así como el Julio Medem del cine francés, el año pasado regresó al festival de Cannes por la puerta grande. ‘Vivir deprisa, amar despacio’, cursilona traducción del original ‘Plaire, aimer et courir vite’ (cuyo título internacional es ‘Sorry Angel’, como la canción de Gainsbourg), compitió en la sección oficial. La película, ambientada en los primeros noventa, sigue la estela de títulos recientes como ‘Theo y Hugo: París 5:59’ (2015) o ‘
Joaquin Phoenix no solo ha realizado una interpretación de Oscar en un filme estrenado en 2019, sino dos. La otra es la de Charlie Sisters, uno de los dos hermanos (el otro, John C. Reilly, también está de Oscar) que protagonizan esta fabulosa adaptación de la también excelente novela de Patrick deWitt (publicada en Anagrama). ‘Los hermanos Sisters’, primera película dirigida en inglés por el francés Jacques Audiard (‘
Higinio y Rosa son un matrimonio de un pueblo andaluz cuya relación, como las de tantas otras parejas, se rompió por la Guerra Civil. Solo que, en este caso, el motivo no es que ejecuten o hagan prisionero a uno de los dos… o, en cierto modo, sí: uno de los dos se convierte en prisionero en su propia casa. Los directores debieron pensar en todo el potencial que escondían las historias de los llamados “topos” de la posguerra de cara a su nuevo proyecto tras los éxitos con ‘
‘¿Podrás perdonarme algún día?’ continúa esa tradición tan estadounidense de los retratos de perdedores. El personaje que interpreta McCarthy no estaría muy lejos de otros fracasados célebres como el Ray Milland de ‘Días sin huella’, el Stacy Keach de ‘Fat City, ciudad dorada’ o el Nicolas Cage de ‘Leaving Las Vegas’. Aunque en este caso, la directora no se olvida de subrayar un importante matiz: Lee Israel era un mujer, y su amigo, el también nominado Richard E. Grant, un hombre homosexual en el Nueva York asolado por el sida de los noventa. La relación de amistad entre estos dos losers es la base dramática en la que se sustenta una estimulante trama delictiva que es presentada como una melancólica reflexión sobre la soledad, el miedo al fracaso y, en un giro de lo más revelador, como una versión esquinada del “sueño americano”. Ya lo dice la propia protagonista en el juicio: sus años como delincuente fueron los más felices y exitosos de su vida.
Madrid en agosto puede verse desde dos perspectivas: como un lugar difícil de soportar debido al calor que hace o como una manera distinta de disfrutar de la ciudad, sin tantas aglomeraciones de gente y a un ritmo menos acelerado que el de costumbre. La mirada de Jonás Trueba sin duda recae en la segunda opción. La película narra la vida de una treintañera madrileña buscándose a sí misma durante la primera quincena de este mes. La acompañamos durante todo el metraje mediante episodios en los que se reencontrará con antiguos amigos y amores frustrados, y también conocerá a nuevos que marcarán su verano. Jonás Trueba es fiel a su estilo y continúa haciendo un cine intrínsecamente madrileño, con diálogos tan intelectuales como elevados, pero esta vez deja la grata sensación de que detrás de todo esto hay un cineasta valioso al que tener en cuenta.
No tanta gente explora los caminos en común entre indie y rap, hasta el punto de que extrañaba un poco ver emerger una propuesta como recientemente en España la de los post-punk ANTIFAN presentando canción con C. Tangana. El británico Rat Boy, proyecto del joven Jordan Cardy, lleva 2 discos apostando por esta opción, arrimándose tan pronto a los Strokes (‘Sign On’) como a The Go! Team (‘Laidback’), y siempre sin abandonar su rapeado.
Esta tarde de sábado la industria discográfica británica ha anunciado las nominaciones a sus premios, los 
Tal y como confirmaron a última hora de ayer sus dos ex-compañeros de banda, Geddy Lee y Alex Lifeson, el que fuera batería de Rush durante décadas, Neil Peart, fallecía el día 7 de enero. Tenía 67 años y ha sido víctima de un cáncer cerebral contra el que llevaba batallando desde hace tres años y medio, según revela el texto de sus colegas. «Descansa en paz, hermano», termina su escueto texto en el que piden respeto a la privacidad de su familia. [Foto de la 
Si te preguntaste por qué narices esa canción que J Balvin publicaba el pasado noviembre se llamaba ‘Blanco’, la respuesta –más o menos– llegaba ayer con el lanzamiento de un nuevo single. Se titula ‘Morado’, sin que el color tenga, en principio, relación alguna con su letra, desvelándose que a lo largo de los próximos meses publicará una serie de singles llamada ‘Seeing Life in Colours’, quien sabe si con destino un nuevo álbum que suceda al gran ‘


Mark Gatiss y Steven Moffat han construido gran parte de su obra televisiva sobre los cimientos del pastiche posmoderno, recreando con ironía, espíritu lúdico y expresividad manierista clásicos de la literatura popular británica. Tras ‘Jekyll’ (Moffat, 2007), ‘Agatha Christie: Poirot’ (Gatiss, 2008) y la exitosa ‘
Terminada la Navidad es inevitable preguntarse qué discos de temporada han ido bien y cuáles han ido mal. Además de los álbumes recurrentes de Mariah Carey y Michael Bublé, hay que destacar en positivo el caso de Robbie Williams. Robbie quería hacer un disco navideño para competir precisamente con Bublé y aunque sin sus cifras millonarias y globales (¡¡¡’Christmas’ ha vendido 13 millones de copias!!!), lo cierto es que lo ha conseguido.
Kanye West sacaba disco por Navidad, como prometía, el 25 de diciembre, quizá demasiado tarde para que algo llamado ‘
Estrenamos sección donde recopilamos algunas primeras impresiones disponibles en internet sobre un lanzamiento destacado, en este caso ‘
Bilbao BBK Live ha confirmado a Placebo. Han pasado ya seis años desde que la banda de Brian Molko publicara ‘